-->

junio 15, 2023

Nemanja Kuzmanovski

 

La jaula     




imagina tener una jaula 
hecha de otra 
  
                       de una antigua 
estropeada 
                   oxidada 
 
                                  reducida a polvo 
 
imagina tener una jaula que dure
lo que tu mano
                         o la mía
tarda en tirar un puñado de polvo al aire
 
imagina tener un pájaro veloz
más rápido que su propio canto
un pájaro que pueda atravesar tu jaula volando
en un abrir y cerrar de alas
mientras tú
                    tranquilo
todavía buscas dónde colgarla
 
imagina que tu jaula sigue meciéndose
tan entera como al salir del taller
 
imagina que tú también sigues meciéndote
aunque sabes que algo así no es posible
que no existen ni la jaula
ni el pájaro
                    y que el polvo en tu puño
son tus cenizas


NEMANJA KUZMANOVSKI (1978, Belgrado, Serbia

junio 10, 2023

Emma Neale

 ESQUELAS      



El ciclista implicado en el accidente de Taupo murió haciendo lo que amaba: vivir. 
El que cayó mientras escalaba en Otepoti murió haciendo lo que amaba: vivir 
Los turistas británicos que se ahogaron haciendo kayak murieron haciendo lo que amaban: vivir. 
La neuróloga africana que hacía senderismo durante las vacaciones murió haciendo lo que amaba: vivir 
El niño sirio que jugaba a las traes en la calle murió haciendo lo que amaba: vivir. 
La anciana que se preparaba una taza de té murió haciendo lo que amaba: vivir. 
El hombre de mediana edad al que le sobrevino un paro cardíaco durante un raro acto sexual (para él)  murió haciendo lo que amaba: vivir 
El escritor medianamente exitoso murió sobre su maltratada computadora portátil  haciendo lo que amaba: vivir
el amante abandonado con el corazón roto víctima de un ruinoso dolor crónico se suicidó haciendo lo que temía: vivir.



Mourning headlines




Taupo bicycle crash victim died doing what he loved—living
Otepoti climbing fall victim died doing what she loved—living
British kayak tourist drowning victims died doing what they loved—living
African neurologist hiking holiday-maker died doing what she loved—living
Syrian child playing chase in the street died doing what he loved—living
Elderly woman making a cup of tea died doing what she loved—living
Middle-aged man in cardiac arrest during increasingly rare sex act (for him) died doing what he loved—living
Semi-successful writer died at battered laptop doing what he loved—living
Heartbroken jilted lover bankrupt chronic pain victim suicided doing what she dreaded—living




EMMA NEALE
(Dunedin, Nueva Zelanda)
Traducción: Rogelio Guedea
Imagen en odt.com.nz






junio 08, 2023

Georges Perec por Kim Nguyen Baraldi

 

Georges Perec y los finales     

  

El escritor francés, que falleció hace 37 años, ha pasado a la posteridad por ser el escritor del espacio y lo lúdico, pero su obra es también un esfuerzo sobrehumano para ocultar el tema que más le atormentaba: el tiempo.

Georges Perec es conocido por ser un malabarista del lenguaje, capaz de escribir un libro de más de trescientas páginas sin la letra más utilizada en francés, reincidir con un libro que incluye únicamente esta letra, capaz de armar el palíndromo más largo de la lengua francesa, crucigramista empedernido, miembro destacado del OuLiPo (acrónimo de Ouvroir de Littérature Potentielle [Taller de literatura potencial]), capaz de construir un libro en forma de edificio, o de puzle, aficionado incondicional de los juegos de palabras y de los juegos de todo tipo.

Perec encarna el escritor lúdico por excelencia, el escritor que derrocha alegría de escribir. Su amigo el escritor Harry Mathews cuenta que cuando conoció a Perec descubrió a “un hombre desesperado” que encadenaba juegos de palabras y bromas de manera obstinada, como “una forma inofensiva de mantener a los demás a distancia”. Otro amigo, Claude Burgelin, explica que Perec utilizaba “el juego como código relacional” y esa era su manera “de permanecer oculto”. Jugar, por tanto, ocupaba una peculiar función de protección. Perec no quería que sus interlocutores descubrieran lo lastimado que estaba, arriesgarse a que se lo recordaran. Perec atravesó angustias, inhibiciones, varios episodios de depresión, un intento de suicidio y tres psicoterapias que le ayudaron a salir adelante. Todos estos infortunios tienen su origen en la muerte de su padre en los primeros enfrentamientos contra los alemanes en 1940 y, sobre todo, la deportación y posterior asesinato de su madre en el campo de concentración de Auschwitz en 1943. Perec tenía seis años. Se quedó huérfano y mutilado por dentro.

De ahí que se pueda decir –y esto es lo que nos interesa aquí– que el principio de su vida vino marcado por la dolorosa experiencia del final. La noción de final es precisamente el tema central de una extensa carta que escribe el joven Georges Perec a Denise Getzler, profesora de inglés y traductora, con la que había mantenido conversaciones sobre Melville. La carta empieza con una reflexión sobre algunos desenlaces de novela. “Hay cierto número de obras, y generalmente entre las que más nos gustan, que acaban mal: en ellas algo se termina, se consume. Durante todo el libro ha habido una aventura, un movimiento, una búsqueda, unos encuentros: gentes que no se conocían se han cruzado; han caminado juntas, se han amado, han cambiado. Y luego todo se detiene. Es el fin. No hay continuación. Alguien muere o desaparece. Sentimos un vacío.”

Perec enumera entonces los finales de novela que más le entristecieron: Bajo la red de Iris Murdoch, Mi amigo Pierrot de Raymond Queneau, Suave es la noche de Scott Fitzgerald, Fermina Márquez de Valéry Larbaud, La educación sentimental de Flaubert, La montaña mágica de Thomas Mann. Sobre el Ulises de Joyce, Perec explica el terror que le produjo la última pregunta que clausura el capítulo de preguntas y respuestas, cuando Stephen y Bloom se separan: “¿Dónde va Stephen?”. A lo que Perec contesta: “Jamás lo sabremos. Y ese jamás, verdaderamente, es algo terrible. No triste exactamente. Pero terrible. Un punto de interrogación para el que no hay respuesta posible. Algo que no se abre sobre cualquier cosa. Algo acabado.”

También recuerda la muerte de Andréi Bolkonsky en Guerra y Paz, la de Hercule Poirot, y la de Porthos en El vizconde de Bragelonne, aplastado por una roca, y cómo la muerte del mosquetero lo persiguió durante años, cómo sintió físicamente su desaparición, hasta qué punto llegó a echarlo de menos.

En su autobiografía W o el recuerdo de la infancia, Perec explica que todos los libros que leía y releía sin cesar actuaron, para él, como un “parentesco finalmente reencontrado”. En otras palabras, los personajes que habitaban los libros que amó de pequeño sustituyeron a la familia desaparecida. Así pues, no es de extrañar que Perec se entristeciera profundamente con los finales de estas novelas: eran el eco doloroso de la desaparición de sus padres; era volver a experimentar el abandono, la orfandad.

La carta prosigue con la figura de Bartleby, el escribiente de Melville. Para Perec, Bartleby es el paradigma de todos estos finales de novela, Bartleby es en sí mismo “el final de un libro cuyo principio no conoceríamos”, una obra que expresa de manera perfecta “lo irremediable”. Aunque llenemos nuestro libro –¿nuestra vida?– de lo que queramos o podamos, parece decirnos Perec, no evitaremos acabar aquí, como Bartleby, entre cuatro paredes, esperando poco a poco a que nos llegue el final. Perec encontró en el personaje de Melville la encarnación perfecta de un sentimiento que arrastraba desde muy joven: la convicción de que, en esta vida, no existen finales felices, que todo se estropea y acaba por desaparecer, irremediablemente. “Preferiría obras que se acabasen en la plenitud. Pero no conozco ninguna.”

La rue Vilin tampoco acabó en la plenitud. Georges Perec nació en esta pequeña calle del barrio de Belleville. Allá pasó los primeros años de su vida, hasta 1942, cuando su madre fue deportada. Después de la guerra, regresó a la calle y trató de hacer aflorar sus recuerdos de infancia, que aparecerán más tarde recogidos en W o el recuerdo de la infancia. La rue Vilin se convirtió, por tanto, en el lugar de París que más le importaba: un espacio real, físico, visible, en el que podía materializar algunos recuerdos inciertos de sus padres desaparecidos. De hecho, en el número 24, todavía resistían los restos de la peluquería que regentó su madre antes de la guerra, con la inscripción aún visible, “Coiffure Dames”.

En 1969, Perec se enteró por un amigo de que la calle estaba en proceso de demolición y que las excavadoras ya habían empezado su trabajo. Decidió entonces visitarla una vez al año para registrar minuciosamente, número a número, todos los cambios que sufría. Las seis descripciones que hizo de la rue Vilin impresionan por su estilo fingidamente desapasionado -y, por tanto, doblemente importante para un escritor que odiaba el pathos– y son testimonio de cómo la calle va mermando y deteriorándose lentamente: los negocios cierran, las puertas se tapian, los grafitis se multiplican en las paredes.

“La calle Vilin es solo un recuerdo de calle, es una calle que se está muriendo desde hace años”, explicó Perec en una entrevista para la televisión francesa. Esta frase aparentemente anodina evidencia, sin embargo, el dolor de una larga agonía; la que padeció Perec viendo cómo desaparecía progresiva e imparablemente la calle que lo vio nacer y que era uno de los pocos vestigios de sus padres. Los finales de novelas le hicieron sufrir, la destrucción de la calle Vilin también. Por suerte, Perec no vio cómo las excavadoras acabaron abatiendo la peluquería de su madre. Fue el 4 de marzo de 1982, el día después de su muerte. “Toda vida es un proceso de demolición”, escribió un día Francis Scott Fitzgerald. También podría haberlo firmado Perec.

En La vida instrucciones de uso, la noción de final está abiertamente desarrollada mediante una larga ensoñación, la que invade al pintor Valène en el capítulo XXVIII de la novela. Dicha ensoñación se detiene primero en la decadencia del viejo millonario de la novela, Percival Bartlebooth, tras la muerte de su socio Gaspard Winckler, luego progresa hacia las futuras muertes de los inquilinos del edificio, “aquellas muertes lentas o vivas que, planta por planta, parecían querer invadir la casa entera”, incluida la suya propia, para regresar finalmente al pasado junto a los diferentes habitantes del edificio que ya murieron. La ensoñación concluye en la imagen de la destrucción del propio edificio, gran protagonista de la novela. ¿Y con qué nos encontramos? Pues con que la descripción de la demolición del edificio es casi idéntica a la de la rue Vilin: “Un día, sobre todo, desaparecerá toda la casa, morirán la calle y el barrio […]. Uno tras otro se cerrarán los comercios, sin tener sucesores, una tras otra se tapiarán las ventanas de los pisos desocupados y se hundirá su suelo para desanimar a squatters y vagabundos. La calle no será más que una sucesión de fachadas ciegas —ventanas semejantes a ojos sin pensamientos—, que alternarán con vallas manchadas de carteles desgarrados y graffiti nostálgicos.”

Aunque La vida instrucciones de uso esté escrita con júbilo –pocas novelas alcanzan tal intensidad y alegría en la escritura–, las historias relatadas nunca acaban en la plenitud. Es sorprendente ver la inusitada cantidad de muertes que presenciamos a lo largo de la novela. El libro cuenta con más de un centenar de personajes: artesanos, científicos, inventores, arqueólogos, deportistas, payasos, acróbatas, pintores, falsificadores, ladrones, investigadores, cocineros, actores, bailarines, coleccionistas y anticuarios. Todos ellos destacan por ser obsesivos y algo monomaníacos, por llevar sus ocupaciones hasta el extremo y, sobre todo, por tener una energía fuera de lo común. Sin embargo, pese a esta gran vitalidad, todos los personajes se ven abocados a finales no muy prometedores. Perec declaró en una entrevista: “Solo hay una historia de trescientas ochenta que sea optimista. Es la penúltima, la de la pareja que compra una cama de lujo y se endeuda durante años. Finalmente, in extremis, termina bien. En la última imagen, se levanta a un bebé.”

El más monomaníaco de todos los personajes es, sin duda, el personaje principal de la novela, Percival Bartlebooth. Recordemos su historia. Bartlebooth es un millonario que decide un día organizar toda su existencia en torno a un proyecto desconcertante. Durante diez años, Bartlebooth aprende a pintar acuarela para luego recorrer el mundo durante los siguientes veinte, ejecutando, a razón de una acuarela cada quince días, quinientas marinas de los distintos puertos que visita. Estas marinas son enviadas al otro socio del proyecto, Gaspard Winckler, quien tiene la delicada tarea de pegar las acuarelas a unas maderas y recortarlas en pequeños trozos, formando puzles cada vez más complicados. De regreso, Bartlebooth reconstruye estos puzles durante veinte años más, a razón de un puzle cada quince días. Luego, las marinas reconstruidas se mandan de vuelta a los puertos donde se pintaron, con el fin de ser definitivamente borradas en una solución detersiva. «Así no quedaría rastro de aquella operación que durante cincuenta años habría movilizado por entero a su autor».

Como la mayoría de los personajes de la novela, Bartlebooth emprende un proyecto faraónico que moviliza toda su existencia. Al final de la novela, Bartlebooth muere tratando en vano de colocar la pieza que concluiría el puzle cuatrocientos treinta y nueve. Como les pasa a la mayoría de los personajes de la novela, el proyecto de Bartlebooth fracasa.

“El proyecto de Bartlebooth […] es perfectamente loco e inútil. Y esta es para mí la imagen misma de la actividad de escribir. Un esfuerzo gigantesco por algo que, una vez que el libro está terminado, se te escapa por completo.”

A Perec le encantaba la famosa frase de Groucho Marx “partiendo de la nada hemos alcanzado las más altas cotas de la miseria” que resume, de forma divertida, este descalabro que es la existencia. De hecho volvemos a encontrar la misma estructura en la frase: “Bartlebooth, partiendo de un cero, llegaría a otro cero.” En Perec, siempre nos topamos con ese sentimiento muy hondo, el sentimiento de que nos esforzamos mucho para llegar a poca cosa.

“Bartlebooth quiere ser un dios, tiene poder sobre los otros, pero finalmente será derrotado. Reconozco que todas las otras historias son lo que es para mí la vida, es decir, una energía considerable para nada… que acabará en la muerte.”

Lo cierto es que el nombre del personaje era premonitorio: “Bartlebooth” es el cruce de “Barnabooth”, el millonario de Valery Larbaud, personaje vitalista que busca un sentido a su vida, y de “Bartleby”, el escribiente de Melville, del que hemos visto que para Perec era la viva imagen del final, de lo irremediable.

Para colmo, en la última página de la novela, se revela al lector que todo el libro ocurre en el momento de la muerte de Bartlebooth, el 23 de junio de 1975, un poco antes de las ocho de la tarde. Es decir que la novela —casi seiscientas páginas— dura apenas unos segundos, que corresponden a los momentos que preceden la muerte del personaje. De la misma manera que todos los finales de las novelas que amó Perec se reflejan en la figura de Bartleby, todas las historias de La vida instrucciones de uso están contenidas en la muerte de Bartlebooth. “El punto de partida de la novela es este momento fatal”, dijo Perec. El principio viene marcado por el final. Una vez más.

El epílogo de la novela anunciará otra muerte, la del pintor Valene, 53 días después de la de Bartlebooth. Irónicamente, 53 días es el nombre de la novela que Georges Perec dejó inconclusa a su muerte. Como Bartlebooth, Georges Perec desplegó una energía fenomenal, multiplicando proyectos, trabajando sin descanso, que se vio truncada súbitamente por la muerte. Como Bartlebooth, murió alrededor de las ocho de la tarde, el 3 de marzo de 1982. Tal vez por esta razón, se esforzó tanto en construir su gran palíndromo, que puede verse como el deseo de que el final ya no sea final, deje por una vez de ser final y se convierta en principio.

Georges Perec ha pasado a la posteridad por ser el escritor del espacio, el escritor de lo lúdico. Sin embargo, su obra es también un esfuerzo sobrehumano para ocultar el tema que más le atormentaba y que más preocupa a la literatura: el tiempo. Olvidar por un momento, como sea, el final que se nos viene encima.

Fuente: Letras Libres

junio 04, 2023

Alfredo Lemon: El trazo que cruza los misterios


Oda al Paracetamol     


Párpados pétreos, 
                     tímpanos roídos, 
                                           ojos con púas. 
Cae tu cabeza cansada sobre una almohada baldía. 
El día es un bisturí punzando tu sosiego. 
  
La noche está llena de murciélagos. 
¿Hay algún remedio contra el tedio,  
                                  languidez del sinsentido?  
¿Podrías aliviar viejos traumas, rencores,
afirmarme en el arte del amor,
acercarme a la virtud? 
Aleja de mí toda tormenta, tormentos.
Permíteme un ciclo sin mortificación.
Hazme estable en mi bien.
Encamíname hacia el propósito.


El amor no fue amado




Quien ama a una mujer, las ama a todas.
Pero aquella a quien amas, es la más ajena, la distante.
¿Un amor compartido nunca se olvida?
¿Los amores prohibidos perderán la memoria?
 
Hay amantes que se encuentran unas horas
y acaso son felices.
Hay amantes que no se encuentran nunca
pero son felices en la espera.
También el ermitaño siente a veces 
que Dios no ama su plegaria.
El deseo tiene el sabor de las uvas del infierno.
Hasta el amor más puro esconde un sufrimiento,
el amor más sublime igual morirá.
Lo efímero angustia, lo duradero cansa.
La felicidad amenaza.
Demasiadas ausencias…
Lejos de quien creímos estar enamorados.
Lejos de quien hubiésemos querido amar.



Esto sí es una pipa




La mente se balancea entre lo abstracto y lo concreto.
Observar. Atender. Intuir.
Toda deriva es detalle, destello de una revelación.
¿Qué merodeó por las cabezas de René Magritte,
Jean Paul Sartre, Gunther Grass, Zygmunt Bauman?
Ideas, cuestionamientos, vigilias de la imaginación.
La celebración del sol
y la abolición de la razón rígida.
El trazo que cruza los misterios.
Porque cuando la realidad se agudiza, se desborda
y al concentrarse, expande todo lo otro.
Resulta difícil discernir una verdad intacta,
retirar la confusión, lo irrelevante.
Y entonces, súbitamente, nada necesita explicarse.
¿Esto es una pipa?
Sí, una silueta dibujada en la página.
Una respiración que divaga. 
Un talismán que redacta.
Un objeto poético que permite el placer 
y el extravío.


Otros poemas de ALFREDO LEMON, aquí
Fuente: "23", Ediciones Barnacle, 2023

junio 01, 2023

Jorge Luis Borges: De fierro, de encorvados tirantes


Insomnio  



De fierro 
de encorvados tirantes de enorme fierro tienen que ser la noche, 
para que no la revienten y la desfonden 
las muchas cosas que mis aborrotados ojos han visto, 
las duras cosas que insoportablemente la pueblan. 
  
Mi cuerpo ha fatigado los niveles, las temperaturas, las luces: 
en vagones de largo ferrocarril, 
en un banquete de hombres que se aborrecen, 
en el filo mellado de los suburbios, 
en una quinta calurosa de estatuas húmedas,
en la noche repleta donde abundan el caballo y el hombre.
 
El universo de esta noche tiene la vastedad
del olvido y la precisión de la fiebre.
 
En vano quiero distraerme del cuerpo
y del desvelo de un espejo incesante
que lo prodiga y que lo acecha
y de la casa que repite sus patios
y del mundo que sigue hasta un despedazado arrabal
de callejones donde el viento se cansa y de barro torpe.
 
En vano espero
las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño.
 
Sigue la historia universal:
los rumbos minuciosos de la muerte en las caries dentales,
la circulación de mi sangre y de los planetas.
 
(He odiado el agua crapulosa de un charco,
he aborrecido en el atardecer el canto del pájaro.)
 
Las fatigadas leguas incesantes del suburbio del Sur,
leguas de pampa basurera y obscena, leguas de execración,
no se quieren ir del recuerdo.
Lotes anegadizos, ranchos en montón como perros,
charcos de plata fétida:
soy el aborrecible centinela de esas colocaciones inmóviles.
Alambre, terraplenes, papeles muertos, sobras de Buenos Aires.
 
Creo esta noche en la terrible inmortalidad:
ningún hombre ha muerto en el tiempo, ninguna mujer,
ningún muerto,
—aunque se oculten en la corrupción y en los siglos—
y condenarlos a vigilia espantosa.
 
Toscas nubes color borra de vino inflamarán el cielo;
amanecerá en mis párpados apretados.


Otros poemas de JORGE LUIS BORGES, aquí

mayo 30, 2023

Erika Martínez

 

Abolirse     




Se podría afirmar: yo soy mi cuerpo. 
Sin embargo, si perdiera la pierna derecha en una batalla o huyendo 
de la batalla o más bien en un estúpido accidente doméstico, 
seguiría siendo yo. 
También seguiría siéndolo si perdiera las dos piernas, o incluso 
todos mis miembros. 
¿Cuánto cuerpo tendría que perder para dejar de ser yo?
Quizás una mínima parte de mí representaría al resto por sinécdoque. O
quizás mis restos me convertirían en otra.
Cortarte las uñas te modifica existencialmente


De Chocar con algo, Madrid, Pre-Textos, 2017



ERIKA MARTÍNEZ
(1979, Jaén, Andalucía, España)
Fuente: Infobae
Imagen en Facebook 









mayo 24, 2023

Próximamente en este blog



Es materia sabida que escribir poesía, o mejor dicho, intentarlo (cada cual mediante sus dones), requiere demasiados detalles y que resulta necesario captar todo de nuevo para lograr hacerlo, para encontrar las palabras O una palabra: la mitad del silencio. En "23", Alfredo Lemon, sin regodearse en vanos enunciados ni pretender recalar en la vida social de la literatura, o en su defecto, en el progresismo hormonal de la época, capta y bruñe cada verso para que el mundo siga andando dentro de esas pocas líneas juntas que supone un poema (“Dios es Un poema que no terminaré de escribir"), en la inferencia de que el tiempo se lleva consigo más tiempo ("El deseo dice que no es tarde. Que tal vez”) propone al desocupado lector una manera en que sería Factible recordar algo, buenas nuevas O cualquier noticia cotidiana que habrá de guardarnos de nosotros mismos y que no será dado conocerla antes de que ese momento ocurra; porque siempre se trata de volver un día para cantarlo mejor y que el corazón diga lo que falta (“Dejo una rosa en el muelle y una moneda en la arena/ Abrazo mi entusiasmo insensato").

Barnacle Ediciones. 2023


Adélia Prado: Con perdón de la palabra


Adélia Prado


Algunos otros nombres de la poesía     




Querría una ciudad abandonada 
para encontrar cosas en las casas, objetos de hierro, 
un cuadro interesantísimo en la pared, 
olvidados en la prisa. 
Pero sin guerra aparente y con la vida tan cara, 
¿quién deja atrás siquiera una aguja? 
Encuentro cosas en mi sueño, 
en el rico sótano del sueño, cosas que no tendré. 
Toda la vida resistí a Platón, a sus hombros anchos,
a su república defectuosa de donde exilió a los poetas.
Sin embargo, los errores de traducción son ordinarios,
no sé griego,
no comí con él una bolsa de sal.
Por eso lo que él dijo es lo que yo digo
es carne ofrecida a las fieras,
excepto lo que soñamos.


Uns outros nomes de poesia



Queria urna cidade abandonada / para achar
coisas nas casas, objetos de ferro, / um quadro interessantísimo na parede, /
esquecidos na pressa. / Mas, sem guerra aparente e com a vida tão cara, / quem
deixa para tras urna agulha se­quer? / Eu acho coisas é no meu sonho, / no rico
porão do sonho, / coisas que não terei. / Toda a vida resistí a Platão, a seus
ombros largos, / á sua república aleijada, donde exilou os poetas. / Contudo,
erros de tradução são ordinários, /eu não sei grego, / eu não comi com ele um
saco de sal. / Por isso o que ele disse e o que eu digo / é carne dada as
feras, / menos o que sonhamos.




El alfabeto en el parque



Sé escribir.
Escribo cartas, notas, lista de compras,
composición escolar narrando el bello paseo
a la hacienda de la abuela que nunca existió
porque ella era pobre como Job.
Pero también escribo cosas inexplicables:
quiero ser feliz, esto es amarillo.
Y no puedo, esto es dolor.
Vete de mí, tristeza, campana tartamuda,
personas diciendo entre sollozos:
"no aguanto más."
Vivo en un lugar llamado globo terrestre
donde se llora más
que el volumen de las aguas denominadas mar,
para donde llevan los ríos otro tanto de lágrimas.
Aquí se pasa hambre. Aquí se odia.
Aquí se es feliz, en medio de invenciones milagrosas.
Imagina que una vuelta al mundo
propicia paseos y vértigo entre
luces, música, novios en éxtasis.
¡Qué bueno! De un lado los chicos
del otro las chicas, yo loca por casarme
y dormir con mi marido en el cuartito
de una casa antigua con suelo de listones
No hay cómo no pensar en la muerte,
entre tantas delicias, querer ser eterno.
Soy alegre y soy triste, mitad y mitad.
Te tomas todo a pecho, dice mi madre,
ve a dar una vuelta, distráete, ve al cine.
Mi madre no lo sabe, el cine es como decía mi abuelo:
"El cine es gente pasando.
Las viste una vez, las viste todas."
Con perdón de la palabra, quiero caer en la vida.
Quiero estar en el parque, la voz del cantor azucarando
    la tarde...
Así escribo: tarde. No la palabra.
La cosa.



O alfabeto no parque



Eu sei escrever. / Escrevo cartas, bilhetes, lista de compras, / composição escolar narrando o belo passeio / à fazenda de vovó que nunca existiu / porque ela era pobre como Jó. / Mas escrevo também coisas inexplicáveis: / quero ser feliz, isto é amarelo. / E náo consigo, isto é dor. / Vai-te de mim, tristeza, sino gago, / pessoas dizendo entre soluços: / 'Não aguento mais.' / Moro num lugar chamado globo terrestre / onde se chora mais / que o volume das aguas denominadas mar, / para onde velam os dos rios nutro tanto de lágrimas. / Aqui se passa fome. Aqui se odeia. / Aqui se é feliz, no meio de invenções miraculosas. / Imagine que urna dita roda-gigante / passeios e vertigens entre / luzes, música, namorados em êxtase. / Como
é bom! De um lado os rapazes, / do outro as mocas, eu louca ora casar / e
dormir corra meu marido no quartinho / de urna casa antiga com soasar de tábua.
/ Não há como não pensar na morte, / entre tantas delicias, querer ser eterno.
/ Soca alegre e sou triste, meio a meio. / Levas tu a cito, diz minha mãe, /
da urna valía, distrai-te, vai ao cinema. / A mee não sabe, cinema e corno dizia
o av6: / 'cinema é gente passando. / Viu urna vez, viu todas.' / Com perdão da
palavra quero caer na vida. / Quero ficar no parque, a voz do cantor azucarando
a tarde... / Assim escrevo: tarde. Não a palavra. / A coisa.



Constelación



Miraba a través del ventanal
derramarse la Vía Láctea
sobre la masa de los árboles.
A causa del cristal, de la transparencia del aire,
o porque me nacían lágrimas,
tenía la impresión de que algunas estrellas
se sumergían en el río,
otras se detenían en las ramas.
Pasajeros dormían,
yo clamaba por Dios
como el perro que sin amenaza aparente
ladraba desesperado en la noche maravillosa:
¡Oh Cordero de Dios, oh Cruz del Sur,
oh Cordero, oh Cruz!
Como el can, mi lengua ladraba
a la aterradora belleza.



Constelaçao



Olhava da vidraça /derramar-se a Vía Láctea / sobre a massa das árvores. / Por causa do medro,
da transparência do ar, / ou porque me nasciam lágrimas, / tinha a impressão
de que algumas estrelas / mergulhavam no rio, / outras paravam nos ramos /
Passageiros dormiam, / eu clamava por Deus / como o cachorro
que sem ameaça aparente / latia desesperado  na noite maravilhosa: / Cordeiro
de Deus, ó Cruzeiro do Sul, / ó Cruzeiro! / Como o cão, minha
língua ladran / à aterradora beleza

De: "Adélia Prado Poesía reunida", Griselda García Editora, 2019
Otros poemas de  ADÉLIA PRADO, aquí
Traducción: José Ioskyn
Imagen: Flickr

mayo 23, 2023

Álvaro Mutis: Como hélice secreta


CIUDAD     




Un llanto 
un llanto de mujer  
interminable, 
sosegado, 
casi tranquilo. 
En la noche, un llanto de mujer me ha despertado. 
Primero un ruido de cerradura, 
después unos pies que vacilan 
y luego, de pronto, el llanto.  
Suspiros intermitentes 
como caídos de un agua interior, 
densa, 
imperiosa, 
inagotable,
como esclusa que acumula y libera sus aguas
o como hélice secreta
que detiene y reanuda su trabajo
trasegando el blanco tiempo de la noche.
Toda la ciudad se ha ido llenando de este llanto,
hasta los solares donde se amontonan las basuras,
bajo las cúpulas de los hospitales,
sobre las terrazas del verano,
en las discretas celdas de la prostitución,
en los papeles que se deslizan por solitarias avenidas,
con el tibio vaho de ciertas cocinas militares,
en las medallas que reposan en joyeros de teca,
un llanto de mujer que ha llorado largamente
en el cuarto vecino,
por todos los que cavan su tumba en el sueño,
por los que vigilan la mina del tiempo,
por mí que lo escucho
sin conocer otra cosa
que su frágil rodar por la intemperie
persiguiendo las calladas arenas del alba.


Otros poemas de ÁLVARO MUTIS, aquí
Imagen en Pigonsa4

mayo 16, 2023

Mario Cesariny


Poema pudiendo servir de posfacio    



calles donde el peligro es evidente  
brazos verdes de prácticas ocultas  
cadáveres en la superficie del agua  
girasoles   
y un cuerpo   
un cuerpo para cortar las lámparas del día   
un cuerpo para descender un paisaje de aves  
para ir de madrugada y regresar muy tarde  
rodeado de enanos y de campos de lilas 
un cuerpo para cubrir tu ausencia 
un cubierto 
un perfume 
o esto o su contrario, mas de algún modo hiante 
y un gentío arremolinado para ver de qué va
esto o una población de sesenta mil almas devorando 
almohadones escarlatas sobre el camino de la mar 
y llegando 
al crepúsculo 
reclinados sobre los submarinos 
esto o un torso desalojado de un verso 
y cuya muerte es el orgullo universal 
¡oh pálida ciudad edificada 
como una fiebre entre dos descansillos de escalera! 
vamos a entregar a domicilio 
tierra para los candelabros 
lechos de humo para amantes erectos 
tablillas con palabras prohibidas 
–una mujer para éste que ya casi ha perdido el gusto 
de vivir –hala, ahí va– 
dos nietos para esa viejecita del final de la fila –ya no 
nos quedan más– 
saquear el museo para dar una diadema al mundo y 
obligar a restituirla al mismo sitio 
y para tí y para mí, asentados en un espacio útil, 
veneno para derramar en los ojos del gigante 
esto o un rostro solitario como un barco 
en demanda de vientos flojos para la noche 
pues si somos arena que se filtre 
a un viento débil entre arbustos pintados 
si un propósito debe alcanzar su margen como 
las corrientes terrestres tempestades y náufragos 
si el hombre de las hospederías y de las pensiones alza su 
frente de empapado cráter 
si en la calle el sol brilla como nunca brilló 
y si por un minuto 
vale la pena 
que esperemos 
o esto o una alegría igual a la sencilla forma de una mano 
brillando entre el ramaje de las más altas lámparas 
o esto o la alegría del avión de cartas 
entrada por la ventana salida por el tejado 
¡ah! pero, entonces, ¿la pirámide existe? 
¡ah! pero, entonces, ¿la pirámide habla? 
¿la pirámide es, pues, el secreto de cada uno con 
el mundo? 
en efecto amor mío la pirámide existe 
la pirámide nos dice muchas cosas
la pirámide es el arte de bailar en silencio 
y en cualquier caso 
hay plazas donde esculpir un lirio 
zonas sutiles donde el azul se expande 
gestos sin dueño bajo las flores barcos 
y una canción para oírte llegar 



Poema podendo servir de posfácio 


ruas onde o perigo é evidente | braços verdes de práticas ocultas | cadáveres à tona de água | girassóis | e um corpo | um corpo para cortar as lâmpadas do dia | um corpo para descer uma paisagem de aves | para ir de manhã cedo e voltar muito tarde | rodeado de anões e de campos de lilases | um corpo para cobrir a tua ausência | como uma colcha | um talher | um perfume || isto ou o seu contrário, mas de certa maneira hiante | e com muita gente à volta a ver o que é | isto ou uma população de sessenta mil almas | devorando almofadas escarlates a caminho do mar | e que chegam | ao crepúsculo | encostados aos submarinos | isto ou um torso desalojado de um verso | e cuja morte é o orgulho de todos | ó pálida cidade construída | como uma febre entre dois patamares! | vamos distribuir ao domicílio | terra para encher candelabros | leitos de fumo para amantes erectos | tabuinhas com palavras interditas | – uma mulher para êste que está quase a perder | o gôsto à vida – tome lá – | dois netos para essa velha aí no fim da fila – não | temos mais – | saquear o museu dar diadema ao mundo e depois | obrigar a repor no mesmo sítio | e para ti e para mim, assentes num espaço útil, | veneno para entornar nos olhos do gigante || isto ou um rosto um rosto solitário como barco em | demanda de vento calmo para a noite | se nós somos areia que se filtre | a um vento débil entre arbustos pintados | se um propósito deve atingir a sua margem como | as correntes da terra náufragos e tempestade | se o homem das pensões e das hospedarias levanta | a sua fronte de cratera molhada | se na rua o sol brilha como nunca | se por um minuto | vale a pena | esperar | isto ou a alegria igual à simples forma de um pulso | aceso entre a folhagem das mais altas lâmpadas | isto ou a alegria dita o avião de cartas | entrada pela janela saída pelo telhado | ah mas então a pirâmide existe? | ah mas então a pirâmide diz coisas? | então a pirâmide é o segredo de cada um com | o mundo? || sim meu amor a pirâmide existe | a pirâmide diz muitíssimas coisas | a pirâmide é a arte de bailar em silêncio || e em todo o caso || há praças onde esculpir um lírio | zonas subtis de propagação do azul | gestos sem dono barcos sob as flores | uma canção para ouvir-te chegar 



poesía portuguesa
MARIO CESARINY
(1923 / 2006, Lisboa, Portugal)
Fuente: Sites.google
Imagen en Observador

mayo 13, 2023

Irene Gruss: El garabato enmarañado

 

Limpieza    


Jabón y agua tibia arrastran lo que quedó de la fiesta. 
Todavía no es rancio el perfume del vino 
y el ahora pastoso manjar barrido de los platos es burbuja 
que salta en un mover sagrado; 
otra vez la vajilla sin mácula, nada que reste de alegría 
esmerada en un dudar interior. 
Lo que brilla es pasado y preparación para lo que urge, lo 
que se aproxima.



Conversaciones




Ahora está más claro lo que quería decir. Antes, era
un nudo cuasi misterioso. Que habría ahí, por qué no dije
eso que ahora perturba más que lo resuelto.
No tires el original, ve el nudo, el garabato enmarañado;
porque era eso.




De: "Entre la pena y la nada", Ediciones del Dock, 2015
Otros poemas de IRENE GRUSS, aquí

mayo 05, 2023

Gabriel Pantoja

poesía argentina, composición la vaca





ESCRIBÍ, madre, sobre vacas.   
No te creas que es sobre vínculos  
reales que escribo, siempre es otra  
cosa que finge volverse vínculo lo  
que escribe, siempre es al revés  
de lo que uno piensa lo que pasa,  
y lo que pasa así no pasa, y lo  
pensado no es que lo piense uno  
y uno tampoco es la suma de 
uno, un vínculo no es entre dos 
elementos sino que casi naturalmente 
siempre hay tres, y se restan para 
chocar y continuar chocando esos 
tres levemente porque chocando 
se vinculan y chocando también 
se gastan y en el gasto hay 
comercio y comercio es circulación 
y circulación no siempre es vínculo. 
No sé a cuánto está el pan y la 
leche porque me he quedado 
hablando, madre, con el kiosquero 
y hablar no siempre requiere el saber 
sobre cantidad o peso de las cosas, 
hablar es también gastarse entre las 
cosas, pulir hasta achicar esa parte 
de uno que se quiere acabado en uno, 
desembocado en uno y no en tres, 
en dos, en los choques anteriores, 
en los residuos de los choques 
anteriores a los anteriores, en los 
olvidos del saber, en las marcas 
chisposas del olvido, en la pérdida 
de peso de la cosa consistente por 
la que ahora escribo, podría escribir 
así madre, toda la tarde, sobre vacas. 
Si vieras en sus ojos manchados 
de negro, de pronto una luz, azulísima 
como desde un fondo fulgura. 
comienzo de clases. Composición



Composición
(Línea argumental) 



Ese dedo dice: este es un dedo 
que señala: hacia aquel hombre 
pensando contra el 
árbol 
a metros de sí 
en la vaca, 
en la carnal mancha de la vaca metafísica, 
en la carnal mancha que tiene 
en el ojo 
la vaca 
metafísica. 
Pero ese dedo que dice 
no dice en verdad vaca sino ojo negro 
de la real metafísica. La real 
metafísica que lo tiene al hombre 
además, así: mirado por la profunda 
academia de la vaca. Lo tiene 
al hombre contra el árbol, de tal modo 
viendo el ombligo profundo que hace 
crecer de raíz la negritud vacuna 
de las cosas. 
Es un atardecer de otoño. 
Después ese dedo dice: ese 
no es un dedo sino éste y no 
dice necesariamente sino observa. 
Está observando este dedo: la brisa 
de los últimos días de marzo 
golpear un rostro. Y es leve 
el rostro 
en esa brisa de marzo atardecida. 
Ahora sí. Este dedo entonces 
muestra: en el profundo atardecer 
de otoño el árbol, el amplio pasto, la carnal negrura 
de lo profundo, el minúsculo viento 
formando un rostro que se borra, un rostro llevado 
ahora por el dedo 
profundo de la real negrura metafísica 
a la mancha. 
Es llevado hasta aquí, 
donde apenas si sabe de la fuerza 
que declina y quema 
el pasto de las cosas, 
el amplio pasto sobre cuyas láminas gastadas 
dibuja la vaca metafísica su carnal 
sombra 
extendida. 
Después dice: 
ese hombre recostado 
en el extenso pasto del otoño 
muestra 
ese decir que no llega a dedo ni a carne 
ni 
a 
hueso, 
ese dedo que no llega 
sino a la real cadencia de la metafísica 
cuando hace materia al caer contra el pasto, 
cuando hace materia al caer, cuando hace 
peso contra el amarillo quemado 
de las cosas y del hombre, 
ese dedo no 
dice sino 
hiere. 
Entonces esta vaca que ha quebrado 
digo esta (monu)mental vaca otoñal que ha 
quebrado 
más bien el dedo metafísico del hombre 
ha apuntado una vez hasta mí 
apunta ahora mismo hasta 
mí 
que estoy a metros de todo esto 
mirando el hilo continuo de su sed 
que crece de mis órganos 
como un levísimo viento que mueve las formas 
de la mancha, un levísimo 
viento ondulándose 
sobre un espejo de agua. 


GABRIEL PANTOJA
(1978, Córdoba, Argentina)
De: "327 vacas", Barnacle, 2023
Imagen en Youtube

mayo 04, 2023

Donde dice https://epo2daepoca...Debe decir: https://epoelpoetaocasional.blogspot.com

 

El poeta ocasional cambió de dirección

El poeta ocasional cambió de dirección: ahora es https://epoelpoetaocasional.blogspot.com. Siempre con excelentes poemas