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marzo 30, 2025

Ha-Seok Lee

Ha-Seok Lee
Poeta surcoreano mirando de perfil en primer plano. El cabello canoso cae hacia un costado cubriendo parte de la patilla de los anteojos. El fondo es neutro

Paisaje trasero 1    




En el callejón trasero, junto al depósito de chatarra, 
la puesta de sol se rompe en fragmentos de vidrio desechado, 
y la hierba siente un pulso asesino a través de las esquirlas de vidrio. 
Cae la noche, las gotas suspendidas en el aire 
se aferran a las frías superficies metálicas, resplandecientes – 
sus interiores transparentes quedan al descubierto en la oscuridad. 
Algunas sucumbiendo a su propio peso, 
gotean y se filtran en el suelo,
llegan a las raíces y se mezclan con óxido rojo,
tornándose en charcos de agua oxidada.
otras se evaporan, desapareciendo en la oscuridad.
Bajo la tierra, trozos de metal enterrado bloquean el camino de las raíces,
con el tiempo se entrelazan con ellas, se vuelven lánguidas.
La hierba cubre las pocas historias impresas en un periódico,
sorteando el camino del metal, domándolo cómodamente pero de manera constante,
antes de que se extiendan hacia el próximo destello de rocío.

HA-SEOK LEE 이하석 Nació en 1947 en Goryeong, Gyeongsangbuk-do. En 1954, poco después de la guerra de Corea, se trasladó a Daegu con su familia y creció cerca de un pueblo de refugiados en Daemyeong-dong. Las ruinas de la posguerra se convirtieron en el patio de recreo de su infancia, y esta experiencia se convirtió más tarde en un tema central de su poesía, dando forma a lo que se conoce como la estética de los «paisajes en ruinas». Debutó en la literatura en 1971 con una recomendación poética en la revista Hyundai Sihak(Poesía Moderna). Entre sus poemarios figuran Transparent Inside, Mr. Kim’s Profile, We, Strangers, Cypress Fence, On Fridays, I Look Far Away, Drawing Goryeong, Rust, Things, Correspondence, Between Love, Roots of Thunder, Rhapsody of Hyangchon-dong y The Future of Memory. También publicó el poema épico Haewol, Song of the Road. Lee ha recibido numerosos premios literarios, como el Premio Literario Kim Soo-young, el Premio Literario Docheon, el Premio Literario Kim Daljin, el Premio Literario Kim Gwang-hyeop, el Premio de Poesía Lee Yuk-sa y el Premio Literario Budista Moderno.

marzo 24, 2025

Juan Carlos Moisés: Lectura nocturna


Lectura nocturna




Con la noche despierta en la mesa de luz
leo con atención tumbado en la cama,
los viejos motores de la usina eléctrica
retumban a dos cuadras de distancia,
algo inquieta a los teros en el campito
y hacen llegar una especie de aviso o queja;
entre un sonido y otro se cuela
el ruido de un auto que pasa,
todo se oye como si las partes sonoras
entraran y salieran del libro,
como el libro entra, envuelve
un punto señalado y sale de la noche
con las palabras alteradas.
Ya conocemos el funcionamiento,
cada cosa tiene lo suyo para prestarle
atención, como saber que no podemos
esperar de un libro titulado
“Para una tumba sin nombre”
que no tenga el matiz del desencanto,
ni buscarle la pizca de gracia que tampoco
tiene esta misma realidad al cuadrado.
El libro quiere hacerse oír
como los ruidos y los pasos en la calle.
En la variación es otro el título
que deletreo: “Para un nombre sin tumba”.
Hago lo que puedo con la lectura quebrada.
Al pasar las páginas se me traban los dedos
y al llegar el sueño una mano piadosa
me cierra los ojos.
No me sorprende que algunas estrellas
bajen hasta nosotros para preguntarnos
por la extraña luminosidad del mundo.

(En memoria de Susana Jenkins.
Colonia Sarmiento, Chubut, 1955.
Desaparecida en La Plata, 1977.)



Otros poemas de JUAN CARLOS MOISÉS, aquí

marzo 22, 2025

Jorge Aulicino: Evocaba a Hölderlin

Jorge Aulicino-Poesía argentina


Jorge Aulicino en “El hombre con el codo en la ventana” a contrapelo de cierta poesía argentina contemporánea, para decir dos palabras emplea dos palabras. La simpleza nunca reproduce una sola cosa y la verdad como irrupción de algo intangible logra hallar su espacio en todo cuanto se puede ver y oír. La peripecia significativa es ardua materia; dicho con el doblez apacible del lenguaje natural: los muchachos del verano ya no imitan ni hurtan y hay ancianos que sólo plantan árboles o tienden al simbolismo (“sin contradicción con el lenguaje oficial, / que establecía una métrica, un ritmo, / y sobre todo un vocabulario según el cual / era preferible decir domicilio que casa, / residencia que hogar, cambio social en / vez de revolución (o siquiera revuelta”). Todos perdimos alguna parte de nuestras personas en un crepúsculo apacible o ante el silencio, que es el principio de todo, sugiere el autor (“Luz es lo que la gente necesita, luz y viento, eso solo / es la vida, efímera, circunstancial, hueca, / para que en ella soplen canciones y fantasmas”).
En esta dulce tierra de porveniristas y conversos, de poetas oficialistas y poetas consulares, siempre estamos hablando de la naturaleza, un territorio (una extensión limitada, un espacio, un segmento histórico): parcelas, proporciones, partes, civiles, uniformadas; y qué palabras serán las electas para dar cuenta de ello, el ritmo y la estrategia de los versos, confiar en las palabras, en la oscuridad de la vida o si se prefiere, la laboriosa concepción del uso del cuerpo, la percepción y el lenguaje a través de su finalidad más radical: zozobra y voluptuosidad (“¿Por qué corre hacia un origen que / no conoce, que no conoció, que no conocerá?”); y el pespunteado invisible de una trama incómoda: escribir es el arte de adivinar el pasado.

El hombre del codo en la ventana     

 

Evocaba a Hölderlin: 
‘Hay una oscura armonía en las cosas.’ 
En la sombra 
Y se decía: 
“La especie libra rencillas todo el tiempo, 
Basta observar el tránsito vehicular,
Los rostros encendidos, los ojos ofuscados, 
pero mira desde lo oscuro el estallido
de la vida”.
“De otra suerte, muere en uno,
y no tiene espacio para celebrarla.
Cara al sol mueren los fascistas, 
los higos y las naranjas.”
Un segundo después el mundo caía 
en un torbellino
de negocios subterráneos,
compras de votos, disputas estentóreas,

gargantas rotas,
ruina de las familias.
meditaba acerca de la luz 



De: "El hombre del codo en la ventana", Barnacle, 2025
Otros poemas de JORGE AULICINO, aquí
Imagen en Clarín

marzo 21, 2025

Alberto Cisnero: Tras el confort del sentido


3




sólo estuvimos acá. se oían 
los mismos ruidos de siempre. 
el tiempo se llevaba consigo 
más tiempo, saberlo no varía 
nada, aunque nos rehusemos
a una operación comercial
con nosotros mismos, menos 
seguros al escribirlo, al volver 
a pensar en frases distantes 
que recordamos borrosamente.
y que también olvidamos.



6



este no es otro recuerdo ufano,
pero eso fue entonces, todavía
presto en el libro viejo de nuestra 
cabeza, mientras se derruye 
el medio ambiente en tiempo real, 
y anotamos tal vez sí, tal vez no, 
lo que solemos captar tras el confort 
del sentido, ambos lados de la hoja: 
acudió a nuestros labios una línea, 
conciliamos un argumento impar
y comenzó oficialmente nuestro 
romance; dulces y alegres cuando 
los astros querían.



18




y ese sería nuestro porvenir:
sin contrato social, sin deponer
las armas y menos aún firmar 
la paz; otra generación proscrita 
e ilegal, hambreada, una bolsa 
llena de huesos en la papeleta
junto a dos o tres barranca yaco 
en la mente. y garrafas, pozos 
ciegos, agua de bomba. vulgo 
vil. leímos: fin de la revolución, 
principio del orden y profusas
rúbricas al pie; anticipaciones 
aprensivas. si pisamos mierda, 
nos persignamos.



27




nunca te llamé para preguntar
cómo estabas, citarnos o sólo 
por mero pasatiempo nocturno 
desde una cabina del teléfono 
público. ese género literario 
hubiese implicado espera, dinero, 
cráteres y rocas sobre la cabeza 
y habernos conocido entonces. 
¿cuándo tuvimos un artefacto 
en la casa? ya promediando 
el año cuatro del siglo. el silencio 
revela y define. las muertes 
llegaban en papel de carta. 
del interior. de los confines 
oriundos. con retraso. sumando 
más distancia a la sucesión 
de piedras sepulcrales. eran 
las únicas noticias del frente. 
hablar no es gratis. recordémonos 
siempre y adiós.



38




Vera trajo el jazmín en un vaso 
con agua. este año la planta solo 
dio una flor, tenemos a nuestra 
vista lo que en ella hay: la luz
de la luna, un llamado que conforta
del mundo y sus convenientes 
menudeos; no es preciso identificar 
al autor de ese signo perfumado
que sin necesidad de alfabeto
en un rincón de la ciudad 
nos cuenta nuestra propia historia, 
nos contempla al fin.



 
Poeta Alberto Cisnero de frente a la cámara, sonriendo. Tiene el pelo rizado y viste una camiseta negra.

De: "Clase 75", Barnacle, 2025
Otros poemas de ALBERTO CISNERO, aquí

En el tramo presente de su prolífica obra Cisnero se aboca al recuerdo. Un trazo grueso une, en los planos de su memoria, una de las etapas más dolorosas del país —la Argentina— y la parte escarpada y trabajosa, no pocas veces sufriente, de la edad humana. “Clase 75” significa “estoy casi en los cincuenta y soy este producto de ellos”. Cada alusión se superpone a las otras, y ninguna es redundante. El íntimo plano, junto con el político, el social, el metafísico, se incrementan en un roce continuo en esta lengua áspera, precisa, material y sin embargo flexible hasta casi vaporizarse. Cisnero detiene el vértigo increíble de la cuarta parte final del siglo anterior y el comienzo del milenio, cuando la historia enterró de apuro cuerpos e ideas y estalló en una aceleración con olor a fuego. Así, desde las primeras líneas de este poemario, la literatura —lo que decir se puede— aparece en un concreto paisaje (“el viento mecería achiras / sobre la margen del asfalto, / restos de caucho, tizne”). La épica es aludida como un discurso derrotado: “¿mantuvimos las apariencias / tras los elementos figurativos / del lenguaje para con la derrota / librarnos de la derrota?”.Tiene apariencia de almanaque, de borrador, aunque con estrofas rectangulares la misma se recupera, y es ella la de una noticia hilvanada en la locura del hogar y los piquetes: locura de sobrevivir a ese margen que devora la historia desde implacables pantallas y hechos dinámicos, brillantes, sonoros y confusos. Un hito será este libro como eje de un tiempo socialmente marginal y políticamente medular.

Jorge Aulicino


marzo 19, 2025

Dunya Mikhail




DUNYA MIKHAIL (1965, Bagdad, Irak)
Enlaces: Festival de poesía de Medellín | Poetry Foundation | The Markaz Review Nació y creció en Irak en el seno de una familia católica caldea. Se licenció en la Universidad de Bagdad. Mikhail trabajó como periodista, editora de la sección literaria y traductora de The Baghdad Observer. Como escritora liberal durante la época de la dictadura y la censura, Mikhail huyó de Irak en 1995, primero a Jordania y luego a los Estados Unidos, donde se convirtió en ciudadana estadounidense, se casó y crió a una hija. Estudió Estudios del Cercano Oriente y obtuvo su maestría en la Universidad Estatal de Wayne. En 2001 recibió el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas a la Libertad de Escritura. Mikhail habla y escribe en árabe e inglés. Entre sus obras se incluye el poemario The War Works Hard, que ganó el premio del Fondo de Traducción de PEN, fue preseleccionado para el Premio de Poesía Griffin y fue nombrado uno de los mejores libros de 2005 por la Biblioteca Pública de Nueva York. Su obra que rompe con los géneros, Diary of a Wave Outside the Sea, ganó el Premio del Libro Árabe Americano en 2010. Su poesía ha aparecido en Poetry International, Modern Poetry in Translation y el London Times, así como en antologías como World Beat: International Poetry Now de New Directions, Flowers of Flame: Unheard Voices of Iraq y Iraqi Poetry Today: Modern Poetry in Translation. Mikhail ha sido galardonada con la Beca Guggenheim, la beca de la Knights Foundation, la Beca Kresge, el Premio de Derechos Humanos de las Naciones Unidas a la Libertad de Escritura y ha sido finalista del Premio Booker Árabe. Es cofundadora del Foro Mesopotámico para el Arte y la Cultura, una organización comunitaria de Michigan. Actualmente trabaja como profesora especial de árabe en la Universidad de Oakland, en Michigan.
En: https://academia-lab.com/enciclopedia/dunia-mikhail/


marzo 17, 2025

Catalina Boccardo: Tantas roturas, tanto quiebre

La imagen presenta a Catalina Boccardo de frente, con anteojos y grandes aretes delante de una pintura abstracta

Ciudad de Buenos Aires    


es como un plano 
de mis humillaciones y fracasos. 
J.L.Borges

                                                                                                 
Colgada allá la vida
si miramos
la punta herniada de 
una cúpula
de estos aires malos

donde hubo abertura
y se podía regar la fronda
pero

A trepanación inmobiliaria
a punta de máquinas
han destruido
cada imagen

a cuatro nudos del cordón
a falta de suministros

Justo en la esquina el cartonero dice
cuando termino de pasar:
Ciudad Gótica debe ser
y alguien más ríe

me hacen pensar:
los contornos de un murciélago
en el cortinado
y su expulsión
al vacío
La vida suspendida
y las palomas
completan el paisaje
y oscurece
no emiten aquel alerta 
de bosque de nido
de campanario

cierta geometría emocional
cierto desgaste



Diciembre


Pueblo goloso perezoso lujurioso/ 
(…) una nueva conciencia 
os pido en marcha.
“Las patas en las fuentes”
L. Lamborghini

marzo 15, 2025

Sergio Velazquez

Sergio Velazquez ha escrito en “El recado y otros escritos” sobre ese territorio que se corresponde con todo cuanto puede significar frágil, o dicho en otros términos, acerca del orden autónomo de un mundo que encierra entre sus pliegues la cualidad de lo que se puede romper. El presente volumen postula en el testimonio de la experiencia y la imaginación febril la fuerza de un argumento: una lengua recobrada que exalta y oculta en sus operaciones el recuerdo y la sagacidad (“manoplas aceradas / sentinas de despojos / las palabras”).

¿Qué se nombra, o indica, o delimita, o abandona para llevarlo como emblema, para copiarlo de libros, para soñarlo siquiera o para estar en silencio, en alguna casa, en algún aeropuerto, en diversas latitudes o al dormir?; si ello pudiera responderse, si eso fuera de alguien en este mundo, no existirían los poemas, los cuentos, los divanes y la superficie cuadrangular que pisamos continuaría sostenida por elefantes.

Los versos y las ficciones que el libro incluye no son menos reales que la sensación, siempre temeraria, de encontrarse ante un hecho singular y repetido, que puede ser la dicha o su revés; así, el suburbio, la infancia, las desigualdades artificiales inventadas y sostenidas por el hombre, las muertes que algunos hombres cometen, la historia, el Poeta de la tribu, las ficciones sobre la marginalidad escritas por psicólogos y puaners, confluyen y son retratados hasta el límite máximo de la palabra; en literatura es la mayor hazaña individual que se puede hacer sin ayuda mecánica.


Colibrí   

 

 
Temprano el colibrí
el pico ahora amarillo,
cono de almíbar
indiferente a la belleza
y a los aromas evocativos
 
Huye ante el menor ruido
sin remolcar el miedo en sus alas
sin llevarlo a su nido
 
Silba cuando el deseo lo inquieta
más allá del amor y sus liturgias
 
Los hombres en los jardines floridos
le han pegado en su verde pecho
el lastre de sus sueños
una cuna de jade
y un soplido
que impulsa su viaje por las flores
 
Con las retinas húmedas de melancolía
fue un heraldo en el reino de los muertos
 
Cuando llega la noche
se ahueca en los horcones
grises las tibias plumas
otra vez puro pájaro
ceniza en el rocío



No

 


No salgas
no salgas a la noche
hay mechones incendiados
rezagos de negra pulpa
roja sangre roja sobre el asfalto
han enterrado las lágrimas
bajo la oscuridad de los tilos
perros de la oscuridad
marcan las puertas con baba
en los volquetes
hay violines desfondados
letras perdidas
crayones
estrellas de macramé
Pokemones destripados
muchos Pokemones destripados
 
No
no salgas
aquí el silencio
es una jaula sabia
aquí beberemos
licor de miel
y partiremos
el chocolate amargo
desnudos
contra el vidrio



SERGIO VELAZQUEZ
 
Fuente: "El recado y otros escritos", Barnacle, 2025. 
Imagen en Pinterest, Jean Pierre Laurens

marzo 09, 2025

Cristián Gómez

Cristián Gómez | El poeta ocasional


"De la tradición hispanoamericana me imagino que recojo muchos recursos, pero no estoy seguro de cuáles. Me parece muy vago, además, hablar de “tradición hispanoamericana” cuando en realidad son varias tradiciones contenidas en una, todas ellas variopintas, si no contradictorias entre sí. Pero, para que no parezca que estoy haciéndole el quite al bulto, asumo que buena parte de la poesía latinoamericana (y después, en ese orden, la realidad latinoamericana o las realidades latinoamericanas) me ha hecho el poeta que soy. Por dar un ejemplo, la poesía nicaragüense siempre me ha interesado sobremanera: a la permanente lectura de Cardenal se suma la de Pablo Antonio Cuadra, a ésta se suman las de José Coronel Urtecho, Joaquín Pasos, Ernesto Mejía Sánchez, Rugama, etc. No nombro a Darío por no nombrar lo obvio. Cardenal, por su contacto con Merton, por su paso por Kentucky, es especialmente significativo para mí. Eso se lo debo a Jaime Quezada, poeta y botánico y aspirante a místico chileno, quien me contó con detalle su paso por la comunidad de Solentiname en Nicaragua y lo que aquello significara. Hay un libro de Quezada que durante años para mí fue siempre un norte, Huerfanías, del 85, publicado en los años más difíciles de la dictadura (tampoco es que hubiera años fáciles), un libro religioso en el mejor sentido y etimológico de la palabra."



"La última nostalgia (1982-1990)"




Estaba esperando que me dijera algo, cualquier
cosa, cuando me viera en la mano con la poesía
reunida de Joe Bolton, pero fue incapaz de separar
la mirada ni siquiera por un segundo de la cuenta
del teléfono. No se puede hacer sociología del árbol
caído y sin embargo no me arrepiento de haber
escrito poemas en prosa ni de haberlos cortado
con un hacha. El patio de un claustro tropical,
donde uno se pregunta si el viento y el pasado
son lo mismo pertenece a uno de esos cuadros
que cuelgan en nuestra casa, una imagen arrebatada
a las pinceladas con que antaño se construyera
nuestro hogar, forzando casi al orden a desaparecer
en la calma del azur y el desmayado aroma
del almizcle: nada hay en este crepúsculo, cálido
y vegetal que no sea hermoso ni mucho
menos duradero.


CRISITIÁN GÓMEZ OLIVARES (1971, Santiago de Chile, Chile).
Fuente: Página salmón
Imagen en Letras corsarias

marzo 07, 2025

Un vecino indiscreto

Pedro Donangelo / poesía argentina

mi otro yo pregunta qué revela en este asunto
el chimango  
encumbrado en un poste de luz.  
  
Desarraigo, desgarro del aire
en versiones sucesivas
hasta la resignación. Un punto improbable. 
El rascacielos sobreimprime al pájaro, 
el pájaro se posa ahora entre las luminarias del Metropolitan,
otea la realidad
incluido
al mismo extraño que espera un auto
en la tarde sumisa.

Prefiero el parloteo de las ventanas

Se hace camino, es cierto.
Sueño con un camino que regresa.




La pintura muestra varios edificios altos con innumerables ventanas
Otros poemas de ©PEDRO DONANGELO en fin del episodio
Imagen: Natalya Makusheva

marzo 06, 2025

Otra iglesia es imposible: Eugenio Montale


EUGENIO MONTALE

marzo 04, 2025

Enrique Molina: Tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca

Alta marea    



Cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan 
se yergue como una cobra de oro el canto ardiente del orgullo 
la errónea maravilla de sus noches de amor 
las constelaciones pasionales 
los arrebatos de su indómito viaje sus risas a través de las piedras 
sus plegarias y cóleras 
sus dramas de secretas injurias enterradas 
sus maquinaciones perversas las cacerías y disputas 
el oscuro relámpago humano que aprisionó un instante el furor 
de sus cuerpos con el lazo fulmíneo de las antípodas
los lechos a la deriva en el oleaje de gasa de los sueños
la mirada de pulpo de la memoria
los estremecimientos de una vieja leyenda cubierta de pronto
con la palidez de la tristeza y todos los gestos del abandono
dos o tres libros y una camisa en una maleta
llueve y el tren desliza un espejo frenético por los rieles de la tormenta
el hotel da al mar
tanto sitio ilusorio tanto lugar de no llegar nunca
tanto trajín de gentes circulando con objetos inútiles o
enfundadas en ropas polvorientas
pasan cementerios de pájaros
cabezas actitudes montañas alcoholes y contrabandos informes
cada noche cuando te desvestías
la sombra de tu cuerpo desnudo crecía sobre los muros hasta el techo
los enormes roperos crujían en las habitaciones inundadas
puertas desconocidas rostros vírgenes
los desastres imprecisos los deslumbramientos de la aventura
siempre a punto de partir
siempre esperando el desenlace
la cabeza sobre el tajo
el corazón hechizado por la amenaza tantálica del mundo

Y ese reguero de sangre
un continente sumergido en cuya boca aún hierve la espuma de los
días indefensos bajo el soplo del sol
el nudo de los cuerpos constelados por un fulgor de lentejuelas insaciables
esos labios besados en otro país en otra raza en otro planeta en otro
cielo en otro infierno
regresaba en un barco
una ciudad se aproximaba a la borda con su peso de sal como un
enorme galápago
todavía las alucinaciones del puente y el sufrimiento del trabajo
marítimo con el desplomado trono de las olas y el árbol
de la hélice que pasaba justamente bajo mi cucheta
éste es el mundo desmedido el mundo sin reemplazo el mundo
desesperado como una fiesta en su huracán de estrellas
pero no hay piedad para mí
ni el sol ni el mar ni la loca pocilga de los puertos
ni la sabiduría de la noche a la que oigo cantar por la boca de las
aguas y de los campos con las violencias de este planeta
que nos pertenece y se nos escapa
entonces tú estabas al final
esperando en el muelle mientras el viento me devolvía a tus brazos
como un pájaro
en la proa lanzaron el cordel con la bola de plomo en la punta y el
cabo de Manila fue recogido
todo termina
los viajes y el amor
nada termina
ni viajes ni amor ni olvido ni avidez
todo despierta nuevamente con la tensión mortal de la bestia que
acecha en el sol de su instinto
todo vuelve a su crimen como un alma encadenada a su dicha y
a sus muertos
todo fulgura como un guijarro de Dios sobre la playa
unos labios lavados por el diluvio y queda atrás
el halo de la lámpara el dormitorio arrasado por la vehemencia
del verano y el remolino de las hojas sobre las sábanas vacías
y una vez más una zarpa de fuego se apoya en el corazón de su presa
en este Nuevo Mundo confuso abierto en todas direcciones
donde la furia y la pasión se mezclan al polen del Paraíso
y otra vez la tierra despliega sus alas y arde de sed intacta y sin raíces
cuando un hombre y una mujer que se han amado se separan.



Vemos al poeta Enrique Molina con campera y pantalones de jeans, mirando sonriente sobre un fondo de cuadros colgados en la pared
Otros poemas de ENRIQUE MOLINA, aquí

marzo 03, 2025

Philip Roth sobre su rutina de escritura

"Vivo solo, no tengo a nadie de quien responsabilizarme o con quien pasar el tiempo. Mi agenda es absolutamente mía. Normalmente, escribo todo el día, pero si quiero vuelvo al estudio al final de la tarde, después de cenar, no tengo que sentarme en el cuarto de estar porque haya alguien que haya pasado el día entero solo. No tengo que sentarme allí y ser entretenido o divertido. Vuelvo para allá y trabajo dos o tres horas más. Si me despierto a las dos de la mañana -esto ocurre raramente, pero a veces ocurre- y algo me ha aparecido, enciendo la luz y escribo en mi dormitorio. Tengo estas pequeñas cosas amarillas por todos lados. Leo hasta la hora que quiero. Si me levanto a las cinco de la mañana y no puedo dormir y quiero trabajar, me voy al estudio. Y trabajo, estoy de guardia. Soy como un médico en urgencias. Yo soy la emergencia".


PHILIP ROTH

marzo 02, 2025

Tristan Tzara

Declive     




enfermo de noches demasiado amargas 
amargas sombras 
sobre el áspero muro pujan en las subastas 
los perros ladran a la inalcanzable distancia 
 
vino del sueño en el ánfora del cráneo 
y sobre el mantel dispuesto por manos esqueléticas 
manos que recogen otras manos de ramas muertas 
iluminan los diluvios en las vidas sin salida 

manos que llevan la palabra hasta la boca del niño
que llevan el niño hasta la boca del día
día tapizado de fuego que roza la audacia de las primeras veladas
en las que se aferra crispado a la cuerda de salvamento

cantas canciones de cuna en el idioma de tu luz
n la frescura de las noches présbites envueltas en mantillas de viento
madre de las canciones degolladas que la creciente ahoga
tu mano sabe agitar tanto tenue lenguaje

cuántos despojos los recién nacidos sobre las eternidades del sueño
mecen por turno al mundo en la concavidad de la ola cantarina
mientras en el fondo ya nevado de tu juventud
tus ojos renacen en la sangre de las cálidas interrogaciones



TRISTAN TZARA (Samuel Rosenstock, 1896,  Moinesti, Rumania / 1963, Paris, Francia)
Fuente: "Antología de la poesía surrealista", de Aldo Pellegrini, Compañía Fabril Editora, 1961, Buenos Aires 
Enlaces: Tristan Tzara y Dadá | Isliada | A media voz