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agosto 31, 2019

Eduardo E. Vardé: El idioma abisal

la ola entrena

el modo más violento

de recuperar para sus ancestros

la tierra.

en la memoria del pez

queda la flor.

en la piel del agua,

los cadáveres de la lluvia







la madrugada engendra

el monstruo de los mil idiomas

y lo mece

en la cuna vacía

de mis pies.

la reverberación de un arrullo

que no canta

no nos deja dormir.







mientras la luminaria pública apretaba

la humedad

como si fueran los ojos

de un monstruo que nos vigila y exhala

aire condensado

hasta hacer llorar

a los eucaliptos sobre el techo del auto

donde nos enhebramos,

una araña

tejía del cielo al suelo

un nuevo árbol

donde otros se irían a refugiar.







no podrías ser

el sonido del impacto contra el vidrio,

la mariposa que dibujó la rajadura,

la entidad que arrastra

ni el polvo que prosigue al arrastre.

sin embargo, hay madrugadas

en las que necesito tenerte

cerca

como un amuleto

al que tampoco le voy a rezar







hay algo en esa

foto

que perdura más allá

del fuego:

dos pájaros sobre el tendido telefónico

picotean el plástico

como si interrumpieran

una llamada que va por aire.

luego caen muertos

a los pies de una mujer

que habla por celular mientras quema algo.







abrir los poros

duele.

tomo

una pinza y tironeo el insomnio.

el peso del polvo

me ha cerrado

los párpados

cuando es deber levantarse.

son 5:32

en todo el cuerpo.







todo lo que hice fue repetir

el mismo verbo

el mismo sustantivo.

dejarlos

en el centro. mientras el sol nos movía

la sombra

hasta que la noche hizo un gesto y levantó

la voz.

nos fuimos a dormir

relajados,

un poco más

muertos.









Eduardo E. Vardé

Eduardo E. Vardé (1984, Buenos Aires, Argentina)

De: "El idioma abisal", Halley Ediciones. Mariana Kruk,  2019

Enlaces: 






agosto 29, 2019

Mercedes Cebrián: La idea de libertad se encuentra bajo el forro del abrigo.

Pijama







Desde que vivo aquí no distingo el pijama

de la ropa de calle: franela y estampado

de cuadros escoceses ya no quieren decir

lo que aprendí en El Corte Inglés.

Y es que todo es posible donde nadie te mira:

la idea de libertad

se encuentra bajo el forro del abrigo.



El control de pasaportes lo toman

muy en serio; sin embargo en la ropa

suprimieron los puestos fronterizos. La actividad

les asigna su nombre: pantalón de deporte,

prenda para dormir o para andar

por casa. El guardián

del dormir es la ropa muy floja,

la que perdió los bordes hace tiempo.

Así es como vestimos para el sueño

que nos libera a todos

de nuestros respectivos soliloquios.

El exceso de comodidad no tiene vuelta atrás:

si se rompe el elástico se caen los pantalones

sin remedio. (Y qué si se cayeran: estamos preparados

para cualquier catástrofe)



Pese a que vivo sola

llamo a la puerta del baño antes de entrar, por ver

si está ocupado.

Allí es donde residen los pantalones

de cuadros escoceses; allí es donde se encargan

de impedir que sean las familias

quienes concierten nuestros matrimonios.







Mercedes Cebrián (1971, Madrid, España)

Fuente:  Festival Internacional de Poesía Bogotá

Enlaces: Emma Gunst

Imagen: Torrepoetico

agosto 25, 2019

Carol Ann Johnston: "El increíble tratado evangelista de los murciélagos"



Un hombre con cara de pastel en mi hilera

me ofrece un panfleto durante un vuelo

que atraviesa el país: La antigua ley señala que los

murciélagos no son limpios, que no son aptos para el consumo,

que están prohibidos para los israelitas. Pero no nos

equivoquemos: Dios ama a todos

sus animales. A Dios le

preocupaba la dieta de Su

pueblo, y el ambiente

en el que ellos vivían. Los murciélagos

son vitales para el delicado equilibrio

de la naturaleza. Dios se interesa por

toda Su Creación. Al hombre le fue dado

dominio sobre la Tierra

y habrá de actuar con responsabilidad.



Conozco bien los tratados

evangelistas y sus optimistas incongruencias.

Alguna vez, como toda jovencita seria de doce años

nacida en una familia de Bautistas del Sur

prediqué la voz de ¡arrepiéntete! de puerta

en puerta. No he salvado

a nadie, que yo sepa; tampoco

sé si habré mandado al infierno

a alguien.



Pero en un intento de ser perdonada, hasta cierto punto

por parte de los Bendecidos, me confieso ante mi compañero

de viaje: en el sótano, anoche a medianoche, en medio de

la confusión, me revolqué, en medio de los transformadores

con un electricista. Me recosté sobre

una pala, como si el armarme de herramientas

masculinas fuese a infundirme algún

conocimiento práctico. Al margen de la luz,

los naipes se mezclan en las incorpóreas manos

de un mago. Sin aliento,

me planté en el suelo, giré, e hice volar la pala,

partiendo al medio el murciélago en el mismo

instante que éste trataba de hallar la luz.



Podría tratar de ser sentimental y decir

que caí al suelo, y que tomé

entre mis manos la moribunda criatura.

Pero lo que hice fue dirigir la luz de mi linterna

sobre sus delgadas alas de celuloide,

que se pliegan como un acordeón roto,

y observé cómo sus velludas

manitas vibraban hasta morir.



Mi compañero de asiento ahora debería

pronunciar un apotegma, el obvio discurso

sobre el respeto por la vida. En lugar de ello,

me pone en manos de su enojado Dios:



No hay nadie que haga el bien,

no, ni siquiera uno












Carol Ann Johnston (Texas, Estados Unidos de Norteamérica)

Traducción: Jorge R.G. Sagastume

agosto 21, 2019

Jeymer Gamboa: "Los pequeños globos aerostáticos de fabricación casera..."


Los pequeños globos aerostáticos




Los pequeños globos aerostáticos
de fabricación casera, que la gente pone a volar
los 31 de diciembre, desde azoteas y balcones,
como una expedición de carabelas que surcan
el cielo iluminado por los fuegos artificiales.

Se parecen a los poemas que me gustan.
Tienen una estructura precaria
y celebran el fin de un ciclo.

Una combinación de factores aleatorios,
el viento, la combustión, la altura y los obstáculos,
definen su trayectoria y qué tan lejos pueden llegar.

Desaparecen esa misma noche,
enredados en las ramas de un ginkgo
o dando tumbos por el Camino del Ministro Inglés,
pero lo que importa es la impresión que dejan,
los comentarios de la gente cuando los señala.

Es dramático ver cómo se incendian.


Globos
Otros poemas de JEYMER GAMBOA, aquílaces:
https://www.jeymergamboa.com.ar/
https://transtierrosblog.wordpress.com/2017/11/28/3-poemas-jeymer-gamboa/Imagen: Editorial Municipal de Rosario

agosto 17, 2019

Diego Muzzio: Pensaba en mi padre

Otitis     



Cuando me perforaron los tímpanos 
a causa de una otitis crónica 
viví durante un tiempo debajo del mar; 
un submarinista extraviado 
de regreso al cielo. 
La gente me hablaba y yo no respondía. 
Las montañas parecían más azules. 
Al salir del trabajo
paraba el auto al borde de la ruta
y fumaba mirando las nubes.
No escuchaba el tráfico
ni los tractores horadando los campos.
Los árboles eran más verdes.
Pensaba en mi padre.
Nunca nadie había pensado en él
en aquel lugar tan lejos de su tumba.
Después volvía al auto, lo ponía en marcha
y regresaba al camino.
En el asiento trasero mi padre
hablaba durante todo el trayecto de vuelta,
pero yo no podía escucharlo.
Mis oídos estaban llenos de su muerte.


Poema: Otitis,
Otros poemas de DIEGO MUZZIO, aquí
Enlaces: Babab
Imagen en El paranoico esplendor



agosto 16, 2019

Jorge Enrique Adoum

Primer plano del poeta Jorge Adoum con anteojos


Resumen de la infancia     




Ante todo, es preciso ordenar la infancia 
como un país disperso, hallar las fechas 
de su límite: la dulce iniciación 
en la desobediencia, la cerradura 
que por necesidad puse a mi alcoba 
o la primera mujer que se guardó la noche 
entre sus telas estériles, sus párpados. 
Y descubrí de pronto que nadie compartía 
mis costumbres: la muerte había entrado
antiguamente al patio, a la bodega,
y yo crecía sobre un osario familiar.
No sé por qué, porque sí, por pura
gana, cambié las órdenes para la cena,
el sitio de los adornos, el precio
de las plumas; odié el muro
que cercaba la viña y el camino de orina
a los establos. Y ya no pude vivir más,
no podía establecer mi edad, mi oficio, destruir la seguridad de cada día
o levantar los párpados hacia la luz
de afuera: un hombre pasaba sin llorar bajo la lluvia, las aldeanas
completaban su cuerpo entre la hierba,
pero debía conservar la herencia intacta, conocer los secretos del ganado,
calcular la distancia entre mi seca seguridad y la aventura.
Así empecé
a soñar solamente con la llave,
con la bahía donde nadie hubiera
a despedirme, con migraciones de pájaros
azules. No era la pegajosa soledad
lo que buscaba sino una familia
diseminada en la distancia, una
hora de paz bajo los árboles, una hoja
sin odio entre mis manos.


Otro poema de JORGE E. ADOUM,  aquí
Enlace: Zenda
Imagen: El Telégrafo

agosto 13, 2019

Martín López-Vega


Caffè Gotico

(Via della Stelletta)


Soy un animal propenso a la elegía. Debe existir
alguna taxonomía que me clasifique. He aquí
el mantra silencioso del Pantheon desde hace siglos,
he aquí las palmeras felices del Gianicolo,
he aquí el oro del otoño romano. Tengo en el cuerpo
aún la mirada de la mujer de ayer en el Caffè Gotico
como una invitación a intercambiar
las generalidades animales. El tiempo es una cuchilla
y rasga el aire del día, trae otra ciudad:
tú y yo en el mismo lugar. La elegía comienza.
Veníamos de la Via dei Portoghesi,
el corazón abierto sin anestesia.
Tantas cosas han cambiado desde entonces.
Se congeló el agua en las fuentes,
se descongeló y volvió a manar, sucia.
Ahora tengo todo cuanto deseo. Pero también
algo que no quiero y me persigue:
me tengo a mí, todo cuanto ya no tengo.
Sólo soy el que ya nunca seré.


Otra rosa



Lleva días sobre la mesa. Una amiga
me la regaló sin ningún motivo,
como llega y marcha la felicidad,
sin ninguna intención que pudiera
hacerla símbolo de nada.
Ahora que perdió el color
y quedaron rígidos sus pétalos
y tiene el olor de las cosas perdidas
ahora dice que no se van sólo
la felicidad o el amor,
que se van también los días vacíos,
que no hay salida en esconderse de la vida,
que el final es el mismo,
que lo que nunca empezó también termina.
Y la vida ¿ya acabó? ¿Es tarde para revivirla?



MARTÍN LÓPEZ-VEGA
(1975, Poo de Llanes, Asturias, España)

Fuente: Tinta China
Imagen: El blog de los baños árabes


agosto 09, 2019

Rita Dove

Canario

(para Michael S. Harper)



La voz quemada de Billie Holiday
poseía sombras tantas como luces,
un candelabro afligido contra un piano brillante,
y la gardenia era su firma bajo esa cara arruinada.

(Ahora estás improvisando, tamborilero a bajista,
cuchara mágica, aguja mágica.
Toma todo el día, si te necesita
– con tu espejo y tu pulsera de canto.)

El hecho es que el invento de la mujer sitiada
ha sido por el bien de afilar el amor en servicio de mito.

Si no puedes ser libre, sé un misterio.



El grillo primaveral considera el asunto de la Negritud



Solita, yo tocaba mis tonadas;
no conocí a ningún otro que podía acompañarme.

Claro, fueron tristes las canciones
–– pero agradable también, y no vendrían hasta que
el día se agotó. Sabes, ¿no?, la manera que tiene el cielo
de colgar sus últimas volutas radiantes?

Eso era cuando el dolor brotaba dentro de mí
hasta que no pude esperar; me arrodillé para rasparme limpia
y no me importó quien escuchara.

Pues los gritos y las chiflas, vinieron,
y la redada en tarros – y el trepar de patas.
Ahora vinieron otros: revolcados y enturbiados;
no supe sus nombres.

Éramos un farol musical;
los niños, dormían a nuestros suspiros.

Y si, de vez en cuando, uno de nosotros
se sacudió libre y cantó mientras trepaba al borde,
siempre se caía de nuevo.

Y esto les hacía reír y palmotear.
Al menos – en ese momento – entendimos
lo que les complacía

– y donde estuvo el borde.


Traducción: Alexander Best



Sonsonete



Cuando yo era joven, la luna hablaba en clave
Y las estrellas rimaban. Yo era un nuevo juguete
Esperando que mi dueño me agarrara.

Cuando yo era joven, ponía al día de rodillas.
Me columpiaba en los árboles y capturaba grillos.

Era dulce apenas, infinitamente cruel,
Melosa y mimosa,
Tostada, plateada y como potro sarnosa.

Y el mundo era ya viejo.
Y yo más vieja que hoy.

Traducción: Adam Gai


Canary

(for Michael S. Harper)

.
Billie Holiday’s burned voice
had as many shadows as lights,
a mournful candelabra against a sleek piano,
the gardenia her signature under that ruined face.
(Now you’re cooking, drummer to bass,
magic spoon, magic needle.
Take all day if you have to
with your mirror and your bracelet of song.)
Fact is, the invention of women under siege
has been to sharpen love in the service of myth.

If you can’t be free, be a mystery.



The Spring Cricket considers the Question of Negritude



I was playing my tunes all by myself;
I didn’t know anybody else
who could play along.

Sure, the tunes were sad—
but sweet, too, and wouldn’t come
until the day gave out. You know

that way the sky has of dangling
her last bright wisps? That’s when
the ache would bloom inside

until I couldn’t wait; I knelt down
to scrape myself clean
and didn’t care who heard.

Then came the shouts and whistles,
the roundup into jars, a clamber of legs.
Now there were others: tumbled,

clouded. I didn’t know their names.
We were a musical lantern;
children slept to our rasping sighs.

And if now and then one of us
shook free and sang as he climbed
to the brim, he would always

fall again. Which made them laugh
and clap their hands. At least then
we knew what pleased them,

and where the brink was.



Singsong



When I was young, the moon spoke in riddles
and the stars rhymed. I was a new toy
waiting for my owner to pick me up.

When I was young, I ran the day to its knees. 
There were trees to swing on, crickets for capture.

I was narrowly sweet, infinitely cruel,
tongued in honey and coddled in milk,
sunburned and silvery and scabbed like a colt.

And the world was already old.
And I was older than I am today.



Rita Dove
RITA DOVE (1952, Akron, Ohio,  Estados Unidos de Norteamérica)
Fuente:  Zócalo Poets
Enlaces:  Punto en línea
agen: Smithsonian Magazine

agosto 05, 2019

Robert Nye







De una selección recientemente editada en España, encontré en la red dos poemas de Robert Nye difundidos por entusiastas usuarios de las cadenas sociales. Gracias: conocí y leí, aunque mínimamente, a Robert Nye. Dos poemas, del primero sólo la traducción, no se reveló una imagen del  texto en inglés. Con el otro poema, 'Casi un danzante', tengo una observación. El término dominante es 'danzar'. Prefiero 'bailar'. Aquel insinúa un rito, bailar evoca lo festivo.






Jugadores








Dos apuestas hizo mi padre el día en que murió.
Encontramos el resguardo doblado en su cartera.
Ambos caballos perdieron. Esa es mi herencia.
No es por nada, no, excepto este absurdo resquemor
De querer dejar sin blanca a la jodida casa de apuestas
Tan solo una vez antes de morir. Solo una, por favor, Dios.
No es por el dinero, aunque estaría bien,
Es en venganza de tantos años de pronósticos adversos.








Casi un danzante








Una vez, en una colina en Gales, un día de verano 

casi dancé al creer descubrir la alegría.



Más de una hora pasé tumbado 

contemplando las nubes, soñando.



Mientras allí yacía escuché el canto de una alondra .

Era una canción tan dulce que tocaba el filo del dolor.



Soñé que mi cabello era uno con las hojas 

y que mis piernas se enraizaban en la tierra.



Riendo despierto, allí tumbado al sol 

supe que no había más que saber.



No es de extrañar que al incorporarme 

me apeteciera danzar. Casi dancé



Casi dancé de alegría, casi lo hice. 

Pero algunos no danzan, y ya está.



Una noche, sin duda, yaceré para siempre. 

Y cuando lo haga, quizá finalmente dance.



Mientras tanto, guardo el recuerdo de aquel día 

en el que casi dancé, una vez, en Gales. 








An Almost Dancer







Once, on a hill in Wales, one summer’s day

I almost danced for what I thought was joy.



An hour or more I’d lain there on my back

Watching the clouds as I gazed dreaming up.



As I lay there I heard a skylark sing

A song so sweet it touched the edge of pain.



I dreamt my hair was one with all the leaves

And that my legs sent shoots into the earth.



Laughing awake, I lay there in the sun

And knew that there was nothing to be known.



Small wonder then that when I stood upright

I felt like dancing. Oh, I almost danced,



I almost danced for joy, I almost did.

But some do not, and there’s an end of it.



One night no doubt I shall lie down for good

And when I do perhaps I’ll dance at last.



Meanwhile I keep this memory of that day

I was an almost dancer, once, in Wales.












Robert Nye

Robert Nye (1939, Londres, Inglaterra / 2016, Cork, Irlanda)

De: "Poesía esencial", El Desvelo, 2019

Traducción: Imanol Gómez Martín

Enlaces:  El Cultural

Imagen: Alchetron

agosto 01, 2019

Katerina Anghelaki-Rooke: Te olvido con pasión

Dice Penélope    


And your absence teaches me
what art could not
             DANIEL WEISSBORT  


No tejía, no hilaba, 
un escrito comenzaba y borraba 
bajo el peso de la palabra 
porque obstaculiza la perfecta expresión 
cuando al interior el dolor le apremia. 
Y pese a que la ausencia es el tema de mi vida 
—ausencia de vida—
en el papel aparecen los llantos
y el dolor natural del cuerpo
que se endurece.
Borro, rasgo, ahogo
los gritos vivos
«dónde estás, venga, te espero
esta primavera no es como las otras»
y recomienzo de mañana
con nuevas aves y níveas sábanas
que se secan al sol.
Nunca estarás aquí
para regar las flores con la manguera
para que goteen las vetustas techumbres
cargadas de lluvia
y para que se diluya mi
personalidad en la tuya
tranquila, otoñalmente…
Tu electo corazón
—electo porque lo escogí—
siempre estará en otra parte
y yo con palabras cortaré
las hebras que me atan
al hombre preciso
al que anhelo
hasta que Odiseo devenga símbolo de Nostalgia
y surque los mares
en la mente de cada cual.
Te olvido con pasión
cada día
para que te purgues de los pecados
de la dulzura y del olor
y limpísimo ya
entres en la inmortalidad.
Es un trabajo duro e ingrato.
Mi único pago si comprendo
al final qué presencia humana
qué ausencia
o cómo funciona el ego
en tanto erial, en tanto tiempo
que para nada interrumpe el mañana
todo el cuerpo se reconstruye
se levanta y cae sobre la cama
como si lo apaleasen
ora enfermo ora enamorado
con la esperanza de
que lo que pierda en tacto
lo gane en esencia.



Λέει η Πηνελόπη


And your absence teaches me
what art could not
DANIEL WEISSBORT

Δεν ύφανα, δεν έπλεκα,
ένα γραπτό άρχιζα, και έσβηνα
κάτω απ’ το βάρος της λέξης
γιατί εμποδίζεται η τέλεια έκφραση
όταν πιέζετ’ από πόνο το μέσα.
Κι ενώ η απουσία είναι το θέμα της ζωής μου
–απουσία από τη ζωή–
κλάματα βγαίνουν στο χαρτί
κι η φυσική οδύνη του σώματος
που στερείται.
Σβήνω, σχίζω, πνίγω
τις ζωντανές κραυγές
«που είσαι, έλα, σε περιμένω
ετούτη η άνοιξη δεν είναι σαν τις άλλες»
και ξαναρχίζω το πρωί
ε νέα πουλιά και λευκά σεντόνια
να στεγνώνουν στον ήλιο.
Δεν θα ’σαι ποτέ εδώ
με το λάστιχο να ποτίζεις τα λουλούδια
να στάζουν τα παλιά ταβάνια
φορτωμένα βροχή
και νά ’χει διαλυθεί η δική μου
μες στη δική σου προσωπικότητα
ήσυχα, φθινοπωρινά...
Η εκλεκτή καρδιά μου
–εκλεκτή γιατί τη διάλεξα–
θά ’ναι πάντα αλλού
κι εγώ με λέξεις θα κόβω
τις κλωστές που με δένουν
με τον συγκεκριμένο άντρα
που νοσταλγώ
όσο να γίνει σύμβολο Νοσταλγίας ο Οδυσσέας
και ν’ αρμενίζει τις θάλασσες
στου καθενός το νου.
Σε λησμονώ με πάθος
κάθε μέρα
για να πλυθείς από τις αμαρτίες
της γλύκας και της μυρωδιάς
κι ολοκάθαρος πια
να μπεις στην αθανασία.
Είναι σκληρή δουλειά και άχαρη.
Μόνη μου πληρωμή αν καταλάβω
στο τέλος τι ανθρώπινη παρουσία
τι απουσία
ή πως λειτουργεί το εγώ
στην τόσην ερημιά, στον τόσο χρόνο
πως δεν σταματάει με τίποτα το αύριο
το σώμα όλο ξαναφτιάχνει τον εαυτό του
σηκώνεται και πέφτει στο κρεβάτι
σαν να το πελεκάνε
πότε άρρωστο και πότε ερωτευμένο
ελπίζοντας
πως ό,τι χάνει σε αφή
κερδίζει σε ουσία.


KATERINA ANGHELAKI-ROOKE (1939 / 2020, Atenas, Grecia)
Fuente: Revista Fogal
Enlaces: 
■ Festival de poesía de Medellín
■ Levure littéraire (en inglés)
Imagen: Facebook

julio 29, 2019

Raquel Jaduszliwer


PIENSO que de haber dios
elegiría el bosque como su catedral

el bosque
y en la noche
su volumen sellado, el gran follaje
el peso de los animales

un pájaro asustado elegiría
para dar testimonio.


                                                                                          Levanto mis manos junto a los otros
                                                                                            en la fila para rendirme
                                                                                            Fernando Moledo. Teoremas. Ed. Alción, 2017


MI hijo se había visto en medio de la noche
caminaba con las manos en alto, en fila entre los vencidos

mi hijo me decía:
madre ¿me ves? sigo caminando en la noche más tupida del bosque
voy tras los pasos de tus seres perdidos
directo al corazón de las casas quemándose

entonces yo gritaba
no sigas, no, no sigas
pero mi voz era un graznido

¿qué más podría haber hecho?
yo era un cuervo letal sobrevolando
buscando el aura de las generaciones anteriores
el eslabón perdido
la luz que se diezmó.



MI padre me pregunta
¿seguro que estoy muerto?

me niego a contestarle
busco en el cielo hueco
la guarida del ángel mensajero

que baje él, que baje
que baje el mensajero
que dicte su proclama
heraldo pálido de la oscuridad.



EN algo la ciudad me recuerda las viejas madrigueras del bosque
esa misma manera de agolparnos así los animales cuando viene la lluvia
y de darnos calor
por todo lo que nos quitamos

con eso nos quedamos
con la memoria de la proximidad mientras la sombra avanza.


Raquel Jaduszwiler, poeta junto a una lámpara
RAQUEL JADUSZLIWER
 (1946, San Fernando, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

De: “En
el bosque”. Editorial Modesto Rimba, 2018. 

julio 28, 2019

Robin Myers



Voy al parque a buscar un poco de orden

Un hombre toca la flauta
de cara al estanque,
donde los gansos arrastran las patas y cagan,
y los perros desatan su pánico feliz
como colibríes gigantes
e ignoran sus propios nombres,

y las parejas se agarran entre sí
en un abrazo solemne, para aprender
a bailar, y una nena
salta la soga con un buzo
que dice PRIMER AMOR
y su mamá toma de a sorbos algo
de un termo mientras la mira.

Un chico gordo en un triciclo
va a parar a una cuneta
y se levanta sonriendo.

Me dan ganas de llorar, si tuviera
algún derecho a darle la bendición
a algo,

se la daría a él, a su cuneta,
a su mechón despeinado, a sus dientes nuevos,
a sus tres rueditas que giran;

a él, ridículo, endeble, a salvo.

I go to the park for some order. // A man plays the flute / toward the pond, / where the geese shufle and shit, / and the dogs panic happily / like giant hummingbirds / and ignore their own names, // and couples take hold of each other / in a grave embrace, learning / to dance, and a little girl / skips rope in a sweatshirt / that says FIRST LOVE, / and her mother sips something / from a thermos, watching.// A fat child on a tricycle / runs himself into a ditch, / and comes up grinning. // I want to weep; if I / had any right to bless / anything, // I would bless him, his ditch, / his cowlick, his new teeth, / his three wheels spinning, // silly, flimsy, safe 


De: "Tener", Audisea, 2017
Traducción: Ezequiel Zaidenwerg
Otros poemas de ROBIN MYERS, aquí

julio 25, 2019

Poemas de Osvaldo Picardo: No los habías visto hasta entonces



De “Quis quid ubi (Poemas de Quintiliano)” (1997):


Picaflores




Antes de correr la cortina frente a las calas
la velocidad se congeló en el aire.
Primero fue uno borroneando las alas
en el hilo desatado ante un gladiolo.
El otro cayó al lado en rebote pausado
y giraron trenzando el tallo de la tarde.

No los habías visto hasta entonces. Luego
leíste que tienen corazones enormes
para el tamaño diminuto de sus cuerpos.

Y también
que mueren de quietud durante el sueño.



En un viejo laboratorio de fotografía



Hay una suma de cosas en la sombra que las ventanas clausuradas
dejan crecer desde hace años. Además del piletón, la ampliadora, 
el abrillantador, los frascos de ácido y la luz inactiva. Hay además 
ese presentimiento, el mismo de la primera revelación 
cuando la inexistencia tuvo un colapso y mil partículas
se concentraron en la historia de una sonrisa.
No es algo nuevo sino todo lo contrario, apenas si es algo.
Se parece a los bares oscuros del puerto entre putas 
y algún extranjero. No se trata de palabras ni de costumbres,
hay una suma de cosas flotando como cadáveres 
que nadie podrá identificar.


Del libro “Una complicidad que sobrevive” (2001):



Seguramente muchas cosas

“seguramente muchas cosas 
buscan ser cantadas por mí” 
 Anna Ajmátova


Demasiadas cosas no serán dichas.
No importa cuántas vengan 
desde los rincones del viejo bécquer
o patinando con un hilito de sol
sobre una mesa mojada de fiesta.
Todas son demasiadas en medio
de esta época.

Y la memoria de amor 
como una obstinación de anticuario
todavía sin poder soltar tu mano.

Y escribo 
“no me perdones, no me olvides”.

Este mundo, seguramente,
fue hecho para ser abandonado.
Para soltarle la mano y perderlo
traspapelado en el viento.
Pero ocurre a veces
creer que será terrible.


La abeja




La abeja sobrevuela la caléndula amarilla
con un acento agudo de presente.
Y en realidad, su vuelo enroscado a un poder invisible
no cesa de inventar la vieja y terrible mentira
en que nos ponemos de acuerdo. Es hermosa.

¿Habrá pensado en tu mirada? 
¿Tendrá tus ojos su viaje por el jardín de la tarde?
No hay límite. Todo es interrupción entre las flores
y también diálogo 
que se quiebra, donde aparece.


Del libro "Pasiones de la línea”  (2008):


La lila es una flor eslava 

a Marta

Es curioso ver cómo los libros
tropiezan con las personas y cómo 
inundan de significado algo 
que no tenía lugar en tu cabeza. 

Hoy ya no se necesitaba encender la luz, 
a esa hora de la tarde, y llegaste a leer 
en un libro de poemas,  
que las lilas son flores eslavas. 

También las flores han viajado, pensaste.
También lo que tiene una raíz y un color...

El nombre de dios en griego, por ejemplo,
da forma a otra palabra 
que quiere decir “el que mira”. También 
“el que viaja para ver el mundo”. 
Una especie de embajada que llega 
desde un lejano rincón y cuenta 
con familiaridad lo que es tan distinto... 

¿Qué mano, sino la de tu amor, ha puesto
este ramo de lilas  -tus preferidas-, 
sobre la mesa, bajo la crespa luz de la tarde? 

Huelen desde ahí, saben 
que estás leyendo sobre ellas. Que nada
de esta calma es en verdad, quietud.

Las ves y lo que ves, siempre 
te está encontrando. 



Error de cálculo




Este jardín quedó abandonado,
incompleto e incomprensible 
como una mentira que se olvida.

Jugabas ahí con la codiciosa hormiga,
con sus veredas cavadas llevando 
a la espalda el peso de un elefante.

Lo que en su lugar dejó nada 
puede llenarlo, aunque pensés
que bien pudiera no haber existido.

El rosal, la camelia y el espectáculo 
de los misteriosos tomates, 
el pulgón y la paciencia de la araña.

No sentías la fiebre cercana,
el absceso que la vejez prometía.
Un granito de arena en la uretra, 

una arruga, una caries, un silencio
en medio de una charla y por último,
un bisturí contra el cáncer. 

La distancia en sí misma 
entre lo que fue y es toda una vida
parece un error de cálculo:

el trazo recto de una voluntad 
con su centro en todas partes 

y su circunferencia en ninguna. 

Tus esfuerzos fueron inútiles
y lo único cierto fue lo que no tuviste. 
De este cúmulo de dudas, exaltaciones 

y desánimos ante lo hecho, inmodificable, 
un alivio te queda al menos: una línea 
escrita con el corazón, 
una intimidad cumplida. 

del libro  "Mar del Plata" (2012)


IX



Debería hablar sobre el mar, 
el que le da nombre a la ciudad 
tanto como el que la niega.  

El mar -decir por ejemplo-  respira. 
Suben y bajan, apoyados, tres patos marinos.
Y sobre el ronquido de su sueño

se sostiene el insomnio del pescador.
No está  un marinero pensando en las playas
de un vago, lejano, brumoso país…

Me viene en cambio, la imagen del pescador. 
De su espera larga, en la escollera. 
Horas bajo el farol, horas de termo y de radio. 

Y el brillo de unos ojos muertos 
que traducen la incógnita de otro mundo.
No es el mar, sino una caña en el tiempo.

Debería hablar sobre el mar: El que da nombre
a la ciudad tanto como que la niega. 
Decir algo así como Fogwill dice: 

Pero no hay mar: el mar es solo ausencia
en la sílaba mar: pasa el sonido
y queda el hombre frente a un mar que inventa.

Es cierto, no hay sino un invento.
Y sólo, fuera del lenguaje, 
es posible que lo miren y que lo vean.



Del libro 21 gramos (2014)

[Rivers solo, moribundo]: 

“-¿Cuantas vidas vivimos? ¿Cuantas veces morimos? Dicen que en la muerte todos perdemos 21 gramos. El peso de cinco  monedas. El peso de un chocolatín. El peso de un picaflor...”
de la película “21 grams”  


Entre dos fondos, en la superficie del mar, todo pesa menos




Hay algo único en nadar
cuando se acerca una tormenta.
Sorprende y tranquiliza ver boca arriba
la velocidad con que el aire frota
las partículas de los cúmulos grises y blancos.
Se puede con cada brazada tocar
la intemperie, mar adentro.

Nadás de espaldas. Y tus ojos flotan
con tu cuerpo, sin resistirse,
en otras aguas, en un archipiélago de nubes
entre la visible consistencia
y la más transparente inconsistencia. 
La corriente te lleva a donde quiere,
rendido a su deseo y su fuerza.

Pensás que también así debería flotar
tu pequeña historia, sobre el doble fondo,
entre toneladas de relámpagos
y el sordo respirar de los peces.



"Perdóname, estaban muy ricas, tan dulces y tan frías" (William C. Williams)




¿Este sabor en la boca
entre ácido y algo dulce de una ciruela 
no fue igual hace ya más de tres mil años?

Uno no sabe cómo explicar finalmente
esto que queda de la hinchada redondez
con que se llenó tu mano
ni tampoco ese duro deseo de durar
que resiste la copia de su podrida carne.

Una ciruela morada, casi negra
no es capaz de contener el universo.
Ni podrá hacer que nada cambie.

Ese sabor es una continua pausa
en que tropiezan la culpa y el amor.



No tienen nombre los colores con que oímos hablar a la luz

a M.F.

Ningún color vuelve a ser el mismo. Imaginá 
un resplandor, una blancura que no te ciegue.
Algo más que un crepúsculo borgeano
en que se va, como cualquier otro, un día de otoño.

Mi daltonismo deriva en locura 
de colores imaginarios. Conozco sus nombres 
desde que era un chico pero los colores 
me siguen preguntando ¿será verde el verde, 
rojo el rojo, azul el azul, amarillo el amarillo? 
¿Cuál será el verdadero color de las cosas?

Por suerte, a vos te sé no sólo con los ojos
mientras la luz en tus manos me habla 
bajo el peso de un arcoiris.



El nudo doble de los pescadores deja suelta algunas cosas 



I



El viejo Mamino todavía navega
en una lancha amarilla, el mar de sus muertos.
Cuando tenías siete años, al viejo lo viste,
en la banquina, y te enseñó a hacer nudos.

De esos nudos dobles
para empalmar dos pedazos de sogas
con el símbolo del infinito.

Era un ocho acostado y entre los dedos
lo daba vuelta, hasta cerrarlo de un tirón.
Un nudo doble que ni Dios desata.

 

II



Pescaban con red, del amanecer
hasta el mediodía, no lo que ya había
bajo la superficie. No el abadejo
ni la anchoita, no el calamar
ni la chernia que anidan
en las formas de lo conocido.

Por eso debían cortar las sogas,
volver a hacer nudos
y llegar por atrás del viento
con una lógica de desencantos
y años perdidos.

No traían de vuelta más que la sospecha
de haber llegado al otro extremo 
donde se hacen todas las cuentas 
y el tirón de la soga desata el alma. 



III



¿Cómo asegurar que lo que no vuelve,
no pueda llegar a regresar? Después de todo, 
se olvida con el tiempo una y otra vuelta
del fijo e inamovible nudo de los muertos.

Los que nos esperaban, se han cansado,
y sin saber que íbamos a venir, murieron;
han cruzado sus brazos, sin poder abrazarnos
y en lugar de recuerdos, dejan remordimientos.

Uno se siente como un pescador frente a un desierto 
que alguna vez, increíblemente fue también mar.
Ahí hubo pesca, hambre y quien sobre las aguas
habló de incomprensibles enigmas, diciendo: 

Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida.

Así de desatados e incomprensibles 
estos nudos de la vieja banquina, aprietan, 
al otro lado, lo que parecía perdido. 


NOTA : El poema en su 3ra. parte incluye un cuarteto traducido del primer soneto de “Sept poèmes pour une morte” de Margaritte Yourcenar. La versión es propia y dice: Los que nos esperaban, se han cansado,/ y sin saber que íbamos a venir, murieron;/ han cruzado sus brazos, sin poder abrazarnos/ y en lugar de recuerdos, dejan remordimientos./ / Las oraciones, las flores, el gesto más tierno/ llega muy tarde para que Dios los bendiga./ Los vivos no se hacen oir por los muertos;/ la muerte, cuando viene, junta sin unir./ / No conocemos la serenidad de las tumbas./ Tarde ya, damos gritos que cansan, retumban,/ penentran sin eco la sorda eternidad;/ / y los muertos desdeñosos u obligados a callar,/ en el umbral oscuro del misterio, no oyen/ llorar por  un amor que no fue nunca./   

Osvaldo Picardo
OSVALDO PICARDO (Mar del Plata, Bs.As., Argentina, 1955) es un poeta, ensayista y crítico argentino. Una figura destacada de la «poesía de pensamiento» que se dio en el período posterior a la dictadura cívico-militar (1976-1983) en la Argentina. Docente e investigador universitario, exdirector de la Editorial de la Universidad Nacional de Mar del Plata (EUDEM) y director de la revista  La Pecera. 

Algunos de sus libros de poemas son:  Quis quid ubi: Poemas de Quintiliano (1998), Una complicidad que sobrevive (2001), Mar del Plata (2005 y 2012)”,  Pasiones de la línea. Poemas de Nicolás de Cusa (2008); O.P.Vida de poesía (2008),  y 21 gramos (2014). 

Entre sus libros de ensayos se destaca: Primer mapa de poesía argentina. Solicitudes y urgencia. El noroeste: la carpa y tarja (2000); con su prólogo y a su cuidado, la  Antología poética de Joaquín O. Giannuzzi, Madrid, en 2006, Visor, que constituye la primera publicación de Giannuzzi fuera del país. En 2016 publicó el ensayo y antología Poesía de pensamiento, en Madrid, Endymion. Su último libro de ensayos es Colgados del lenguaje. Poesía en las ciencias, en Rosario, 2018, Baltasara editora.

Ha traducido junto a F. Scelzo y E. Moore The love poems de James Laughlin y otras versiones suyas de E. Pound, D.H.Lawrence, M. Yourcenar o K. Rexroth han sido publicadas en revistas y en periódicos del país y el extranjero.