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septiembre 06, 2014

Indran Amirthanayagam

Poeta indio



Un fracaso, una mariposa



Cuando Nicanor me invitó 
a cenar ostiones y tomar 
cabernet en su casa de madera 
en la Reina conversamos 

en aquel 1995 de su visita 
a Nueva Delhi y su apego 
a la idea hinduista
de dejar los lazos: familia, 

bienes, sexo, y caminar, 
un mendigo, por las calles 
antes de llegar al bosque 
para esperar el aleteo 

de la mariposa, su luz 
enceguecedera. Diez 
años despues, otra visita 
al poeta, esta vez 

en Las Cruces, 
ante el oceáno,
y me pidió que leyera
Antonin Artaud sobre

lo absurdo 
en la vida moderna.
Otra vez nos acordamos 
de la mariposa. Cuatro

años mas tarde, me dijo
que le acompañara a su estudio
en el jardin al lado de la casa,
mi unico camino ahora, 

y viendo un poemario mio
en su estante me comentó
que le encantó el titulo
El infierno de los pájaros.

Llega ahora la noticia
que le ha otorgado
el premio Cervantes. 
A sus 97 años pienso

si va romper con 
su camino de 
costumbre y tomar 
el avión a Madrid. 

Artaud debe tener 
respuesta, o el mendigo 
Hindu, o nadie. 
Me dibujó

un regalo aquella 
primera vez. Dice 
el lema. Cada uno 
fracasa a su manera.




INDRAN AMIRTHANAYAGAM (1960, Colombo, Sri Lanka)
Fuente: https://indranamirthanayagam.blogspot.com.ar/
Imagen: www.article.wn.com


septiembre 05, 2014

Laura Wittner

Laura Wittner


Analgesia    



(Eliminación reversible de la sensación de dolor) 


Los perros a la entrada del taller mecánico 
se frotan contra la pared tibia 
panza arriba con las patas abiertas a la luz 
y el pelaje áspero de grasa. 
No tenemos plata pero tenemos tiempo 
y a veces se consigue (en verano
particularmente)
que ese tiempo pase
plácido.




Una mirada de adiós desde el tren en marcha




Una mirada de adiós desde el tren en
marcha
querría ser una mirada especial
y es como todas, este lugar que ocupamos
ahora, vacío de nosotros,
inicia el movimiento de retroceso
de replegarse en la memoria
para al mismo tiempo molestar
dando la señal de que
seguirá existiendo,
otros habitantes lo recorrerán
como a alguien que quisimos
y el paisaje se irá modificando,
el recuerdo entonces cada vez más

inexacto
no por desgaste
sino porque el original va a cambiar.
Lo último que veas
será también lo primero que veas
cuando regreses
(you are leaving

Las Pirquitas we are already missing you).
Por otra parte siempre hemos vivido en

esta ciudad

y cuando un domingo pasamos junto a
barcos varados
y puentes color óxido,
y al bajar del auto vemos que el río
es algo negro, espeso,
destilando burbujas entre manchas claras
como salivazos en expansión
(“se ha formado sobre el agua una capa
anaeróbica
donde criaturas impensables
se desarrollan y existen sin oxígeno”)
entonces no hay pena por el lugar lejano
ni gestos significativos en la última mirada
sería inútil si no hay límites
para entrar o salir.


De: El pasillo del tren, Trompa de Falopo, 1996 
Fuente: http://www.poesiaargentina.com/ebooks.php?lit=W
Otros poemas de LAURA WITTNER, aquí
Imagen: Facebook (Latinale, 2013)

septiembre 02, 2014

Enrique Lihn: Estuvimos a punto de ejecutar un trabajo perfecto



Nathalie



Estuvimos a punto de ejecutar un trabajo perfecto, 
Nathalie en una casa de piedra de Provenza. 
Dirás ahora que todo estuvo mal desde el principio 
pero lo cierto es que exhumamos, como por arte de magia, 
todos, increíblemente todos los restos del amor 
y en lo que a mí respecta hasta su aliento mismo: 
el ramillete de flores de lavanda. 
Es cierto: nuestras buenas intenciones fracasaron, 
nuestros proyectos se redujeron al polvo del camino 
entre la casa de Lulú y la tuya. 
No se podía ir más lejos con los niños 
que además se orinaron en nuestro experimento; 
pero aprendí a Michaux en tu casa, Nathalie; una 
vociferación que me faltaba, 
un dolor, otra vez, incalculable 
para el cual las palabras no tienen gusto a nada.

Vuelvo a París con el cuaderno vacío, 
tu trasero en lugar de mi cabeza, 
tus piernas prodigiosas en lugar de mis brazos, 
el corazón en la boca no sé si de tu estómago o del mío. 
Todo lo intercambiamos, devorándonos: órganos y 
memorias, accidentes del esfuerzo por calarnos a fondo, 
Nathalie, por fundirnos en una sola pulpa.

Creer en dios; sólo me falta esto 
y completar, rumiando, el ciclo de la baba, 
a lo largo de Francia. 
Pero sí, trabajamos duramente 
hombro con hombro, ombligo contra ombligo 
y estuvimos a punto de sumergirnos en Rilke.

No hemos perdido nada: 
este dolor era todo lo que podía esperarse; 
sólo me falta aullarlo en el momento oportuno, 
mi viejecilla, mi avispa, mi madre de 
dos hijos casi míos, mi vientre.

“Va faire dodo Alexandre. Va faire dodo Gérome.” 
Ah, qué alivio para ellos 
el flujo de la baba de la conciliación. Toda otra 
forma de culto es una mierda. 
Me hago literatura. 
Este poema es todo lo que podía esperarse 
después de semejante trabajo, Nathalie.


Enrique LihnFuente: Revista Omni-bus
Otro poema de Enrique Lihn, aquí
Imagen: www.pagina12.com.ar


agosto 31, 2014

Irene Gruss


El tiempo que demoras en terminar cada cosa
igual al de las cosas a medio hacer.
Nada perturba:
ni la conciencia ni la ensoñación de ver algo
hecho y cerrado.
A modo de hilván y a medias todo. 
Que un límite no cierre lo que no quieres cerrar: parece más vivo
lo inacabado. Allí el vestido sin doblar,
allí los hijos, idos; así un final, como un principio, entremezclado y sucio
de arena del reloj.
Así irresuelta, desparramado un eco, 
la brasa sin atizar. 



Enlaces: Otros poemas de Irene Gruss, aquí
Fuente: de sibilas y pitias
Imagen: Facebook de IG

agosto 30, 2014

Milo de Angelis: El descontento pálido de las calles

Ma a volte, tornando, s'incontra l'ira dei morti / il pallido


A veces, al regresar, encuentra la ira de los muertos,
el desconcierto pálido de las calles que una vez 
fueron nuestras y les dimos las gracias, fueron escalofrío
nocturno y un vestido levemente acariciado en el balcón: susurran
que solo uno fue el instante, solo uno fue el beso, el nombre
del palpitar del corazón, solo uno, susurran
el antiguo estribillo: "no regreses, no, no regreses
a los lugares que te han visto feliz."

Más poemas de Milo de Angelis en No-retornable y aquí
Sobre Milo de Angelis en El trabajo de las horas


Imagen: www.poetryfoundation.org

Ma a volte, tornando, s'incontra l'ira dei morti / il pallido
sconcerto delle strade che una volta / furono nostre e ringraziate, furono
brivido notturno / e veste sfiorata nel balcone: bisbigliano / che solo uno fu
l'istante, solo uno fu il bacio, il nome / dei batticuore, solo uno,
bisbigliano / l'antico stornello: "non tornare, oh, non tornare / nei
luoghi che tu hanno visto felice."
 

agosto 27, 2014

Julio Cortázar: Además te quiero, y hace tiempo y frío

Poema


Poema




Te amo por ceja, por cabello, te debato en corredores  blanquísimos donde se juegan las fuentes
       de la luz,
Te discuto a cada hombre, te arranco con delicadez de cicatriz,
voy poniéndote en el pelo cenizas de relámpago y cintas que dormían en la lluvia.
No quiero que tengas una forma, que seas precisamente lo que viene detrás  de tu mano,
porque el agua, considera el agua, y los leones cuando se disuelven en el azúcar de la
fábula, y los gestos, esa arquitectura de la nada,
encendiendo sus lámparas a mitad del encuentro.

Toda mañana es la pizarra donde te invento y te dibujo,
pronto a borrarte,  así no eres, ni tampoco con
ese pelo lacio, esa sonrisa.
Busco tu suma, el borde de la copa donde el vino es también la luna y el espejo,
busco esa línea que hace temblar a un hombre
en una galería de museo.

Además te quiero, y hace tiempo y frío. 


De: "Veredas de Buenos Aires y otros poemas", Compañía Editora Espasa Calpe, 1995
Otros poemas de Julio Cortázar, aquí
Imagen:www.lomioesviajar.wordpress.com

Queremos tanto a Cortázar





agosto 23, 2014

Louise Glück



Madre e Hijo     



Somos todos soñadores; no sabemos quiénes somos. 

Alguna máquina nos hizo, máquina del mundo, la familia constrictora. 
Luego de nuevo al mundo, lustrados 
por suaves látigos. 
Soñamos; no recordamos.
Máquina de la familia: pelaje oscuro, bosques del cuerpo de la madre.
Máquina de la madre: ciudad blanca
dentro de ella.
Y antes de eso: tierra y agua.
Musgo entre las rocas, trozos de hojas y pasto.
Y antes, células en una gran oscuridad.
Y antes de eso, el mundo velado.
Es por eso que naciste: para silenciarme.
Células de mi madre y padre, es vuestro turno
de ser fundamental, ser la obra maestra.

Improvisé, nunca recordé.

Ahora es tu turno de ser conducida,
sos la que demanda saber:

¿Por qué sufro? ¿Por qué soy ignorante?

Células en una gran oscuridad. Alguna máquina nos hizo
Es su turno de abordarlo, volver a preguntar
¿para qué soy? ¿para qué soy?



Mother and child




We’re all dreamers; we don’t know who we are.
Some machine made us; machine of the world, the constricting family.
Then back to the world, polished by soft whips.
We dream; we don’t remember.
Machine of the family: dark fur, forests of the mother’s body.
Machine of the mother: white city inside her.
And before that: earth and water.
Moss between rocks, pieces of leaves and grass.
And before, cells in a great darkness.
And before that, the veiled world.
This is why you were born: to silence me.
Cells of my mother and father, it is your turn
to be pivotal, to be the masterpiece.
I improvised; I never remembered.
Now it’s your turn to be driven;
you’re the one who demands to know:
Why do I suffer? Why am I ignorant?
Cells in a great darkness. Some machine made us;
it is your turn to address it, to go back asking
what am I for? What am I for?



Louise Glück

"Mother and Child" by Louise Glück, from The Seven Ages. 
Versión: Marina Kohon. Otros poemas de Louise Glück, aquí
Imagen: Operating Systems





agosto 22, 2014

Natalia Romero


Aguacero




Cuando pasamos el río Sauce Grande
la ruta es toda de niebla
si seguimos el sendero del agua
llegamos a la playa,
hay lagunas de lluvia
por el camino
el campo se vuelve océano.
Pienso que puedo morir ahora.
Vemos solo líquido que nos cubre
creemos estar al refugio 
en el auto que nos lleva.
El agua es un cuerpo inmenso
no se corta, nunca sangra.
Adelante un auto hace luces intermitentes
rojo amarillo rojo
la cortina de agua lo cubre todo.
Seremos libres
devueltos por la tormenta
sin más abrigo que la lluvia.
Caen sapos del cielo me dijo mi abuelo
yo los ví.
Había olor a mar.


Natalia Romero nació el 21 de Febrero de 1985 en la ciudad de Bahía Blanca. Vive en Buenos Aires desde el 2004. Estudió la carrera de Ciencias de la Comunicación en la UBA. Asistió al taller de poesía de Romina Freschi. Estudió dramaturgia y teatro con Matías Feldman.
Hoy asiste al taller de poesía de Osvaldo Bossi y forma parte del grupo que organiza el ciclo de lecturas El Rayo Verde. Junto a Maximiliano Cosentino lleva adelante el ciclo de lectura y diálogo con escritores Necesito oler limón.
Dicta talleres de escritura y poesía y coordina un taller especial de escritura creativa junto a
Verónica Yattah. Dirige la librería virtual A Cien Metros de la Orilla, www.acienmetroscom.ar
Sus poemas fueron publicados en plaquetas, antologías, revistas y blogs. Publicó su primer libro
de poesía Elijo (2011). Algunos de sus poemas pueden leerse en www.todaslascostas.blogspot.com.
Imagen: clarin.com 

agosto 19, 2014

Osvaldo Aguirre

Si llueve porque llueve, poesía argentina


Sociedad



   Un par de conejos
que trajo el tío
fue el principio
de un gran negocio.
   En las vacaciones,
con el primo
armaron una hilera
de jaulas y se turnaron
para darles de comer
y hacer de serenos.

   Llegaron a tener
cien conejos:
una vez los contaron.

      Todo el mundo,
en el pueblo, conocía
el criadero,
y cada santo día
era un desfile, caían
al campo a buscar
cantidad y precio.

        Con el primo
sacaban cuentas
y guardaban la plata,
monedas de uno,
cinco y diez centavos,
en una caja de grageas
para la tos.
                      El olor
a mentol los hacía
pensar en conejos,
en pan remojado,
en zorros al acecho.
         Y en la bolsa
que escondían
bajo la baldosa floja
de la despensa.



No me hagas acordar



Habíamos esperado
tanto, el campo
arado de grietas
y pasto como piedra
para dejar sin dientes
a la yegua, daban
ganas de llorar.
Prendíamos velas
a Dios y a los santos,
y a la pobre nona,
en el paso de la cocina
a las piezas.
Pero no había caso.

Los perros, afligidos,
eran piel y hueso:
no me hagas acordar.

Y en el pueblo
los que sabían todo,
ah, las lengua largas
y los mandados hacer
leían en la bosta,
las nubes o el fuego
donde ponían la marca,
bah, total, no les iban
a cobrar el aire:
algo nunca visto,
bolaceaban,
las pruebas atómicas,
el cometa, Nostradamus
y otra gente que trae yeta.

Con la amargura
yo no llevaba
el menor apunte,
hacía la parte de pavo,
iba dormido. Y cuando vi
que viento norte,
la tierra en la ropa
puesta a secar,
el remolino de tierra
y hojas en el corredor,
el cielo que se venía
abajo y era de tierra,
salí a recibir
para que la visita
supiera cuánto, cuánto
habíamos discutido,
que forma de renegar
con la radio
-“para hoy se espera,
mañana sin falta”,
puras macanas-
y no se fuera,
como las otras,
a la misma mierda.



Abracadabra



El tío Antonio
mostraba su mano
izquierda estirada,
pedía unos segundos
de concentración,
atención al silencio
y patas de cabra,
partía el índice
en dos, podíamos verlo
con nuestros ojos,
el dedo se movía solo,
oh. Pero no le dolía,
era magia

y la mano tenía
uno dos tres cuatro
cinco dedos
al abrirse de nuevo,
con una moneda
que se transformaba
en caramelos.

Quesequede,
decíamos, en el patio
de la luna y los escuerzos,
y más claro agua:
otra, quesequede.
Si le daban un mazo
adivinaba qué carta,
abracadabra,
y un pañuelo blanco
se convertía en otro
largo y de colores.
Quesequede, otra,
otra, pero la familia
esperaba en la cocina,
o reunida alrededor
del asador, para hablar
de cosas aburridas.



La copa Benito Palmaz


(según El Informe de Barlett)


En la primera fecha
Unión de Cepeda,
con la ayuda del árbitro,
el viejo que andaba
de sereno en el galpón
del ferrocarril,
pudo vencer al conjunto
de Sportivo Agrario,
el rojiblanco.
Social Atlético Barlett,
el local, quedó libre.

Estaba en disputa
la copa donada
por Benito Palmaz
a beneficio
del chico Maturano,
más muerto que vivo
en un hospital de Rosario.

Social Atlético se había
reforzado –un arquero,
un cinco y un nueve
que venían por la soja,
con las máquinas-
y el gringo Fioramonti
echaba pestes: querían
que fuera suplente,
él, que llevaba años
con la casaca a rayas
rojas y verdes

y no hubo quién
nadie pudo ni quiso
quién le llevaría el apunte
cuando el árbitro
hizo sonar el silbato
y señaló el centro,
decretando, señoras
y señores, el empate
de Social Atlético,
con sus refuerzos,
y Agrario, un rejunte
de muertos de hambre
y peones de la cosecha.

En la tercera y última
fecha salió otra vez
el sereno del ferrocarril
sorteado como árbitro.
Y apenas comenzó
el juego, quedó claro
que estaba comprado:
ellos pegaban,
y los fules eran nuestros;
ellos de vigilantes,
y el nueve nuestro,
un grandote que estaba
en las nubes,
quedaba fuera de juego;
“penal, penal”, gritaba
hasta el gringo Fioramonti
cuando cruzaban al diez,
que era bueno, y cobraba
en nuestro arco:

pero el negrito
que se había puesto
los guantes era un gato,
como si un elástico
y se quedó con el tiro
del capitán de ellos,
un veterano que venía
de la liga de Pergamino
y jugaba sin moverse
de media cancha.

El sereno, a lo mejor
por una botella de vino
barato, por una botella
de vino barato, el gringo
le cortaba las manos,
emperrado
veía otro partido.
Detrás del alambrado,
tapado de carteles
de la Unión Comunal,
volaban puteadas
y gargajos. La cosa
pasaba de castaño
oscuro, “escándalo”,
dijo el presidente
Rufino Tisera
a El Informe de Barlett.
Pero el borracho no pudo
evitar que el nueve
bajara de las nubes,
cuando la hinchada
de Cepeda festejaba,
y metiera un cabezazo
directo al ángulo.

El viejo Maturano
entregó la copa
Palmaz al capitán
de Social Atlético
y gracias a la colecta
de las entradas
sacaron volando al chico
del hospital
donde querían matarlo.

De: Si llueve porque llueve y si no llueve porque no llueve (inédito)


En el cementerio de Juan B. Molina

I



Dios
no te castigó,
ni caíste
fulminada
por un rayo,
como pedías,
en caso de decir
una mentira.

Todos los muertos
fueron testigos.



II



Salieron
de las celdillas
atontadas
por el efecto
del insecticida.
El nido quedó
por el piso, polvo
en el ladrillo
molido.

No pudieron
hacer nada.
Eran tres o cuatro
rojas y negras,
y entre ellas
una reina destronada
a escobazos limpios
y patadas.



III



Esta es la primera
foto, en el cajón
de sus restos.
No lo imaginaba
de ninguna manera
y cualquier otra
imagen hubiera sido
una sorpresa.
Pero se trata
de ésta y me cuesta
dar con el aire
de familia. Tal vez
la forma de mirar,
esa reserva
con la que se pegó
un tiro en la cabeza
cuando lo esperaban
en la mesa.


OSVALDO AGUIRRE (1964, Colón, Provincia de Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: http://lasvueltasdelcamino.blogspot.com.ar/
Imagen: www.vientodelsurlluviadeabril.blogspot.com

agosto 17, 2014

Osvaldo Costiglia




Osvaldo Costiglia






Domingo





Viaje hacia atrás del cráneo,

donde las manos entrelazadas,

reponen la respiración del domingo

a esta cabeza en acecho,

moviéndose hacia la calma

de su final.

Así, de tanto en tanto

miro lo que el tiempo abandona

y no digo nada

que pueda apartarme

del roce lento y pausado de la vida.

Si tengo miedo, es que hay

paisajes donde ni siquiera puedo sentir

el paso de las sombras.

Tiento así, con los dedos, dos líneas de arena

y trazo la transversal.

No es cierto que la geometría tranquiliza.

El viento en los labios, tiembla,

y desocupa el día.







Rimbaud se despierta en Harrar





la boca que no emitió ya verso alguno

la mano que se llevó sus anillos

por caminos calcinados

trocando la luz de las iluminaciones

por aquella de Abisinia

la mirada perdida

terminó allí ese cruzado de la lucidez

que se vió una temporada en las llanuras suavas,

en Bizancio o en las hechicerías profanas

de las ternuras por el crucificado

un leproso sentado contra un muro roído por el sol

ahora no sabe que preguntar al lastimoso hermano

replegado en la hendidura

que nunca más nombró

en esta insólita mañana helada

cuando siente que lo llama el jefe de los caravaneros.





Osvaldo Costiglia (1940, Bahía Blanca, Buenos Aires, Argentina)

Fuente: www.confinesdigital.com

Imagen: www.intercuerpos.blogspot.com


agosto 15, 2014

Romina Cazón, poemas inéditos





La misma sangre




I




Hace un año mi amante cayó a mi casa

yo a sus pantalones.

Hicimos un riachuelo

mas nadie se ahogó

Antes, me habría gustado  darle

un buen arroz con milanesa

la servilleta y su copa de vino.

Sentarnos para pensar seriamente

en el lugar de los muebles

y en el color de la recámara.

Preguntarle por ejemplo por sus tenis

Indagar su tamaño. Desmenuzarlo,

para no caer tan obviamente 

rendida a las sábanas.




II




Mi nombre es ninguno.

Soy una hembra flexible

y a menudo digo si

cuando se trata de destapar un vino o ir a la cama

Camino lento

no obstante 

siempre llego a donde me esperan.




III




Al salir  de misa me patearon la  cara

el muslo y el estómago.

No hubo Dios para mí, pero sí un cuaderno.

Escribí una historia tan siniestra

que no me atreví a leerla.

Pronto supe que para morir en armonía

era pasando horas en vela

dándole la mano a  la pluma

y hacer que corra la misma sangre.




IV




Mi tarea no radica en escribir

si no en adueñarme de la realidad.

Yo muevo los objetos

de la cocina

y sé dónde hallarlos

y para qué sirven

Sé que esos objetos

probablemente irían al baño conmigo

y tendrían sexo si así lo quisiera.

Puesto que cuando la pluma cae 

alguien puede ser poeta.




V




La voz

es una escalera lúgubre

un pasillo que no se encuentra

cuando es necesario salir de casa.

Mi voz no tiene que ver con Nazareno,

pero está en el reloj de mano 

y en el vientre de una mujer

que busca consuelo en el altar.

Mi voz es la que deambula en la calle

y nombra objetos que no conozco.




VI




Creo en Guadalupe

mientras ella  no  mire el escote que tiene mi camisa

y esta manía de tener una pluma 

en la bolsa del mercado

A ella le dejo cartas

mis lunares

todos mis sábados

con olor a caña 

y unos centavos.




VII




Salgo a la banqueta,

en mis hombros llevo zapatos de anciana.

Voy hacia el kiosco a meditar

acto que no hago comúnmente

salvo cuando  peligra un brazo

Magdalena  o mi amante.

Enciendo un cigarro y observo la gente que pasa

que ni siquiera sabe

que contamino el ambiente




VIII




Guadalupe,  te encuentro en el lodo

y en el librero 

Lentamente todo evoluciona

pero es un camino confiable

para llevar la vestimenta

a otra estancia

y temporalmente cantar 

hasta que la piel sea otra.




IX




La imagen para mi religión ha muerto

el día de mi cumpleaños.

Sólo tengo en  la memoria

un velorio sin plegarias

Yo no recé para no usar vocablos gastados

Me  fui a dormir pronto

y en la madrugada 

la casa estaba vacía.






X




Odio la cruz de Cristo

porque remite a la suciedad

de uñas estúpidas

Remite a la ignorancia

de un viernes luctuoso

en que nadie pudo llorar

porque la lágrima no servía 

como tampoco sirve mirarse adentro 

para hallar la paz.




XI




Encontré la paz en un espejo

cuando era de noche

y yo coqueteaba con mi vino espumoso

y mi cabello.  

La resaca locamente venía hacia a mi

mientras yo me balanceaba

en los azulejos de la casa

y  pensaba

en que por fin debía dormir.




XII




Mi mano es una  dalia

que  proviene  de una mujer 

que no concilia con el sueño ni la luna.

Mis plegarias  oportunamente se acercan a ti 

y surgen de la necesidad de abrir los pulmones 

y exhalar  vocablos.




XIII




La historia se cierra

en los labios 

en un sábado sin gloria

con mis gatos en las piernas

y el timbre del teléfono

con un número equivocado.

No concluye  el acto,

tampoco  la carne.

Puntual es la hora en que dejo mi cuaderno

para ir a cenar.




Canto  del libro inédito: La mujer de Nazareno





Romina Cazón, escritora, artista audio-visual y promotora cultural. (Argentina, 1981). Actualmente reside en Querétaro, México. Sus textos se hallan parcialmente publicados en antologías, como también en revistas impresas y digitales de Latinoamérica y Europa.

Es autora de Con mis uñas de gata (poesía japonesa, 2008), Patria Ajena (poesía 2010),  Del fondo de ningún vientre (poesía, 2012) y De sus piernas en  mi cuello (cuentos, 2013)  Artefatuo (poesía visual, 2014), Material On /Off (poesía visual, ebook, 2014)

Compiladora de  Panorama de la poesía mexicana (poesía reunida de 69 poetas, 2009 Ediciones el Humo) 

Dirige la revista de arte y cultura, El humo (www.revistaelhumo.com) y ZONA NO VERBAL (www.zonanoverbal.blogspot.mx)  Es responsable de Ediciones El humo,  colección poética Ojo Cautivo


Imagen: propiedad de la autora