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julio 21, 2022

Jericho Brown

poesía norteamericana. Coliseo


Coliseo    




No recuerdo cómo fue que me hice el daño. 
El dolor, mi dolor 
durante tanto tiempo que ya 
perdí la herida que lo causa. 
Porque no conocemos la belleza 
de nuestros propios ojos 
hasta que un hombre nos dice que son ellos 
la razón por la cual creó Dios el color café.  Luego 
el mismo hombre afirma que vive para tocar
las partes más sedosas, insinuando que 
nuestra superficie puede ser entendida 
como una gama de satenes.  A él 
seguiré hasta volverme tan áspero por fuera 
como por dentro.  No puedo ubicar la causa 
de las matanzas, pero se 
cómo se siente la mía, porque vivo con ella
y a veces la uso
para enfrentar la carga de vivir,
porque soy lo que los gladiadores llaman
un hombre enamorado—siendo el amor
un recordatorio de que hemos sobrevivido.

Traducción: Francisco Larios

La tradición



Aster. Nasturtium. Delphinium. Pensamos
que los dedos en la tierra significaban que era nuestra, aprendernos
nombres en el calor, en los elementos
que los filósofos clásicos dijeron nos harían cambiar. Azucena.
Dedalera. El verano parecía florecer contra la voluntad
del sol, y los noticieros decían que ardía aún más fuerte
en este planeta que cuando nuestros padres ya muertos
se limpiaban el sudor del cuello. Cosmos. Flor de nube.
Hombres como mis hermanos y yo filmamos
las plantas para probar que existimos antes de que fuera
demasiado tarde, vimos los videos en cámara rápida
para florecer en segundos, colores que uno esperaría en poemas
donde el mundo acaba, se cortan todas las flores.
John Crawford. Eric Garner. Mike Brown.

Traducción: Bruno Ríos



Colosseum




I don’t remember how I hurt myself,
The pain mine
Long enough for me
To lose the wound that invented it
As none of us knows the beauty
Of our own eyes
Until a man tells us they are
Why God made ill. Then
That same man says he lives to touch
The smoothest parts, suggesting our
Surface ill can be understood
By degrees of satin. Him I ill
Follow until I am as rough outside
as I am within. I cannot locate the origin
Of slaughter, but I know
How my own feels, that I live with it
And sometimes use it
To get the living done,
Because I am what gladiators call
A man in love—love
Being any reminder we survived.




The tradition




Aster. Nasturtium. Delphinium. We thought
Fingers in dirt meant it was our dirt, learning
Names in heat, in elements classical
Philosophers said could change us. Stargazer.
Foxglove. Summer seemed to bloom against the will
Of the sun, which news reports claimed flamed hotter
On this planet than when our dead fathers
Wiped sweat from their necks. Cosmos. Baby’s Breath.
Men like me and my brothers filmed what we
Planted for proof we existed before
Too late, sped the video to see blossoms
Brought in seconds, colors you expect in poems
Where the world ends, everything cut down.
John Crawford. Eric Garner. Mike Brown.


JERICHO BROWN (1976, Shreveport, Luisiana, Estados Unidos de NA)
Fuemte: Vislumbre
Enlaces: Círculo de poesía | Revista Altazor
Imagen en Ecoosfera

julio 18, 2022

Amélia Lícheva

Qué manos       



En la primera “Pietà” de Miguel Ángel 
la mirada no se detiene en la figura de Jesús, 
aunque sea central 
aunque sea después de la muerte
en espera de la resurrección. 
Se detiene en las manos de la madre.  
Falta una de las manos, escondida con vacilación, 
no sabe cómo proteger, cómo existir, 
no puede abrazar, puede solo sostener 
y desplomarse bajo ese peso. 
La otra mano queda libre, se ha detenido con extrañeza,  
puede apoyarse también con ella o tenderla, pedir, 
buscar compasión, tocar otra mano 
viva también, 

desde que tengo memoria de mí misma, sueño esta vacilación
y no puedo decidir
a qué manos fiarme
a esas que quieren dirigir, guiar,
mostrar el camino, enseñar,
porque les gusta proteger,
o aquellas que absorben
y te obligan a huir de ellas… 

así sucede cuando la vida depende de manos ajenas.           

Cada nueva mañana, 
mientras ordeno mi pelo lentamente,
el espejo me recuerda
que la vida es un pelo y mi mano
se mueve cada vez más lentamente.
¿Están sanas las raíces,
te mantienes firme, vida? 
¿Habrá a qué agarrarse? 
¿Habrá a quién? 

Poesía búlgara. ManosAMÉLIA LÍCHEVA (Sofía, Bulgaria) 
Es poeta y crítica literaria. Licenciada en la Universidad “San Clemente de Ojrid” de Sofia, donde ahora es catedrática de Teoría de la Literatura y doctora en Filología. Es autora de los libros teóricos Historias de la voz (2002), Teoría de la literatura (2005, en colaboración), Voces e identidades en la poesía búlgara (2007), Política de lo cotidiano (2010), Breve diccionario de los términos literarios y lingüísticos (2012, en colaboración), Literatura. Anteojos. Microscopio (2013), y también de los poemarios Ojo fijado en oreja (1992), La segunda biblioteca de Babilonia (1997), Alfabetos (2002), Mis Europas (2007), Es preciso verlo (2013) y Bestialmente mansa (2017). Sus versos han sido traducidos al inglés, francés, alemán, italiano, español, polaco, eslovaco, croata y húngaro. Es redactora jefe del prestigioso semanario Periódico literario; redactora en la revista La Literatura, de la Facultad de Filologías Eslavas de la Universidad de Sofia y miembro de la redacción colegial de la revista Enseñanza de lenguas extranjeras. Ha sido galardonada con las distinciones “León de oro”, para el proyecto editorial Teoría de la literatura: desde Platón al postmodernismo (2005); Signo Honorable del Ayuntamiento capitalino (2007); Caballero del Libro, de la Asociación “Libro Búlgaro”, en la categoría “Medias impresas-periódicos y revistas” (2016); ganadora del Premio Nacional “Binyo Ivanov”, por el aporte al desarrollo de la sintaxis poética búlgara en Bestialmente mansa (2017), y del Premio Nacional “Jristo G. Dánov” (2018), por la presentación del libro búlgaro. 
Fuente: Dossier revista Imán de la Asociación Aragonesa de Escritores 
Traducción: s/mención 
Enlaces: Vallejo & Cía. | La tortuga búlgara 
Imagen en Facebook

julio 17, 2022

Susana Cabuchi

Siria, Éufrates, poesía argentina

Samovar     


En tu casa Jeannette, en Damasco, 
usé por primera vez 
un samovar.  
Había uno muy bello 
en el comedor de la abuela Naíme,   
sobre el piano.  
Yo lo conocía 
por las novelas rusas, 
por la misteriosa vibración de su nombre.     
 
Pero aquello que nombraban
Dostoievski, Tolstói, Chéjov,
no era ruso, 
           provenía de Siria.
Fue a orillas del Éufrates
donde Adán descubrió la frescura del agua, 
seleccionó ramas del árbol de fuego, 
algunas hojas de la planta del té
e inventó el samovar, 
esa tetera del oriente,
ese cofre que guarda
los sonidos del río
de la lluvia
la memoria del sol.

Y en el centro de tu mesa
era
ofrenda silenciosa,
belleza de los días.
La infusión dorada ingresaba
a los cuerpos
            como una tibia bendición.
Así lo recuerdo. Así agradezco
aquella serena plenitud.
 
Fayes ha muerto. 
Siria padece y se desangra.
Nuestro dolor no olvida.
           Pero el samovar,
ante todos los pesares de este mundo,
             promete 
el vapor milagroso de las tazas
la bebida aromática
            la paz.

*En la margen del Éufrates / Adán descubre la frescura del agua. J.L.Borges


Éufrates



El Éufrates
llamado El Río,
el que atravesó el Templo de la Lluvia,
uno de los cuatro ríos del Edén,
el de viaje sereno,

se cruzó con
El Tigris,
el de paso veloz,
otro de los ríos del Paraíso,
la frontera del cántaro.

Juntos
definieron La Mesopotamia,
transitaron montañas, pantanos,
el tiempo,
hasta llegar a mi vida, a mi país, 
a Córdoba, 
porque la familia los nombraba,
porque viajaban por las páginas de geografía,
porque eran infinitos.

Agua.
Súmeros, acadios, arameos.
Uvas, granadas, dátiles.
Agua
para los jardines de Babilonia,
para la asiria Nínive,
para las sabaras,  
frutas asombrosas
que quitaban la sed de animales y de hombres.
En Uruk las tablillas escritas,
ciudades increíbles en Ur,
la Siria Histórica, 
            La Gran Siria, 
higos, aceitunas, café,
una primera Biblioteca en Ebla,
astronomía, 
         música, la rueda,
El Río.

Poetas sirias me llevaron ante su presencia
a mirar largamente el azul de su viaje,
su caudal, su nostalgia.
Este es El Éufrates
               dijeron
               y recordé
su voz, el canto
             que se desplaza
                     poderoso
                desde la eternidad
hacia todos los días de este mundo.







De: "Siria", Ediciones Barnacle, 2022

SUSANA CABUCHI (1948/2022, Jesús María, Córdoba, Argentina)

Ha publicado: “El Corazón de las Manzanas” (1978), “Patio Solo” (1986), “Álbum Familiar” (2000), “El Dulce País y otros poemas” (Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología de la Nación, 2004), “Detrás de las Máscaras” (2008), “Poética-1965-2010” (2010), “Album de famille - Livre CD” (Paris, Francia, 2015); El Viajero; (2018) y El Corazón de las Manzanas; Edición homenaje 1978- 2018 (Alción Editora, 2018). Textos de su autoría han sido incluidos en numerosas antologías argentinas, americanas, europeas y en ensayos y estudios críticos de poesía hispanoamericana y de literatura escrita por mujeres. Fue traducida al francés, italiano, portugués y árabe. Obtuvo por su escritura distinciones nacionales e internacionales. Como gestora cultural organizó Ferias del Libro, Semanas de Cultura, Talleres y Jornadas de Animación y Promoción de la Lectura y la Escritura, Seminarios sobre Creación, Publicación, Crítica, y Traducción de Poesía, Concursos Literarios, Ciclos de Lectura, Debates, otros. Actuó como Miembro de Jurado en diversos concursos nacionales de Poesía y Narrativa y como panelista y conferencista en Congresos, Encuentros, Festivales y Jornadas en su país y en el exterior. Colabora en revistas especializadas, en sitios virtuales y coordina Talleres de Escritura.

Imagen en Radio Jesús María

julio 16, 2022

Nahuel Lardies


Exvoto    


La sombra del laurel se extiende 
sobre las oraciones tibetanas, dice
buscá refugio en la iluminación
y yo pienso excelente, 

vamos por ahí, hacia la puerta blanca

el viento mueve las palabras
que se pierden en el viento

y no hay adversidad en mediodías de resurrección,
el pensamiento ya no está en las nubes
si no en la forma que les vamos percibiendo,
lejanas, compactas, acumuladas 
como para señalar la posibilidad 
de una inquietud en la memoria,
sin voluntad alguna de cambiarle el tono al lienzo. 

Que suceda algo feliz. Tampoco tanto.

El Martín Pescador aparece de golpe,
se refleja en el río como un subtítulo 
que encaja bien en la película que estabas viendo.

Los sentidos llegan misteriosos,
quedás vibrando con un roce de alas.

Existen las distancias en su enigma, 
distancias que venimos transitando de hace tiempo
como existen los acantilados, las grutas, 
los barcos corroídos por el óxido, 
los fósiles de caracoles
en lugares donde ya no corre gota de agua.

No voy a preguntarte nada nunca más,
saber es alejarse, y a diferencia nuestra
hay cosas que se acercan, con suerte se funden 
como el polvo en la espiral de luz,
la dispersión del polen en la espalda 
del río que se angosta 
y es curva, ligereza, Paraná:

quietos, silencio,

los ojos ceden su esfuerzo 
ante todo lo que viaja y viene con las aguas turbias,
columna fluida, la gran yarará 
es demasiado, abramos la sombrilla,

habrá barreras, lugares 
donde no será posible hacer un picnic, 
propiedades, miedo a perderse en los rencores. 

La fruta está dulce y madura, 
la tetera expectante,
hay arepas en flor, peras y pan,
¿qué nos tiene encandilados?

Danos refugio en la iluminación
de los días fluviales,
en el don no deseado de un punto de vista,

quiero volver a ese lugar
donde la sombra del laurel se extendió
sobre las oraciones tibetanas.


Hospital Israelita




En el principio hubo un lugar
con globos de cumpleaños
pulmones boca viento enloquecido
harina de centeno agua tablas de la ley
el último convenio de alquileres
números nombres de los meses
colores días fórmulas constelaciones
cartas de un tiempo
en el que se extrañaban

un escorpión iluminó la oscura bóveda del techo
la luna sostenía su balanza
el cielo abriéndose como el Mar Rojo
en dos gemelos mientras la Virgen
en ascenso se iba haciendo su lugar

fue entonces que alguien
lo arrancó de sus entrañas
hubiera preferido no salir
pero ella le insistió sopló y estuvo listo su carácter
temperamento cíclico nubosidad variable
aisladas precipitaciones las de esa mañana
en la que recordaba haberla visto
sacudiendo la cabeza como un sauce
ante el espejo del placard
el secador le hacía remolinos de aire cálido
en el pelo húmedo

fue entonces que lo atravesó un flechazo
afuera el motor del Renault 12
ponía en marcha el cielo y las estrellas

en la oscura cavidad del artefacto
despertaba al corazón.


Mirando un documental de la BBC sobre Japón    




Soy solo una persona interactuando a solas 
con los fantasmas de su celular. 
 
Les mentiría si les digo que me puse 
lo primero que encontré. 
 
No quiero más preguntas cuando entremos
en la zona… 
 
En uno de los episodios más álgidos de la novela  
escrita hace un montón de años por la dama Murasaki Shikibu,
Genji acepta a un hijo que no es suyo. 
Lo hace para guardar las apariencias… 
Las apariencias, de por sí la frase es rara.
De puertas para afuera,
¿quién sabe de verdad qué fue lo que pasó?

No te gastes, por más efímero que seas.
No quisiste como deberías
haberlo hecho, ahí, hilo a hilo,
moviendo emociones como marionetas,
a simple vista profundas, aunque ilusas, la verdad,
como un esmalte.
Seguí con el ahorro para ver
si alguna vez lográs mirar en vivo y en directo
esos cerezos
que viste florecer solo a través
del biombo de una traducción.

Al menos día por medio es conveniente
meditar el curso de las obsesiones,
el tránsito de los planetas o el estado del clima,
la tela de una araña a contraluz,
el rastro ultravioleta de un murciélago,
sentir las impresiones como el paso del rastrillo
en un jardín de grava, arena y piedra,
repetir voy tranquilo, soy tranquilo,
no me acuerdo hacia dónde pero bien.

Escuchá, hay voces en los caracoles
no me pierdas, no te pierdas.

Las personas se mueren, las historias reencarnan,
las campanas extinguen y renuevan el vacío.



Boleros para gente adulta




La heladera parece estar dándolo todo de sí
por mantener los alimentos a una atmósfera
razonablemente invernal,
fría como el corazón de un agente secreto
después de otra intriga amorosa.
Hay modos de querer que están desposeídos
de referencia y habitan un espacio rico
en representaciones, conformando así
una danza que consigo misma se conforma.
Hasta que no.
No hay conclusión ni ideas en remate,
es poco más que una tendencia
que arrastra y magnetiza.
Quede a dónde quede, seré
la flecha hasta el retorno del impulso,
será la voz que finalmente se llamó a hibernar
la que nos haga ver el panorama amplio,
como veía el valle entero después de una curva
en la ruta hacia Neuquén, Egipto,
o las playas desiertas de Dover.
Lo que subió tendría que bajar, pero
¿y si está vez fuese distinto?
Renuncio a cierta intensidad, despido
a la improvisación con un pañuelo
desde el muelle.
Busco el sistema que se oculta
y muestra en los cortocircuitos,
como si nos viésemos constantemente
empujados a contar con los ojos cerrados
para salir detrás de las voces anónimas,
persecución, pisadas,
luego una calma, el sonido a cadenas
sin aceite de una hamaca moviéndose sola
en la penumbra de una plaza, risas de hiena
en la noche más oscura.
La canción de las focas no confunde más,
estando ya mi casa sosegada.
Dimos al átomo lo que pedía,
boleros para gente adulta.
Adiós, definitivamente, adiós
y la espuma está arriba y más arriba de la espuma
hay una casa, hecha con dos o tres conceptos inmanentes, ¿por qué no?
la reciprocidad, el resplandor
y al final del túnel el principio del futuro,
a expensas de nuestras expensas,
de espaldas a nosotros, de cara al sol siempre delante, molesto, polarizado.



poesía argentina
NAHUEL LARDIES
(Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Fuente: Aguacero Ediciones | Facebook
Enlaces: La primera piedra | Periódico de poesía | Revista Otra parte

julio 15, 2022

Mara Pastor

Poesía puertorriqueña

Tu viaje a Egipto    


Its past was a souvenir 
Wallace Stevens
 
Es tu cumpleaños 
y en el Cairo te dicen 
“we like Americans”, 
y tú me dices 
“nunca vengas a Egipto” 
porque hay varios 
nombres para el asalto. 
 
Cuántos colmillos 
más sobre nosotros,
dicen todos a coro.

Cuentas que un solo hombre
triste en una tienda
de artesanía turística
que supo que eras hijo
de otro hombre triste en otra tienda
de artesanía turística

te regaló tu nombre
escrito en egipcio sobre un papiro
el día de tu cumpleaños.
Sentado en su puesto
de baratijas (papiros
y nefertitis allá,
garitas y coquíes acá)
esperando que alguien
le converse,

no por el afán
de las mercancías, sino
para olvidar que se está ahí.

Simetrías del mercado

global, -o la arena hace
lo mismo en todas partespor
donde se fugan
la soledad y la depresión
de los señores
que no pidieron dedicarse

al turismo. Fuiste a Egipto
y la anécdota más tierna
es esta foto que me enseñas,
el retrato con este otro padre
y asombrada te digo
que se parece al nuestro.



Carta a Maduk




La electricidad no nos permite
cruzar las paredes.
La gravedad es una fuerza torpe.
Los relámpagos nos sobreviven.
Todo esto he aprendido de ti
pero eso no impide mirar la estática de la tele vieja,
de esos televisores
que ya no reciben ni en los basureros.
Ceniza de Big Bang. Ven, astrónomo,
y cuéntame tus abismos.
Esa estática que nos choca
en la cabeza siempre que remendamos
un comienzo. Dicen que la radiación
es antimateria. Por eso nos mata.



La mirada se cansa en el monitor


Un café se enfría.
Tantas horas juntos sin hablarnos.
Cuántas veces la física nos falla.
Dejemos de escribir en rectángulos.
Hay un universo en la esquina
haciendo tiempo.



MARA PASTOR (San Juan, Puerto Rico)
De: "Poemas para fomentar el turismo, La secta de los perros, 2011
Enlaces:  EG | Círculo de poesía | Editorial Municipal de Rosario | Latinale
Imagen en Latinale

julio 13, 2022

Amanda Berenguer

Magallanes, poesía uruguaya

Las nubes magallánicas     




cuando transitamos a velocidad cotidiana 
la gran avenida vía Láctea paseo 
cielo parque conocido desde niña y 
antes aún de papá y mamá muy semejante 
a 18 de julio cuando mirábamos pasar 
desde el chevrolet 36 detenido en la acera 
las personas preparadas para una exposición 
rodante con aire de retreta y repasaba 
un examen de historia natural 
y sus vidrieras falsas de vida nocturna amarillenta 
en bajo voltaje sobrecargado a punto de estallar 
y se enciende el motor y se cruzan las calles 
de la Aguada la estación de tranvías de Reducto 
con reloj en hora hasta el Brazo Oriental 
de vuelta por San Martín entre plátanos jóvenes 
hasta Huáscar corta y sin hormigonar y cuand
llegamos a casa ahora en otro lado
del mapa de la ciudad en la punta
más cerca de un labio del planeta
cuando volvemos a esta turbia clara
circunvalación suburbana
mezclados de yema central y del ruido
usurero de un río de plata baja
batiendo contra el murallón de la rambla
costanera o crecido sobre la orilla arenosa
apretando un huevo puesto en pleno vuelo
así con la cáscara partida Montevideo derramado
por un pájaro parecido al ave tiempo
del segundo viaje de Simbad
y cuando es hora de amor y de ladrones
en el monte de al lado
o cuando sobre la playa me tiro al agua
entre los crustáceos al fondo en su elemento
o a un pozo para desaparecer o morir
de otra envergadura en otro viaje
navegando surcando explorando el agua negra
a la pesca de presas de oro prometidas
abierto hasta los tuétanos el tesoro
de los antepasados latinos industriosos y avaros

quedan someras sobras sobre la mesa tendida
queso para trampas caseras y cebo rancio
y lentejas con tocino guisadas
para alimentar los diarios malos entendidos
viejos como el mundo
un plato por otro de carne viva fría
o trozos dando coletazos de eso que somos
por dentro y no se ve
y emerge a veces en rabiosa pesca mayor
difícil de descuartizar

aventamos las plumas indemnes sepultadas
de aves americanas o de indios charrúas
entusiastas asadores de Solís el descubridor
de este lecho correntoso donde aún desovan
las corvinas con cangrejilla y los delfines maman
sin línea directa a ningún trono de la tierra
y se enturbia una resaca misionera colonial

cuando ocurre un accidente
y muere un niño ciclista aplastado
contra el parabrisas asesino del automóvil
en Caramurú junto al arroyo
cuando suena el despertador y repica el pulso
en las coronarias
cuando me despierto y recuerdo

alguien está mirando directamente nuestra espalda
el codo pelado la nuca las vértebras lumbares
que solo conocemos por dentro
en el interior del espejo en la penumbra
de una radiografía
o el repliegue astuto de la oreja palpable
o la cara oculta de la luna observando
con una lupa de tiempo
ampliando el espectro en sus fantasmas
verdaderos

las Nubes de Magallanes encienden en los alrededores de
nuestro polo celeste austral dos jirones arrancados a la vía
Láctea de forma vagamente circular
la Gran Nube se extiende en la constelación de la Dorada la
Pequeña Nube en la constelación del Tucán

la Gran Nube contiene estrellas supergigantes azules o rojas
nebulosas gaseosas de emisión por ejemplo una de las más
luminosas del firmamento la nebulosa de la Tarántula y
cefeidas típicas y polvos absorbentes que no dejan ver las
galaxias alejadas la Pequeña Nube en cambio es transparente

se descubren puentes de materia retorcidos formando bucles
desplegados a semejanza de tenues ramajes o estirados al
máximo y casi quebrados
existe un fondo luminoso continuo en las regiones centrales
de los grandes cúmulos de galaxias
la difusión es uniforme y granada más o menos quinientos
millones por ahora de gérmenes de infinito ah! entrego
parte de un botín de guerra diaria en prenda por un largo
corredor o paso de materia recién descubierto

el mar es cada vez más liviano y hondo
la respiración suave acompasada
el pensamiento apenas esbozado
por palabras sencillas
el cielo abierto de pie sostiene a pulso
nuestras preguntas de rigor
el viejo por qué deforme
con sus débiles huesos contrahechos

el plano galáxico se halla cubierto por nubes de gas polvoriento
alineadas a lo largo de las espiras
la imagen más simple y correcta del universo es todavía
la de un espacio euclidiano regularmente poblado de este
animal enloquecido mordiéndose la cola y pariendo estrellas
que miramos cada noche sin ver en la oscuridad más allá
de nuestros ojos

el sur y el norte prevalecen luchando en un circo cerrado
se da vuelta el hemisferio austral donde nacimos
abrimos con el navegante Magallanes y los sesenta bramadores
su estrecho pasaje y giramos al norte
de un solo espacio todopoderoso
estaba cercano entonces del otro lado infinito
la incorruptible mujer encadenada a poca distancia
del polo boreal
la gran espiral Messier 31 de Andrómeda
expuesta hasta los ovarios destellantes
entre los tejidos borbotando sombra
atada a una roca radioactiva radiofuente radioeléctrica
a la orilla de un océano de frías olas de hidrógeno
cayendo sobre sus flancos de virgo devota Persea
nebulosa foca o vaca marina entre los árabes
también encadenada

zumba el ruido de fondo de la galaxia
una sierra sin fin preparando el árbol del silencio
en muestras micrométricas
canta la marea boscosa del tremendo mar
este mismo mar sucio de arrastre o río grande
como mar Paraná Guazú salado y dulce
en el entrevero y una mujer desnuda sobre las rocas
entre playa Verde y playa Honda con los pies
donde golpean las olas esperando al amante que traerá
de los correosos pelos la cabeza de Medusa junto
al juego de anillos como regalo de bodas
golpean rompen las olas de hidrógeno sobre los flancos
desnudos sobre la gran espiral
Messier 31 de Andrómeda sobre esa mujer asoleándose
extendiéndose caliente y tersa
con los brazos firmes en la axila y el cuerpo de pan bien
amasado pronto para el horno de una playa desierta
los redondos senos contra el sol mostrando
las palpitantes cefeidas y el sexo de humo espeso
respirando a empujones sobre esa mujer sola
asoleándose sobre Andrómeda en puro cuerpo
sobre la gran espiral Messier 31 encadenada a la espera
estaba una noche en las rocas de la plaza Virgilio
vigilando el Río de la Plata atenta
al contrabando de las aguas por el mismo cielo
a través de un ojo de piedra
abierto a los caídos en el mar
aguardaba el tránsito suntuoso de la nave Argos
a toda luz en la altura desplegada cerca del sur celeste
hundida la quilla en la negra onda hasta Canope
el piloto alfa de la Carena a la vista siempre
en su encrespada línea de flotación
no tenía apuro y no podía moverme
la espalda entumida al contacto de la dura oscuridad
apenas arribaba a la costa un ruido periódico
volcando una redada de segundos
recién pescados y todavía vivos

cuando se está solo se sienten más
fuertes las ligaduras y el peso real
del leve firmamento extendido
sobre el cuerpo afiebrado

el Navío se acercaba lentamente balanceando
su popa y volviendo al puerto de partida
no podía saber cuál era su destino
no creo que pasara por allí
por el sitio aquel donde esperaba
¿acaso el propio Argos podría
descubrir el escondrijo situado
en una punta montevideana
donde permanezco atada a esta escritura?

las estrellas se detienen posadas en el mástil
y aletean sacudiendo el profundo duermevela
la noche es larga y todo pasa cerca
y sigue trajinando
en la pulsación se mide la distancia
se sabe la temida trayectoria se numeran
los latidos que nos restan de la suma inicial
entregada a cuenta del propio corazón

¿Andrómeda eres tú aquella insomne nebulosa o esta que
soy ahora transitoria aquí en la tierra?
pasa el Navío enarbolado en toda su gloria
sobre el meridiano
recuerda: el viejo Ptolomeo catalogó en la constelación
cuarenta y cinco estrellas en orden similar al de un tratado
sobre la forma de construir barcos
los astrónomos modernos la dividen y le detallan quilla
popa mástil vela pero solo la mitad trasera del buque asoma
a la carta de navegación de altura andando de tal suerte en
su carrera nocturna de este a oeste que la popa va delante
retrocediendo en dirección del muelle
Andrómeda ¿me oyes?
estoy en el polo opuesto de todas tus prerrogativas
hago apenas esfuerzos por soltarme quizá
me arrastrara la corriente que más temo
o un chorro enceguecedor de luminarias dementes
noctilucas militantes

se mueve el océano invertido combado
casco protector reticulado sobre la forma
de la inteligencia
se arquea el universo en grave mitovulsión
acá las olas caen en la mitad de la calle
sobre la gente que pasa despenada y sueña abajo
la marea cubre el jardín de las manzanas de oro
empuja la puerta principal la espuma se deshace
sobre la mesa de trabajo en vano estrellerío
nubes atormentadas descomponen las lejanas
Nubes de Magallanes sus tenues bancos luminosos
donde jamás encallará el Navío
acá llueve es noche cerrada
hay explosiones de miseria en cadena
minifundios de dolor y de torpeza hay barro
hay tierra hay animales hocicando
hay espesos desperdicios basurales hay
alcantarillas cloacas sumideros bocas
de tormenta tragándose el mundo de este lado
la tortura inclemente centrífuga de Andrómeda
la deriva el hundimiento del Navío aquí
en su plenitud austral y para los antiguos griegos
observadores desde el otro hemisferio levantando
sus restos en el horizonte acuoso
y el fin de Magallanes atravesado por una lanza
que lo clavó de bruces en una isla salvaje
antes de terminar la redondez del globo terráqueo

y llueve en oscuro de veras no se ven las palmas
de las manos no hay paseo de niña ni juego
de palabras cruzadas ni viaje a Europa
ni principio tienen las cosas
en la gran avenida se ahorra energía
y en la central hidroeléctrica hay fisuras
en los muros de cemento
no hay luz no se ve nada y llueve
pero me acuerdo de la luz
otros cantan conmigo de memoria la luz que vendrá
se enfutura se esperanza se constela adentro
lanzallamas un hogar vivo amotinando
estrellas sindicadas obreras de un cielofábrica de barrio
donde se elabora destellando la historia del comienzo



AMANDA BERENGUER (1921/2010 Montevideo, Uruguay)
Considerada como parte fundamental de la generacióndel 45, Amanda Berenguer es una de las voces más interesantes de la poesía uruguaya del siglo xx. La pluralidad de su obra habla de una curiosidad innata que caracteriza su trayectoria: en ella podemos ver
experimentación y pensamiento, sonoridad y visualidad, generando una constelación de afinidades, discursos y tradiciones literarias que pocas obras portan y un movimiento textual que remite de inmediato a la noción de poesía cinética que ella misma definió y desarrolló. Publicó más de una veintena de libros de poesía, que reunió en el volumen Constelación del navío (Poesía 1950-2002) (H Editores, 2002), que contiene su obra poética publicada e inédita hasta el año 2002. De allí destacan títulos como El río (La Galatea, 1952); Quehaceres e invenciones (Arca, 1963); Materia prima (Arca, 1966); Composición de lugar (Arca, 1976); La dama de Elche (Edhasa, 1987); y La botella verde (Analysis situs) (Cal y Canto, 1995). Luego publicó Las mil y una preguntas y propicios contextos (Linardi y Risso, 2005) y Casas donde viven criaturas del lenguaje y el diccionario (Artefacto, 2005). En 1990, publicó el libro autobiográfico en prosa El monstruo incesante. Expedición de caza (Arca, 1990) y, póstumamente, se lanzó el libro de poesía La cuidadora del fuego (La Flauta Mágica, 2010).
Fuente: "Descubrimientos", Cuadro de Tiza, 2016 en pdf
Enlaces: Eterna Cadencia | Aullido | Taller Igitur | Revista Altazor 
Imagen en Hoy es arte. Pintura de Guillermo Muñoz Vera

julio 11, 2022

María Belén Aguirre: Antes de un zarpazo ineficaz

poesía argentina, Ediciones de La eterna

Soliloquio a propósito de una rata         




Afín 
de que la inspiración retornara 
distribuí por los recodos de la casa 
cebo para ratas. 
 
Cebo. 
No tramperas. 
 
El arrebatado apremio  
por sobrevivir las atraería. 
 
Cebo. 
No tramperas. 
 
Un 
acaso 
fallido olfato 
al que, no obstante, 
bien podrían resistirse 
las conduciría hacia el patíbulo. 
 
Así el arte. 
Así el amor. 

Así
todo aquello
que al salvarnos
nos aniquila.

Así la madriguera
de la que cada tanto salen
para saber qué hay

lejos del mito cavernoso
de sus sombras.

El engaño hay.
La sagacidad hay.
Una rueda de hamster.
Un eterno retorno.
La enfermedad, ay, y tal vez una última esperanza.
La ciencia hay.
Un laboratorio hay.
Un cubículo vidriado.
Una jeringa.
Un pinchazo.

Pero antes
la ingenuidad.

La depredación siete veces reafirmada
del gato. Pero antes
la del perro.

He aquí el ars vivendi.
Y más allá, el ars moriendi.

A la guerra sobreviven.
A los escombros.

Su conatus
es la clave. Y en la progenie hallan
un absurdo móvil para seguir.

"En la madriguera
hacinados copulamos con los nuestros
sin moral, sin remordimientos.

Nuestras crías
son hijos, son nietos, son hermanos.
Son madres, son hermanas, son abuelas
por consanguinidad",

me dijo una
mientras se relamía
en el platito.

"Sé célibe".
"Sé sola".
"Renuncia a la prolongación de ti en otro"

me contó
le dijo un gato antes
de un zarpazo
ineficaz.

Un enemigo puede por piedad
redimirnos del infatigable sinsentido
de nuestra estancia aquí

pensé
mientras
entre mis manos contemplaba
su cuerpito. 



De: "El cielo desde abajo, Ediciones de La Eterna, 2022)
Otros poemas de MARÍA BELÉN AGUIRRE, aquí
Imagen en Diario Cuarto Poder

julio 08, 2022

Poemas de Jonio González

Jonio González / poesía argentina
Esbozos y representaciones

Negociación     




llegarán a acuerdos 
al fin y al cabo la realidad es un espejo: 
basta con cambiar de expresión 
para que el rostro que se refleja en él 
sea otro 
y otros sus pensamientos: 
la visión divide el orden 
disponiendo las partes 
allí donde conviene 

con los años algunos juzgarán 
la conducta de los negociadores 
con la misma severidad 
de quien alimenta el resplandor
de la memoria
buscando la compañía de los ausentes

pero del mismo modo
que los grifos hacían sus nidos
cerca de tesoros ocultos
el tiempo corrige convicciones
y cualquier acuerdo se comprende
si el dolor nos abruma
o lo que se intentaba
era caer de pie


Servidumbre del enunciado




hablas y no te oyes
o te oyes como en medio de un tumulto
respondes sin saber bien a qué respondes
y las palabras resuenan
igual que si las dijese otro

el que conversa contigo asiente
la frase que has pronunciado
tiene al parecer sentido
y sin embargo
–crees–
éste es el mismo
que puede tener un comentario al pasar:
la relativa coherencia
de la observación casual
irreflexiva
absurda

es tanto lo que te dicen
que por defecto cuanto dices
semeja el indistinto resultado
de la duda o la certeza
una forma de vacío
para no decepcionar a quien
como nosotros
no sabe de qué habla



Peregrino




te he arrancado palabras
que jamás comprenderé
soles que nunca arderán
en las mañanas
que han de flotar
sobre nosotros

el lugar será breve
y erróneo
y a la hora de pronunciar
tu nombre dirás
cada sílaba es un péndulo
un desertor
invisible



Ante una vasija griega




contra el fondo amarillo
ningún rostro destaca
tal vez un peinado
cierto tocado
pero la misma vacua mirada
en todos

el análisis caprichoso de las posturas
la invención de las expresiones
enfrentan a aquellos
que permanecen inmóviles
ocupados en sus cosas
les hacen hablar incluso
exponer ideas
despojar los mitos
de cualquier significado
al margen de la pasión o la necesidad
ni un efecto casual
ni una relación fortuita

la vasija no obstante
se comporta de acuerdo con lo que es:
una antorcha se apaga
en el líquido que contiene
como yo me apago
en tu cuerpo

De: "Historia del visitante",  Ediciones en Danza 2019



Lo que sigue a la palabra




qué buscabas en el puerto sagrado
qué reflejo de pavesa
que te devolviera a un destino
idéntico a ti mismo

la luz
describía la razón final
del símbolo
el silencio aquello
que el pensamiento evocaba
sin llegar a comprender

qué buscabas
vuelve a preguntarte
en aquel puerto

luz y silencio van de la mano



Cosecha


a Liliana

recojo castañas del suelo
junto a la fuente
y advierto sorprendido
que las hojas que me rodean
son de roble
levanto entonces la vista hacia ella
pero está de espaldas
como observando un sendero
que baja de esta loma
hacia lo alto de otra
que nunca alcanzaré
y en la que ella también
recogerá castañas junto a una fuente
mientras mira las hojas que la rodean
y toma una
y me la ofrece



Las formas de la fe




el actor ha olvidado su parlamento
las palabras que ha de decir
para proseguir con la obra
sin improvisar

la actriz recuerda de pronto
algunas frases oídas en la infancia
y las pronuncia
dando lugar a una escena
que no figuraba en el guion

ante esto el público se pregunta
sobre el posible —e inesperado— desenlace
sobre la realidad de la existencia
sobre los mecanismos de dicha realidad
sobre el contenido de la experiencia
y la posibilidad de que ayude —o no—
a comprenderla
sobre la lógica —en definitiva—
de la misma obra

el actor retoma entonces el diálogo
en el punto en que lo había dejado
la actriz desecha las palabras aprendidas
en la infancia
el público respira tranquilo
y relegando la imprevisible escena
deja de buscar sentido a un argumento
que se ha revelado intercambiable


De: "Esbozos y representaciones", Ediciones en Danza 2022



Otros poemas de JONIO GONZÁLEZ, aquí

Percy Shelley, el poeta adelantado a su tiempo que influyó en la generación Beat, por Matías Carnevale



El escritor, consorte de la famosa autora de “Frankenstein”, murió hace dos siglos pero su obra y estilo sobrevivieron al tiempo. Ejerció gran ascendencia sobre Allen Ginsberg y varios referentes de la corriente literaria que irrumpió en Estados Unidos luego de la Segunda Guerra Mundial

El 8 de julio de 1822, a los 29 años, el poeta inglés Percy Bysshe Shelley —quizás más conocido por, entre otras cosas, ser el esposo de la escritora de Frankenstein, Mary—fallecía ahogado en las costas del mar Tirreno, en Italia.
La poesía de Percy Shelley y su imagen literaria, mítica, fugaz y explosiva, trascendieron el período romántico y se volvieron faro para poetas del siglo XX que rescataron lo incendiario de sus versos a poco más de un siglo de haber sido publicados. Un grupo de poetas recogió su influencia con especial intensidad: los así llamados miembros de la Generación Beat norteamericana, quienes se conocieron en la posguerra en Nueva York y actuaron como vanguardia frente a una poesía que había sido cooptada por la academia y estaba encorsetada por reglas formales. Shelley influyó en tres miembros de esta cofradía: Allen Ginsberg, Lawrence Ferlinghetti y, particularmente, Gregory Corso.
Allen Ginsberg tal vez haya sido el poeta más mediático de la segunda mitad del siglo XX. Se relacionó con todo y con todos: desde los Hare Krishna hasta los miembros de la banda punk inglesa The Clash (incluso existe una foto de él con Joey Ramone), con viajes por Cuba, India, Checoslovaquia y Chile de por medio. Toda una celebridad literaria. Su producción poética, censurada y controvertida, sin duda debe mucho a la de Shelley, aunque estuvo matizada por los horrores del Holocausto, la locura, el materialismo norteamericano que predominó en los años cincuenta, la persecución ideológica y el terror a la aniquilación nuclear.
En la biografía Dharma Lion, de Michael Schumacher, leemos que los padres de Ginsberg—ambos con una formación literaria envidiable—, le leían poesía cuando era bebé. Louis, su padre, le recitaba de memoria versos de Emily Dickinson, Edgar Allan Poe, John Keats, John Milton y Percy Shelley mientras hacía las tareas de la casa.
Un segundo momento clave en la conexión Ginsberg-Shelley ocurre durante la etapa universitaria de Allen, en Columbia, donde conoció a Jack Kerouac. Allí, Ginsberg no solo leía el material bibliográfico de las cátedras, sino que también se educaba de manera privada leyendo biografías de Baudelaire, Verlaine, Rimbaud y Shelley. Para las clases escribió ensayos sobre Baudelaire, Rimbaud, Shelley (no se sabe si están publicados en español) y un extenso paper sobre La balada del viejo marinero, de Samuel Taylor Coleridge.
Una tercera instancia tiene que ver con un viaje de Ginsberg a Italia, en donde se toma el tiempo para visitar Venecia, Florencia y Roma, paseo por el Vaticano mediante. Junto con su pareja, Peter Orlovsky, conocen el Coliseo y visitan las tumbas de Keats y Shelley, de donde recogen tréboles para Louis, su padre, y Gregory Corso.

Allen Ginsberg


Un último contacto, al menos de los que podemos citar aquí, sucede una noche en la que Ginsberg visitó a su amigo Zev Putterman. Charlaron toda la noche, escucharon discos de Ray Charles, y Ginsberg, que había estado leyendo las obras de Shelley y había consumido morfina y metanfetaminas, acaba contándole a su amigo sobre la locura de su madre Naomi, quien había estado internada en un manicomio y a quien no le habían leído el kadish de duelo que le correspondía. Ginsberg le dijo a su amigo que, desde entonces, tenía la idea de escribir un poema que sirviera como responso… frente a esto, Putterman toma una copia de su libro de rituales judíos y de ahí lee los pasajes centrales del kadish a su amigo. Esto, y una caminata por Manhattan de vuelta a su casa, le dio la base para componer el poema que dedicaría a su madre. Le llevó un día y medio de escritura continua, y tal vez sea el poema más reconocido de Ginsberg después de Aullido.
Por su parte, Ferlinghetti cita al poeta inglés en La poesía como arte insurgente, en dos oportunidades (ambas en traducción de Esteban Moore):

“¿Querés ser un gran escritor o un gran académico,
un poeta burgués o un poeta radicalizado en llamas?
¿Podés imaginar a Shelley asistiendo a un taller
de escritura?
Sin embargo los talleres de poesía pueden desarrollar
comunidades de amistad poética en el corazón de
América, donde tantos pueden sentirse solos y perdidos
pues no hallan espíritus afines.”

Más adelante, Ferlinghetti vuelve con Shelley y la metáfora ígnea:

“Ah vos recolector
de la fina ceniza de la poesía
ceniza de la excesiva flama blanca
de la poesía
Considerá a aquellos que se han quemado antes que vos
en ese blanquísimo fuego
Crisol de Keats y Campana
Bruno y Safo
Rimbaud y Poe y Corso
y de Shelley ardiendo en las llamas
sobre la playa
en Viareggio

Y ahora en la noche
en la conflagración general
la blanca luz
todavía nos consume
a nosotros
pequeños payasos
que sostenemos delgadísimos cirios
al calor de su flama.”


En An Accidental Autobiography, selección de cartas escritas por Gregory Corso y editada por Bill Morgan, leemos que el hijo de italianos, ex presidiario convertido a la poesía por la lectura de los clásicos griegos y romanos y por los románticos, dedica varias misivas a comentar la relación que tuvo con Shelley y su poesía.
En mayo de 1956, Corso declara que si él no es el mejor, al menos cree ser lo que más se parece a un poeta, según su propia concepción. En contraste con los poetas de Nueva Inglaterra, a quienes llama “cocodrilianos apocalípticos” y les reprocha no saber que “los poemas no son nada sin el poeta”. Luego se pregunta por qué son tan hermosos Shelley, Chatterton, Byron y Rimbaud, para responder que es porque el poeta, en ellos, y su poesía son uno. Cabe mencionar que Corso en esta carta dice que los versos son para menores de 30, y de ahí que considere que la vida de Shelley fue un poema en sí misma.
El 23 de agosto de 1956 le escribe a Allen Ginsberg contándole de una relación que tuvo con una chica, con la que convivió un año. La muchacha, de solo 19 años, podía recitar toda la poesía de Shelley de memoria, y tenía planeado suicidarse al cumplir los 20. Corso no vio si la chica cumplió su promesa, porque decidió mudarse a California en julio de 1956. El 6 de febrero del 58 le escribe nuevamente a Ginsberg, esta vez desde Venecia. En la carta le dice a su amigo que el corazón de Shelley está enterrado en algún lugar de Inglaterra, y le pide que lo encuentre.

En el otoño parisino de 1958, Corso le escribe a Jack Kerouac una de las cartas más interesantes de las seleccionadas para este artículo: allí, nuestro poeta le cuenta a Jack—también católico— que “un hombre nace para amar a Dios” y que estuvo hablando con un cura para preguntarle si Shelley estaba en el infierno ahora. El diálogo no tiene desperdicio: “¿Crees que el hermoso Shelley está en el infierno?” A lo que el sacerdote responde: “Dejó a su esposa, ¿cierto? Se casó con otra mujer, ¿cierto? Era ateo, ¿cierto? Entonces seguramente su alma arde en el infierno.” Corso no se dejó amedrentar y le retrucó: “Pero mira sus poemas, ¡amaba a Dios!” Corso parece tener la última palabra en ese intercambio, porque no indica cómo terminó.
Desde Roma, el 31 de octubre de 1958, Corso envía dos postales: una a Gary Snyder, donde comenta que está sentado cerca de la tumba de John Keats, y que el pasado—teniendo en cuenta la vibrante historia de la ciudad y de las personalidades que pasaron por allí, Shelley entre ellas—”no es una mentira”, y otra a Philip Whalen, a quien le envía dos tréboles, de las tumbas de Keats y Shelley, a quienes llama “la perfección de todo lo romántico”. Su meta, le cuenta a Ferlinghetti en otra carta, es, precisamente, “revivir el Romanticismo”.
Corso falleció en 2001, luego de una larga enfermedad. Se hizo una misa en su honor, en la iglesia donde había sido bautizado. Sus cenizas fueron llevadas a Roma, y esparcidas en la tumba de Shelley, a quien tanto admiró.

¿Por qué leer a Percy Shelley? El viernes 15 de julio a las 18:30, en la Biblioteca Carriego, Honduras 3784, se conmemorará el bicentenario de la muerte de Percy Shelley. En esa oportunidad, Jerónimo Ledesma, traductor y profesor, Mario Rucavado, traductor e investigador, y Matías Carnevale, periodista cultural, leerán y comentarán fragmentos de la poesía shelleiana. Entrada libre y gratuita.




De qué hablamos
Fuente: Infobae
Imagen en Wikipedia

julio 07, 2022

Señalador: James Wright

James Wright / Jámpster

Traducciones: Poemas de James Wright / Versión de Diego L. Garcíaen https://jampster.cl/traducciones-poemas-de-james-wright/
 

 
Po Chu-i, calvo y viejo político, 
¿de qué sirve? 
Yo pienso en ti, 
entrando con dificultad en las gargantas del Yangtsé, 
cuando eras conducido por los rápidos 
hacia uno u otro de tus trabajos 
en la ciudad de Changshou. 
Lo hacías, supongo, 
en la oscuridad...





Enlace: James Wright
Imagen en Ronslate.com

julio 03, 2022

Alfredo Buxán: Como alfiler de sombra

Banco público


Banco público     




Entre la gente, aunque camine solo 
hacia cualquier asunto cotidiano 
-comprar una alcayata o hierbabuena 
para colgar un cuadro en el pasillo 
o reventar de vida el balconcito-, 
llegan al alma, lentas como olas 
de un mar en calma, las palabras dulces 
que amamanta el silencio, las que nunca 
se pronuncian delante de los otros, 
las que germinan a oscuras y se mecen 
en los brazos de seda de la luna.
Las que esperan su turno.
Me las trae en la boca
un perro callejero o una nube
que pasa, el azar de un recuerdo,
un encuentro feliz en el mercado,
esa mujer con el pañuelo al cuello
que está pidiendo auxilio cuando mira,
ese banco sin gente
donde quizá me siente cualquier día,
en paz al fin, sin lamentar ya nada,
a escuchar la canción del universo.



Música de silencio




Solamente es posible envejecer
lo mismo que la música, acorde
tras acorde hasta la nada, el éxtasis,
la cumbre. Queda la música
prendida en la conciencia
como lapa tenaz, como alfiler
de sombra, y nuestra cima
es el silencio, el inmóvil paisaje
de la muerte. La vida, en cambio,
espuma diluida
en la breve tarea de latir.


ALFREDO BUXÁN (Concurbión, La Coruña, España)
Enlaces: Isliada | Trianarts | 
Imagen en Youtube

julio 01, 2022

William D. Snodgrass

La casa bajo llave, poesía estadounidense


Una casa bajo llave     




Mientras conducíamos de regreso, cruzando la colina, 
la casa aún 
oculta entre los árboles, yo siempre pensaba 
—un miedo de tonto— que podría haberse encendido 
en llamas, alguien podría haber penetrado. 
Como si las cosas debieran de ser 
demasiado buenas aquí. Aún, siempre la encontrábamos 
bien asegurada, sana y salva. 
  
Mencioné eso, una vez, a manera de chiste;
hablamos, sin lugar a dudas,
sobre lo absurdo
de temerle a la envidia de un dios arisco
de nuestra buena fortuna. Desde la granja
de al lado, nuestros vecinos no vieron que algún mal
llegara a las cosas que queríamos aquí.
¿Qué teníamos que temer?

Tal vez debí haber pensado: todas
esas cosas se pudren, caen
—graneros, casas, muebles.
Los dos somos más fuertes que lo que éramos
separados; hemos crecido
juntos. Todo lo que poseemos
puede arder; sabemos lo que cuenta —una idea
de ese estilo. Dijimos tanto.

Hemos visto a amigos llevados a la traición;
sintieron que el amor les vació
algún yo que necesitaban.
Habíamos dicho que el amor, como un brote, puede alimentarse
del odio que entregamos y disfrazamos;
nos advertimos. Que tú podrías despreciarme
—odiar todo lo que más amamos—
ninguno de los dos lo pudo haber adivinado.

La casa aún está en pie, con llave, como estuvo en pie
intocada unos buenos
dos años después de que partiste.
Algunas cosas se perdieron en el acuerdo;
algunas cosas se escabulleron. Suficiente ha quedado
para que yo vuelva algunas veces. El robo
y el vandalismo eran de nosotros.
Tal vez debimos haberlo sabido.


 

A Locked House 




As we drove back, crossing the hill,
The house still
Hidden in the trees, I always thought—
A fool’s fear—that it might have caught   
Fire, someone could have broken in.   
As if things must have been
Too good here. Still, we always found   
It locked tight, safe and sound.

I mentioned that, once, as a joke;   
No doubt we spoke
Of the absurdity
To fear some dour god’s jealousy   
Of our good fortune. From the farm   
Next door, our neighbors saw no harm   
Came to the things we cared for here.   
What did we have to fear?

Maybe I should have thought: all
Such things rot, fall—
Barns, houses, furniture.
We two are stronger than we were
Apart; we’ve grown
Together. Everything we own
Can burn; we know what counts—some such   
Idea. We said as much.

We’d watched friends driven to betray;   
Felt that love drained away
Some self they need.
We’d said love, like a growth, can feed   
On hate we turn in and disguise;
We warned ourselves. That you might despise   
Me—hate all we both loved best—
None of us ever guessed.

The house still stands, locked, as it stood   
Untouched a good
Two years after you went.
Some things passed in the settlement;   
Some things slipped away. Enough’s left   
That I come back sometimes. The theft   
And vandalism were our own.
Maybe we should have known.



WILLIAM D. SNODGRASS (1926, Beaver Falls, Pensilvania / 2009, Madison, New York, Estados Unidos de NA)
Traducción: Juan Afanador y Santiago Ospina
Fuente: Otro páramo | Poetry Foundation 
Enlaces: Isliada | Poetas Siglo XXI
Imagen en New York Time