-->

octubre 25, 2015

Gabriel Zaid



Haciendo guardia










Mientras te escucho

orinar

y las hojas secas crepitan,



oigo de lejos una acequia

desentendida de mí,



pasa volando un pájaro

como si fuera natural

vivir.



Te amo por la brisa 

que acaricia los árboles

y se burla de mí.











Gabriel Zaid (1934, Monterrey, México)




octubre 24, 2015

Sergio Kisielewsky: Nunca te hablé con palabras




III



Nunca te hablé con palabras.
Me decís que vas a tomar ese avión.

Ahora tu voz es un delantal.
Vuelvo a mirarte y asusta
El mundo se quiebra como un plato de sopa.

Damos vueltas, respirás
y dan ganas de ser el aire.

Es la caída del corazón al rocío.

En el reservado del bar te encuentro
Es un armiño con el ruido del tren
que pasa entre nosotros como un fantasma griego

Tenés un duende en el paladar
te subís a la taza, girás, olés al día,
vuelo en tu alcoba y deseo a tu pie
y a la terraza que se llega sin escalera.

No volveré a verte.

Comprás frambuesas en El Bucanero
Sólo un trozo de aire en el Abasto
que gira hacia el mundo de los hoteles
que nada alumbran
Sólo tus hombros adorados por la luz.

El tiempo se dispara como loca marquesina
Silbás a rabiar
y no hay quien lo detenga
No es el Parque Chacabuco
No es Alchurrón  tocando la guitarra en las peñas del 79
No es la tarde donde jugaban con Laura
("Le pedí a Dios  que viniera")
Y algo se movió de cuadro.
Creo que la tarde llegará hasta el mar.

Te veo en la calle de la Agronomía
Veranito a las diez de la noche
Tu corazón es un idioma con arco y flecha

Nada se balance más que tu pie descalzo

Sos un deleite intratable
que ejerce su pasión por las brasas
por el calor de la carne haciéndose

Estoy en la calle esperándote
Es un leve motor que tengo
Volvé te digo, la orilla es tu pie, tus manos que acarician de a cuatro.


Otros poemas de Sergio Kisielewsky, aquí
De: "Nunca te hablé con palabras", Babel Editorial, 2015
Imagen: Presentación del libro "Nunca te hablé con palabras". De izquierda a derecha: Juano Villafañe, Isabel Steinberg, Laura Kisielewsky y Sergio Kisielewsky


octubre 23, 2015

Ray Bradbury

Ray Bradbury

Recuerdo




Aquí es donde veníamos, pensé,
de aquí para allá, por los prados,
hará cuarenta años ya.
Yo había vuelto y paseé por las calles
y vi la casa en  la que nací,
crecí y viví mis días sin fin.
Ahora, siendo cortos los días,
simplemente había venido a contemplar y mirar detenidamente la visión de esa
infinita maraña de tardes.

Pero ante todo, deseaba encontrar los
lugares por los que yo corría como los perros, delante o detrás de los niños,
las rutas anotadas por los indios o por los hermanos raudos y juiciosos
imitando a una tribu.

Llegué al barranco.

Descendí por el sendero,

yo, un tipo de pelo encanecido, pero,
sobre todo, de pensamientos graciosos, y encontré el lugar vacío.

¡Imbéciles!, pensé. ¡Oh!, chicos de
esta nueva época, ¿cómo no sabéis que el abismo aquí nos espera?

Los barrancos son especialmente
hermosos y de un bello verdor, misteriosos y bullentes de monos y bestias, de
criminales abejas que roban a las flores para dar a los árboles.

Aquí reverberan las cavernas y los
riachuelos que hay que vadear después del saqueo:

un bicho de agua, un cangrejo, una
piedra preciosa o una bota de goma perdida es un tesoro natural ¿y por qué este
lugar está en silencio?

¿Qué ha pasado con nuestros chicos
que ya no se apresuran para quedarse a contemplar la artesanía de Cristo:
su sangre brillante y sangrada en los
jarabes de los bellos árboles heridos?

¿Por qué sólo hay serpenteos de
abejas y mirlos y arqueada hierba?

No importa. Camina. Camina, dulce
memoria.

Di con un roble al que yo a los
doce años una vez había trepado y desde el que grité a Skip para que me bajara.

Estaba a mil millas de la tierra.
Cerré los ojos y chillé.

Mi hermano, muy dado al jolgorio, dio
grandes risotadas y subió a rescatarme.

¿Qué hacías ahí?, dijo.

No respondí. Casi me baja muerto.

Pero allí estaba yo para colocar una
nota en un nido de ardilla en la que había escrito un viejo asunto secreto ya
muy olvidado.

Ahora, en el verde barranco de años
intermedios me quedé bajo ese árbol "¿Por qué? ¿Por qué?, pensé, Dios
mío", No es tan alto. ¿Por qué chillé?

No serán más de cinco metros. Voy a
subir sin problemas.

Y lo hice.

Y me acurruqué como un solitario mono
envejecido, agradeciendo a Dios que nadie viera a ese antiguo hombre haciendo
el ridículo agarrado grotescamente al tronco.

Pero luego, ¡ay, Dios, qué sorpresa!

El agujero de la ardilla y el perdido
nido aún estaban allí.

Me tendí un rato pensando.

Me empapé de todas las hojas, las
nubes y los climas, transcurriendo tan mecánicamente como los días.

 "¿Qué? ¿Qué? ¿que sí?,
-pensé-. Pero no. ¡Algo más de cuarenta años!

¿La nota que puse? Seguro que ya
había sido robada.

Un chico o una lechuza la habría
birlado, leído y hecho trizas.

Se habrá esparcido por el lago como
el polen, hoja de castaño o el tufo del diente de león que surca los vientos
del tiempo...

No. No."

Metí la mano en el nido. Ahondé bien
los dedos.

Nada. Nada de nada. Pero al ahondar
más

allí estaba:

la nota.

Como alas de polilla nítidamente
empolvadas, bien plegada había sobrevivido. Las lluvias no la tocaron, la luz
del sol no decoloró su contenido. Ocupaba mi palma. Conocía su forma:

Papel rayado de un viejo libro de
garabatos de Jefe indio Sioux.

¿Qué? ¿Qué? Oh, ¿qué había puesto yo
allí en palabras hacía ya tantos años?

La abrí. Ahora mismo tenía que
saberlo.

La abrí y lloré. Me pegué al árbol

y dejé las lágrimas caer y rodar por
mi barbilla.

Querido muchacho, extraño niño, que
debe haber conocido a los años y contemplado el tiempo y olido la dulce muerte
en las flores.

En el lejano cementerio.

Era un mensaje al futuro, a mí mismo.

Sabiendo que un día debo llegar,
venir, buscar, regresar.

Desde el joven al viejo. desde el yo
que era pequeño y fresco hasta el yo que era grande y nunca más nuevo.

¿Qué decía que me hizo llorar?

Me acuerdo de ti

Me acuerdo de ti.



RAY BRADBURY (1920, Wakenaun, Illinois / 2012 Los Ángeles, California, Estados Unidos de NA)
Traducción: Jesús Isaías Gómez López

octubre 21, 2015

Judith Filc


Afuera   


La roja trepa en el 
aire 
gira y
vuelve a 
caer  
con  
júbilo 
ahora es la  
verde la que
asciende 
la amarilla 
El trapo se
mueve 
rápido sobre el
parabrisas sin dar 
tiempo al 
esperado
no
Un pedazo de 
hierro oxidado 
escarba la
tierra 
reseca y
dura y 
revela
triunfante 
una 
culebra
Saltamos la
verja nos 
quedamos con la boca
abierta
 
Tanto 
campo 
Ahí al fondo, 
señalás
Trepamos las 
piedras 
entramos
nos tiramos 
sobre la
paja
No veo la
luna entre
las
barras 
oxidadas



Progreso



La ola 
dejó 
atrás 

un trozo de 
espejo 

La luz del 

sol 

atraviesa el 
vidrio y 
resuena contra el 

metal 

estalla en 

trizas que 
abrazan
la arena
Un hombre no es un pájaro


Elevarse para

cruzar 
el mar

Huir de 
la 
luz
reveladora 

el hilo 
conductor

la tierra húmeda

Alcanzar la 
sombra 

que se

abre 

para recibirte

           

Grial




encerrado en
cuerpos de
plástico 

Esperamos toda la noche.

dioxinas: cefalea e
insomnio

cadmio: 
inflamación 
pulmonar 

un cielo
azul
interminable
se resiste al
recuerdo

Me preguntó si me
importaba hacer la
cola para conseguirle un
teléfono. Claro que no le
dije. No tengo
nada que
hacer.


vadear entre 
escombros 

buscando

mercurio: dolor en el 
pecho falta de
aire tos 
sanguinolenta 
 
quemar
excavar
extrae

Cuarenta dólares me
dijo y además
pizza Coca Cola y
cigarrillos.

brilla

en el corazón

del
humo


De: "Vida en la tierra", Bernacle, 2015  
JUDITH FILC (1962, Buenos Aires, Argentina) 

Es médica y doctora en literatura comparada y teoría literaria. En 2002 viajó a Nueva York para hacer investigación en el Institute on Culture and Society de la Universidad de Columbia. Por esas vueltas de la vida, terminó instalándose en el valle del río Hudson, donde vive con su marido y su hijo.   
Es traductora y editora. Vida en la tierra es su cuarto poemario. Anteriormente publicó Transducciones (1985), El otro lado (1998) y Resquicios (2010).
Administra el blog World Creation/Crear con palabras donde publica sus traducciones al inglés de poesía hispanoamericana. Actualmente está trabajando en un libro sobre lengua y extranjería. 
Envio de Alberto Cisnero 
Enlaces:
http://www.vallejoandcompany.com/seleccion-de-poemas-de-judith-filc/
http://campodemaniobras.blogspot.com.ar/2010/07/judith-filc-resquicios.html

octubre 17, 2015

Todo bien


Ayer no pude pasar por la librería Hernández para comprar el libro de Dan Fante. Esta mañana, impulsado por mis deseos de copiar ineludiblemente algunos poemas en el blog para mi propio deleite y, sin duda, para el de los eventuales visitantes, fui a la librería de mi barrio, esas que venden best-sellers o libros para regalar con un moño, todos los que quedan bien en una mesa ratona.


-Busco el último libro de Dan Fante (no dije el título...)
-¿Dan Fante? No lo conozco.
-El hijo del escritor John Fante...
-Veremos. 
Camino a la computadora.
-¿Dan Fante todo junto?
-No separado...
-Ah, no es el título. Es el autor. Entonces, Fante, Dan
-No lo tenemos, disculpe.


http://www.danfante.net/home.htm
http://buenosairespoetry.com/2015/07/11/un-gin-meando-carne-viva-carburador-v8-dual-hijo-de-puta-de-los-angeles-de-dan-fante/
Imagen: www.go-mag.com

octubre 16, 2015

Daniela Camozzi











Turquesa, oro, salmón 


El viaje a Mones Cazón 
por la ruta cinco 
era tan aburrido 
todo igual de plano 
y de vacío hasta llegar 
a Pehuajó 
justo doblando 
la curva del acceso. 
Hasta entonces 
solo una estación de YPF 
idéntica a la anterior 
en la entrada de cada pueblo. 
Papá nos hacía jugar 
al veo veo. 
Mamá con la mirada 
fija en la ruta, 
decía no tengo ganas. 
Pero cada tanto jugaba igual 
y algún color raro 
se le ocurría: turquesa, 
oro, salmón. 
Yo nunca encontraba nada 
entre los grises de la ruta 
y el tapizado sin gracia del auto. 
Nos entreteníamos así, 
buscando 
lo que no estaba 
en ningún lado.





Filtrar la luz 






                                Era la rama con la luz. 


                                                       Arnaldo Calveyra 




Otra vez un viento 
entre las hojas de la parra. 
Pero ya nada se derrama ni se cae. 
Mamá se ríe ahora 
sin preocupaciones 
sentada en el sillón 
de hierro del patio. 
Sonríe con mi hermana a upa 
mientras se acomoda el pañuelo 
que la protege del sol. 
Un sol que pega fuerte 
en el verano de la tarde 
y atraviesa las hojas. 
Es una escena que reaparece 
en las mejores tardes de verano 
cuando estoy al reparo de algún verde 
y las hojas se mueven levemente 
y al moverse dejan 
filtrar la luz.





Daniela Camozzi (1969, Haedo, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://deloquenoapareceenlasencuestas2.blogspot.com.ar/2015/09/daniela-camozzi.html

Imagen: Facebook de DC


octubre 14, 2015

Henri Cole




Limpio




Mi casa es mía:
la elección de menú,
la radio y la televisión,
el deslustrado suelo,
las sábanas arrugadas.
Es como estar dentro
de un buró. Yo no tengo
una asistenta que cuide
de mí. Algunas veces,
durante el desayuno,
hablo francés con
un reyezuelo disecado.
No hay conflictos
entre nosotros. Escuchamos
unas palabras grabadas:
Viens-tu du ciel profound?
Siempre escucho un breve oratorio
dentro de mi cabeza. Las polillas
se han llevado las alfombras
como invisibles costaleros.
Me gusta la invisibilidad,
excepto la de los poderosos rayos
de la resuelta luna. Algunas noches
pregunto a su palidez: ¿Estaré bien?
Me encuentro débil e improductivo esta noche,
como un cacho de carne con ojos,
pero por la mañana soy optimista de nuevo,
como un copo de nieve que ha viajado
muchas millas durante muchos años
para ser admirado sobre el cristal de la cocina.
Solo, engullo
y defeco y orino
y grito. Por favor, no me despiertes
de este sueño,
hago la comida con cosas
humildes —boniatos,
un tarro de mermelada,
una botella de sauvignon blanco.
Hoy, vi una señal
en mayúsculas de LIMPIO
y pensé. Todos nosotros tenemos
momentos que preferiríamos mantener
en secreto en los que nos dejamos
arrastrar por un remolino.
El pequeño reyezuelo posado sobre mis
dedos no pesa casi nada,
solamente uñas y pico. Pero
me da pequeños momentos
—aquí, en la mesa de la cocina—
como un afinado coro
canturreando algunas veces
sobre el amor o sobre
el desamor, una circunstancia
que hace bizquear y enfermar
si pienso demasiado en ello.
¿Qué soy sino ésta dúctil
sintaxis, imagen y sonido
en los cuales mi corazón, no
aislado todavía, sigue
latiendo?


Henri Cole
Traducción: Carlos Alcorta
Fuente: Carlos Alcorta
Imagen: magnetmagazine.com

octubre 12, 2015

Carlos Augusto Alfonso




El cine al que no iba Lezama



Salgo de mi butaca hacia el proscenio
(como sucede siempre)
orín de Menelao a la ciudad perdida.
Para los que vivimos películas vaqueras el Cine Majestic
es modus operandi en Trocadero,
pase a la diligencia que hay que frenar;
rienda la tendedera en Consulado.
El nailon que colgué se me tiró en el suelo.
—No lo voy a asfixiar, Cabrera no.
Dentro en la oscuridad de Pernambuco,
se molestan hablantes, porque a otros,
abanican libretas que se desencuadernan.
Cine pundonoroso a cine vándalo (pequeño recadero)
pasa sus anteojos para cazar alondras.
Por los tantos huequitos que le infringe
se las ve con los degenerados y chiflistas;
el cara de muñeca; el ofiuco de la media en el rostro;
el maestro de piano que deshonra.
Le sacan el sillón para que los case.
Los Montenegro, los Melgares, los músicos de Chuki.
Se lo ponen allí concretamente donde hace calor,
en la gaveta de Bladimir, en una recogida de carnés,
en la ciudad perdida de Menelao. Te lo ratificamos bostas.
Después del tokonoma viene el nai-lón,
el combate pancrasio,
Pascasio, los Speek. Te lo ratificamos bostas,
los travestís (los negros) los bozales, los nietos de Nene.



La corriente del niño


Ciertos informes indican que el niño
puede volver .
Del periódico científico Rasmusson



claro que puede volver
el niño siempre puede volver
era desgraciado era pálido era mandado a volver
he sabido de nubes condicionadas a quedarse antes
si el niño llora en cali   en potosí   en alabama
entre los filminutos de los empleados de la card vaid
desequilibrado ante los ojos del vio y no vio
más allá de su impacto económico
de su manera fija de proceder/como corresponde a zonas
      castigadas por disciplina
aguas tibias y calientes cocinando de lado la anchoveta
llevándose a miles a reforzar el ecologismo
a sentar base de reuniones interminables
navidad de natividades con qué cara puede uno
      presentarse ante la fao
y pedir ayuda
a mucho    y le compran el traje al bengalí que firma
miles de protocolos en tu mundo
los bancos de cereales cuenta abierta a la polinesia
claro que puede volver
claro que el niño puede volver siempre está volviendo el niño
que necesita para la natividad que no sea    que no sea que
entre la virgen por una puerta salga la virgen por la otra
a intervalos de los sueros con un levín en la nariz
el niño mama repugnado de tragar aire
el niño que muere mata y se ríe es válido
nos esperan congresos sobre la corriente del niño
por los días 24 hay también terror
las cosas quedan donde siempre paz y fertilidad
a qué hora abrió los ojos qué ángulo prefirió mirar
cómo se durmió
el niño siempre estará volviendo puntual
con su reloj del hambre.


CARLOS AUGUSTO ALFONSO (1963, La Habana, Cuba)
Fuentes: "El cine al que no iba Lezama", jorgealbertoguiar.blogspot.com "La corriente del niño", mardecir.blogspot.com /
Enlaces: https://draft.blogger.com/blogger.g?blogID=7648751156870333319#editor/target=post;postID=2206416111136647321

octubre 11, 2015

Fabián O. Iriarte


vivir en la luna



es una enfermedad que me viene de familia
han probado de todo: jaleas / vacunas / pastillas
sin resultado alguno / pero no importa porque
la locura se puede preservar en un frasco
de cristal y llevarse a la luna
y además ciertas emociones ya han sido
puestas en correcta relación una con otra
y todas tienen sus etiquetas



la man che ubbidisce all‘intelletto (michelangelo)



mirando alrededor se descubren cosas / luego serán temas
dibujos en el amanecer
sueños y conversaciones largas / por ahora no más
que la materia prima de la realidad
lo que así llamamos hasta que les den un orden
nuestros signos / la lengua / su pronunciación escamoteada
o revisemos su interior como esos médicos medievales
extraían las piedras del cerebro
para curar el mal que había en la mente / miraban con asombro
vano y aprendido /
descubrían orden y estructura / categorías y predilecciones
una larga operación / que nadie sabe finalmente
ni lo sabrá / es eso lo único seguro
a pesar de que perdure con ansia que no cesa


Fabián IriarteFABIÁN O. IRIARTE (1963, Laprida, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Reside en Mar del Plata)
Fuente: Revista del Centro de Letras Hispnoamericanas
Imagen: Facebook de FI



octubre 07, 2015

Klaus Rifbjerg

poesía danesa, el ratón y el cernícalo


el ratón y el cernícalo



ve el ratón al cernícalo
o acaso es sólo el pájaro
el que avista al ratón

de todos modos se
da la supremacía
a la rapaz

fíjate únicamente en la elegancia de sus maniobras
en su capacidad de estar como en el agua
en el aire

y la maniobra fulminante
de navaja cerrándose
cuando se dirige contra

el ratón cuya insignificancia
no es suficiente para
asegurar su destino

pero piensa también cuántas veces el pájaro
abandona la tierra
sin nada entre las garras

e intenta recordar el ojo ardiente
del ratón que detrás de la maleza

intenta serenar su aliento y
mira al ave allá arriba

que se lleva su vanidad su hambre
su orgullo
a otro lugar


KLAUS RIFBERG (1931 / 2015, Copenhague, Dinamarca)
Fuente: http://piedraycielo.eu/
Imagen: politiken.dk
musen og tårnfalken



ser musen tårnfalken
eller er det kun fuglen der har
musen i kikkerten

under alle omstændigheder vil man
tillægge falken
overherredømmet

se blot pa manøvrernes elegance
evnen til at træde vande
i vinden

og den lynhurtige lukningsmanøvre
når lommekniven foldes
og fuglen styrer direkte mod

musen huis uanselighed
ikke er nok til
at sikre dens skæbne

men betænk også huor ofte falken
forlader jorden igen
uden noget I kløerne

og prøv at huske musens kulblinkende
øje mens den bag et strå

prøver at få åndedrættet i ro og
betragter fuglen deroppe

som flytter sin tomhed sin sult
sin stolthed
et andet sted hen


octubre 06, 2015

Piero De Vicari








seguro de sí mismo

Calímaco de Cirene

posa sus ojos en un universo errante

no lo apabulla el contenido

lo desvela esa necesidad de tenerlo a mano

de darle un orden

una alfabética forma de registrar la memoria



con sus dedos acaricia

metafóricamente

cada estantería

cada pinakoi

y lo conmueve el murmullo de nombres

de creencias y ritos

huellas ancestrales que depuran

los guijarros de una raza

alejándose del simio



más tarde

reordena con paciencia los rollos

y del catálogo

navegan a sus anchas las voces del hombre nuevo



para él

no es utópico pensar que el mundo

quede reducido a esas tablas

para él no hay idiomas

lengua o balbuceo

que detenga la comprensión de lo vivido



satisfecho

exhausto pero íntegro

Calímaco descansa al terminar el día

sabiendo que la luz

no solo proviene de los astros

sino que cada lámpara

estalla seminalmente en la escritura



entonces

el bibliotecario duerme...

y en su sueño

el fuego lo desborda

condena a la ceniza toda pretensión del saber

una historia que

por humana

merece ser habida



lejos de las premoniciones

el hombre de Cirene despierta

la mañana le devuelve la algarabía de los pájaros

y el mar

eterno e imponente

se cuela nuevamente en su nariz

con ese mismo olor

de las cosas perdurables...









Piero De Vicari (1963, San Nicolás, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Fuente: http://poesiadevicari.blogspot.com.ar/

Imagen: Facebook de PDV






octubre 03, 2015

Eduardo Ainbinder: ¡Parense derecho!















Hace muchos poemas atrás - y la vida de un poeta puede medirse por el tiempo acumulado en versos - Eduardo Ainbinder escribió que "lo real no se parece a nada", y se echó a andar sin otro camino por delante que el de la fábula, pero entendida, no a la manera clásica, donde al final se eleva el gesto edificante, la enseñanza moral, con su espejo invertido que invita a abrazar al Bien habiendo contemplado el rostro del Mal. Como un pedagogo del escepticismo o un preceptor de la sospecha, Ainbinder desaira las categorías didácticas que ordenan la virtud, y revela en sus poemas el defecto de forma que anima la Creación: seres anómalos, lo decrepitud acechando a cada instante, lo horrendo como condición de la existencia. (...) *Sandro Barella en "¡Parense derecho!", Gog y Magog Ediciones, 2015





















































Primero:
Llegará el día en que podré exclamar
a mis seres queridos, personal doméstico, proveedores en general:
Vengo de renunciar y estoy en éxtasis.
Segundo: en la construcción de la Gran Obra
apenas soy un insignificante operario;
en cuanto mis superiores se distraen
aprovecho para no hacer nada,
cuando intensifican los controles
le soy infiel al trabajo con la mente.
Tercero: si fuera mi tarea bajarles el pulgar uno por uno
a objetos que se ofrecen a la contemplación estética,
no le ofrecería el mismo brazo a una anciana decrépita
para pasearla por las calles,
además, a qué moverse de casa si sólo el metal
también lo blandengue se amoneda y circula.
Cosas que respondí, cuando me preguntaron
si mi experiencia fue significativa.



Como todos sabemos



debido a su fragilidad,
las burbujas se llevan mal con todo el mundo:
con los más pálidos reflejos,
con el ensueño de los conejos,
con los fantasmas al paso,
con todo lo que se les interpone
sin quererlo o quizás adrede,
con lo más vago, lo más leve,
y hasta con aquellos seres
que en suma debilidad
todos los días destruyen
imaginariamente sus vidas
no sin antes preguntar 
si puede lo pasajero y fugaz
permanecer un poco más.
Y sin embargo deberían
declararlas incapaces de provocar
otro sentimiento que no sea
el de la humana simpatía.


De: "¡Parense derecho!", Gog y Magog Ediciones, 2015
Otros poemas de EDUARDO AINBINDER, aquí
Imagen: fipr.com.ar

octubre 01, 2015

Analía R. Giordanino




Puntada con hilo







Cuando enhebrás una aguja 

a veces el hilo que se enhebra se afina 

por zonas diminutas. 

Hay que mojarlo con la lengua 

para que entre en el ojo de la aguja. 

A veces no entra. 

El ojo puede ser grande 

y entonces parece que es fácil enhebrar. 

Es fácil. Pero después 

la punta te abre 

un redondel grande en la tela 

en la trama. 

Y el nudo que amarra costura 

al final del hilo se pierde 

pasa como agua. 



Las agujas que sirven 

son las de ojo chico: 

para costuras a mano 

para ruedos finos 

para puntada escondida. 



Una costura a mano se resuelve así: 

levantás un hilo de la trama visible 

das la lazada arriba 

(esa tela no se verá, 

no importa si picás grande) 

terminás el punto abajo 

(queda un ángulo agudo) 

en otro hilo de la trama visible. 



Es como los dos caminos: el ancho y el difícil. 

¿Te acordás de las figuritas difíciles? 

Pocas había. Muchos sobres había que comprar. 

Si el hilo es nuevo y no hay irregulares en el enrolle 

tampoco quita que sirva una aguja de ojo grande. 

Pasa lo mismo: la puntada corre y no queda. 



Yo no quiero decir nada con esto. 

Pero algo quiero decir. 



El amor es un trabajo como cualquier otro. 









Quinteros







Estaba lloviendo pero fuimos igual 

el r12 navega la avenida en salticado 



todos los autos salpican piedritas 

los paseantes no se enojan 

andan felices de sábado. 



La calle se nubla, pica el agua 

no se encuentra sitio para la poblada. 

Al r12 hay que amarrarlo bajo un árbol 

y lamentar no haber traído botas. 



El galpón pintado promedia la manzana 

entra y sale gente con bolsas desbordadas 

la lluvia se nos pega entre la ropa. 

Adentro el agua suena cortita 

sobre los techos claveteados. 



Las personas y las cosas se entreveran 

entre los surcos de los puesteros. 

Están desordenados pero invocan 

arcoiris, banderines, fruta puesta 

en montones de triángulos amigos. 



Los que atienden son jóvenes 

y tienen las manos gastadas. 

Todos parecen parientes. 

Los que compramos 

nos vamos de boca 

ay qué hermoso! ay qué barato! 

Haber sabido antes 

que las quintas no están lejos 

y los surcos no son hendiduras 

que sólo máquinas tocan. 



Ésta es mi lista de compras: 

berenjenas panzonas 

primas gordas de las peras 

remolachas con sus hojas 

de venas rojas como garras 

pimientos de dos colores 

limones puntiagudos 

jengibre raíz 

para picantear fragante 

un queso amarillo 

que me pone loca. 



No puedo más de encendida. 

Nos quedamos esperando a la tía 

bajo el agua afuera que nos moja. 

La calle se llama alfonsina storni. 

Pienso en frutillas y en coronda 

en la poeta en medio del campo 

cuando estudiaba para maestra. 

Recaló un tiempo ahí en pensiones 

y se fue con panza a buenos aires. 



En el interior todo es posible. 

Las cosas arman su revuelo 

no se anticipa la felicidad 

y pulsan en silencio 

igual que los sembrados. 







Analía Giordanino (1974,Ciudad de Santa Fe, Santa Fe, Argentina)

Fuente: www.puntadaescondida.blogspot.com