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febrero 19, 2020

Jorge Chiesa


Agua











Por
si no te diste cuenta


soy
yo el que hunde las manos


en
el agua de mis hijos.


Las
parejas de ahora no son como las de antes,


dijiste
hablando del tiempo en que cualquiera


podía
ser blanco de tu rabia.


Los
días corrieron como perros asustados


a
refugiarse en la espesura.


Y
sin embargo acá me ves


bañando
a los chicos.


Por
eso cerrá la puerta si no vas a entrar


que
entra frío.


Después
te quejaste de la sed


que
incendiaba tus pesadillas.


Nadie
te obliga pero


¿serías
capaz de declarar contra vos mismo?


Me
levanto en medio de la noche


pensando
que dejé la bañera llena


y
debería vaciarla.


Sólo
que no llego a sacar el tapón.


Me
quedo mirando los
juguetes


manteniéndose a flote


y me doy cuenta que no necesito otra cosa.


Mientras vos lo único que necesitás


es tener siempre a mano


un vaso de agua en la oscuridad.











Palomas











Después
de haber visto a mi padre


ahogarse
en la sala de terapia intensiva


miré
a través de una ventana de hospital.


Había
árboles raquíticos, cables de alta tensión y palomas.


Elegí
tres: Padre, Hijo y Espíritu Santo.


Únicamente
la desesperación


te
puede hacer creer semejante cosa.


Así
que yo era un hombre desesperado


que
ahora le pedía a Dios


por
la vida de mi padre.


Pero
a los ojos de cualquiera


eran
tres palomas y nada más.


Superado
ese trance volvimos a la normalidad.


Los
médicos rescataron a mi padre


de
las aguas de la muerte


y
las palomas han vuelto a ser








































los
mismos bichos de siempre.











El doble











El
problema no es esconder las manos dentro de los bolsillos


sino
mirar una extensión enorme de agua


y
que tus manos se comporten como dos peces muertos.


Esa
posibilidad asusta


si
tu propuesta fue, precisamente,


mirar
el mar mientras charlábamos.


¡No
arrastres los pies! ¡Caminá bien!


Pero
estamos sentados sobre las piedras del murallón.


Haber
sabido que aquí nos traería tu obsesión ambulatoria


¿estaría
pensando estas cosas tan faltas de adecuación?


Contrariamente
al pensamiento general,


un
organismo autosuficiente


es
el que necesita esconderse por menos tiempo


en
las entrañas de otro animal.


Mientras
que otros tardan años en aprender a cuidar


las
maneras de llevar y traer


palabras
sobre la mesa.


Traducido
a tu idioma sería:


¿no
podríamos hablar de esto en otro momento?


Pero
nunca es momento o siempre es momento pero nunca el lugar,


y
una sola música de fondo: un tintineo de cubiertos;


su
acero inoxidable: nuestra coraza.


¿Qué
tenía de malo ordenar una caja de pesca,


preferir
eso a practicar, como solías decir, un deporte en equipo?


Al
final cada uno se esconde en su propia madriguera,


la
moldea con el cuerpo, no sale de ahí y se embalsama.


Cuando
sale, si es que sale,


descubre
que la película está por terminar


y
sobran piezas.


Está
bien, lo reconozco:


yo
quería crecer y parecerme,


ser
tu doble,


que
nos compararan con dos gotas de agua.


Ahora
decíme:


¿De
qué hablan un padre y un hijo?


¿Cuál
es la herencia?
















































































¿Por
qué deberían quererse los seres queridos?








Jorge ChiesaJORGE CHIESA

(1969, La Plata. Reside en Mar del Plata, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

Enlaces: La ficción del olvido | El infinito viajar

Imagen: La Perla Literaria

febrero 17, 2020

Vicente Luy



NO hace una hora, intervine un recital de Aristimuño.
Vieja Usina. Entradas agotadas.
Igual, insistí, diciendo que venía a ver a Lisandro
que le traía un libro, que le preguntaran a él.
Vicente Luy; soy el poeta Vicente Luy le dije al sujeto a cargo.
Mi plan era otro.
Yo quería entrar antes; fui una hora antes
para curtir camarines y pedirle que me invite a subir a leer.
Iba a recitarle 7 poemas si arrancaba con un No.
Estaba, estoy, muy para adelante.
El tipo no me conoce. Le mandé un libro con Marce
pero no sé si ya lo recibió.
Confío ciegamente en mi poesía
y fui a saludarlo, pero, también, a audicionar.
En síntesis: no me dieron paso hasta empezado el concierto.
Me senté en el piso, en una esquinita, y prendí un pucho.
Y mientras sonaban las canciones, la ocurrencia fue tomando cuerpo



SE HIZO CARNE EN MÍ



Esperé a que terminaran los bises y me trepé al escenario.
La gente iniciaba la retirada.
Corrí al micrófono y grité:
Soy el pez
Soy el pez
Soy el pez
el que por la boca muere
pero también/el que nada contra la corriente
Me cortaron el sonido.
Seguí con Venderle el alma al diablo, y vinieron a sacarme
los de la producción.
No me querían dejar terminar el poema del scrabble
me lo quisieron cortar a la mitad.
Ni los miré.
Seguí gritando.
La gente se iba, y todos pasaban en frente mío.
Algunos prestaron atención en ese lapso
pero sólo respondieron cuando dije “usá tu odio para el bien común”.
Como en un ensayo de orquesta, emitieron un sonido.
Igual, se siguieron yendo.
Los productores volvieron a por mí.
Los ignoré.
Dije 4 poemas más y me llevó la policía
un adicional.
Por suerte, me dejaron ir; me expulsaron.
Llevaba flores empapeladas en la etiqueta.
En un mundo lleno de amor, Lisandro hubiera venido a rescatarme.
En una de esas, con la adrenalina post show, no me oyeron .-



BUSCO una mujer que no conozco.
Alguien ni imaginada.
Hay gente así.
Yo conocí a una que modeló en Milán
y luego se hizo periodista.
Desinhibida, te la cruzabas por la peatonal
trajecito verde de Dior
chatitas al tono
¡y sombrero!
Era alta, preciosa
y a su paso, poniéndose a la altura
todo brillaba.
La ciudad es clase B
nostalgia, gente persignandosé
pero ella la ponía de pie.
Una tarde, no un fin de semana
me llevó a una montaña en La Calera.
Me explicó el método
y me hizo ver el mundo al revés.
Fue la primera vez que salimos.
De vuelta, mientras yo manejaba
preguntó si me podía dar un beso en la oreja
a mí, que tengo las orejas separadas
que siempre tuve complejo con eso.
Estaba harto de verla en fotos en el diario.
Le mandé un libro dedicado con un amigo
y accedió a que la llamara.
Quedamos en tomar un té.
Bajó del ascensor, abrió la puerta; nos presentamos.
Se rió.
Se reía.
Íbamos hacia el auto y tuve que preguntar
_Nada; me gustó lo que vi. Por la foto, pensé que eras gordo.
Fuimos juntos a ver a Maia Plisetskaya.
Siempre tenía algo que decir
sobre el valor de las hojas exteriores de la lechuga
o lo que fuere.
Siempre, con algo, me sorprendía.
Llegó a decirme que me amaba.
Pero no se dio permiso.
Lastimada, malherida, temió al encuentro.
Con espacio de meses probamos 2 veces.
Fue la + especial.
Le pasé raspando al amor.
Ahora está casada; integrada.
Creo que tiene un hijo.
Y yo, la sigo esperando.
No a ella/a la que viene.
Tu pecho propaganda de paraíso.



DOBLARON por Obispo Trejo
todavía no era peatonal.
Un carro de asalto; bajaron muchos, rápido. Gritaban.
Nos pusieron contra el vidrio del bar
estábamos al frente del Monserrat
año 74; teníamos 13
y la Itaka, o el FAL, en la espalda, me asustó
-no sé si eran milicos o canas; creo que canas
el miedo no te deja ver-.
Acabábamos de salir, una hora antes
y cafeteábamos
y hablábamos del partido por la Copa.
Aparecieron de improviso.
Yo me decía: “somos muy chicos, inofensivos.
¿qué les pasa?”.
Nada les pasó.
Todo lo hicieron a conciencia.
Voló alto el Plan Cóndor.
Esta vez van a perder.
Hemos aprendido.
No vamos a dar ventaja
y la llamaremos guerra.
Aunque algunos de los nuestros
prefieren decir que no fue una guerra
es la guerra.
Cambian los nombres.
Se templan los espíritus
y vamos cerrando el círculo.
Reuniéndonos, coincidiendo, planeando
cogemos a + no poder.
Hay que disfrutar ahora.
Vienen tiempos violentos .



VUELVE el dolor.
Sé muy bien que pronto estaré dormido.
Cerré la ventana, y estoy sentado; pero no para siempre.
Cada tanto me levanto y vomito.
Una mariposa da vueltas por la habitación, como buscando.
No, no es aquí, le digo.
Son ciertos el frío y el hedor
y la pared, ansiosa y brutal; pero no es aquí.
Me despido.
Estoy entumecido, hecho una caja.
No obstante, no se me ve tan mal, me explican.
Y me dan unas pastillitas, por si las moscas.
La mariposa se ha ido.
Vuelve el dolor.
La pared se mueve.
Me miro las manos y cuento hasta 10 muchas veces.
Si no es la vida será la vida.


Grupo de Artillería 141, San Isidro. Calabozo.
Agosto-septiembre de 1980


VICENTE LUY (1961, Ciudad de Córdoba, Córdoba / 2012, Salta, Argentina) 

Incorrecto. Crudo. Sexual. Actual. Ateo. Rebelde. Valiente. Romántico. Suicida. Vanguardista. Generoso. Sabio. Inconformista. Político. Popular.
Los versos avanzan, las líneas se acumulan y en la cabeza se disparan con impulso explosivo todas estas palabras que parecen inconexas pero que encuentran una lógica indescriptible y potente cuando se resumen en el nombre del autor que las hizo libro: Vicente Federico Luy.
Es que su poesía no se deja domar. 
Nació el 3 de mayo de 1961 en Córdoba. Sus padres fallecieron en un accidente aéreo sólo cinco meses después. Hasta los 7 años, pasó de una familia adoptiva a otra hasta que su abuelo, el poeta español Juan Larrea, dijo que quería hacerse cargo. Gracias a él conoció la literatura de los malditos, de Vicente Huidobro, de César Vallejo. Lo dejó sólo y con mucho dinero a los 18 años. Luy nunca se recuperó de esa muerte. Además de su abuelo, según él, lo educaron Charly García, Alberto Spinetta, Mafalda y Dostoievski. También el cine. A los 14 años empezó a escribir, justo cuando decidió abandonar el colegio.
Su literatura reclama lectura, relectura, reflexión, análisis, comprensión y hasta a veces humildad para aceptar la derrota.
Porque Vicente es inclasificable.
No tenía modo más que el suyo propio. Y no respetaba un patrón único.
De hecho, eran varias las cosas que no respetaba. Por eso, porque no quería pasar inadvertido, empapeló la ciudad de Córdoba con un afiche en el que aparecía desnudo junto a algunos de sus amigos y a un slogan que decía: “Lo esencial es invisible a los ojos”.
Escribió sobre todo lo que quiso. Se animó a decir lo que se le cruzaba por la mente sin pensar en las consecuencias, en si sería callado, repudiado o prohibido. Su pluma fue grosera pero sincera; letal pero cierta; rebelde pero adecuada; rockera pero romántica. Dijo sin pensar de más pero con mucho corazón. Utilizó todos los medios a su alcance para lograr una imagen real en su obra: puso un poema dentro de otro, los repitió, los reescribió, pegó recortes, fotos, dibujos y hasta cartas.
Su poesía es un collage minado.
“Caricatura de un enfermo de amor”, “La vida en Córdoba”, “Aviones”, “No le pidas peras a Cuper”, “La sexualidad de Gabriela Sabatini”, “¡Qué campo ni campo!” y “Poesía popular argentina” fueron los libros que publicó. Casi siempre pagados por él.
Amaba jugar al scrabble y también al tenis. Se la pasaba fumando todo lo que encontraba. Era desparejo pero lógico: vivía como predicaba. Definió su poesía como express: un lenguaje oral rápido y político, aunque nunca lo pareciera del todo.

"La irreverencia y la escritura", por Dolores Caviglia en Continuidad de los libros
Enlaces: Clarín | Eterna Cadencia

febrero 15, 2020

Valeria Pariso: Imagino que miran la ondulación del agua



Todavía tengo que aprender
a pararme igual que las gaviotas.

Llevo días observando la forma
en que descansan a la hora del almuerzo.

Hay un ventanal inmenso junto al lago.

Las veo llegar, quedarse.

Ahora hay veintiséis y son las doce.

Imagino que miran
la ondulación del agua,
algo perdido,
algo que fue y vino tantas veces
que no sorprende a nadie.

Las miro para ver si aprendo.

Tengo que aprender.

Quiero hacer igual que las gaviotas
que contemplan sin miedo la belleza
paradas sobre el muelle devastado.



Valeria Pariso sentada en la tapia de una costanera al lado de una bicicleta
Otros poemas de VALERIA PARISO, aquí
Enlaces:
Tanto te quería | Vallejo&Company | Los Andes



febrero 13, 2020

Gregory Corso: Y de todos los fuegos que se extinguen en mí, hay uno que arde como el sol.



Escrito en la víspera de mi cumpleaños 32



Tengo 32 años
y finalmente los aparento, si no más.

¿Es bello un rostro que ya no es el de un muchacho?
Parece más relleno. Y mi pelo
no tiene más rulos. ¿Es grande mi nariz?
Los labios están iguales.
Y los ojos, ah, los ojos se ponen cada vez mejor.
32 y sin mujer, sin chicos, sin dolencias de chicos,
      pero hay tiempo de sobra.
Ya no hago estupideces.
Y por eso tengo que escuchar a mis supuestos amigos:
“Estás cambiado. Eras tan delirante tan genial”.
No están cómodos conmigo cuando estoy serio.
Que se vayan al concierto del Radio City Music Hall.
32. Recorrí toda Europa, conocí un millón de gente;
     para algunos fui genial, tremendo para otros.
Recuerdo que en mi cumpleaños 31 exclamé:
¡Pensar que acaso llegue a vivir 31 años más!
No me siento así en este cumpleaños.
Ahora quisiera ser un sabio de pelo blanco en una gran biblioteca
      hundido en un sillón frente a la estufa.
Un año más sin robar nada.
¡8 años van sin robar ni una sola cosa!
¡Dejé de robar!
Aunque todavía miento a veces,
y sigo siendo un caradura pero se me cae la cara
cuando tengo que pedir plata.
32 años y cuatro arduos sinceros divertidos tristes malos y
maravillosos
      libros de poesía:
- el mundo me debe un millón de dólares.
Creo que han sido 32 años bastante raros.
Y no fueron a mi antojo, ni uno solo.
No hubo dos caminos para elegir; de lo contrario,
     no dudo que habría elegido ambos.
Me gusta creer que el azar quiso que fuera el que repica las campanas.
La clave está quizás en mi insolente declaración:
“Soy un buen ejemplo de que existe esa cosa llamada alma”.
Amo la poesía porque me hace amar
     y me muestra la vida.
Y de todos los fuegos que se extinguen en mí,
hay uno que arde como el sol.
Puede que no ilumine mi vida personal,
    mis vínculos con la gente,
    ni mi conducta hacia la sociedad,
pero sí me dice que mi alma proyecta una sombra.



Writ on the Eve of My 32nd Birthday



I am 32 years old
and finally I look my age, if not more.

Is it a good face what’s no more a boy’s face? 
It seems fatter. And my hair,
it’s stopped being curly. Is my nose big? 
The lips are the same.
And the eyes, ah the eyes get better all the time. 
32 and no wife, no baby; no baby hurts, 
         but there’s lots of time.
I don’t act silly any more.
And because of it I have to hear from so-called friends: 
“You’ve changed. You used to be so crazy so great.” 
They are not comfortable with me when I’m serious. 
Let them go to the Radio City Music Hall. 
32; saw all of Europe, met millions of people;
         was great for some, terrible for others. 
I remember my 31st year when I cried:
“To think I may have to go another 31 years!” 
I don’t feel that way this birthday.
I feel I want to be wise with white hair in a tall library 
         in a deep chair by a fireplace.
Another year in which I stole nothing. 
8 years now and haven’t stole a thing! 
I stopped stealing!
But I still lie at times,
and still am shameless yet ashamed when it comes 
         to asking for money.
32 years old and four hard real funny sad bad wonderful 
         books of poetry
—the world owes me a million dollars.
I think I had a pretty weird 32 years. 
And it weren’t up to me, none of it. 
No choice of two roads; if there were,
         I don’t doubt I’d have chosen both. 
I like to think chance had it I play the bell.
The clue, perhaps, is in my unabashed declaration: 
“I’m good example there’s such a thing as called soul.” 
I love poetry because it makes me love
         and presents me life.
And of all the fires that die in me,
there’s one burns like the sun;
it might not make day my personal life, 
         my association with people,
         or my behavior toward society, 
but it does tell me my soul has a shadow.



Gregory CorsoGREGORY CORSO (1930, Nueva York / 2001, Robbinsdale, Estados Unidos de Norte América)
Traducción: Mariángel Mauri
Enlaces: Letralia | Revista Altazor | Barbas poéticas
Imagen: Hank O'Neal



febrero 12, 2020

Vona Groarke


Amuleto




Si una bandada de cuervos cruzara por tu ventana
lo verías como un augurio de mala suerte.
En un cuarto donde conoces todo de memoria,
lo familiar es tu escudo contra la oscuridad.
Por eso, cuando escribes que te molesta mi vida —
los amantes, la falta de trabajo, el dar vueltas —
supongo que quieres que vaya.
Lo que yo llamo suerte, tú lo llamas un plan hábil.
Lo que tú llamas suerte, yo lo llamo un hombre desesperado.


Traducción: Gerardo Gambolini


Como si cualquier cosa pudiera



Un artículo de hace dos años es lo que inaugura
mi hoguera esta noche. ¿En qué andaba metida? ¿Qué he hecho?
No es como si el mundo me increpara con un «¡Haz esto!» o
un «¡Haz esto!». Y no es como si aprender una cosa
suponga desaprender otra. El hogar es tumbarse
cuando a una le apetece tumbarse, un cuenco de porvenir
junto al lecho y una ventana a la altura de la mano
de modo que al abrirse, como un diario, las jornadas y todo su cortejo
se escabullen suavemente, ah cuán suavemente, del dormitorio.


Traducción: Jordi Doce

Lucky Charm



If a brood of crows should cross your windows
you would take it as a portent of bad luck.
In a room where everything is known by heart
the familiar is your guard against the dark.
So when you write that you’re bored by my life —
the lovers, lack of work, the moving round —
I figure that you want me to come home.
What I call luck, you call a well-made plan.
What you call luck, I call a desperate man.



As if anything could



A paper from the year before last is the start of
my tonight fire. Where was I? What have I done?
It’s not as if the world was shouting, ‘Do this!’ or
‘Do this!’ at me. And it’s not as if learning one thing
means unlearning one thing else. Home is to lie
when you need to lie, a bowl of tomorrow left
by the bed and a window at the height of your hand
to open, like a diary, so the days and all their equipage
slip lightly, oh so lightly, from the room.


VONA GROARKE (1964, Edgerworthstown, Irlanda)
Traducción: Gerardo Gambolini / Jordi Doce
Enlaces: Poetry Foundation | The Manchester Review | Emma Gunst
Imagen: Los Ángeles Review of Books

febrero 11, 2020

Graciela Cros


Salto al amor


En la huella que deja la columna desde que comienza hasta que termina
En el hueco detrás de las rodillas
En el arco interno del pie y en la curva del lado externo también
En el borde del lóbulo de la oreja y un poco más arriba y más atrás
En la cara interna del codo
En la axila derecha y en la izquierda
En las muñecas por dentro y por fuera
En el campo derecho del torso donde tatuaron un punto
en la radioterapia
Ahí
En el izquierdo también aunque no tenga un punto
En el medio del pecho y alrededor de cada una de mis mamas
Sobre la superficie superior de cada una
y también sobre la inferior
y el contorno de los pezones a un lado y otro
arriba y abajo
y dibujando un círculo
una aureola
En los párpados
Las sienes
Las manos
Los dedos
Los labios sus comisuras
los dientes su escarpada o afilada línea
En la lengua
En las mejillas la boca el cuello
el mentón
la espalda los omóplatos uno por uno
los muslos por detrás por dentro y por delante
en la unión de las piernas al frente afuera y dentro
en lo más hondo del corazón
una vez y otra vez
y otra vez más
salto al amor o como quiera que se llame



Graciela CrosGRACIELA CROS (1945, Carlos Casares, Provincia de Buenos Aires, Argentina. Reside en San Carlos de Bariloche)
Enlaces: La ficción del olvido | Tuerto Rey 

febrero 07, 2020

Mariángel Mauri traduce a Margaret Atwood

poesía canadiense


Variación sobre la palabra dormir    




Me gustaría verte dormir, 
algo que tal vez no suceda. 
Me gustaría verte, 
durmiendo. Me gustaría dormir 
con vos, entrar 
en tu sueño cuando su ola suave y oscura 
se desliza por mi cabeza 

y caminar con vos por ese bosque reluciente, 
tembloroso de hojas verdes y azules
con su sol pálido & sus tres lunas
hacia la cueva adonde tendrás
que descender,
hasta el peor de tus miedos.

Me gustaría darte la rama
de plata, la pequeña flor blanca, la única
palabra que te proteja
del dolor en el centro
de tu sueño, del dolor
en el centro. Me gustaría seguirte
otra vez
por la larga escalera y ser
el bote que con cuidado te traiga
de vuelta, la llama
en el hueco de dos manos,
hasta donde está tu cuerpo
al lado mío, y vos entrás
en él sin esfuerzo, como al respirar.

Me gustaría ser el aire
que te habita solo un
instante. Me gustaría ser así de imperceptible
& así de necesaria.



Variation On The Word Sleep 




I would like to watch you sleeping,
which may not happen.
I would like to watch you,
sleeping. I would like to sleep
with you, to enter
your sleep as its smooth dark wave
slides over my head

and walk with you through that lucent
wavering forest of bluegreen leaves
with its watery sun & three moons
towards the cave where you must descend,
towards your worst fear

I would like to give you the silver
branch, the small white flower, the one
word that will protect you
from the grief at the center
of your dream, from the grief
at the center I would like to follow
you up the long stairway
again & become
the boat that would row you back
carefully, a flame
in two cupped hands
to where your body lies
beside me, and as you enter
it as easily as breathing in

I would like to be the air
that inhabits you for a moment
only. I would like to be that unnoticed
& that necessary.



Otros poemas de MARGARET ATWOOD, aquí
Traducción: Mariángel Mauri
Imagen: El País

febrero 06, 2020

Everardo Norões


Máquina perforadora


Nadie salió de casa:
quedaron conversaciones,
recelos,
el amor detrás de la cómoda,
el cuadro
arrepentido de las imágenes.
El ficus continúa
mordiendo la calle,
piedras trastornando
nuestros regresos.
La puerta muda,
las ventanas
ciegas
y la suciedad en el umbral
torturando la
bienvenida.
Nadie salió de casa.
¿De quién es
el plato
con manchas amarillas,
los tres libros
amasados
en un rincón de la sala?
¿Y el zapato,
solo,
boca abajo,
sin desconfiar de nada?



En el hamam



En el baño turco,
tumbado en la losa,
observo el masajista destorciéndome los huesos,
como hacían sus abuelos
a los guerreros
que sobrevivían a las batallas.
En cuanto a mí,
no tengo sangre seca en las uñas,
ni los pies desollados
por las piedras.
tumbado en la losa
solamente miro el cielo que atraviesa la claraboya,
rodeado de toallas tendidas
como banderas
de una
película de Kurosawa.
en el baño turco
soy súbdito de saladino,
viendo desfilar en la sala de los espejos
cinco siglos
del arquitecto
sinan,
en la patria de memed el halcón,
de las féminas circasianas,
del harén del bajá.
en el baño turco,
tumbado en la losa caliente,
divago sobre quien descansó aquí,
cuando nazim hikmet
aguardaba el pan entre las rejas de su celda,
mendigando el sol de cada día,
escribiendo en un poema
que la mitad de su
corazón
estaba allí,
la otra en la china,
acompañando al ejército rojo.
en el baño turco,
tumbado en el mármol,
sin haber ido a la batalla,
ni haber pasado por los caminos
de jenofonte,
pienso que este lugar está
lejos y tan cerca,
y escucho
al mozo al otro lado de la calle
 gritando:
 ¡Vea la
mandioca!



Bate-estacas



La casa ninguém saiu:
restaram conversas,
melindres,
o amor detrás da cômoda,
o quadro
arrependido das imagens.
O fícus continua
a morder a calçada,
pedras a transtornarem
nossos regressos.
A porta muda,
as janelas cegas
e o sujo na soleira
torturando as boas vindas.
Da casa ninguém saiu.
De quem o pratinho
com manchas amarelas,
os três livros amassados
no canto da sala?
E o sapato, sozinho,
de bruços,
sem desconfiar
de nada?



No haman



no banho turco,
deitado sobre a laje,
aguardo o massagista destorcer-me os
ossos,
como faziam seus avós
aos guerreiros
escapados das batalhas.
quanto a mim,
não tenho sangue seco nas unhas,
nem pés esfolados nas pedras.
deitado sobre a laje
apenas olho o céu que atravessa a claraboia,
cercado de toalhas estendidas
como bandeiras
de um
filme de Kurosawa.
no banho turco
sou súdito de saladino,
vendo desfilar na sala dos espelhos
cinco séculos
de sinan o arquiteto,
na pátria de memed o falcão,
das fêmeas circassianas,
do harém do paxá.
no banho turco,
deitado sobre a laje quente,
divago sobre quem aqui descansou,
quando nazim hikmet
aguardava o pão pelas grades da cela,
mendigando o sol de cada dia,
a escrever num poema
que metade de seu coração
estava ali,
a outra na china,
acompanhando o exército vermelho.
no banho turco,
deitado sobre o mármore,
sem ter ido à batalha,
nem passado pelos caminhos
de xenofonte,
penso como aqui é
um longe tão perto,
e escuto
o homenzinho do outro lado da rua
gritando:
Olha a macaxeira!


Everardo Norões
EVERARDO NOROES (1944, Crato, Brasil)
Traducción: Paul Bolibar
Fuente: Caravansari
Enlace: Espacio Luke

febrero 03, 2020

Sharon Vidal Rakauskas



4.







Y veremos a través de los agujeros de la pared

porque no hemos podido pasar de lado.

Aún nos falta aprender;

o dejar de querer aprender bien.

Cuando se ve el mundo a través de donde se elige ver,

el ideal es mucho más deseoso que vivirlo

desde la plenitud de la realidad,

la vivencia…

¿Qué preferimos?







8.







Por suerte,

muchas personas me preceden.

Por suerte espero, muchas me procederán.

Intento entenderlas a todas, se me pasa la vida.

Por suerte, se me pasará;

pudiendo comprender la calidad y cantidad de seres

que habitan y habitaron mi verdad.

Por suerte, no existe mi verdad.

Ella fue e irá vagando, viajando, mutando;

durante toda la eternidad.

Por suerte.







12.







De vez en vez,

se nubla y llueve,

todo se enmudece.

Las luces bajan pero no se apagan.

El cielo grita despavorido,

como el grito de los recién nacidos.

Está pidiendo, está reclamando;

o tal vez nos está avisando.

Que no entendamos otro idioma,

no significa que no diga cosas.







21.







Desde el minuto exacto

10, 11, 12, 13.

No podría decir entonces, el minuto exacto.

Yo puedo aseverar de los recuerdos que invaden.

El pensamiento obstinado,

de no dejar de pensarlo.

A veces siento que es demasiado,

que me desborda, me invade,

me atosiga, me ahoga.

Pero desde el minuto exacto,

yo creí que eras el portazo.

Ese portazo, que dan los enojados,

los sumisos encrespados.

Pero ese portazo, el tuyo, es el del cambio.

Camino eterno, bordado, plateado, brilloso, tormentoso.

Desde el minuto exacto.







Sharon Vidal RakauskasSHARON VIDAL RAKAUSKAS

(1990, Buenos Aires, Argentina)

De: "Ad Orbis", Barnacle, 2019



enero 31, 2020

Rafael Espinosa: No sigamos discutiendo si la beatlemanía resultó un paso adelante...


Custodia




Son utensilios extraños los pasadores.
A mí me gusta por una cuestión de ajuste,
que no ignora un apego a la simetría,
amarrarlos en zigzag hasta presionar el empeine.
Conozco personas que los llevan paralelos,
con el solo bajorrelieve de una tira diagonal,
acaso porque así los venden los fabricantes de calzado
e incluso algunas a quienes se les ven sueltos, sin importarles
si rozan suciedades de tierra o agua o polvo de estrellas.
Hoy cumpliría años un amigo, estudioso
de los cuerpos celestes, que le gustó una noche
accionarlos sobre su cuello hasta que fue el hijo
perdido en el radar. Y esa madrugada, cuando
la rosa ya había caído, el cartel de Coca Cola sobre
la esquina de Los Naranjos y Navarrete, ofrecía
con sus proyecciones las figuras más cautivadoras
que se le propondrían a un alma que quisiera nacer.

Ahora, no temas darles a los muertos su vida
y a los vivos la laceración de su florecimiento,
reafirma que la hidráulica creó caminos olvidados
donde se acumula el pasto y viaja el cielo
como asombro, no como indulgencia.


Dígito




Sucedió lo que anticipamos.
Le pusieron un nombre de legumbre
a una nueva tienda de ropa, Del Castillo
acusó a Cornejo, Nava Guibert
traicionó a García y los peronistas
se convirtieron en los mejores eclipses de sí mismos.
Ese día la gata parió seis crías, dos muertas,
y hubo que postear fotos y regalárselas
a los que más insistieron.
Se fueron bautizadas en mantas de felpa.
Entraron a la pradera de los nombres.
Como nombres, dieron a la postre una suma cero.


Se fueron como nubes de tetera,
sin remordimientos ni vacilaciones,
solo gotas lácteas,
un pelo adherido de nosotros.

Y por favor no sigamos discutiendo
si la beatlemanía resultó un paso adelante en la evolución de las especies.
"Yesterday" es el peor tema de la historia,
sobre el que no dormiría un pordiosero habituado a pasar frío de noche,
pero hizo besarse a gente hasta las primeras horas de la mañana
y decirse palabras hermosas
y ver la claridad delinear los ojos
así como la vida es mejor que la muerte
puesto que mueve algo, puede
ser un trozo de pita.

Vamos a tirar de él y armar un objeto, un
objeto de deseo. Cuidadosamente
plegamos, hacemos coincidir bordes,
los adherimos con espuma de un peñasco
y tal vez tenemos una caja.
Luego la descosemos, porque para qué conservar
belleza, y se la entregamos al primer sujeto al alcance.
No la interesa hacerla suya, menos
que yo la reconozca mía. --Los paraderos
siguen como centros de oráculo,
los pasajeros en desordenadas colas
con síntomas diversos.
¿Me responderías una pregunta?
Nadie sabe qué hacer con una capacidad de alegría.


Nota: en Perú a los cordones se les dice "pasadores".

Rafael Espinosa
Otros poemas de RAFAEL ESPINOSA, aquí
Fuente: ƒ de Alejandro Méndez / ƒ de Rafael Espinosa
Enlaces: Lee Poesía | Celofan
Imagen: Kriller71

enero 30, 2020

Heliodoro Baptista | Las cosas surgen de la propia ausencia



Paisaje con poema en segundo plano



I



“Tantos hombres que no existen
para decir el silencio”.
A través de las palabras, las que han sobrado
a los otros y se inclinan a la luz
edificamos la casa, flores alucinantes
y el engaño del fuego eterno
que hay en el amor.
Con esto no invoco un nombre
y mi país, bien protegido, se pone de perfil
con sus mujeres delgadas y sombrías y trágicas
poniendo fuego a los sexos extenuados.
Las hienas dejan de ladrar
cuando el miedo cesa y del paisaje en movimiento
(¿los ríos inútiles? ¿el crepúsculo de las voluntades?
¿los cascos del remordimiento? ¿los niños sublevados?)
se llama, se embebe tipográficamente
la humildad de siluetas alineadas
ante el imposible milagro de los padres.
Como en el circo
hay quien no aplaude.
“Tantos nombres que no existen
para decir el silencio”
pero recuerdo, deletreo lentamente:
nocturno y por lo general inaccesible
un hombre recorre todos los lugares
y se vuelve oscuramente
dentro de sí
-que es la única prisión disponible
para la magnitud de su luz.
Las estrellas bajan al nivel del suelo
y lo guardan para la eternidad
que hay en cada sueño.



II



Todo llegó desde muy lejos
(lo murmuran las mujeres expuestas
acariciando el pubis chamuscado)
para todo este territorio
donde las formas rápidas y convulsionadas
explican las cabezas sumergidas
en el vértigo fabuloso
de las parábolas.
De la infancia a la adolescencia
los chicos lo supieron por el Índico
en la concha llena de sus manos puras y arrebatadas:
la dimensión de lo real es siempre discutible
como hace mucho lo adivinaron
las aves canoras inundando
la inteligencia de la tierra.
Flujo y reflujo en el tiempo y en su sombra
y me disimulo en el hierbajo, en los corales, en el jardín urbano,
en las orejas aprensivas, en la crispación de algunos cristales
y sobre todo en los músculos de las palabras ausentes
creciendo en el formidable espacio del poema.
-el amor lo inundará todo
hasta las raíces de las uñas.
De las letras, algunas noches,
son esas las señales que recibimos.



III



Es eso: se muere o se vive en la ambigüedad
pero el amor arrebata como nunca
antes que en otro lugar de la galaxia.
Entonces pensamos:
sobre toda hoja
está la luz, esta sorpresa
el sudor de animales insatisfechos que se viste de nosotros
y de nosotros se asombra (¿o inquieta, subvierte?)
la urbana convivencia
tejida con silogismos
y adornada de odios.
Las cosas ah las otras cosas
surgen de la propia ausencia.
Y así
hay gente que ama el hambre
pues siempre ha aprendido de nuevos fabularios:
la burla nace cuando la duda
toca el simple y delicado poblado
donde el corazón emite
las seculares olas de repudio.
Las palabras maduran, nos trascienden.
Como los días. Este trayecto inmemorial.
Los vanos oscuros de las escaleras. Los estadios al sol.
Las mesas vacías. Un niño amodorrado en la noche.
El imperio de los sentidos. Una brazada de hojas de mandioca.
Dos mujeres heridas, la porfía. En la piel, los mil ojos.
Y sin sospechar nada, delicadamente
la sombra reflexiva
(¿hace siglos? ¿desde ayer?)
de un escriba en la audición
del poema que no hará.
Porque, hoy como nunca,
“tantos hombres que no existen
para decir el silencio”.



Paisagem com poema em segunda plano


I



«Tantos nomes que não há
para dizer o silêncio».
Através das palavras, as que sobraram
dos outros e se encurvam à luz
edificámos a casa, flores alucinantes
e a canganhiça do fogo eterno
que há no amor.
Com esta não invoco um nome
e o meu país, acocorado, volta-se de perfil
com suas mulheres magras e sombrias e trágicas
pegando fogo aos sexos extenuados.
As quizumbas deixam de ladrar
quando o medo cessa e da paisagem em movimento
(os rios inúteis? o crepúsculo das vontades?
os cascos do remorso? as crianças sublevadas?)
nomeia-se, se embebe tipograficamente
a humildade dos vultos em fila
ante o impossível milagre dos pães.
Como no circo
há quem não bata palmas.
«Tantos nomes que não há
para dizer o silêncio»
mas lembro, soletro devagar:
nocturno e geralmente inacessível
um homem percorre todos os lugares
e volta-se escuramente
para dentro de si
- que é a única prisão disponível
para o tamanho da sua luz.
As estrelas baixam ao nível do chão
e guardam-no para a eternidade
que há em cada sono.



II



Tudo veio de muito longe
(murmuram-no as mulheres expostas
acariciando o púbis chamuscado)
para todo este território
onde as formas rápidas e convulsas
explicam as cabeças submergidas
na vertigem fabulosa
das parábolas.
Da infância à adolescência
os meninos souberam-no pelo Índico
na concha cheia de suas mãos puras e arrebatadas:
a dimensão do real é sempre discutível
como o adivinharam há muito
as aves canoras inundando
a inteligência da terra.
Fluo e refluo no tempo e na sua sombra
e dissimulo-me no capim, nos corais, no jardim urbano,
nas orelhas apreensivas, na crispação de alguns cristais
e sobretudo nos músculos das palavras ausentes
a crescer no formidável espaço do poema
- o amor inundará tudo
até ao sabugo das unhas.
Das letras, em algumas noites,
são esses os sinais que recebemos.



III



É isso: morre-se ou vive-se na ambiguidade
mas o amor empolga como nunca
antes em qualquer nervo desta galáxia.
Então pensamos:
por cima de toda a folha
há a luz, este surpreendimento
a suor de animais insaciados que se veste de nós
e de nós se assombra (ou inquieta, subverte?)
a urbana convivência
tecida em silogismos
e recamada de ódios.
As coisas, ah as outras coisas
surgem pela própria ausência.
E assim
há gente que ama a fome
pois sempre aprendeu dos novos fabulários:
a burla nasce quando a dúvida
acontece o simples e delicado povoado
onde o coração emite
as seculares ondas de repulsas.
As palavras amadurecem, transcendem-nos.
Como os dias. Este trajecto imemorial.
Os vãos escuros das escadas. Os estádios ao sol.
As vazias mesas. Uma criança estremunhada na noite.
O império dos sentidos. Uma braçada de folhas de mandioca.
Das mulheres feridas, a teimosia. Na pele, os mil olhos.
E insuspeita, delicadamente
a sombra reflexiva
(há séculos? desde ontem?)
de um escriba na audição
do poema que não fará.
Porque, hoje como nunca,
«tantos nomes que não há
para dizer o silêncio».



Poesía mozambiqueña
HELIODORO BAPTISTA (1944, Quélimane / 2009, Beira, Mozambique)
Fuente: ƒ de RSB
Traducción: Renato Sandovalito Bacigalupo
Imagen: Escritas.org

enero 29, 2020

José Homero

Llevar al hombro el manto de las cosas







                              el jadeo adolescente

    cubriendo cálida la cera

                    la piel rozando incandescentes yemas

húmedo pestañeo de los astros:

          erguido el morro a trompicones



                                              humo



           entre belfos de buganvilla y jazmines

               colección de clítoris los capullos del tulipán

                               en el serallo de la tarde

                 que al aire resuenan con galope

                                    glissandi de sal en cordado cielo



                              cuerpos rotundos



                                                       espaciados









José HomeroJOSÉ HOMERO


(1965, Minatitlán, Veracruz, México)


Además de poeta, es ensayista, crítico literario, narrador, editor y periodista cultural. 

Es autor de los libros de poesía: Sitio del verano (Margen de Poesía, UAM, 1998; segunda edición: Instituto Literario de Veracruz, 2013), Vista envés de un cuerpo (Ficción, UV, 2000), Luz de viento (Fondo de Cultura Económica, Letras Mexicanas, 2006), La ciudad de los muertos (Fondo de Cultura Económica, Poesía, 2012).


Ha publicado también ensayo: La construcción del amor (Tierra Adentro, Fonca, 1992; segunda edición, 2005); narrativa: La x en la frente (antología; Literatura Menor, Graffiti, 1995), Verano en la ciudad (Aldus/CNCA, La Torre Inclinada, 2006).


Recientemente publicó las compilaciones Antología pánica de Arthur Machen –de la que también es traductor– (Universidad Veracruzana, 2018) y Tren musical de palabras. Viaje de poesía infantil (Ediciones Municipales, Xalapa, 2019).


Poemas suyos se incluyen en varias antologías dedicadas a la poesía reciente de México.


Ha sido miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte en varios periodos.


[Envio del autor]


Imagen: Tierra Adentro


enero 25, 2020

Antanas Jonynas

Noviembre




Cuando los gritos de noviembre salpican
tus cabellos con flores amarillas como la luna
cuando los lava un raudal de lluvia morena
sobre las pendientes de arcilla azul como el aire
cuando los tonos nocturnos de carbón se imponen
y los tábanos despiertan la sangre
el otoño camina en los vacíos del pecho
como un tren que pasa con el semáforo en verde
cuando el silencio de noviembre hace madurar el frío
y los cuadrantes de los arces terminan su carrera
debaten los transbordadores encadenados en el muelle
los cabellos entre mis dedos se enredan nuevamente
diferente es el serbal que hace melindres al viento
diferentes son las ventanas que se abren a la niebla
y el viejo disco del gramófono gira
bajo la mano descarnada del creyente
cuando noviembre extiende la voz del arrendajo
del fondo del verano en el que se hundían las ramas
alas blancas recubrían un marzo rosado
llevándolo lejos con sus gemidos
cuando la noche de noviembre adoquina con la helada
los caminos que la luna martilla de plata
la palabra viene a golpear a nuestros corazones
esa que nos ha dejado solos en el mundo


poesía lituana
ANTANAS JONYNAS(1953, Vilnius, Litunia)
Traducción: Francesca Randazzo
Poeta, traductor, ensayista, dramaturgo y editor. Estudió Filología Lituana en la Universidad de Vilnius. Libros de poemas publicados: Metai kaip strazdas (A Year as a Thrush), 1977; Atminties laivas (Ship of Memory), 1980; Parabolė (Parabola), 1984; Tiltas ir kiti eilėraščiai (A Bridge and other poems), 1986; Nakties traukinys (A Night Train), 1990; Toks pasaulis (A World Like This), 1994; Krioklys po ledu (A Waterfall Under Ice), 1997; Inclusions in Time, 2002; The Poppy Ashes, 2002; Lapkričio atkrytis, 2003. Miembro de la Unión de Escritores de Lituania. Su traducción de Fausto de Goethe, ha sido muy reconocida. Otros autores que ha traducido: Rilke, Schwitters y Bobrowski. Su poesía, de raigambre surrealista, está cargada de humor, ironía e imaginación.
De: World Poetry Movement
Imagen: LKI