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marzo 13, 2024

Tres poemas de Matilde Casazola

 I      




Amo mis huesos 
su costumbre de andar rectos 
de levantar un semicírculo 
para abarcar el cielo 
de encadenarse en filigranas diminutas 
para favorecer el movimiento; 
amo mis huesos con sus cuevas 
sus salientes
y sus curvas profundas.
Si hubiera sido insecto,
también habría amado mis antenas
como amo ahora mis ojos con sus cuencas
y mis manos inquietas
y toda esta estructura
en la cual vivo
en la cual soy completa.
Y le doy gracias al discutido Dios 
de creación perfecta o imperfecta 
de existencia absoluta
o no existencia,
le doy gracias 
en uso
de mi cuerpo y su esencia.
Al menos, comprendo su intención: 
sé que era buena



La ciudad cerrada


1

Estremezcámonos: 
la vida es movimiento.
Moscas rondan y rondan por mi espacio 
(este pequeño espacio 
de cuatro paredes alquiladas).
Nunca las tomo en cuenta 
a no ser para darles el final golpe de gracia.
Mis pies se asientan
buscando tierra firme
—invisible circuito de vida los recorre—.
Pero mis pies apenas saben 
de cemento y de hierba; 
no se preguntan nada 
y continúan caminando ciegos.
Toda la vida está llena de tentáculos ágiles 
que alcanzan o reciben 
depositan tesoros 
aletean promesas.
Con títulos firmados 
límites, reglamentos
pasamos la maravillosa aventura de vivir nuestro turno 
uniformados en legiones obedientes 
y casi olvidándonos de lo que somos.
Bendita orilla
paraíso sin nombre todavía
donde poder oír el ritmo de nuestra propia sangre
y acordarnos nuevamente 
de la verdad eterna.
Donde hasta la serpiente sabe por qué vive. 
Donde no hay que inventar razones 
para justificar nuestra presencia.
¡Oh bancos del Estado 
monedas rodando por las calles 
oh múltiples pelucas 
de ciento tres coma un colores!
Pero la industria se iría por los suelos 
y la patria y su bandera, y el progreso.
Pero diremos qué felices somos 
sentados a la mesa 
con cubiertos dorados.
Estremezcámonos, siquiera entonces:
Señoras y señores
la vida es un amable sueño
con cine y macetitas decoradas de antemano.
Viva la vida
y los pies encerrados en vistosos estuches. 
¡Adiós cerros inaccesibles y lejanos! 
no servís para nada 
a no ser para poneros 
en alguna vitrina al precio de ocasión



10



Detrás de los letreros 
hay gentes que respiran.
Grises gentes que se nutren 
de luz artificial, 
de mortal 
languidez
y sofocante espuma 
de palabras mil veces 
repetidas.
Detrás de los letreros 
están los verdaderos 
personajes de la vida
53
contorsionándose, asfixiados por el denso 
humo letal que expelen 
la industria y el progreso.
Hombres en camiseta
gordas mujeres de pisada lenta
barren la esquina
vacían ceniceros
inacabables
se acuestan agotados
espalda contra espalda
fijamente
mirando
el resplandor de incendio
que en la pared reflejan los letreros.
Día tras día
las fechas del almanaque caen
se desgranan
sobre su frente triste
cuadriculada
de espesa propaganda.
Jugándose su suerte
a un buen vaso de vino
al partido de fútbol
en la televisión de los domingos,
desprolijos y ufanos
los abatirá la muerte


poetas bolivianas, Tríptico
MATILDE CASAZOLA MENDOZA
(1943, Sucre, Bolivia)
De: "Tríptico", Municipalidad de Lima, 2020

marzo 09, 2024

Willy Gómez Migliaro



ALZAR sombra si tapan los árboles de moras 
liviana entre muros a la izquierda y derecha 
donde cae el canalón como un mecanismo  
tender sonidos sacudidas y perforaciones del agua 
hoyos que con pico habrían adelantado desiertos 
y ahí levantar habitaciones  
“sombras nada más”  
nos toca su reguero vertical y el desprendimiento  
de sobra hasta llegar al otro lado 
al cuidar las aguas jalar baldes recortar 
sauces y dejar caminos de conciencia o batirse 
entre dos fuegos de los que tienen todo y 
de los que no tienen nada si estiran mangueras 
transforman sectores de infierno al diseñar 
caños reservas grifos o decorados de dolor 
por otros medios ver 
río arriba excrecencias de sequías 
trae el agua alimenta una obsesión de regar 
jardines tecnológicos o dar vida al mar solo
una producción ideal del sentido
al doblar mangueras al escuchar adentro 
canción de resistencia  
de plásticos rotos  



FLUYEN las aguas y sobre ellas latas 
llevan imágenes borrosas 
de proceso de ejecución brillan bajo el sol 
contenido que alguna vez fue necesidad  
como un tiempo el principio recoge
el final se levanta y rueda desde la inmovilidad 
motivos entre desarmes y diseños 
de imagen objetora circular
a través de ella sigues a un animal herido 
viste huella de sangre no el arma
sino destreza al forzar la ambición
o mito circular de boca en boca
arrasaba aire contaminado 
sirve de algo movernos 
aunque se abren más portones de almacén
sueldan chapas levantan rejas reducen autos 
adentro todo es inclasificable afuera 
filos redondos de tarros de leche



SALIDA del sol ante una actividad que nos rodea 
restaurante marino a la entrada se toca cucharas
como castañuelas escucha y refleja durante 
los servicios al alzar los brazos hay posibilidad
un núcleo en la sala si las sillas caen y uno se mantiene 
al sentir platos por cada rajadura
fragmentos de nuestras vidas superpuestas sobre 
lo real espeja de nuevo corresponden a dejar vacío 
o la acción proyecta llenar 
reflejo de existencia de cosa indefinida 
verás tu embalse y ahí de nuevo guía 
aceptándolo hay alteridad lejos de nosotros 
decisión de alzar de llenarse de mesas 
de chocar vasos después constitución de una retórica 
y al acabado un desconocido de la gula un gesto 
expresa satisfacción o grosería familiar y carga 
al descubrir hubo amor en las ensaladas 
odio en el plato caracoles en nuestra extrañeza 
“el crecimiento debe continuar” después 
no comprender ningún futuro



QUÉ hermosa con tu sujetador de cabello 
poder de algún animal fija juegos
forma usual de flor tallada flecos puntada
y sobre ella caballitos flacos y dimensión 
de acertijos sin saber nada abajo hay
partida de montes o están hechos de 
tubos de polietileno de cáscaras de nueces
y todo se ha esparcido en tu cabellera hoy 
sábado de ornamentos si no se vuelven 
obsoletos o demoramos en nuestros silencios 
de amor de mezcla y embestida rogar
o gravitar sobre borrón pinzas y exhibición  
de nuestros regalos en la constitución 
tiempo en el diseño gráfico de línea en un enganche 
primero circular luego curvo para un concepto 
de belleza femenina y brillar con huecos 
desdibujar otros fragmentos y así
enganchado es un cuerno alrededor de los 
ojos no están bajo fijaciones se
estrella en la ventanilla cruce de especies
al lado donde setos y geranios resisten 
hundimientos o ganado de todo sobra 
en tu gancho flotante abotonado desmantela 
la parábola trayente de animales en una fábrica 

                                                                                                                                                                            

poetas peruanos actuales, Escritura creativa, Lírico puro

WILLY GÓMEZ MIGLIARO (1968, Lima, Perú)
De: "Lírico puro", Barnacle, 2024
Ganador del premio hispanoamericano de poesía Festival de la Lira 2015. Ha publicado los libros de poesía "Etérea" (2002), "Nada como los campos" (2003) y "La breve eternidad de Raymundo Nóvak" (2005), todos bajo el sello Hipocampo Editores; "Moridor" (Pakarina Ediciones, 2010), "Construcción civil" (Paracaídas Editores, 2013), "Nuevas Batallas" (Arteidea Editores, 2013), "Pintura roja" (Paracaídas Editores, 2016), "Lírico puro" (Hipocampo Editores, 2017-Barnacle, 2024) y "Manantiales" (Ícata, 2021). Entre los libros de investigación ha sido compilador del libro "OPEMPE, relatos orales asháninka y nomatsigueng"a (Editorial AndesBook, 2009) y "Cholos, 13 poetas peruanos nacidos entre el 70 y el 90" (Catafixia, 2014). Profesor de literatura y asesor literario. Actualmente dicta talleres de escritura creativa.

Enlaces: La mula | Cine y Literatura | Poesía

marzo 04, 2024

Waly Salomão

Balada de un vagabundo     




he aquí el sol, he aquí el sol 
el sol apodado astro rey 
hete aquí que hallé al gran culpable 
de este mi vivir disparatado 
de mi deambular así pirado 
soltando mi agrio corazón desnudo lacrado 
arrugado marchito de edificio vacío 
en terreno baldío sepultado y al rato abandonado
ignoro el barrio, el código postal, la calle, el documento de identidad
no preguntes si ser portador del número equis de contribuyente me hace feliz
¿estaré en la encrucijada, cual espada filosa que el bien del mal separa?
me meto en la ce del centro, en el guarda equipajes de la estación central
bailaré desnudo en bolas desnudo flagrante in fraganti en el mar del cráter de la luna incluso sin saber dónde termina la mía y dónde empieza la tuya
Voy a dar vueltas bajo la marquesina, perfumado suburbio, triste trópico, paraíso
hojas de hierba de la hierba de romero dorada albahaca pasto del viaducto
yo no voy a ir, ¿vos vas? no voy, dulce melancolía, ¿ibas a ir? no, no iba, no iba a ir
dejá que la tristeza se acueste, use, abuse de la fama, dé vueltas en mi cama
diez cien mil veces, cada noche todos los días, muero de soledad y dolor
un millón billón trillón de veces, voy a la alegría, salto hacia el amor
un vicio solo solamente solo para mí no basta
una hinchazón de amor incontrolable por mi cuerpo se propaga
está atestado, está repleto de virtud y vicio, mi cielo
un gallo solitario alza la cresta y cacarea su alborozo
un vicio solo solamente solo es pura parla
acierto trece puntos, soy un billete de lotería premiado
soy el beso de la boca del lujo en la boca de la basura
soy el beso de la boca de la basura en la boca del lujo

 

WALY SALOMÃO
(1943, Jequié, Bahía / 2003, Río de Janeiro, Brasil)
De: Waly Salomão, Poesía Total, Cuenco de Plata, 2022
Traducción: Teresa Arijón y Bárbara Belloc
Imagen en recantodasletras



febrero 29, 2024

Juan Ramírez Ruiz


Kilómetro 765 de la carretera Panamericana Norte



                             A Nancy Moreno


A mitad de febrero, el sol es raudo en el kilómetro 765
de 1a Panamericana Norte brilla fuerte el sol y fatiga a los animales
Cuando amanece uno sale y camina con sumo cuidado entre 1as piedras
y los viejos pensamientos que regresan con la noche
o con el vino. Dentro y fuera de uno se desencaja lo compacto, y dentro
y fuera de uno hábilmente la lógica revienta lo que precede
y lo que toca. Pero ni tú ni yo aquí somos los concebidos 
para saborear el desamparo de estas cuatro paredes blancas:
a mí y a ti nos toca ese color, ese lugar
que abre la bondad o la luz de mi cabeza,
pero en el kilómetro 765 al final de febrero el sol sigue raudo, brilla fuerte
y fatiga a los animales. Al medio día el color nos avienta 
al aire del sur, y entonces uno descuida serenidad
y calma pura romper la vanidad de la lógica.
Y uno no lo permite. pero otro vez se desencaja lo compacto, se junta
habilidad para perder la lucidez por estrellas y burdeles 
Y tú puedes cantar a los que parten al Oeste,
tú puedes cantar a los que vuelven del Oeste y
asegurar que la Historia es toda tu impaciencia reunida,
asegurar que es horrible no tener un alarido bajo la piel.
Tú puedes decir con vehemencia el día es de lluvia o de agua 
derribada a pausas. el instante es relámpago o esta fotografía enterrada.

1
Paradero

 

Está lloviendo ahora sobre toda esta ciudad y
son las 12.30 p.m. a lo largo y ancho del Meridiano de Greenwich
y yo he crecido entre gente que es joven y gente que no es joven
entre autos, papeles bond o bulky,
                   artefactos y escaleras
artefactos y clientes. Y avisos de la desesperación o la locura
He crecido sobre esta ciudad
                     y hace 24 años esta ciudad sabe mi peso
(Aquí la noche del 14 de mayo me enteré que he tenido un aire puro
porque alguien lo dijo entre botellas de Pisco de Ica
                    con rabia y para insultarme)
Y yo salgo a la calle a repartirme como obsequio.
Por las calles de mi país camino con un sonido.
Y soy un lugar con mucha luz,
          soy un aullante canto ambulatorio,
mi cuerpo está lleno de poemas y
salgo a la calle a repartirme como obsequio.
Y he demostrado que soy este cuerpo
estremecido por la rala luz que se confía a mis congéneres,
este cuerpo amargo sobre el que lloro:
Mis brazos han crecido increíblemente
y reconozco que mi semblante me ha traído complicaciones,
reconozco que mi cariño infinito me lastima
ahora que yo se regala incontenible, y cuando la lluvia
en la plaza Manco Cápac no es lluvia en la Plaza Manco Cápac.
Y cuando el individualismo se enreda y me llega a las pelotas
        aquí estoy yo, vivo y fogoso
y Latinoamérica devuelve mi cara cuando la miro,
el Día se abre para que este cuerpo pase,
el viento roza mis orejas; y voy fogoso y limpio
a través de estas avenidas silenciosas.
                                                            Aquí estoy yo.
Y óyeme tú, amadísimo padre,
oye al que está fatigado de hablar para el viento,
ya es Agosto, llueve hace 24 años esta ciudad sabe mi peso:
Yo entrego mi vehemencia y mi amor
a esta vía que se ensancha hacia toda la extensión del universo:
(Aquí lograr lo justo,
                   ser inmaculados
y brillar como focos de 12,000 voltios:
esa es nuestra única alternativa.
Ahora aquí haré lo extraordinario
                    y alguien ha de decir que no está bien).
Pero escúchame tú, padre, escúchame, yo jamás podré mentir
yo he crecido en esta ciudad del sur-este
con mil dificultades para cargar con mi exceso de ternura,
con mi energía de animal salvaje amando,
amando siempre a las manzanas, amando siempre a lo que conmigo vive
con estas ansias,
con esta limpidez que se levanta
                  desde mis extremidades inferiores
amo, amo furiosamente mi fortaleza
                          y elogio a gritos mi salud. 


poesía peruana, un par de vueltas por la realidad
JUAN RAMÍREZ RUIZ (1946, Chiclayo, Lambayeque / 2007, Virú, Perú)
Fuente: "Un par de vueltas por la realidad", Ediciones Hora Zero, 1971
Enlaces: Issuu | Scielo | Cangrejo Negro

febrero 22, 2024

Mario Sampaolesi: En ese imperfecto claroscuro

El Hierro*    




Por la persiana entreabierta 
se filtra la luz. 
En ese imperfecto claroscuro 
aparece, da vueltas y desaparece 
el polen lento del polvo. 
Entonces, recordé aquel cielo coronado 
por nubes amarillentas. 
Se extendía cambiante sobre el santuario 
de aves marinas,
las escabrosas paredes de los acantilados
caían a pico y en el fondo
una espuma nerviosa y viva las cubría.
El mar perseveraba en su intento
por disolver la roca,
pero fracasaba una y otra vez.
Nada hubiera podido.
Abrazados en lo alto del mirador
nosotros observábamos la belleza.
La fuerza del viento obligaba a los pájaros
a planear:
algunos ascendían, otros bajaban
aunque todos ellos irrumpían contra las corrientes,
los ecos de sus graznidos tallaban sobre las rocas
las formas instantáneas de los vuelos.
Habíamos llegado a El Hierro
desde hacía una semana
y ya sabíamos todo sobre la isla,
y sus habitantes.
Rápidamente reconocimos
en nuestras caminatas por la ciudad
los pequeños negocios,
las casas blancas, amarillas, rojas,
los bazares con objetos turísticos
y también los frascos oscuros de los elixires
repletos de una energía sexual que
–según los comentarios de la dueña del hotel-
nos excedería.
-Porque en su esencia contienen
borbotones de lava, nos explicó sigilosa-.
La mujer te había adoptado.
Reconoció en el color de tu mirada
su raza celta,
los rituales secretos que te hicieron llegar
hasta allí.
Yo simplemente te amé una y otra vez
bajo la luz calcinante de esas noches.
Sin quererlo, nos convertimos en parte de la isla.
Bebimos juntos el vino de una felicidad
que imaginamos invulnerable.
Durante esos días fuimos espejos
donde nunca se reflejó la soledad.
Pero sí el futuro.
Una mañana despertaste sin recordar
la noche,
ni las estrellas que nombramos al azar
jugando con nuestra ignorancia
sobre galaxias y constelaciones.
Durante todo ese día
fingimos que nada había pasado.
Pero ambos supimos que en el hierro
de esa tierra
se había forjado tu primer olvido.
Ahora veo el placard
con los cajones abiertos vacíos de tu ropa,
las sábanas de la cama revueltas
desplazadas
y siento toda la ausencia
de tu cuerpo a mi lado.
Te pienso en tu jaula
rebelándote contra el constante martilleo
de la resignación
aferrada al grito entre los barrotes
buscándome
en los confusos revoloteos
de aquellas aves siempre sobre el precipicio.



El Hierro, poema inédito, poesía contemporánea argentina
Otro poema de MARIO SAMPAOLESI
Poema del libro inédito Después de Reikjavik

*El Hierro, isla en el Océano Atlántico perteneciente a las Canarias.

Susana Arévalo

Modo noche    




La Lectura de la borra del café 
En el Pozo Sin Fondo de la Noche 
Siempre son las tres de la mañana 
 
En el Fondo del pocillo de la Noche 
 
Los Abismos Sucesivos
El Sinsentido y el Vórtice
El Mal de la Muerte

Las Grandes Pruebas del Espíritu

La Extrema Parquedad
La Extrema Unción

La Lectura de la borra del café en la Noche Oscura                                             
en la Selva Obscura

El Desierto Abisinio: Su Coribante
sus cordeles sus caireles

su Auriga su cuadriga su cantiga
Sus Tártaros

y sus gajes y sus goces y sus goznes

¿A qué Confinarnos?

Arrojaste una botella al mar

Un lirio de los que crecen en las ciénagas

Un avioncito de papel

y el Abismo te respondió con su Fuego Cruzado

Altas pulsaciones
Ritmo circadiano errático

Ora el Vidente ora el Buceador de perlas

¿A qué Parapetarnos?

Maldita Parca
Malditas Hespérides

Maldita Musa
Maldito Algoritmo

Alto Hacker en la Internet Profunda
en la Internet Profusa

¿A qué Extraviarnos?                              

Modo Noche
Modo Noche Oscura del Alma

Maldito Simulador
Maldito Servidor

Alta Performance de la Parca
Pérdida Alta


SUSANA ARÉVALO
(1952, Ciudad de Córdoba, Córdoba, Argentina)
Envio de Alfredo Lemon

febrero 16, 2024

Mohammed Bennis

Retorno    



Hay piedras que huyen conmigo 
hacia colinas sin verdor, 
colinas que destierran lo verde. 
Las oigo dentro de mi sueño 
Llevando algo de mí, 
gimiendo. 
Aquí, cuando era niño, escogía 
una piedra 
y, no sé cómo,
dejaba que mi mano acariciara 
su lisa superficie 
Estas piedras
vuelven hoy a mí
y me golpean
con el volumen del verdor
o el destello
del agua.



poesía actual marroquí
MOHAMMED BENNIS
(1948, Fez, Marruecos)
Fuente: Prometeo N° 86/87 / Facebook Jonio González
Traducción: Federico Arbós
Imagen en marché de la poésie

febrero 14, 2024

Dana Gelinas


Un corazón de chocolates    



Odio los chocolates. 
Mucho más los que son caprichos 
de San Valentín: 
demasiado alcohol, 
demasiados azúcares, 
demasiados sabores que envenenan. 

Los odio por su alharaca,
los odio porque cada uno es diferente del anterior,
los odio porque no puedo evitarlos,
los odio porque sin su sabor no soy nada,
los odio porque sí,
porque del odio al amor
sólo hay un bocado.



9




La fecha que tuve que regresar y abrir mi casa
fue en la canícula más rigurosa.
El primer día, el aire ardiente
que entró por mi esófago me provocó febrícula.
A las diez de la noche,
el agua de la llave fría despedía vapor as5xiante.
Aun con el viejo aparato de aire
acondicionado encendido,
yo sudaba al salir del baño,
Tardó más de dos horas en producir aire respirable,
quise llorar de as5xia,
quise gritar,
y entonces entré nuevamente a la regadera con la bata de baño puesta
y con la toalla húmeda como turbante
para recuperar mi temperatura,
y las dejé secar mientras dormía,
arropada en ellas.
Hace muchos años,
le conté a mi pareja
que un día lloré porque no podía respirar
el ardor del aire,
y él aún lo recuerda



Tienda de ropa de marca

Boxers



En una tienda de ropa interior
de cuyo nombre no quiero acordarme,
casi como un espectáculo de circo,
como un best-seller,
se exhibían unos boxers
con el diseño más feo del mundo:
una pareja de sapos
enredados por sus lenguas
en un torcido beso francés.

Un príncipe siempre estará en riesgo
de convertirse en un lépero
con semejante vestido.

¡No te lo pongas!
En serio.

Cuídate del galán
que te invita al circo
de los Hermanos Ringling
con obscenidades en los boxers.
Una lengua de sapo merece la guillotina.



Departamento de calzado


Zapatos italianos


Fui la dueña
de no sé cuántas zapatillas de cristal
para caminar al paso del tiempo.

Creo que ningún hombre sabe
lo que significa
usar zapatillas de cristal.
Son dos torturas,
dos maldiciones,
los dos pedestales de vidrio
son una especie de seguridad
de vete al carajo.

Sin embargo,
aquellos zapatos italianos
que adoré mientras pude,
los amé de tal manera
que cada prenda que tengo
posee una historia
relacionada con ellos.

Incluso ahora no puedo creer
que los haya abandonado.

Aún siento que entibian mis pies,
y que esa caricia sube por mis piernas
de vez en cuando.
Olvídalo, déjalo atrás,
un ataque de melancolía
te haría escribir en vieja métrica
un poema amoroso
a tus viejos zapatos.

Olvídalo.


Mediodía blanco, poesía mexicana
DANA GELINAS
(1962, Monclova, Coahuila, México)
De: " Mediodía blanco", Gobierno del Estado de Coahuila, 2014

febrero 09, 2024

2024 por Alfredo Lemon


2024, poesía argentina, poetas

Otros poemas de ALFREDO LEMON






febrero 06, 2024

Julián Berenguel


Artillería    



1 

Como un avispero agitado, la casa 
es el centro de los bombardeos. 
El fuego cruzado es la única estrategia 
en las guerras que viven las familias, 
por eso construimos un búnker 
lejos de los estruendos vecinos. 


2

Decir guerra como hipótesis:
somos animales que lamen
las heridas hasta cansarse.

Por eso nos convoca
este matadero.



Violencia




Sube la sangre como un soplo
y cada palabra carga con eso:
la bronca es histórica
como los animales que fuimos.

Una de estas noches,
un policía borracho
va a darse cuenta.



El último gaucho




Se perdió en algún hueco del tiempo,
no entendió que el juego de las facas
ahora se esgrime con otra violencia.

En una calle cortada
lo cruzaron de a cuatro.

El gaucho se plantó, guapo como él solo.

Pero ni bien iba a pelar el facón,
un balazo
le perforó el pensamiento.


poesía contemporánea argentina
JULIÁN BERENGUEL (1993, Temperley, Buenos Aires, Argentina) es Profesor y Licenciado en Letras por la Universidad de Buenos Aires. Actualmente cursa Comunicación Social en la Universidad Nacional de Quilmes. Junto a Martina Delgado, preparó el índice y la presentación de “Diario de Poesía” para el Archivo Histórico de Revistas Argentinas. Publicó las plaquetas de poesía “Guateque” (2018) y “Discurso del ermitaño” (2018) y compiló “Aguafuertes de viaje. Uruguay y Brasil” de Roberto Arlt. Investiga la vida y obra del escritor José Sbarra para escribir su biografía. Trabaja como profesor de literatura en escuelas secundarias del conurbano bonaerense y periodista freelance.

febrero 04, 2024

Vladimir Nabokov


Así lo creíamos    




Nosotros creíamos tanto en el vínculo de la existencia, 
pero ahora miro hacia atrás y, sorprendentemente, 
me parece, juventud mía, que por tu colorido 
no me perteneces y por tus rasgos no eres válida. 
 
Si se piensa, es como si la bruma de las olas
se encontrara entre tú y yo, entre encallar y hundirse;
o como ver una línea de postes y a ti de espaldas,
en bicicleta, yendo directamente hacia el ocaso.

Tú no eres yo hace mucho tiempo, eres un esbozo,
el héroe de cada primer capítulo, pero cuántos años
creímos en la continuidad del camino, desde el húmedo valle
hasta el alto matorral.


poesía rusa, Lolita
VLADIMIR NABOKOV
 (1899, San Petersburgo, Rusia / 1977, Montreux, Suiza)
De: "Poemas desde el exilio", Pretextos, Valencia, 2001
Traducción: Macarena Carvajal Lloréns y Tatiana Gritzai Bielova. 
Fuente: Facebook de Jonio González
Fotografía de William Claxton 

enero 28, 2024

Martín Rodriguez


Balada de bienvenida




El Citroen se desmoronó. 
vi la montaña temblar mientras pasaba mi padre
como si llevara las doce tablas romanas;
lo vi gigante en ese sueño 
haciendo dedo, de chico parece 
que un padre viene de abrir cárceles,
de liberar presos. 
En medio de la ruta desierta 
un taxi que lo leve 
al bar de la avenida Callao 
y tipear la nota para entregar
en el juzgado, en las dos primeras
horas de un día cualquiera, 
como todos los días de todos los años esos 
que se pasó con una familia al hombro 
con hijos propios, ajenos, suyos. 
Los primeros colores del mundo se ordenaban 
en torno a él: la luz de la mañana 
lo encontraba ya despierto siempre. 
El primer burócrata de la sonrisa, 
mi primer amigo, mi padre, el primer café 
y la palmada. 
Lo vi en la ruta, haciendo dedo. 
El auto incendiado atrás. 
Vi a mi padre temblar, 
vi las montañas tambalear a su paso


poesía argentina
MARTIN RODRÍGUEZ
(1978, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "Balada para una prisionera", Caleta Olivia)
Enlaces: Revista Ruda
Imagen en Facebook

enero 24, 2024

Edgar O´Hara: Pero nada nos responde

Edgar O'Hara: Pero nada nos responde

Rapto campestre en Cieneguilla (Lima, agosto 1992)   


Para Luis Miguel, que compartió esta visión  


El restorán-recreo se llama La Dulzura  
en la luz y el aire limpio  
de Cieneguilla:  
                         3 Sapos, 
canchas de volley o badminton 
y un golfito.
                     Cerveza helada, platos
criollos, atención exclusiva y los domingos
tamalitos verdes (piqueo).
                                           Lo proclama el cartel.

No hay camarones a la piedra:
el río Lurín hace dos años
es con las justas un cabello de ángel.

Entramos por una chela.
                                        Familiones
bajo toldos del jardín.

(Ingenuotes. Ni se les ocurre
que esta compaña, a lo sumo,
durará un semestre.)

Quizá la respuesta esté
en ese chasquido sonoro que casi
la desfigura,
                    un eco labial
de platina y chocolate.
                                     Castañeteo
impúdico.
                Aunque más temprano que tarde
--lo intuimos-- la diosa recelará
su voz.
            En cambio la manada
ni por aquí adivina
el sabor a lo sacro.
                               Apuestan ahora
que Alianza le ganará a Cristal.

(Fiebre de manganzones, caso perdido.)

La hemos hecho muy larga. Terminamos
no una sino varias chelas.
Las familias se fueron yendo
como el sol de Cieneguilla.

                                             Pero
la Brasa sigue
en su hornacina, sonriente,
mientras los torpes delfines
del pensamiento

lanzan las fichas y nunca
le embocan al sapo. (La suerte
ya está echada.)

La hora de retirarse coincide
con el frío de la tarde
en Cieneguilla.
                       Le decimos adiós
a qué Dulzura.
                       Sin saberlo
nos hincamos.
                       Pero nada nos responde,
ni el más leve
gesto.


poesía peruana, Cieneguilla
EDGAR O'HARA
(1954, Lima, Perú)
Fuente: Nueva Provenza | 
Imagen en El enamorado