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julio 26, 2020

Diego Colomba: El lado de la sombra

Diego Colomba

En el fondo una metáfora no es una analogía 




Nadie más
que yo
veía 
caer 
esos copos 
invisibles 
de nieve 
que tornasolaban 
en la tarde

—si papá
los hubiera visto
los habría
señalado
con un dedo—

pero 
lo cierto
es
que caían:

fríos 
y pesados.

Llevábamos
esa nieve
triste
sobre los hombros.

Esa nieve
era
lo único
sagrado
que podríamos
compartir.



Lo habríamos dado todo




Si el teléfono suena al final del día, después de alguna discusión, sabemos que estás vos del otro lado de la línea, fumando y bebiendo de pie frente al espejo. Siempre manejaste bien los tiempos para manipular nuestros afectos. Esta noche, sin embargo, nos encuentra lejos de casa y al alcance de tu mano. Podrías hacer una de tus llamadas. Pedir, sin esa sonrisa de beatitud en el rostro, que alguno de nosotros se ponga en tu lugar.

Una familia decidida


Prospectos ilegibles, frascos pegoteados y tabletas de antibióticos y antifebriles vaciadas a medias se confunden con piezas de bijouterie, perfumes y cremas hidratantes. Ese punto de densidad de nuestro mundo, que la cómoda del dormitorio, iluminada ahora por un rayo de sol, encierra, habla por sí mismo. Estamos dispuestos a matar cualquier tipo de vida que se oponga a la nuestra.



Una tertulia poética




Basta el rincón recién refaccionado de una biblioteca municipal 
para aglutinar a los cursantes del taller de poesía y escritura
que han distribuido prolijamente sillas un largo tablón forrado
donde se ofrecen generosas porciones de bizcochuelo y pastafrola
vasos plásticos cucharitas saquitos de té y café sobrecitos de azúcar.
Es más de lo que se merece un moralista que se ha alejado de casa
con un entusiasmo que raya francamente en la inocencia. 
Ahora debe desgranar frente a un micrófono de pie la espinosa melopea
que en la intimidad de los suyos reconoce como su propia música 
no tan inspirada si se guía por los rostros de las primeras filas 
—tal vez lo suyo se aleje en demasía de las pautas básicas 
de la declamación pública que intentan transmitir en el taller—
en los que incluso advierte algo de decepción si los compara 
con el brío que exhibían al cantar las estrofas del himno nacional 
el fervor con que ahora declaman frente a él valientes versos 
que confiesan sin reparos una clara conciencia de la muerte
y un evidente asombro ante el milagro de existir.

Tanatología


Como quien cuenta a las apuradas la última anécdota 
antes de despedirse una compañera de trabajo se refiere 
sin ambages al estado terminal de su madre
a la prontitud con que su médico de cabecera se ha sacado 
un problema de encima —después de repasar imágenes 
incomprensibles con los anteojos de aumento— telefoneando
ante sus mismas narices a una verdadera eminencia en la materia
el responsable de la biopsia que le practican poco después 
tras un diagnóstico que explique los repetidos ahogos 
y la creciente inapetencia de estos días:
se trata de una perfecta pieza de orfebrería en manos 
de una naturaleza hostil que ha sabido urdir tumores 
como cuentas de un collar alrededor del estómago.
El cirujano aclara que se ha limitado a limpiar 
los intersticios entre una y otra pieza
para hacer de la agonía de su madre un padecimiento 
relativamente más humano.
Mi compañera advierte que —contra lo que uno cree— 
la intervención ha resultado exitosa 
si se considera la falta de dolores o molestias 
como un modo razonable de vivir. 


Liga rosarina




El sol no puede deshacer la escarcha de los pastos:
vas a intentar no resbalarte mientras cruces el baldío.
No hay recogimiento ni intimidad en la intemperie.
Estás solo y los rayos de sol no están hechos para vos
como decía una vieja canción cristiana. Pero, ¿qué padre
—te preguntás— no daría un ojo de la cara por un hijo? 
Pisás los restos de latas los recipientes de cartón aplastados
los plásticos diseminados por el suelo para llegar al alambrado. 
Tu hijo corre y jadea entre muchachos: vos también te sacarías 
el corazón por tu hijo como el borracho que clama a tu lado 
le ruega a su propio hijo que lastime a quien se ha hecho del balón: 
podría ser tu propio hijo el que corre por un campo de arena 
del que la pelota se aleja hacia arriba con violencia 
abriendo un intervalo de silencio que deja oír el desgaste
el sonido sordo de una pelota que no puede 
dejar de caer. 


El tiempo es la única violencia




Los médicos no pueden asignarle propiedad alguna 
al objeto negro y estúpido en que se ha convertido tu hígado 
largamente maltratado y deambulan erráticos por la habitación
compartida de la clínica sindical mirándose desconcertados 
porque parecés una persona normal que se niega a dar señales
de la catástrofe personal que se avecina en el mismo momento
en que un cura pide desde la puerta permiso para pasar 
y conversar con el otro paciente que comparte la habitación 
y al menos se vale de una mascarilla de oxígeno: un alivio 
para todos porque el hombre no ha dejado de gemir 
y vociferar misteriosas frases inspiradas seguramente 
por la morfina: el párroco se sienta en la silla que le ofrecen 
y susurra al oído de un hombre que se confiesa cansado 
de cumplir con sus deberes de enfermo y se arranca la mascarilla
para que sus palabras se comprendan claramente: el enfermo 
le ruega a Dios a través suyo que cumpla su deseo 
de que el tiempo se detenga.


DIEGO COLOMBA (1972, San Nicolás, Buenos Aires, Argentina)

De: "El lado de la sombra", Barnacle, 2020

Es profesor y licenciado en Letras, y doctor en Humanidades y Artes, con mención en
Literatura.
Colaboró con reseñas, notas y entrevistas en el periódico El Eslabón, el diario El ciudadano & La Región, el diario digital Redacción Rosario, en los suplementos " Señales" y “Más” del diario La Capital, la revista Diario de Poesía y en la sección reseñas de Bazar Americano.
Dirigió el sitio web de prensa literaria Letracosmos. Fue uno de los responsables de Salón de Lectura, sección de escritores del banco sonoro Sonidos de Rosario.
Artículos, entrevistas y poemas de su autoría integran diversas antologías. Seleccionó y prologó Imaginarios Comunes. Obra periodística de Fernando Toloza (Córdoba, Editorial Recovecos, 2009).
Publicó Letras de Rock Argentino (Editorial Académica Española, 2011), Baja tensión (Rosario, Editorial Municipal de Rosario, 2012, mención en el Premio Municipal de Poesía Felipe Aldana 2011), Mesa de novedades. Poesía y narrativa del presente (Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 2013, premio obra inédita del Concurso Provincial de Ensayo Juan Álvarez 2012), Desaire (Buenos Aires, En Danza, 2014), Inmemorial (Rosario, Baltasara Editora, 2015), Chispero (Rosario, Libros Silvestres, 2016), El largo aliento (Córdoba, Alción Editora, 2016), La hospitalidad del mundo (Pueblo Esther, Fiesta Ediciones, 2017), Papá trajo a casa un Cuatro Ele (Buenos Aires, Editorial Barnacle, 2018; Mención Honorífica Premio Provincial de Poesía José Pedroni. Obra Editada, 2019), Blanco a la cal (Toluca, Universidad Autónoma del Estado de México, 2019; Mención Honorífica Premio Internacional de Poesía Gilberto Owen 2019), Platillos volantes (Rosario, Libros Silvestres, 2019) y El lado de la sombra (Buenos Aires, Barnacle, 2020).Otros poemas de Diego Colomba, aquí

Enlaces: Diego Colomba | Círculo de Poesía

Emilio Basso: Bajo el domo de las estrellas


EL pez nada mejor
en cemento que en la corriente
de las tuberías

Míralo
su cuerpo escamoso
empuja el concreto
hacía lo abstracto del fluir

Habías visto, acaso, un pez tan desinhibido para cruzar a la vereda de la muerte?

Miralo
encuentra un cardumen
y va a 220

No pregunta
No sufre
No espera

Los osos, salen de sus cuevas
lento cómo caracoles
adormecidos
de la hibernación

sin fuerzas con músicos pegados al hueso
deciden: es mejor esperar
y sientan sus gigantes traseros peludos
cerca de la orilla
dónde los peces heridos o cansados
se entregan
sin dudar
al destino de sus dientes

Ya recuperado
el oso deja la vera y se interna
entre las secuoyas
y busca elementos:

Ramitas
Piedras
Una petaca de whisky

espera la noche
es cuando el fuego
arde con honestidad
bajo el domo de estrellas


anthophila




abejas de 2,5 cm
juntan polen
de las flores del patio 
juntan para la colmena 
en uno de los ductos de respiración
de la casa
para quien nunca ha visto una,
las colmenas son:
construcciones geométricas asombrosas
jamás he visto una colmena de cerca
lo decía un documental
en youtube que vi a las 4 de la mañana
después de ver un documental de extraterrestres
y sus posibles estilos musicales favoritos
las colmenas reúnen tesoros
de cientos de abejas
guardan en las celdas pequeños objetos de valor
la primer antena de una abeja bebé
su primer piyama a rayas
fotos de los primeros vuelos fallidos
y de los días de escuela
cuando están recibidas de la escuela 
colaboran a la economía social
y trabajan en la colmena más cercana
dos cosas importantes para distinguir en su labor
una es que la abeja muere cuando pica
el aguijón queda dentro de la criatura picada
junto a este queda su tracto digestivo
las abejas practican un harakiri opuesto
lo otro es que para saber si la miel
que se compra 
para endulzar las infusiones, 
                                               es pura
hay que saber escucharla
la miel revela la historia del panal
donde estuvo
la miel lleva grabada la voz 
de las flores donde cada abeja se posó 
y en algunas burbujas puede verse
la mirada de las abejas que murieron
practicando un harakiri
dulce y melancólico


Emilio Basso
Fuente: Facebook, vía Alicia Silva Rey
Otros poemas de EMILIO BASSO, aquí



julio 24, 2020

Liliana Campazzo: Se deshace de todo lo que se llama recuerdo.


Liliana Campazzo








El clima arrecia 


se dice así


le parece.


Hay viento


la peste sigue


las compras se han reducido


a la mínima expresión


se cambian los muebles de lugar


se acomodan los cajones


se sacan cositas guardadas


amorosamente


se apilan en cajitas.


Se regalan esas cajitas.


La lluvia desarma


el cantero donde la menta de tres tipos


crecía alborotada.


Se deshace de todo


lo que se llama recuerdo.


Las torres eiffel de dos centímetros


la tacita que dice roma


un almanaque del 2010


traído de venecia


la botella de vino que trajo


de las dos casas anteriores


donde vivió.


Separa unos vestidos


dos pares de botas


una bombacha con encaje


todo revisa.


El inventario de ahora en adelante


no puede ocupar


más que una hoja de cuaderno.


Desprenderse


achicarse


ser pequeña la casa


la mujer


y los deseos.


Todo pequeño.


Hay que hacer espacio.


Para que cada quien entierre


a sus muertos.





Otros poemas de LILIANA CAMPAZZO, aquí

julio 23, 2020

Hagar Peeters

Hagar Peeters

Anoche me crucé con mis padres 




Anoche me crucé con mis padres,
dos pálidas figuras inclinadas
una hacia la otra bajo la blanca luz de un farol.
A juzgar por su alegría yo no había nacido
aún. Ambos eran jóvenes y muy enamorados.
A mí me dio mucha tristeza
porque yo sabía el curso que iban a tomar las cosas.
Ella se moría de risa por algo que él le susurró.
Él se reía a carcajadas como suele hacerlo todavía.
Intercambiamos un saludo cortés
y después nos fuimos cada uno por su lado.
“Un momento, -les dije a distancia-,
seguramente nos vamos a reencontrar dentro de un tiempo”.
Ellos, tomados del brazo, doblaron la esquina en silencio.


Last night I came across my parents




Last night I came across my parents,
two pallid figures that inclined towards
each other in the white light of a lantern.
Judging from their joyous state I was as yet
unborn. They were both young and much in love.
A great sadness then came over me
because I knew the course that things would take.
She roared with laughter at something he had whispered.
He laughed out loud as he still often does.
We exchanged a courteous greeting
and afterwards we went our separate ways.
‘Wait a moment,’ I called after them,
we’ll surely meet again some time.
Arm in arm they silently turned a corner.


HAGAR PEETERS
(1972, Amsterdam, Países Bajos)
Traducción: Adam Gai, a partir de la versión en inglés de John Iron
Enlaces: Las Críticas | Poetry International

julio 21, 2020

Amina Saïd


Yo soy niña y libre     




Yo soy niña y libre 
de habitar domingos eternos 
en el sol posado sobre el horizonte 
en la claridad de todas las cosas 
la tierra contempla sus estaciones 
yo no tengo lugar ni domicilio
la vida está en todas partes y en ninguna

de la cisterna del patio la abuela saca
el agua para la albahaca y la menta
muele la sal y las especias
libra su combate cotidiano con la realidad
la brisa abulta las listas de la cortina
la lámpara brilla todavía
yo juego del otro lado de las imágenes

en los jardines de mi padre
los árboles cargan frutos antiguos
cuchichean en la lengua de los pájaros
el agua de los pozos canta dentro de los surcos
bajo mi paso nacen los caminos de arena
estoy en la inocencia del día
puro comienzo sin antes ni después

de una casita construida como un bote
me dejo llevar por la emoción azul
un ballet de hipocampos roza
las estrellas caídas del cielo
los erizos ornan las rocas
las algas titilan en mi puño
solo vive el instante en lo que yo contemplo

Yo soy niña y libre
no tengo lugar ni domicilio
vasto es el horizonte cuando el mundo
entero es un poema
hay un día enorme sobre la tierra
la noche no ha sido creada todavía
yo hago pie en todos los tiempos


Siempre en el poema




siempre en el poema
escucharé el silencio
antes de escuchar la palabra
beberé de su boca misma

entonces nacen las cosas
las palabras el mundo

yo digo; siempre en el poema
escucharé el silencio antes de las palabras

y tú respondes: si existe un dios
es allí que habita

yo descubro la vertiente exacta
de la sombra y de la luz
donde él acaba donde él comienza

y el silencio palpita tal como el mar
en su vientre de sal
palpita come el ala de un pájaro
que domestica lentamente el cielo
como el viento la tierra la vida

y si existe un dios sí
es allí que habita


Je suis enfant et libre




je suis enfant et libre
d’habiter d’éternels dimanches
soleil posé sur l’horizon
dans la clarté de toute chose
la terre contemple ses saisons
je n’ai lieu ni demeure
la vie est partout et nulle part

dans la citerne du patio l’aïeule puise
l’eau pour le basilic et la menthe
pile le sel et les épices
livre son combat quotidien au réel
la brise gonfle les rayures du rideau
la lampe brille encore
je joue de l’autre côté des images

dans les jardins de mon père
les arbres portent des fruits anciens
chuchotent dans la langue des oiseaux
l’eau du puits chante dans les sillons
sous mon pas naissent des chemins de sable
je suis dans l’innocence du jour
pur commencement sans avant ni après

d’une maisonnette construite tel un bateau
je me laisse couler dans l’émotion bleue
un ballet d’hippocampes frôle
les étoiles tombées du ciel
des oursins fleurissent les rochers
des algues scintillent à mon poignet
seul vit l’instant dans ce que je contemple

Je suis enfant et libre
je n’ai lieu ni demeure
vaste est l’horizon quand le monde
tout entier est poème
il fait grand jour sur la terre
la nuit n’est pas encore créée
j’ai pied dans tous les temps



Toujours dans le poème




toujours dans le poème
j'entendrai le silence
avant le mot
m'abreuverai à sa bouche même

alors naissent les choses
les mots le monde

je dis : toujours dans le poème
j'entendrai le silence avant les mots

et tu réponds : s'il existe un dieu
c'est là qu'il habite

je découvre l'exact versant
de l'ombre et de la lumière
où il finit où il commence

et le silence palpite telle la mer
en son ventre de sel
palpite comme l'aile d'un oiseau
apprivoisant lentement le ciel
comme le vent la terre la vie

et s'il existe un dieu oui
c'est là qu'il habite


Amina Saïd, traducida del francés por Adam Gai
AMINA SAID (1953, Túnez, Túnez)
Traducción del francés: Adam Gai
Enlace: Festival de Poesía de Medellín | Mujer del Mediterráneo



julio 20, 2020

Carlos Penelas


Alguien sueña junto al mar 



Separado y melancólico miro la rompiente, 
el vagar ansioso de un cielo imposible
en las cortantes naves
que bordean espumas y cabelleras.
Vida y tiempo lentamente adorables.
Aquí está el milagro. Lo sabía.
En el insomnio, en la inmovilidad de la noche,
en la rosa blanca y apresurada,
en un fado de Amalia Rodrígues,
en la sacralidad de Arvo PArt, en la lujuria.
Así me amas, entre la desazón y la quietud
de una buhardilla, con el desánimo y la pasión,
desde el otoño y el lecho amanecido.
Me amas hasta el fondo, hasta el atardecer,
hasta el abismo. Soy lo definitivo,
aquello que tiembla y se desvanece
en esta fina mañana. Solitaria, relumbrante.



Carlos Penelas
CARLOS PENELAS
(1946, Avellaneda, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Carlos Penelas

julio 19, 2020

Marcelo Ajubita

Entonces hablemos



Entonces hablemos:
                                   de lo que hubiera
                                   y tal vez no
              lo que pudo haber sido
              lo que es
                      y lo que no
hablemos y no hablemos
lo que nunca diremos
por ignorancia o temor
                   en silencio
y cuando no tengamos nada
              que decir
entre la discordia y la enfermedad

         Entonces
quizás hablemos
                   del tiempo
                         y el tiempo
       los viejos tiempos
        y el temporal
cuando lo importante era estar
 ser                            sin ser visto
      hablemos de cosas sin importancia
      junto a las fogatas del Mar Muerto
Porque
             no queda tiempo Sr. Eliot
Y el ayuno de los cerdos en Roma
             ensució el suicidio
                        anunciando este Vía Crucis.

MARCELO AJUBITA (1958, Venado Tuerto, Santa Fe, Argentina)
Escritor, Compositor y Violista; reside actualmente en Rosario. Ha estrenado numerosas obras de Música de cámara y Sinfónica; ha obtenido premios nacionales e internacionales.
Es Violista de la Orquesta Sinfónica Provincial de Rosario y del Quinteto de Cuerdas de la Municipalidad de Rosario, además creador de The Merry Company, agrupación dedicada a la música del Pre-clasicismo, realizada con instrumentos históricos. También escribe música para niños; publicó tres CD´s: Pororó, Cosa de Chicos y Zumba.
Ha publicado los libros: Los raros (historias dadatrónicas para niños patafísicos) (Ediciones Libros Silvestres), Krans, que incluye los libros de poesía, peoremas y textos (Russos, Casi haikus y Poemas de la Montaña Verde, Krans y Wirrwarr) (Ed. Gogol) y el libro Apuntes sobre Nuevos Recursos Tímbricos para Instrumentos de Cuerda Frotada (Ed. Gogol), Escritos del aviador Lanzapedone (Barnacle) y Non serviam en San Cristobbal (Barnacle, 2020).

julio 16, 2020

Carolina Soria


Martes 0:44 











un recuerdo enmohecido 


se arrastra 





prisionero de sombras


se silencia





arriba a los ojos 


espera





cae por las mejillas


corre 





un recuerdo enmohecido 


se arrastra





para morir


en la garganta











Domingo 21:15












si alguna vez hablamos


te diría sí


me lastimaste





quisiera que lo sepas


para que no pases por la vida sin saber


que uno daña





me pregunto a quién dañé











Sábado 01:38












harapientos de basura


abandonados





o de ropaje blanco


con números bancarios





o deshojando margaritas


en la luna valenciana





o simulando ser lo que se debe ser





vestiduras de almas enjauladas


¿pueden elegir otra ropa?











Jueves 19:34












de acuerdo 





dejamos atrás el dolor


elegimos procesarlo





perdonamos a nuestros deudores


nos perdonamos





aprendimos de la experiencia 


seguimos





pero en lo más interior de la voz


lo real 


no miente











Miércoles 22:56












real que retumba en las maneras de ver





donde verse se hace carne


donde la carne se ciñe 





y no hay más real 


que un adiós







De: "El infierno prometido", Barnacle, 2020










Carolina Soria

CAROLINA SORIA


(1977, Buenos Aires, Argentina) 


Es escritora y psicoanalista.
Publicó: Usted no puede responder (Novela, Azul Francia, 2019) y El infierno prometido (Poesía, Barnacle, 2020).



Enlace: Entre Vidas




julio 14, 2020

Héctor Giuliano: Una claraboya indicaba el ciclo solar, las estaciones, la beatitud terrena


Mi viejo 
tenía cabeza hueca.
Andaba de jarana en jarana.
Así fueran fríos, lunas, túnicas,
o la fusión de un vino y una baraja.
Arar, podar, pasar las rastra,
eran tareas que apenas 
 cubrían diez liras 
desvanecidas en  el puchero diario.
Se le dio por no  escuchar
las tentaciones del primo Pietro
que lucía sus dones fascistas, su marcial fragilidad
sus camisas negras y sus cachiporras lustradas,
y sus desbordes sexuales,
un regalo providencial;
hizo un tapón a  su trompeta acústica,
chorreaban
como bostezos y condecoraciones de lata 
las rogativas de su hermano Ettore
para que se incorporara 
a la "causa nacional" de  los partisanos;
tampoco lo estremecían
los exprimidos sacrificios anarquistas
del loco Bartlat
en las espesuras de fugas y bosques.

Mi abuelo,
síndaco del pueblo,
lo acuciaba,
para que, al  menos,
creara belleza.
Y se le dio por el dibujo.
Lo vieran:
" dimensión constructiva",
delgadas y gruesas líneas,
papel de arroz, seda o algodón,
pluma fina y de rebote ladeado.
Catalogaba las langas,
las nieves y parvas,
el rastro del otoño en verano, 
en memorables bríos luminosos,
tierno y contento,
arrancado por instantes.

Y esto convocaba
las moderadas flotaciones
que borraban ordeñes,
riegos, siembras
y tantos macaneos
que ponían porosa
la nitidez de la vida.
Mi viejo 
renovó la oquedad,
y por ello
casi pierde las manos.
Fue atrapado en Yugoslavia.
La patrulla del Tercer Reich,
precisa y a las carcajadas.
Un camión de ayes, hambre
y excrementos,
lo depositó en púas y alambres.
Un campo de trabajos forzados,
sobre la ruta 167,
sur- norte alemán,
hoy autopista paralela
de llanuras polacas.

Ahí las bondades de Rousseau
se ahogaban en el humo pegajoso.
Hornos donde el caucho
se convertía en cubiertas y ruedas de aviones.
Un subsuelo gigante
donde el fulgor o la negrura
que se filtraba de una claraboya
indicaba el ciclo solar,
las estaciones, la beatitud terrena.
Y se le dio 
por hacer caricaturas 
que celebraban
sus compañeros de infortunio. 
Para Navidad del 44,
no tuvo mejor ocurrencia
que pintar a la  carbonilla un rostro de Stalin.
Severo, ojos de fuego y crueldad,
confrontados a quien lo mirase.
La suerte no corre pareja,
no roza la monotonía. Es o no es.
De repente un taconeo,
después un arrancón de pelos,
remezones de golpes,
y ahí nomás,
las manos sobre una mesa.
El oficial nazi,
calificado blando 
por los prisioneros,
le descargó de azotes 
sobre muñecas y dedos
con la varilla de remover las coladas.
Y de ahí, 
nada permaneció inerte,
ni objetos ni formas,
ni núcleos compositivos o de orden.

Alta y remota,
la tumba volaba.

Cinco años más tarde,
en el barco que lo trajo a Buenos Aires,
todavía le costaba agarrar el tenedor
y llevárselo a la boca.

No hay conclusiones,
sólo la saga de "Crepúsculo"
y ese  jardín de gente magullada
saltando en el vacío.


Héctor Giuliano
Otros poemas de HÉCTOR GIULIANO, aquí

julio 11, 2020

Alberto Girri: A la poesía entendida como una manera...

A la poesía entendida como una manera de organizar la realidad, no de representarla




Lo que en ella place
place a la índole de las cosas,
inicialmente dirigidas a nadie,
y en esencia visiones,
y la reflexión
determinando que impulsos, ideas oscuras,
cobren análogo peso, homologadas
en sentencias que otras
sentencias transforman,
apremiadas
por lo que la poesía exige,
lo que el poema
ha de ofrecer a la vista,
afectar a los sentidos,
lo que tendrá
de móvil ofrenda
en un mundo estático,
y lo que el paisaje, los millones
de universales gestos piden,
ser formulados
en tejidos de perenne duración, claros
de diseño, voces modificando
hábitos de conceptos y categorías,
y atendiendo
a que más allá de la verdad
está el estilo,
perfeccionador de la verdad
porque en sí lleva
la prueba de su existencia.
Escríbela,
extrae de ese orden
tus objetos reales,
mayor miseria
que morir o la nada
es lo irreal, lo real sin objetos.



Alberto Girri
Otro poema de ALBERTO GIRRI, aquí
Fuente: Fb Ricardo Ruiz
Imagen: Fotografía de Susana Mulé




julio 08, 2020

Gustavo Yuste


Siete regalos que no funcionaron 






I











El recuerdo de un viaje


que iba a reafirmar nuestro amor


ahora es un pijama descuidado


que acumula las manchas de los días.











II










Ese peluche gigante


ya no se mantiene en pie


y una capa de suciedad


tapa todo lo que supo ser


una superficie suave.











III











Un florero que albergó


flores y brotes que nunca prosperaron


ahora acumula piedras del sur


de nuestras últimas vacaciones juntos.











IV











Las fotos que estaban en ese portarretratos


ya deben haber sido trituradas


por el camión de basura.





Ahora el marco no mantiene la vertical


y la postal que intenta llenar el vacío,


deja finos espacios en blanco.











V











La canción que escuchábamos


salta en la mejor parte.


Al resto del álbum


nunca lo oímos con interés


y en Internet es imposible venderlo


si no es dentro de un lote


con otros 49 cds.











VI











Tratando de intercambiar este libro,


el librero me advirtió


que le faltaba una hoja.


“Justo cerca del final”, señaló.





Parece un mal chiste


que ninguno de los dos


se haya dado cuenta antes.











VII











Mientras borro todos tus archivos


un cartel me pregunta si estoy seguro.





La máquina que me regalaste


al final aprendió a preguntarme


lo mismo que vos.










La noche es una sola











En mi barrio, las luces se apagan 


al ritmo de las voluntades.


Por más que el drama


multiplique el efecto,


la noche sigue siendo una sola


y todo podría ser peor.


Queda un consuelo:


cuando la oscuridad es total,


muchas publicidades pierden su efecto.





Ahora bien, no hay que cantar victoria.


No importa el momento 


en el que leas esto:


siempre hay alguien 


que llama para dejar mensajes


en el contestador automático


de una persona que nunca


va a levantar el teléfono.











Croquis











Este plano frío y lejano


de la ciudad que habito a diario


no impide que siga pensando


en nosotros dos 


y preguntarme si todavía 


recordarás mi dirección de memoria.





Ahora mismo podría dibujar a mano alzada 


todo lo que nos pasó;


nuestros errores son las vías 


que determinaron que cada uno 


haya desembocado


en las estaciones terminales opuestas.











Gustavo Yuste

GUSTAVO YUSTE nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1992. Es Licenciado en Ciencias de la
Comunicación por la Universidad de Buenos Aires (UBA), periodista y escritor. Colaboró
para distintos medios como Revista Noticias, Perfil y es cofundador de la revista digital La
Primera Piedra. Publicó los libros de poesía Obsolescencia programada (Eloísa Cartonera,
2015), Tendido eléctrico (Objeto editorial, 2016), Las canciones de los boliches (Santos
Locos, 2017), Lo que uso y no recomiendo (Modesto Rimba, 2018) y La felicidad no es un
lugar (Santos Locos, 2020). En 2019 publicó su primera novela, Personas que lloran en sus
cumpleaños (Paisanita).

En 2015 fue uno de los autores elegidos en la IV edición de “TwitteRelatos por la
Identidad” organizado por Abuelas de Plaza de Mayo. También participó como jurado de la
antología de poesía Apología 3 (Letras del Sur, 2016) y en 2017 fue seleccionado en la
Bienal Arte Joven Buenos Aires dentro de la categoría Escritores.





Fuente: "La felicidad no es un lugar", Santos Locos, 2020


julio 07, 2020

Joaquín Marco

Joaquín Marco

La literatura es el artificio



Para que le perdonaran el no amar
se fundía en la luz, porque deseaba la noche.
Temía al mar y gozaba en los sueños de sus cuevas profundas.
Era pájaro sin vuelo y asustado venado en la tormenta.
El amor, la ocre mancha en un lienzo.
Es fácil transformar una historia, vida ajena, en poema,
relato, novela o sinfonía: jugar a la mentira.
Porque los personajes son infinitos, ambiguos y contradictorios:
odian por amor; se suicidan de felicidad,
mueren por exceso de vida; cantan desde la mudez;
son encarcelados por su virtud; se drogan por curiosidad;
cabalgan blancos caballos en las playas desiertas;
naufragan, fallecen de cáncer hereditario.
No es difícil construir rostros con ojos de diversas tonalidades,
narices de variados tamaños, bocas de finos labios (el rictus de la crueldad)
o gruesos (lascivos y envenenados), pómulos, frentes amplias
o estrechas, barbillas, cabelleras o calvicies sabias.
Pueden ordenarse también los cuerpos según diversos tamaños,
senos turgentes o caídas tetas, cinturas de avispa,
cortas o largas piernas, abismales sexos, culos de variados misterios.
Debemos, sin embargo, al diseñar los monstruos,
frutos de pesadillas o ensueños, dejarlos a su propio aire.
Pueblan paisajes asimismo ficticios, entrevistos en los viajes,
desde trenes desviados de su ruta, cuidadosamente vigilados.
El objetivo es disfrazar la vida, quedarse en las palabras.
La literatura es el artificio. El bulto oculto del autor en el armario,
un capítulo, la lámina de historia natural.


Diario inexistente




Todas las páginas están en blanco: tu diario.
Los recuerdos se confunden,
las fechas resultan ya improbables.
Tienes en la memoria una mezcla
de lo vivido y lo imaginado.
Tu vida es una anécdota fugaz
e intrascendente. Tus olvidos
alcanzan las palabras. Se reiteran
los pasos en la nieve, te persiguen los huecos,
identificas los vacíos. Tu perdida memoria,
los seres que te amaron, aquellos que murieron,
sus ojos fueron verdes o ciegos.
Te amaban en su noche: esas sombras.
Nunca anotaste fechas, llantos, una playa
desierta, extraviados en los caminos
sin salida. Repasas cuidadosamente
estas páginas albas. Desmemoriado, sin filtro,
te has convertido en un interrogante.

JOAQUÍN MARCO (1935 / 2020, Barcelona, Cataluña, España)
Nacido en el barrio barcelonés del Raval, donde fue testigo del espanto de la guerra civil, su militancia antifranquista le llevó a la cárcel de Carabanchel en su juventud. A pesar de todo, en 1958 se licenció en Filosofía y Letras en la Universidad de Barcelona, donde luego fue profesor y catedrático de Historia de la Literatura Española hasta su jubilación, y después, catedrático emérito. (El Cultural) Enlace: Cervantes Virtual Imagen: Crónica Global

julio 04, 2020

Marcelo Rizzi: Prosa bisiesta



Con un esfuerzo notable lo leí en Issuu. Después un pdf me devolvió la calma y el goce de una lectura imprescindible. Puede pensarse que a Rizzi lo hayan motivado "estados inciertos del alma". Su poesía puede pensarse o dejarse uno llevar por el asombro: ¿cómo hace este hombre para que un mismo término, en situaciones en apariencia no muy diferentes, sirva unas veces de sostén y en otras flote? 


Hay momentos en la vida de un lector que es mejor no controlar el sentido que le va dando a la cosa que tiene entre sus manos. La materia está allí, quema un poco, enfría de golpe, te entra por los ojos primero y te recorre luego como una infiltración, no un calmante, tampoco es que incite o excite. Fluye. Como debe ser, fluye: reconcilia los contrarios, te lleva del vacío de los huesos hasta la impersonalidad de la mirada y viceversa. Y te deja ahí, flotando, con la certeza absoluta de que tu alma -creo que algo así dijo Eliot- está compuesta por el mundo exterior.


Y no es ésta una idea peregrina: la poesía de Rizzi lo que hace lo hace a través de tu cuerpo porque te lleva a estar ahí metido en una realidad atroz sin darte cuenta qué cosa te "arrastra de los pies". No son los suyos desplantes retóricos o eruditos. Viene hablando el poeta en todo el breve libro -aunque no lo quiera afirmar con total claridad- de tu época, la nuestra, tan brutal y atemorizante como la del paleolítico, en la que las situaciones límites nos desbordan porque "el último de los límites [ya] no es el límite".


Y te deja ahí, en suspenso, en los bordes del vacío, sí, más allá de tus pies o muchísimo antes de que tus propios pies estampen sus huellas que nadie verá luego en la arena. Te deja así, al leerlo, preso del fantaseo de tu mente. A medida que se avanza en "Prosa bisiesta" el lector se convierte en un náufrago y, como tal, a la deriva, se recogen las dádivas: "en un instante el remolino" y en el mismísimo instante la necesidad imperiosa de "apartar de un soplo las cenizas del umbral". 


Es en esas condiciones de inmediatez (cuando estás seguro de que eso te puede pasar) que se hace imperioso pensar. Sobre todo, si se entiende pensar como ese vano y sensual ejercicio de tu mente que sólo demostrará su existencia real cuando acepte que es el poema el que la va creando a medida que te permitís leerlo y dejás que en la ambigua selva -¡claro,sin duda!-, la letra te penetre, pase por tus órganos y se imponga sobre otras necesidades del  momento: tal el dominio que este poeta tiene de la lengua.

Pablo Ananía


[mayo/junio, 1996] 



En tiempos de sublevaciones o de vigilias 
es dable suponer que allí escribe sus obituarios
el diablo de las cosas remotas. Sucia está la rosca 
del tornillo, la sal endurecida en el salero, sulfitos 
brillantes en el fondo de los vasos. Me detengo a 
observar el ovillo: donde está su origen debería
también estar su final. En otros hemisferios el paso 
de las grullas anuncia el momento de justa maduración 
de las bellotas. Concebimos a menudo esa casa de la 
infancia, iluminada ahora por dentro, como la más 
perfecta de las apariencias con forma de absoluta 
sustancia.



[diciembre, 1996]



A veces nos sorprendemos a altas horas
defendiendo la dignidad del símbolo, su
disipada desnudez. Nuestro escudo es
tan frágil por momentos que parece estar
hecho de astillas de viento, nuestras armas
tener la firmeza de unos diques de hojas 
muertas. Refutan que jamás uno se embebe 
de esa luz de los primeros tiempos si duerme 
bajo la sombra de un olivo o la del solitario 
ciprés. Pareciera incluso poco natural, como 
colgar de sogas la ropa, o el repeler el proyectil 
con venablos, explicar un cuerpo dormido por 
un gesto que delata su dominio de lo oculto, 
o que la flauta y esa que danza sean una misma
cosa, como esa golondrina que pasa, su estampa,
su breve sueño de marfil.



[junio, 2004]



Hablábamos entre nosotros como si leyéramos
un libro en silencio, tal como recomendaba
hacerlo san Anselmo con los textos sagrados.
El mundo se había reducido a una habitación
donde todo olía a hierba medicinal. Desde lo alto
de la colina podíamos conjeturar que el último
de los límites no es el último, que siempre hay
uno más allá de la mente que lo imagina. Fuimos
como la astucia del escorpión de verano, que se
reproduce por millones justo al morir la primavera,
y también esos que regaban la cabaña del cazador
cada noche con una mezcla de líquidos inflamables
y licores, y que luego como si nada se echaban a
dormir.


[Poggio Boldrini, San Giovanni d'Asso, Siena]


[noviembre, 1964]


Aturden las verdades del tipo: morir es ya
un válido intento, la ausencia de mundo
es la más íntima voz; o: seguro se paga
una suma no exigida por un rescate incierto.
En cambio son deseables las que afirman
que algo sigue vivo en el rescoldo de las
brasas, aceptables las que niegan que la niebla
se haya tornado hoy más impura e invisible,
que siempre se desatienda del propio cuerpo
lo más próximo a desaparecer, esa raíz filiforme
que nos amarra a los días, omite en su crecer
la forma del desastre y nos arrastra de los pies.



[abril, 1952]



De pronto dos fuerzas opuestas nos hacen 
converger en un mismo lugar: bajo la sombra 
exhausta de una morera blanca, en el galpón 
donde se enfría una fragua, en los talleres 
de una rebelión. Ese guijarro parece solo obedecer 
la voluntad de la ola, y es la ilusión de esas nubes 
lo que hace verlas como una flota de naves invasoras. 
Nacer cautivo siempre en morada injusta, esa parece 
ser la ley: mares quejumbrosos en una sola gota de
rancio vino, el turista que carga sobre sus hombros 
los diablos nocturnos. Todas las guerras del mundo 
podrían estallar ahora mismo en esta ciudad.



[octubre, 1964]



Honrarás tu ausencia, tu forma de fugar.
Sentirás que algo te recorre el cuerpo;
mirarás y no habrá nada: objetos invisibles
adheridos a la piel. Piensa bien quien en su 
propia carne reconoce que la anomalía crecerá, 
que el grano fermentará, que será como una 
apoplejía que sucede cada año al inicio del verano, 
con las manos al volante, con la piel tostada 
por el sol, y la arena entre los dedos como 
una pausa entre dos nadas.


[Hengistbury Head, Christchurch, Dorset]


Marcelo Rizzi
MARCELO RIZZI nació en Rosario, en 1961.
Estudió Historia y Filosofía en la Universidad de esa
misma ciudad.Tiene publicados "El comienzo oblicuo de todo desorden" (DeBolsillo, Plaza&Janés, Barcelona, 2001),
"Sinopie" (Melusina, Mar del Plata, 2003), "Casa incompleta" (Rosario, Premio Concurso Felipe Aldana
de la Editorial Municipal de Rosario, 2007); "La isla de los perros" (Alción, Córdoba, 2009),
"La destrucción" (e-book, poesíaargentina.com, 2015); "El libro de los helechos" (Barnacle, CABA,
2018); "Los saberes esenciales" (Ediciones en Danza, CABA, 2019), "Driftwood" (Barnacle, CABA,
2020).