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febrero 06, 2016

12 poetas








12 poetas irrumpen en Buenos Aires 














Entre el 7 y el 9 de febrero, El Tercer Lugar espacio cultural organiza la primera edición del encuentro internacional "12 poetas irrumpen en Buenos Aires". A partir de la experiencia “The enemies project” coordinada por Steven Fowler, poetas locales y extranjeros entran en contacto durante una semana con el objetivo de realizar producciones originales en colaboración. El Tercer Lugar tiene especial interés en sostener vínculos con culturas de países emergentes, haciendo hincapié en las literaturas excéntricas —en el sentido más lineal de la palabra: fuera del centro, de lo instaurado—, y convertirse en un canal de diálogo permanente entre culturas. El encuentro internacional “12 poetas irrumpen en Buenos Aires” tiende un puente entre poetas de diferentes lugares del mundo, al tiempo que expande las fronteras de la poesía hacia otras disciplinas como la música, la pintura, la fotografía. Los encuentros públicos se realizarán en El tercer lugar (Defensa 677, San Telmo).  















Apoyan: Infobae | Writer's Centre Norwich |  Radio Mitre | Eudeba | Vuelta a la Página | Cardón | Catena Zapata | Patris | Bajalibros.com | Bi-di | Leamos.com 















Programa de actividades públicas 















Domingo 7 de febrero, 19 hs — El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 




Los libros de la buena memoria 




Un recorrido por los poetas más significativos de cada país: a quiénes hay que leer, cuáles son sus intereses, cómo se relacionan con la poesía argentina. 




Participan: Julián López, Leonce Lupette, Vanina Colagiovanni, Anahí Mallol. Modera: Patricio Zunini 




Domingo 7 de febrero, 20 hs— El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 




La que nos ocupa es la conciencia 




Lectura de poesía. 




Participan: Mercedes Araujo, Jonás Gómez, Anahí Mallol, Julián López, Léonce Lupette. Presenta: Omara Barra 




Cuando el arte ataque 




Cóctel de bienvenida, presentación del encuentro. 




Lunes 8 de febrero, 18.30 hs — El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 




Azafata del tren fantasma 




La traducción de la poesía como un objetivo imposible pero realizable. 




Participantes: Silvia Camerotto, Pablo Ingberg, Inés Garland. Modera Amanda Zamuner 




Lunes 8 de febrero, 20 hs — El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 




Nunca me oíste en tiempo 




Lectura de poesía. 




Participantes: Fernanda Nicolini, Patrick Coyle, Steven Fowler, Clara Muschietti, Osvaldo Aguirre, Camilo Sánchez. Presenta Flavia Pittella 




Martes 9 de febrero, 17.00 hs — El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 




Un mañana 




Los curadores del proyecto “12 poetas irrumpen en Buenos Aires” hablan de los resultados alcanzados, objetivos y planteos a futuro. 




Participan: Flavia Pittella, Steven Fowler . Entrevista Gabriela Massuh 




Martes 9 de febrero, 18.00 hs — El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 















No habrá destino incierto — El tercer lugar (Defensa 677 subsuelo) 




Muestra de las producciones realizadas para el proyecto “12 poetas irrumpen en Buenos Aires” 




Participan: Anahí Mayol, Julián López, Camilo Sánchez, Germán Frers, Sofía Bianco, Fernanda Piamonti, Patrick Coyle, Steven Fowler, Léonce Lupette.  
















Sara Vanegas



Paseo 



una torre de hojas se desploma contra tu sombra 
y tu sombra cruje toda verde 
húmeda y libre mientras te alejas 

un pájaro extraviado sueña anidar en ella 



La espera 



antiguos muros oxidados 
el sol es una brasa triste sobre las piedras 
mientras el musgo milenario torpemente se arrastra de los postigos a tus ojos 
cansados de tanta espera  



Al ángelus 



se recogen los pájaros 
en la tarde transparente 
(mi corazón es un ave más 
arrodillada) 



Inútil 



inútil la espera y la esperanza 
inútil la carcajada roja 
de la tarde 
demasiado tarde para recuperar el anillo  
plateado de su risa 
la gaviota sin cuerpo 
que cruzó mi espalda a la mañana 
y se perdió por siempre 
en la arruga impiadosa de los días  



SARA VANEGAS COVEÑA (1950, Cuenca, Ecuador)
Filóloga (Munich). Magíster en Docencia Universitaria (Cuenca). Profesora de Lengua y Literatura Española (Madrid). Ex profesora en las universidades de Munich y Bielefeld (Alemania). Catedrática de la Universidad del Azuay. Embajadora Universal de la Paz (Ginebra). Premio Nacional de Poesía Jorge Carrera Andrade, 2000, 2004. Premio Hoja de Encina, Asociación Prometeo de Poesía, Madrid, 2001. Mención Especial de Pegaso Editores, Rosario, 2000. Finalista en el Concurso de Poesía “Sor Juana Inés de la Cruz”, Valparaíso, 1995. - Mención de Honor en el Primer Concurso de Poesía y Relato El Fausto, 2006. Seleccionada en elCertamen Literario Internacional Literatura Fugaz (www.ajaenigma.org) 2006. -Directora-fundadora de la Academia Iberoamericana de Poesía, Capítulo Cuenca y su revista MARGINALIA. Directora de la revista internacional de literatura y arte FRANCACHELA (Buenos Aires), representación Ecuador.Miembro Fundadora del Parlamento Hispanoamericano de Escritores, México, 2006. Representante Regional de la Red Mundial de Escritores en Español (Remes). Coordinadora en Ecuador de la Sociedad de Escritores Latinoamericanos y Europeos (SELAE, Italia) Miembro de la Asociación Cultural Myrtos (Córdoba, España). Corresponsal de la Asociación Prometeo de Poesía (Madrid), de la revista Goizaldia/Alborada (Bilbao). - Su nombre consta en la Enciclopedia Mundial ENCARTA. - Organizó y presidió el Primer Encuentro Internacional de Literatura Francachela, Cuenca 2007 (12 al 15 de julio de 2007). Dirige dos talleres literarios.
Fuente: Arte poética
Referencia: Facebook Jonio Gonzalez
Imagen: www.actaliteraria.blogspot.com

febrero 03, 2016

Francisco Garamona



Hace un rato me reí, por un chiste estúpido
(mis preferidos y de los que además soy experto)
pero tenía en la tráquea el humo de un cigarrillo 
que me hizo toser y me quemó la garganta. 
fumar y reír, mal matrimonio.
Después salimos por las calles de Lima,
y como muchas veces pasa,
entre nosotros,
no logramos que fluyera la energía
y hasta a un amigo, brillante,
tremendo, esplendoroso y a veces cansador,
porque se fue se boca con algo
que yo le había dicho en privado
y no correspondía hacerlo público
aunque no fuera un secreto
le dije dolido "sos un traidor"
por lo que se fue sin saludarme.
Chileno tremendo, no te bancás nada.
Después me volví a mi hotel
y al rato me fui solo,
me alejé, como diría Carpentier,
para ir a una discoteca
en la que no conocía a nadie.
Hice amigos al instante,
momentáneos y efímeros,
tomé mis tragos transparentes,
la gente alrededor era corriente,
muchas chicas hermosas,
eran realmente así.
fuí al baño un par de veces,
se me cayó una tarjeta Sube al inodoro,
(resabio de una época política gloriosa)
y la dejé ahí, hasta que un chico,
psicólogo según él, la rescató
y me la trajo. ¿La lavaste? pregunté
intuyendo que no lo había hecho,
por lo que corrí al baño y la limpié.
Siempre un extranjero extranjeriza,
aunque la mugre, los detritus y residuos
sean iguales en cualquier parte del mundo.
había una raiz misteriosa que en mi charla,
dajaba pasar de lado mi descrédito
– ellos creían que era un enano tarado y desesperado
aunque en Perú son casi todos más petisos que yo.
(igual, como hay que hacer si eso es posible
pagué una ronda de cerveza, que por supuesto no bebí,
nada me aburre más que esa bebida destinada a los niños
que se inician en los secretos del alcohol).
Puse música en la rokcola vieja,
virginizé a un publico cautivo.
después fui al baño otra vez
y el piso estaba tan mojado
que con mis zapatos finos de suela de cuero
me resbalé y caí al piso tardiamente
y encima me di la cabeza
contra una parecita inconmovible.
cuando volví a la pista (de la que era el dj inobjetable)
todos se habían ido ya,
así que caminé hasta mi hotel,
con paso firme.
pero antes les pregunté a tres o cuatro patovicas
que custodiaban la puerta de una serie de boliches
si esa había sido la casa de martín adán,
(al que todos ignoraban)
uno de mis poetas favoritos,
porque sabía que en uno de esos hogares coloniales
ahora devenidos en discoteques de regaeton
él había pasado su vida escribiendo los libros
que no puedo olvidar
porque los recuerdo siempre
y son parte de mi vida...
caminaba rápido, solo en la madrugada sola
con miedo a que me roben,
(tenía todo conmigo, plata, tarjetas, y otras cosas,
y hasta los dientes de oro de una puta polaca
que un amigo me dio por si me quedaba en cero)
pero como igual algo sabía
de la ubicación de la casa natal del poeta
me recliné contras las rejas del frente de la fachada de la casa
y con una voz casi inaudible dije:
kjsajd7'=(·3çsalkdjsalfjsalfj.






Francisco Garamona (1976, Buenos Aires, Argentina)
Enlaces: Página 12
Imagen: Facebook de FG


febrero 02, 2016

Uriel Martínez: Mientras esto sucede en callada sucesión

poesía mexicana

Sábanas pares 




El frío viene del norte con una cauda
que guarda púas para torso y espalda,
lumbago para ancianos y tos de fuego
para gargantas tiernas.
El sol desciende a plomo en escalera
improvisada de yute, ixtle y vellos
intangibles de un adolescente vencido
por su propia soberbia.

Con dificultad para su pausada respiración
las calles y avenidas pasan inertes
y maquilladas con un esplendor de petróleo
en aliento, párpados y boca.
Desde el ángulo que se observe, callado
el tren desciende la cordillera de la ciudad
y recorre moroso la pelvis, el ombligo,
los duros pechos y labios crueles.
Mientras esto sucede en callada sucesión
de postales, calendarios y naipes poseídos
por la sed de tinta, mudo de dos en dos
las sábanas de algodón y poliéster- sólo
por si vuelves.


Otros poemas de URIEL MARTÍNEZ VILLEGAS, aquí
Enlaces: Analecta literaria
Imagen: Facebook de UM

enero 31, 2016

Juan Carlos Moisés

Poesía argentina


El tomate



Corto el tomate en la tabla de un tajo,
lo parto en  mitades sucesivas,
y para no demorar lo inevitable
sigo cercenando esos pedazos indefensos
hasta hacerlos papilla, y salvo el color
rojo como una mancha de sangre
en el pecho del herido ya no podemos saber
lo que fue alguna vez, bajo nuestros pies,
su raíz hablando una lengua desconocida,
ni lo que será, después de condimentar
a gusto, sentarnos a la mesa familiar
y comenzar a comer sin culpa,
mientras conversamos animados
sobre los temas impiadosos del día.



En la casa del galés



En la casa del galés Néstor Milton Jones
al caer la noche las gallinas subían
de memoria a dormir en las ramas
del sauce grande, cuando estaba de pie
el sauce. Hablábamos, los que éramos
entones, con la pasión de la ignorancia
y discutíamos en esos días políticos
de excepción, cuando estaba de pie
el sauce. Era una época de entusiasmos
agitados, confusos, pero lo que hablábamos
no inquieta a las gallinas ni entraba
en los planes de su sueño aéreo.
Con los ojos cerrados parecían equilibristas
de circo que han ensayado muy bien
el número principal al margen de toda
confrontación, mientras apoyábamos
o creíamos apoyar con autoridad
los dos pies en la tierra firme.
El sauce grande un día se pudrió de viejo,
y esos años políticos y las gallinas y el sueño
aéreo en el sauce, cuando estaba de pie,
se fueron como se fue nuestra juventud.
No hay decirlo por decir, porque sabemos
que lo pide la malicia de la imaginación:
nada consuela, ni lo que conocemos del futuro
ni lo que seguimos ignorando del pasado.


(a Paulina Vinderman)


Otros poemas de JUAN CARLOS MOISÉS, aquí
Imagen: ibuk

enero 30, 2016

Efraín Bartolomé


Hacia las montañas blancas   




Música griega en el camino a Omalos.
Vibran las cuer­das limpias del bouzuki en la negra mañana y, aunque ya son las seis, no hay asomo de sol.
A difer­en­cia de nosotros que ya esperábamos, boleto en mano, desde veinte min­u­tos antes de la hora, el sol haraganea.
El clima, sin embargo, es deli­cioso en este amanecer del 15 de sep­tiem­bre de 2008.
Es negra la mañana, y mi mujer y yo —abdomen tenso, ojos de asom­bro, vaga ansiedad— vamos a las Mon­tañas Blancas.
A las Mon­tañas Blan­cas en la mañana negra.
Con­tra lo que pen­sábamos, el camión viene lleno.
No obstante, ten­emos los asien­tos panorámi­cos a un lado del chofer.
Sal­imos de la apre­tada ter­mi­nal a las estre­chas calles de Xaniá y en la primera cuadra nos asalta, de frente, la más per­fecta Luna sobre los edificios.
Ya va cayendo, glo­riosa, hacia el poniente, pero aún se mantiene arriba de los ojos: la oscuri­dad acen­túa su belleza a medida que dejamos atrás las luces de la zona urbana.
La Luna en el corazón: hacia ella avan­zamos, dóciles y mar­avil­la­dos, acatando el mandato.
No puede haber mejor augu­rio ni ben­di­ción mayor para ini­ciar el viaje.
Ahí está su impo­nente redondez al alcance de todas las pupi­las pero la gente sigue hablando del mundo cotid­i­ano, como ajena al milagro.
Pareciera que sólo mi amada y yo vemos el amar­illo tierno del disco sobrecoge­dor, sus del­i­ca­dos rayos…
Oh Luna de Apuleyo…
Está tan extremada­mente bella que siento que no la merezco.
Voy hacia mi niñez o el niño aquel que fui viene y se mues­tra en la pan­talla interna, a caballo, hundién­dose en la noche o en la madru­gada, por caminos bor­dea­dos de fol­la­jes boscosos y Luna en esplendor.
Ahí voy: aquí vengo.
Poco importa, viendo el prodi­gio sideral, que la hora oscura nos imp­ida ver una de las car­reteras más espec­tac­u­lares de toda Creta: es la zona de oli­vares y naran­jales que ahora duer­men en la oscuridad.
La Diosa reina en el horizonte.
Un giro en la car­retera hace que se nos pierda pero aparece pronto: casi a punto de hundirse.
Una vez más se oculta y se mues­tra de nuevo: más bella mien­tras más baja está, mien­tras más al alcance de la mano parece.
Está a punto de tocar la línea del hor­i­zonte y un nuevo monte súbito difi­culta su visión.
Sigue un macizo mon­tañoso y no la vemos más.
Allá vamos: a las Mon­tañas Blan­cas en la mañana negra…



Ascendiendo al abismo 



Ya sin Luna nos per­cata­mos de que hemos entrado a una car­reterita de cur­vas pro­nun­ci­adas y continuas.
El auto­bús parece gigan­tesco en esta estrecha franja: sus hábiles movimien­tos remueven la adren­a­lina y acel­eran el corazón.
Cur­vas y cur­vas y cur­vas en ascenso.
La Luna debe estarse hun­di­endo ahora y sólo vemos cordillera y acantilados.
La luz del sol va mostrando, poco a poco, el árido paisaje soberbio.

Lleg­amos a Lakki: un pueblo de casas blan­cas que se deslizan en un acan­ti­lado casi vertical.
El camión se detiene en lo alto, en una pequeña plaza rodeada de cafés y restau­rantes, cer­ra­dos a esta hora.
Suben dos seten­tonas seño­ras grie­gas vesti­das de negro.
¿Cómo se baja a aque­l­las casas her­mosas que cuel­gan en la ladera?
El viaje con­tinúa: arriba nos espera la rocosa cordillera sin árboles ampara­ndo las hon­das oquedades.

Seguimos ascen­di­endo.
Apare­cen sól­i­das casas ais­ladas en oteros, una por acá, otra por allá, entre cer­ros y esca­sos olivares.

El paisaje y el espíritu cretense: a un tiempo roca  y olivo.
La cordillera se va mostrando cada vez más alta y mues­tra nuevos per­files a medida que ascendemos.
Allá la nueva cresta rocosa y su nueva silueta caprichuda: allá, siem­pre más allá…
El tiempo se alarga entre cur­vas y cur­vas en ascenso.
Si la pen­di­ente sigue así, esta car­reterita tal­lada en roca viva nos va a lle­var direc­ta­mente hasta el Olimpo.
“¡Qué miedo…!”, dice mi amada de pronto, en voz bajita, apre­tando mi brazo mien­tras pasamos por una estrecha curva.
Pero seguimos subi­endo en el inmenso auto­bús: enorme en relación a la car­reterita, pero insignif­i­cante ante los volúmenes de la cordillera.
Aparece de pronto un col­me­nar pequeño entre las grandes rocas: una gota de miel en medio del desierto.
Esta­mos avan­zando hacia la parte media de la ele­vada cadena de mon­tañas que atraviesa Creta de Este a Oeste: las Mon­tañas Blan­cas: Lefka Orh o Levka Ori.
La más alta de las cum­bres de esta cadena es el Monte Ida (2456 met­ros sobre el nivel del mar) en una de cuyas gru­tas nació nada menos que Zeus.
En una de esas cuevas nació y en otra de ellas lo dejó su madre Rea al cuidado de la ninfa Amal­tea y de los Curetes o Dác­ti­los del Ida que, como lo indica su nom­bre, eran diez, justo como los dedos de las manos.
Estos Curetes entre­choca­ban sus escu­dos y pro­ducían un ruido ensor­de­ce­dor para impedir que el llanto del dios niño alcan­zara los oídos de Cronos y des­per­tara su furia devo­radora de su propia estirpe y temerosa de la castración.
Una cabra que los mitó­grafos lla­man tam­bién Amal­tea, igual que la ninfa, ali­mentaba a Zeus.
Cuando Amal­tea murió, Zeus la puso en el fir­ma­mento como la con­stelación de Capri­cornio y usó su piel para for­mar su égida, su escudo protector.
Uno de los cuer­nos de la cabra nodriza es el Cuerno de la Abundancia.
El Monte Ida tiene tres met­ros más que el Pico Pachnes, que alcanza sólo 2453 met­ros y a cuyo pie pasare­mos en el trayecto de hoy.
Dice un rumor, y no hay que dudarlo mucho en esta tierra de titanes, que los mon­tañe­ses del Pachnes están acu­mu­lando rocas en su cum­bre para que sea más alto que el Psilori­tis, actual nom­bre del Ida.
Y muy cerca de estos ter­ri­to­rios nue­stro auto­bús avanza.
Y la cum­bre allá arriba, y otra, y otra más, y la res­piración que se detiene y la con­trac­ción abdom­i­nal y el vér­tigo y el escalofrío y el sudor en las manos…
El camión baja noto­ri­a­mente la veloci­dad, casi se detiene, avanza muy despa­cio: pasa lenta y cuida­dosa­mente junto (o sobre) una frac­tura de la carretera.
¡Uff…!
Ya pasamos: la res­piración se nor­mal­iza poco a poco.
Y abajo el acan­ti­lado y arriba las cum­bres que no cesan y siguen cre­ciendo y los pinares que han salido de no sé dónde y hacen un poco más amable la visión de los escarpes violentos.
Allá abajo se abre un ancho hor­i­zonte y una densa neblina.
Y de pronto, como una apari­ción: cabra negra en roca blanca.
Y otra cabra blan­quísima de barba noble y pelo largo y lacio.
Pinos enanos en la roca viva.
“¡Mira esa curva allá abajo: una omega per­fecta!” dice mi culta esposa que ríe cuando le leo estas últi­mas líneas.
“Mal­vado…”, agrega, mien­tras yo veo la omega, cier­ta­mente perfecta.
La cordillera sigue y sube pero nosotros empezamos a bajar lig­era­mente hacia un val­lecito rodeado de mon­taña al que hemos acce­dido después de una curva que nos quitó la res­piración por lar­gos segundos.
Bor­re­gos blan­cos triscan entre las piedras blancas.
Un poco más ade­lante nos detiene un rebaño nutrido: el camión avanza lenta­mente y las edu­cadas cabras se hacen a un lado arracimán­dose en una masa com­pacta y melenuda.
Bajan aquí las grie­gas enlutadas.
Los loquitos seguimos.
Por un ratito avan­zamos sobre ter­reno sin acantilados.
Ah, qué descanso…
El camión se detiene: hemos lle­gado a Omalos.


Camino a OmalosEFRAÍN BARTOLOMÉ (1950, Ocosingo, Chiapas, México)
Fuente: http://revistacritica.com/
Enlaces: http://www.elem.mx/autor/datos/1862
http://www.laestafetadelviento.es/poesia-viva/maestros-jovenes/efrain-bartolome
Imagen: Facebook/EB

enero 26, 2016

Carlos Drummond de Andrade: Imágenes de mera circunstancia


Tres en el café



En el café semidesierto
la mosca intenta
posarse en el terrón de azúcar sobre el mármol.
La ahuyento. Insiste. La ahuyento.
La luz es triste, amarilla, desanimada.
Somos dos a la espera
de que el garçon, mecánico, nos sirva.
Miro al compañero a la altura de la corbata.
No me atrevo a subir al rostro marcado.
Me fijo en la cadena del reloj
presa en el chaleco; viejos tiempos.
Poco hablamos. El sonido de las tazas,
casi una conversación. Tan raro
encontrarnos así frente a frente
durante más de algunos minutos.
Más raro aún,
en la banalidad del café.
La mosca vuelve.
Ya no la espanto. Queda entre nosotros,
partícipe de mutuo entendimiento.
Entonces, ¿es este el mismo hombre
de antes de yo nacer
y de mañana y siempre?

Curvado.
Su mirada es cansancio de existencia,
¿o siento ya (ni pensarlo) su muerte?
Este estar juntos en el café,
no he de olvidarlo nunca, de tan seco
y desolado -los tres
yo, él, la mosca-:
imágenes de mera circunstancia
o del oscuro
irreparable sentido de vivir.


poesía brasileña
Otros poemas de CARLOS DRUMMOND DE ANDRADE, aquí
Imagen: kultme.com.br

enero 23, 2016

Urszula Koziol



De camino a Struga




Cerca de Sarajevo aúlla un lobo
e incluso varios lobos

en el cielo estrellas amarillas
brillan
como los ojos hambrientos de un lobo
y quizá no son estrellas
sino
que en la misma cima de la colina
el faro de un coche ha chocado
con el resplandor de un charco.


URSZULA KOZIOL (1931, Rakówka, Polonia)
Fuente: FB/Jonio González
Imagen:  Paweł Kozioł / AG



enero 22, 2016

El jugador de fútbol de Juan Carlos Moisés


Fuera del auto estacionado en la banquina

 


Entre Comodoro Rivadavia y Trelew,
en algún lugar de la Ruta Nacional 3.
No era lo que se dice una "Commedia",
tampoco era simulacro, ni era representación.
Estaba con mis hijos en "mitad del camino",
fuera del auto estacionado en la banquina,
de pie en la nieve y de espaldas al aire frío.
Nos habíamos abrigado hasta los ojos antes
de bajar, y no hablábamos porque era posible
que se nos congelara el aliento, las palabras.
A falta de sol, una especie de luz se suspendía
sobre los campos congelados de la tarde.
El chorro tibio, a temperatura corporal,
fue haciendo un hueco en la nieve.
La aureola amarilla avanzaba, concéntrica,
fuera del círculo polar y gradualmente
lo derretía sin que hubiera oposición.
Le devolvíamos a la tierra, paciente bajo
la masa compacta, una pertenencia en común.
Cuando, cada uno en lo suyo, terminamos
de arroparnos y caminábamos hacia el auto
con el motor en marcha y la calefacción
encendida donde esperaba la madre,
coincidimos en mirar trescientos sesenta
grados alrededor. Todo era blanco, y esa
luz precaria se desparramaba envolviéndonos
como el aliento de la respiración. Había algo,
además de la nieve, en ese lugar apartado, sin
puntos de referencia, que nos hacía mover lentos,
callados, como si aún nada tuviera nombre.



El jugador de fútbol, Ediciones La carta de Oliver, 2015De: "El jugador de fútbol", Ediciones La Carta de Oliver, 2015
Otros poemas de JUAN CARLOS MOISÉS, aquí

enero 19, 2016

Ettore Scola










Las películas más emblemáticas de Ettore Scola






En "La familia", la cámara avanza por el pasillo y de las puertas de las habitaciones, de cada lado, entran y salen los personajes a través del tiempo. El árbol de la vida y sus ramas






Imagen: canaltcm.com






enero 17, 2016

Luis Muñoz



Habla un vecino







Lo que hagan después, ya no lo sé. 

Conmigo están tranquilos. 

Se mecen con el viento, 

se platean, se doran, se zambullen 

en el estanque seco de la noche. 

Lanzan brillos distintos 

para el sol o la lluvia. 

Hacen de su espesor 

el fondo hospitalario del paisaje. 

Llenan de la nostalgia de cosas no vividas 

a los que se pasean, 

y ante sus claros nombres 

ni siquiera se inmutan: 

fresnos, robles, hayas, sauces. 







Campo de alcornoques 







No sé por qué, respiran paz, 

la que no tengo. 

Ordenan la mirada, la sostienen, 

le dan fuerza, la fuerza de esperar, 

la que me falta. 

Son dependientes y únicos. 

No sucumben al hoy. 

No conocen la duda, su cadena explosiva. 

No se llenan de noche, 

la que me sobra. 












Luis Muñoz (1966, Granada, España)

Fuente: Luis Muñoz; Iowa literaria 

Imagen: luismunoz.org

enero 16, 2016

Silvia Camerotto

Devegut




No era cuestión de quedarse con los adminículos
con que se monta una casa:
elegimos la fuente más honda y una docena de cubiertos.
El maelstrom donde se fríen los huevos y raspamos el fondo
Placebos para la iniquidad
Ellos gritan en el cuarto de arriba y el café
chorrea sobre los zapatos que dejaste al costado de la mesa
Yo leo bajo el olor rancio del purificador.



El otro




Este es el reino de dos hornallas
platos que se confunden con el hule descolorido
y fermentos de sartenes mugrientas
Pan con hombre ¡alabado seas!
Que no nazca del agua y del espíritu un muerto asomado al vacío
La remoción concluye en el patio del primer piso donde
los vecinos escuchan la Grosse Fuge
Esto se llama perseverancia, decís, con la ventana abierta
mientras mirás a la que estudia medicina
Un pie de barro otro de hierro
altura y resistencia en los restos de una estatua
No temas, seguirá siendo el reino pulverizado
De la cama al trabajo y del trabajo, cada uno a su casa.















Otros poemas de SILVIA CAMEROTTO, aquí
De: "La Grosse Fuge", Ediciones del Dock,2012
Imagen: FB/SC. Inés Garlan, Silvia Camerotto y Tiffany Atkinson