-->

enero 15, 2016

Enrique Winter


Aquí se esculpe con los ojos oídos




ojalá las imágenes se basten a sí mismas
pero lo que dicen es y debe ser
otra cosa
del dueño que ama hasta el olor de los billetes
se los refriega por la trompa y los párpados como un artista las teorías
en boga nada malo si mantuviera los ojos semiabiertos y la nariz
parcialmente despejada
Como este día en el puerto un buque
de carga se agranda conforme pierde definición la tarde
y recoge a dos mil asilados
esto se trata de dos amigos que conversan de otra cosa
mientras gozan las imágenes que trafican láminas del álbum
de fútbol o monitos que incluyen la que faltaba para completarlo
fotos del fin de semana en la playa de un cumpleaños familiar
si no olvidable de ex novias que renuevan su ricura
desde el paso del tiempo y bajo el humo del asado o del cigarro
del catálogo de autos que jamás podrán comprar de pin ups
u otras bagatelas del recuerdo
y el recuerdo puede ser instantáneo
esto también puede tratarse de una madre y un hijo
o de uno solo de los amigos conversándose en voz baja
mientras las imágenes se le traspapelan echado en y de un hotel
de la ciudad donde vivió toda su vida



Por capas el mar va poniendo en el sol




el recuerdo del recuerdo de la luz
sábanas que descorren la leche derramada
en el braceo
y una nueva oportunidad para entenderse
en pares trae la noche
que toca a los actores secundarios
adónde miran los protagonistas confluirán sus aguas
servidas de café o té verde
en algo como el mar sal de los ojos
sal de quien mira atrás
las sábanas la leche o por la tarde
por capas la pintura va poniendo en la tela
el recuerdo del recuerdo de la ola
luz derramada de interrogatorio
qué nos quiere decir el retratado
si ahora mira como no podría
una quietud inquieta
le inquieta acaso hueso o solo humus
cuando contempla inapetente
la arena que no está en las córneas de quienes lo indagamos
aprieta el pecho y se parece al hambre
en un idioma que no habla el castellano se refugia
en un castillo y castra
el color es la costra o su accidente
braceando los actores secundarios
una piscina roja con los muros marrones
el nácar raspa un hueso día que al sanar la carne oculta
como su mano sobre el pecho
nada en la tela que respira
ano distinta sin tomarla
entre las nuestras ni juntarnos
en la playa por un café por el té de las cinco
esa mano en el pecho de la tela
que no damos ni nos busca



poesía chilenaENRIQUE WINTER (1982, Santiago de Chile, Chile)
De: "Lengua de señas", Alquimia Ediciones, 2015
Fuente: Facebook de Silvina López Medín
Enlaces: Círculo de Poesía, Letras.s5
Imagen: resistenciamusical.wordpress.com

enero 13, 2016

Marina Kohon


La Chacra en Confluencia



La casa rodeada
por el camino de piedras,
piedras que chasqueaban
anunciando unas pocas
llegadas y partidas.
Un balcón estirándose
hasta tocar el Limay,
de telón barda rebelde,
un jardín,
toda la chacra era un jardín,
un pino
artífice de los rituales de navidad,
una farola- partenaire de danzas.
Una calesita y una hamaca.
Más allá
la acequia,
las ranas
besándose en la orilla,
el bajo
(sacrílegos los pasos
que osaban internarse)
los rayos de sol
filtrándose en ocres
entre las hojas caídas.
Una mesa de troncos,
un banco,
lugar de reunión de los peones.
Después, los frutales y las vides.
Por encima, el ojo de una nena
comprendiendo la abstracción de lo lejano.





Otros poemas de MARINA KOHON, aquí
Fuente: Ogham
Imagen: Facebook de MK

enero 09, 2016

Wallace Stevens


Los Acantilados Irlandeses de Moher



¿Quién es mi padre en este mundo, en esta casa,
al pie del espíritu?

El padre de mi padre, el padre de su padre, sus
sombras como vientos

Vuelven a un padre antes del pensamiento, antes del discurso,
a la cabeza del pasado.

Van a los acantilados de Moher levantándose de la bruma,
sobre lo real.

Levantándose desde el lugar y el tiempo presente,
sobre el pasto verde y húmedo.

Esto no es un paisaje, lleno de las ensoñaciones
de la poesía

y mar. Esto es mi padre o quizá,
es como él era.

un parecido, uno de la raza de padres: tierra
y mar y aire.


WALLACE STEVENS, The Collected Poems of Wallace Stevens,
Vintage Books Edition, 1990
Otros poemas de Wallace Stevens, aquí
Imagen:thethepoetry.com
Versión:  Marina Kohon / Traducciones y poemas de Marina Kohon





The Irish Cliffs of Moher



Who is my father in this world, in this house,
At the spirit’s base?

My father’s father, his father’s father, his—
Shadows like winds

Go back to a parent before thought, before speech,
At the head of the past.

They go to the cliffs of Moher rising out of the mist,
Above the real,

Rising out of present time and place, above
The wet, green grass.

This is not landscape, full of the somnambulations
Of poetry

And the sea. This is my father or, maybe,
It is as he was,

A likeness, one of the race of fathers: earth
And sea and air.

enero 08, 2016

Archivo Frederick Seidel


Frederick Seidel ha sido llamado "el poeta que el siglo XX se merecía" y alabado como uno de "los mejores poetas que escriben hoy"; también ha sido acusado de escribir una  poesía "siniestra" y preocupante". Ange Mlinko, en  Nation, describió su trabajo como el empleo de tales reacciones divisivas han seguido Seidel desde el principio "la prosodia de la atrocidad.": su primer libro, Final Solution (1963), fue elegido por Robert Lowell, Lousie Bogan y Stanley Kunitz por un premio ofrecido por la publicación 92nd Street Y se retrasó, sin embargo, cuando el manuscrito fue rechazado por el comité editor por lo que creían era anticatólico, antisemita, y calumnioso. Lowell, Bogan y Kunitz renunciaron a la junta en señal de protesta. (...) Recogido por Random House, el libro fue publicado el año siguiente.


Seidel ha publicado más de una docena de libros de poesía, incluyendo el National Book Critics Circle Award, Sunrise (1979), Premio Pulitzer nominado Going Fast (1998), y Ooga-Booga(2006), que fue nominada a otros National Book Critics Circle y finalista del Premio Internacional de Poesía Griffin. Poemas recogidos de Seidel, Poems 1959-2009 (2009), se extiende por medio siglo y casi quinientas páginas.  (...)

Seidel nació en 1936 en St. Louis, Missouri. Su padre era dueño de una mina en Virginia Occidental, así como una empresa de carbón y coque en St. Louis, y Seidel creció como un hijo privilegiado de una familia rica. Al asistir a Harvard, se hizo amigo del encarcelado Ezra Pound y viajó a París eventualmente instalado en Nueva York. Durante los años 1950 y 60, Seidel fue parte de la brillante escena literaria de la ciudad, y  todavía cuenta sobre una serie de personajes famosos, Diane Von Furstenberg y Bernardo Bertolucci, como amigos. Independientemente rico, Seidel es algo anómalo en la poesía contemporánea; aunque  evita lecturas públicas y la enseñanza, su trabajo ha recibido un amplio reconocimiento de la crítica. Sus admiradores incluyen al novelista Norman Rush y al crítico literario Richard Poirier. El trabajo de Seidel está influenciado por su estilo de vida, y es a la vez famoso y tristemente célebre por escribir poemas que tratan abiertamente con las trampas de la riqueza, incluyendo su afición por las motocicletas Ducati construidas a mano, el sexo con mujeres mucho más jóvenes, y los hoteles caros. A pesar de que ha sido objeto de ataques de "name-dropping", el poeta Billy Collins ha defendido a Seidel, argumentando: "Cuando él menciona East Hampton o el Carlyle o Le Cirque o Ducati, que ni siquiera parecen name-dropping. Él hace lo que todo poeta emocionante debe hacer: evita escribir lo que todo el mundo piensa como  "poesía".


Los primeros trabajos de Seidel se compararon frecuentemente con los de Robert Lowell por su voz profética y la voluntad de participar de la historia, pero su poesía también ha sido relacionada con Silvia Plath por su fusión de drama personal con el evento político. (...)


Seidel escribió el primer volumen de la trilogía, The Cosmos Poems, después de ser designado por el Museo Americano de Historia Natural para conmemorar la apertura del Planetario Hayden; secciones del Area Code 212 fueron serializados por el Wall Street Journal. elogiado y censurados, a veces, en la misma medida, los admiradores de Seidel sostienen que sus poemas son mascaradas sofisticadas, (...)


Fuente: http://www.poetryfoundation.org/bio/frederick-seidel

ame-dropping (soltar nombres) es la práctica de mencionar a personas o instituciones importantes en una conversación, narrativa, canción, identidad online, u otro tipo de comunicación. El término a menudo tiene como connotación el intentar impresionar a otros, por lo que generalmente se usa de forma negativa, y en ciertas circunstancias puede constituir una falta de ética profesional. Usado como parte de un argumento lógico, puede ser un ejemplo de falacia de falsa autoridad. (Wikipedia)


Poemas de Frederick Seidel:

enero 07, 2016

Carlos Martín Eguía

Carlos Martín Eguía
Poeta Eguía con remera negra

Crisma    



No quiero arruinarte 
el fin de año optimista 
ni la utopía 
de no contribuir 
con tu grano 
a crispar la disyuntiva 
no quiero 
echar a perder nada 
con mi incredulidad 
ante el eslogan 
“volvamos a intentarlo todos juntos” 
me gustaría incluso 
no tener que hacer 
el trabajo sucio 
de recordarte la opinión 
que tenías 
sin ir más lejos 
ayer 
que una cosa  
es un mínimo 
de tolerancia 
como para que 
no nos comamos
entre nosotros
pero unidad
vamos
dejémonos de joder
ni a palos
no quiero amargarte
con el vocablo irónico
que titula este poema
no es una mezcla
de oliva y bálsamo
para bautizar
el falso equilibrio 
de una flamante civilidad
inexistente
es simplemente
una fusión imposible
ni siquiera la imaginarías
en un manual voluntarista
de pedagógica atenuación
que pretendiera eliminar 
la pasión vengativa 
en pos de una fingida convivencia
es simplemente
una mala caricatura
por reír un rato
o hacer una pausa ante el cortocircuito
asociando las declamadas antípodas
haciendo que se tomen de la mano
los espectros
políticos
quizá porque
no pinta nada
en verdad nuevo
bajo el sol
pero vamos viejo
a la hipocresía
de la armonía de los argentos
nunca se la tragó
del todo nadie
tal mentira logró desencantar
mi pequeño entusiasmo
antes de los treinta
completó su trabajo
desde el pacto de Olivos
no la repitamos más
no resiste ni un discreto lugar
en la escuela 
inquieta mal a los pibes de primaria
estoy de acuerdo
la división produce desgracia
superarla
sería transgredir el odio
estoy de acuerdo
que tal cosa
siempre debería importarnos
por eso
si te sirve de algo
para seguir 
pensando este problema
que parece
no tener solución 
te cuento una
de las cientos
de historias
que hay en el mundo
de tenor similar
a la hora de pensar
el efecto pernicioso
de los rencores
la podés encontrar
en los escritos
de Humboldt
paridos en su viaje
a las regiones equinocciales
del nuevo mundo
en un tiempo
de su largo circunnavegar
el capitán de navío ruso
Adam Johann von Krusenstern
constató que el odio finito
entre dos marineros fugitivos
fue la causa de otra guerra
absurda como todas
los habitantes de las islas Marquesas
no dudaron en matarse
unos a otros
bajo el efecto 
de la encarnizada fiebre
de aquellos tipos
que pretendían pertenecer 
al selecto núcleo
que se renueva cada tanto 
gente casi te diría
como vos y yo
salvo por la gruesa diferencia
de que esos ejemplares oyen
el extravagante llamado
que según su delirio los conmina 
a dirigir el mundo
a salvarlo de sus errores
creyendo 
la mayoría de las veces
imprescindible
erradicar la gradación
aniquilar al otro
no dejando ni vestigio.



Cuando me di cuenta




Recuerdo que tenía
la remera al revés
y acababa de advertirlo
pero hubiese dado lo mismo
que la tuviera puesta
como se debe
ante el mundo implacable
que giraba sin compasión
mi vida se columpiaba sola
sobre una hamaca endeble
sin el más mínimo atisbo
de remedio.


A imagen y semejanza




La humedad traspasó primero la pared
después los caños
tomando los cables y comiéndole la luz
a ese sector de la casa
un espacio a oscuras en el nirvana del mineral
donde se levantó moho.
La causa está a la vista y no hay nada que suponer
me dice ella que siempre supo que vivir es actuar
y que está de nuevo
en lo que una vez pensamos como hogar.
Con cara de desconcertado inquilino que vuelve
de trasnochar a la deriva
me pregunto que rincón de mi cerebro
se arruinará primero
a imagen y semejanza.



CARLOS M. EGUÍA 
(1964, Castelli, Provincia de Buenos Aires, Reside en La Plata, Argentina)
Enlaces: Revista Colofón | Club Hem Editores | Poesía La Plata
Imagen: El Diario de Carlos Paz



enero 06, 2016

Francisco Gandolfo


Una mariposa matizada...



Una mariposa matizada
por contrastes de color beige,
estuvo volando y golpeándose constantemente
contra un tubo de luz fluorescente encendido,
hasta quedar agotada cerca de mi mano derecha
que ahora está escribiendo sobre su efímera vida.
Estaba junto a mí de espaldas, rendida,
con la cara rota de tantos choques,
un ala con un pedacito menos
y sus grandes ojos negros
enceguecidos por el exceso de luz.
Hasta sus patitas finas como telarañas
estaban inmóviles.
La di por muerta, pero al tocarla se movió.
A mi tercer toque reaccionó
y se paró en sus patas.
Al verla recuperada,
seguí escribiendo y me olvidé de ella.
Cuando terminé de escribir,
vi que no estaba más en mi mesa.
La busqué: ahora cerca de la puerta.
Al llegar a ella comprobé que estaba inmóvil
y separada de la pared, como levitando,
con sus alas plenamente abiertas.
Las telitas de araña que la sostenían
eran casi invisibles.
A mi segundo toque volvió a moverse brevemente
como fastidiada de que la molestase,
mientras esperaba morirse
ante de que volviera la araña.



FRANCISCO GANDOLFO (1921, Hernando, Provincia de Córdoba / 2008, Rosario, Provincia de Santa Fe, Argentina)
Imagen: www.lasvueltasdelcamino.blogspot.com

enero 05, 2016

Manuel Serrano Pérez

La pelusa



A lo mejor el tiempo
no puede dar con más materia
de razonada certidumbre y prestigio
de su faena destructora
que ese tacto de seda
ocupando rincones del bolsillo.
Desde el primer instante, 
el saco que me cubre desnudeces
pulveriza su trama
en cierto algodón de oscuridades, 
sorpresa de los dedos, 
nutrida lentamente por costuras
de hilos desflecados en redondo.
Y es un objeto fulminante
jugando en las esquinas
el impalpable luto
que interrumpe con plumas
lo concreto
y descubre averías, lesiones, menoscabo
del mundo construido.
Quede la hora en los relojes
con sus marcas de número.
El riesgo de marchar hacia la muerte
también se deletrea en la pelusa.



Llaves




No toda llave es de metal, hay otras
que no saben de puertas
sino de cuestiones que empañan el alma
en trances de andar sola.
Conocen la nostalgia y el vacío
de partir sin adioses.
Y aparecen de pronto en el momento exacto
  -de sujetar la pena en las paredes...
  -de inventar el olvido
al regreso de toda pesadilla...
  -de ver que tiembla un niño
y pretendes calmar su desventura...
  -de alargarte en el río
más allá de las cumbres que refleja...
Son llaves que no invaden cerraduras,
desasidas atmósferas y espejos
que juntan la moneda en sus dos caras
con lujoso relámpago.
Ahora, en la vereda que conduce a casa,
lugar de los resúmenes de aurora
en los trajines de mi compañera
acicalando los manteles,
frazadas, los hijos, los recuerdos,
surgen las de metal y me atropellan
de música las manos
para que cualquier sombra se distraiga
al abrir la puerta.


MANUEL SERRANO PÉREZ (1917 / 2015, Tucumán, Argentina)
De: "Objetos de bolsilllo", 2011)
Imagen: lagaceta.com.ar

Jorge Aulicino


Posiciones frente a la luz en el barrio de Flores




En esa casa no vive nadie hace rato, las ventanas de la planta baja
fueron tapiadas con ladrillos y las del primer piso tienen los vidrios rotos.
Los pisos son altísimos y mi amigo advierte cómo se ve el cielo desde allí.
Lo dice como si estuviera dentro de la casa y no mirándola desde afuera.
Para mí, allí donde se ve el cielo de Buenos Aires se ve la pampa.
El cielo está lleno de pampa. pero la casa es gótica y no es difícil imaginar
el fantasma del poeta Guido Spano levantándose de la cama
sólo para ir a buscar un vaso de agua -porque allí, dicen,
vivió Guido Spano sin salir de la cama-.
Mi amigo se ha desplazado en esos planos mentales como suele hacer.
No puedo acompañarlo mientras su mirada mira el cielo por encima de los   techos.]
Sólo con ver el cielo desde la calle sé que ha gritado un tero,
que se pierden los ruidos en la pampa tremenda
y que el aire argentino tiene una luz que casi hiere
como el borde de una hoja de papel,
y a la vez es huidiza; nueva o muy vieja parece,
no lo sé, pero no es la luz opaca de tantos otros países, es una luz
que a la final molesta, te ha rasguñado y no te diste cuenta;
tampoco es insoportable y agresiva como en el Caribe donde
Lezama Lima entornaba todo el día los postigos para verla tamizada
y para, en última instancia, disfrutar el fresco del ladrillo o la piedra.
Es otra cosa acá.
Acá, fácil, uno se hace amigo de la oscuridad.




De: "El Cairo", Ediciones del Dock, 2015Otros poemas de JORGE AULICINO, aquí
Imagen: Facebook de JA. Jorge Fonderbrider, Jorge Aulicino y Jonio González







Jonio González

La imagen muestra a una persona de pie frente a una pared con dos fotografías enmarcadas. La persona lleva una chaqueta de cuero marrón sobre un suéter oscuro con cierre y una camisa blanca.  La fotografía en el lado derecho de la imagen representa una escena en blanco y negro con varias personas apuntando con rifles, posiblemente en un contexto de guerra o conflicto. La fotografía en el lado izquierdo está parcialmente visible y parece mostrar un grupo de personas, quizá en un entorno similar al de la fotografía de la derecha.


Conocimiento  



1  



¿Cómo brutalizas   
a un hombre?   
¿Cómo le tiendes la mano  
para que te la corte?  
¿Cómo haces descender  
la niebla  
sobre la montaña  
hasta cubrirla toda?  



2  
  


El agua del deshielo  
arrastra hojas.  
El hombre que ha perdido  
la mano  
se detiene para hundir  
en ella  
aquello que le falta.  
No distingue lo distinto  
de lo semejante,  
la ausencia  
de lo que se tiene.  
Echa de menos  
cuanto sujetaba  
cuanto perdía  
las formas de lo innecesario  
de lo inevitable.  
  


3  



Ahora esperas un viento de tormenta  
el artífice de la furia que desencadenaste  
lo que hizo que perdieras  
el volumen de los cuerpos  
y las cosas  
los cuerpos  
y las cosas  
el tiempo que es el tiempo  
que se tarda en poseerlas.  


JONIO GONZÁLEZ (1954, Buenos Aires. Argentina. Desde el año 1982 reside en Barcelona)
De: "La invención de los venenos", Ediciones en Danza, 2015
Imagen: Fb de Jonio González

enero 04, 2016

Gustavo García Saraví

Primera carta






Como dos islas,


como dos animales de distinta especie,

como una margarita con un sable,

como un trozo de ónix con un álamo,

nunca podremos

reproducirnos,

tener un hijo, una semilla,

algo en común y perdurable, parecido

a lo de todo el mundo: fotografías,

un día semanal para ir al cine,

ciertas costumbres,

modos insustituibles

de hacer (y deshacer) el amor, un espejo.

Existen fuerzas,

circunstancias, océanos, imanes de crueldad

que nos separan

irremediablemente, anclas, cadenas,

emigraciones 

de golondrinas

que nos hacen perversos, diferentes,

mutuos devoradores,

especialistas

en vidrios rotos y poemas,

malas palabras y sollozos.

Y sin embargo, cuánta penuria en comprender

que también somos

dos dársenas vacías, dos pedazos de luna,

dos péndulos rabiosos,

oh, mi amada, blancura inolvidable,

última pertenencia,

mi destructora,

mi adorable destruida, mis cenizas.





Memorándum






Ayer cumplí fielmente con mis obligaciones


sin olvidarme –creo– de ninguna.

Pagué las cuotas del televisor,

la heladera y el banco,

el amoroso banco donde opero, que tiene

música funcional e ikebanas. Le puse

aceite al auto,

le di propina al gran rufián que cuida

(y descuida) mi planta baja "A",

compré un billete

de lotería

(que no me engañará, seguramente), me hice 

varios análisis clínicos (todos bien)

para llegar 

a los 200 años, puse al día mis cartas

y comencé a pensar en la paella

del domingo.

Claro que me olvidé de ir a la misa

que le rezaban a mi madre

(sería conveniente que nadie se enterara)

al cumplirse el primer inolvidable,

inolvidable,

inolvidable,

inolvidable

aniversario de su muerte.





Mi cama






Os podría explicar


cómo es cada uno de mis muebles:

el bargueño, la mesa

los sillones, la cómoda, detalles

de la repisas

la biblioteca, los espejos. Llevan

conmigo muchos años y casi forman parte

de mi propio inventario: la mandíbula

el sacro sacro, el páncreas, las dos manos completas.

Sin embargo, prefiero hablaros de mi cama

mi humilde cama

mi pequeño Mar Muerto, mi rectángulo

habitualmente distendido, escorzo

de la blancura, página

para escribirme en ella, copiarme textualmente.

También podría anotar como

al descuido que estoy solo, solo, más solo

que nunca, solo

en sus inmensidades e imperceptibles pánicos

solo entre sus riberas, sin un pie

un camisón, un muslo, una palabra

una melena

una nuca, una espalda, una respiración

un olor, algo

para aferrarse

a la vida y no morirse.

Sí, algo para

no morirse, de noche, solo

igual que un muerto

que resuelve morirse nuevamente.












Gustavo García Saraví (1920, La Plata, Provincia de Buenos Aires / 1994, Buenos Aires, Argentina)

De: “Obras completas”, Empeño 14, Madrid, 1981. 

Fuente: Fb de Jonio González

Imagen: Lazcano

enero 03, 2016

Jorge Leónidas Escudero


Es lindo



Cristalino se ha vuelto y poco pasa el río.
Las golondrinas se han ido.
Las cortaderas mueven sus penachos.

Ya hasta veo amarillear los álamos
y en cuanto llegue a la cocina. la olla,
el mate después de tanto
maltratarse uno en el campo. Es lindo.

Si Ignacio habrá hecho lo que hacer,
porque a veces debido a la guitarra
olvida todo.

Yo he tenido llevar los animales,
andar por las fieruras en lo ventoso
y pregunto
si la María habrá tenido a luz, como le dicen,
y si fuera hombre mejor porque hay mucho
que andar aquí.

Y por cuánta la sed que traigo iré
a lo del Quilpa a vino y conversa.
Diré que me ha salido un toto bravo,
que he visto el rastro del león
y para qué hablar de avestruces y guanacos.

Es lindo.
Y que la casa te reciba con un pañuelito de humo.


Jorge Leónidas EscuderoJORGE LEÓNIDAS ESCUDERO (1920 / 2016, Ciudad de San Juan, San Juan, Argentina)
De: "Umbral de salida", RundiNuskin, 1990
Otros poemas de Jorge Leónidas Escudero, aquí
Enlaces: Hablar de poesía
Imagen: losinrocks.com

enero 01, 2016

Raúl García Brarda


Comienzo



esas mañanas que el tiempo exasperaba,
que ya repetirían su arreciante nitidez,
eran por cierto los mismos ademanes
la intermitencia de otra lluvia
el crepúsculo entonces
desharía lentamente
las luminosidades esparcidas
una pasión rozando
la ceguera del viento,
podría acordar un rastro
en los confines del follaje



Siesta

a Jorge Isaías,
la amistad de los años feraces


mientras preparo la bombilla
para insertar la tarde
en soledades,
presiento que una cerca infranqueable
resguardará la fe sobre lo tenue
quizás hemos quedado
para disuadir al instante
por los despeñaderos del recuerdo



Tardes de verano

con la lucha de todo abandono
y de toda esperanza. Enrique Molina


fuimos lo que fuimos
tan lejos o tan cerca de otros soles
por las antiguas estaciones
en verdad caminábamos
sin comprender aquellos pasos,
casi como un amor en las antípodas
sobre cualquier peldaño de la aurora



RAÚL GARCÍA BRARDA (1939, Rosario, Santa Fe, Argentina)
Imagen: www.pagina12.com.ar

Cesare Pavese

En un café   



Me he encontrado a mí mismo. 
Reflejado en el espejo 
infinito, cintilante, 
estoy, encorvado, envuelto en humo 
y ni siquiera sé ya 
si es en verdad una ilusión 
o soy yo en cambio 
su imagen vacía. 

Un fuerte murmullo me rodea,
pero las formas se hunden
en la atmósfera de cristal,
se velan de toda su luz
y están tan lejanas
que ya ni las siento.
Estoy solo, encorvado,
y no sufro más.

Allá abajo, tal vez,
a ese yo mismo más pálido
el alma le tiembla
de no sé qué dolor.
Ya no sufro más.
Me veo a mí mismo y a los otros
retorcerse febriles
en aquel cielo espléndido.



Otros poemas de CESARE PAVESE, aquí
Imagen: jmarino.com