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junio 29, 2013

Ana Lafferranderie




No puede usar ese anillo,  las cosas llamativas  la delatan.
Cubre su cuerpo y  si dibuja  evita lo deforme.
Siempre supo que lleva  la exuberancia como un tatuaje oculto
que podría extenderse y estallar.

Vive sola  en la casa de  infancia. Persiste el sonido punzante de aquellos pasos. Una luz siempre alerta en la cocina. Ella ansía despojar el espacio, que reine el cuerpo. Pero se
pierde en  los pequeños dominios, abstraída en rituales.

Por el  pasillo la madre vuelve con la  manta, hecha de lanas gruesas.

Aunque la hija disponga de su arsenal de abrigo siempre va a estar desnuda, vulnerable  a ese  peso.

Estás para evitar que la noche sea noche y yo recuerde que este día termina. Tu descanso llega a mí. Un cuerpo pequeño respirando en su hueco es protector.  De otro modo estaría yo  acurrucada en el rincón último de la cama, atenta a cada movimiento de la cortina.

Distendimos el gesto con los ojos cerrados en lo alto frente al sol. Después, seguí tu espalda  hacia el centro del paisaje. Al  pasar sobre el río ojos de madre apaciguaban la mirada como ocurre cada vez que se cruza un puente.


Ana Lafferranderie (1969, Montevideo, República Oriental del Uruguay). Reside en Buenos Aires
De: "Volcar la cuna", Ediciones del Dock, 2012

junio 27, 2013

Roberta Iannamico



Roberta Iannamico






Piedras





Había unas piedras

grandes y bestias

en un camino

en la montaña

las piedras son tan duras

que no necesitan piel

aunque el agua les imprime

una piel suave

y el viento

cierta piel de gallina

a la sombra son frías

y son calientes al sol

hay una con forma de zapato

o de cabeza de perro

y otra con forma de sapo



que es una de las formas más comunes

entre las piedras

un árbol creció sobre una piedra

se adhirió a ella

tomó su exacta forma

la raíz no podía penetrar

como en la tierra

era un árbol que vivía de la lluvia

o del aire

o del amor a su piedra.





Roberta Iannamico (1972, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires)

De:Muchos poemas, Voy a salir y si me hiere un rayo, 2008)

Fuente: www.edicionesgoymagog.blogsapot.com


junio 25, 2013

Adnan Al-Sayegh

poesía iraquí

El canto de Uruk     



No somos más que las piedras de los molinos. 
Dad la vuelta a nuestra tierra, piedra por piedra. 
Encontraréis nuestra sangre llenándola. 
¡Ay! De una nación que no vive sin guerra. 
Colgué el abrigo de mi vida 
Y fui a la guerra encogido como un huérfano sobre una camella, 
¡Ah! ¡Qué será de una patria carcomida su espalda por las termitas! 
Una patria hecha de pieles desgarradas y pegadas una encima de otra
para resonar los tambores en la plaza de la guerra.

Y a Dios escribo diez cartas de papel de lágrimas
las envío por correo certificado,
pero él no contesta a su siervo.
¡Oh, Dios! Pues, ¿a quién enviamos los dolores que sufrimos?
Y te fuiste solo a tu exilio
cantando, frustrado al viento como una extraña flauta.
Adiós patria mía a la que no veré.


ADNAN AL-SAYEGH (1955, Bufa, Irak)
Enlaces:
Imagen: Arab.World Books

junio 23, 2013

Señalador: Peter Sirr / Luis Pereira






...cuarto secreto, obstinado. Una grúa se mueve
delicadamente en el cielo, con su propio lenguaje.
Olvida todo eso, me digo al pasar, que sea

una casa maravillosa, que la música deambule por los pasillos,
que haya alegría fácilmente, que el terco corazón
de San Valentín llegue flotando desde Whitefriar Street...














...es mágico / no salgo de casa / todas las emociones que preciso para vivir / están en Facebook / o en la tevé por cable / los académicos no lo entenderían...



























junio 22, 2013

Estela Figueroa




I







La enamorada del muro

no sabe cómo es el muro.

Pero seguro siente su humedad

cuando ha llovido.

Su aridez

en tiempo seco.

La enamorada del muro

depende del muro.

A él se aferra.

Si el muro cae

ella se desparrama

como una cabellera sin cabeza.

A veces es tímida

y cubre sólo la base

como una mujer arrodillada

que abrazara las piernas de un hombre.

Y a veces —qué deseo

y qué orgullo caben en ella—

cubre no sólo el muro

sino toda la casa.







II







Todo amor nace

a partir de una pequeña confusión.

Nadie puede decir con certeza

si es el muro el que sostiene a su enamorada

o es la enamorada

la que sostiene al muro.

Y todo amor crece

a partir de pequeñas carencias:

la enamorada del muro no florece.

Tampoco el muro.








Estela Figueroa


ESTELA FIGUEROA (1946 / 2022, Santa Fe, Provincia de Santa Fe)

Imagen: www.lacapital.com.ar


junio 21, 2013

Kathleen Raine


Adiós, prados felices
Adiós, prados felices, publicado originariamente en 1973 y traducido para esta edición por primera vez al español, es el primero de los tres libros de memorias de Kathleen Raine, abarcando los años de su infancia y adolescencia, y más tarde reunido, junto con los dos libros posteriores, en un solo volumen titulado Autobiographies (1991). En él, la autora rememora el paraíso de su infancia, la aldea de Bavington junto a la frontera escocesa donde prendió a amar la naturaleza, así como el desposeimiento que experimentó al irse a vivir con sus padres a un suburbio de Londres, sensación que la acompañaría ya siempre. Naturaleza, poesía, amor filial y los primeros enamoramientos desfilan por estas memorias del despertar a la vida en una de las personalidades literarias más extraordinarias del siglo XX. Kathleen Raine (Londres, 1908-2003) es autora de una docena de libros de poesía, ensayos literarios de gran alcance, como los que dedicó a su maestro William Blake, y fundadora de la

revista Temenos y de la academia del mismo nombre. Ajena a las modas literarias de su época, su obra se adscribe a una corriente de pensamiento intemporal, que toma de Platón y de los Vedas un sentido sagrado de la existencia y una dedicación absoluta al mundo de la imaginación. Sus libros de memorias constituyen un testimonio único de la vida interior que alumbra.

La edición y traducción de este Adiós, prados felices es obra de Adolfo Gómez Tomé (Mirabel, Cáceres, 1969) y Natalia Carbajosa (El Puerto de Santa María, 1971). El libro viene presentado, además, con prólogo de Benito Estrella.

Un poema de Kathleen Raine en Grandes poetas famosos


Un sueño



Estas aves de sueño,
Que giran tan alto como águilas en los cielos del sueño,
Que descienden a posarse en los árboles...
Vi con asombro aves del paraíso,
Iridescente, luminoso
Su plumaje, y otras, como palomas, grises.
De nuevo hacia aquel cielo interior emergieron, pero entonces
Regresaron una vez más a esperar. ¿Son esas
Aves de las imágenes campestres del alma,
De la tierra, recordadas? Pavos reales
Que adornan miniaturas de Brindavan, o páginas persas
Pintadas con dos pelos de ardilla por artesanos
Expertos en maravillas,
¿Son ellos de cielos interiores o exteriores,
Esplendor de la naturaleza, o del recuerdo?
¿O son los ocelos enjoyados de los pavones terrestres
Espejos del paraíso? Sus plumas
Que hacen rielar la luz son sólo polvo
De la tierra, su brillo en el ojo del que mira.
¿Dónde, de qué tierra son?
O cuándo polvo y espíritu
Se separaron de modo que criaturas de barro
No significaron ya el cielo,
De nuestro mundo real ¿se alejan volando las aves del cielo?

junio 20, 2013

John Keats





Soneto VII



¡Oh, Soledad! Si he de morar contigo,
que no sea entre este hacinamiento de oscuros edificios;
sube conmigo la escarpada senda,
y llegando a esa atalaya de la naturaleza,
veremos, en la distancia, como un pequeño espacio
donde el valle acrece su verdor y el cristal de su río;
que tenga tus vigilias bajo el fino ramaje,
allí donde el ciervo con su salto tan leve
asusta de la dulce campánula a la abeja.
Pero, aun gustando de compartir contigo esas escenas,
la plática con un ser puro cuyas palabras
espejan una mente exquisita, es mi mayor deleite,
porque, sin duda, la dicha de la tierra reside
en dos almas afines que vayan hacia ti.


Enlaces: John Keats, El duque de Camelot

junio 19, 2013

Inés Manzano




































El padre







Ni esta agua en que navego

como el mar

tus ojos

Ni el aire en que voy a sostenerme

como un árbol

tus ojos

Ni en que reposo el lecho

pacífico 

tus ojos



Ni el agua    el aire    el lecho

Tus ojos como el mar

como un árbol pacífico 



Tus ojos

               van a ser

                               lo primero que vi







La victoria de la víspera






Este contorno 

que la distancia desmenuza

ni aún remotamente se parece

al perfil de la victoria

                                   perseguida en los sueños

pero guarda

un parentesco secreto 

con el rostro descarado

de una muchacha en La Matanza

                             en Samotracia

con los dedos en V

Bien que somos porfiados



Amanece 

y la distancia nos pisa los talones



Ignora

que al contrario de Aquiles

en ellos reside nuestra gracia



  -alas robadas a los dioses- 



Indefensos y frágiles    sabemos

que el único suceso que nos torna invencibles

es tenernos a mano



Nos bebemos el mar



y la distancia 

se muda en filigrana 

traspasada de barcos               



Va cayendo en mi boca mientras digo



que yo me la devoro

como una jabalina vence

la copa de los árboles



De este modo burlada     

no puede con nosotros



Bien que somos porfiados

poderosos



Se deshace en el agua





Inés Manzano (Buenos Aires, Argentina)

De: "Si es puñal que me mate", Papeles de Boulevard, 2011

junio 17, 2013

Soledad Castresana

Soledad Castresana
sombra 



una oruga de fardos de alfalfa
resiste el afán incendiario
de la siesta

nos refugiamos
en el tanque australiano
flotamos
en el sordo hechizo
de las abejas

a veces la sed desespera la piel 
nos quema el alivio

cuando baje la fiebre del aire
perfumados de higos
subiremos la tarde 
hasta los árboles 

esperaremos 
mareados y calientes
que la noche detenga 
la sangre de las víboras

cuando acabe la luz
nos quedaremos sin agua


De: "Carneada", Alción Editora, 2007



La supervivencia del más leve



Una libélula persigue a un colibrí.
Fascinada
intento sumarme al cortejo
y olvido
la gravedad de la especie.


De: "Selección natural", Fondo Editorial Pampeano, 2011


SOLEDAD CASTRESANA(1979, La Pampa. Reside en Buenos Aires)

junio 16, 2013

Señalador: Richard Caddel / Pier Paolo Pasolini




...Envejeciendo, sin embargo, el cansancio comienza a sentirse, / en especial en el momento en que apenas ha pasado la hora de la cena: / para ti no ha cambiado nada; entonces, por poco no gritas o lloras; / y eso sería enorme si no fuese, precisamente, sólo cansancio.
..







Tierra húmeda oscura
y plantas echando raíz

en ella / Lugar oscuro
alrededor del ojo

del grajo / Detalles de un
cuerpo humano, entrevistos

en un monitor, oscuros /
Corazón oscuro de un naranjo

ficticio / Las venas oscuras
de una chimenea adonde

las abejas no viven / Noche
oscura sin aviones

en vuelo / Corazones oscuros
de amapolas escarlata /...











junio 12, 2013

Stázis Intzés


Fotografía de Apostolos Ntomatis
Versión de creación


a


En el principio fue materia arremolinada
como ella manó del nicho
   del primer ojo
Después, el alejamiento del alquitrán por un sol


b


En el principio, la mezcla hervida de las venas
como ella maduró en el corazón de las estrellas
    haciéndose estrella de nuevo
Luego, las circunstancias favorecieron el nacimiento del destello



Teorema



La vida un círculo
que se comporta
normalmente,
y a veces, en espirales

que al encontrarse una a otra
se desploman y colisionan;
se atrapan entre vórtices
juntándose, después de los años,
en huesos de los que envejecen.

La vida un circulo
que se comporta
normalmente,
y a veces en espirales.



Víctima de conjuración


                                         «Τὸ φρικωδέστατον οὖν τῶν κακῶν ὁ θάνατος
            οὐθὲν πρὸς ἡμᾶς͵ ἐπειδήπερ ὅταν μὲν ἡμεῖς ὦμεν͵
            ὁ θάνατος οὐ πάρεστιν͵ ὅταν δὲ ὁ θάνατος παρῇ͵
            τόθ΄ ἡμεῖς οὐκ ἐσμέν.»
                                                            Epicuro


Sólo un instante dura la muerte,
luego es víctima de conjuración.
Sólo un momento,
cuando el sufrido gato
al borde del camino muere
y el pasajero indolente arroja su mirada
   como si a él compadeciera
Su mirada entonces se retira por la fuerza
-sólo un instante dura la muerte
Y él,
la muerte y el gato se le olvidan
como si no nunca existieron
ni pudieran de nuevo existir
-sólo un instante dura la muerte
y cuando cae la noche
se cierra la última persiana
en la esquina más alejada de la calle.
El pasajero -que para él,
el gato y lo que ha precedido
dejó de existir-
cierra sus ojos
y la idea del terror
brota cual parásito
por debajo de sus cejas.
Y al despertar…
-sólo un instante dura la muerte.
Lo ignora de nuevo;
arrojado a las calles
ha vuelto a triunfar
y deja su suerte a gracia de Dios,
víctima de sus propias pasiones.


STAZIS INTZES nació en Grecia en 1986.
Ha
publicado dos poemários en griego Συνωμοσία
Ταυτοχρονισμού, Εκδόσεις Γαβριηλίδης 2011
y Σεληνάκατος, Εκδόσεις
Μανδραγόρας 2013
y una novela corta Κάτω η σκουριά, Εκδόσεις Ενδυμίων
2013
. Sus poemas se publican por primera vez traducidos en castellano.






Además de autor es editor de la revista griega Θράκα y ha publicado traducciones de poetas argentinos contempοráneos como Joaquín O. Giannuzzi,Oliveiro Girondo, Alejandra Pizarnik, Raúl Gustavo Aguirré, Hugo Mujica.



De: "Módulo lunar", Ediciones Mandragoras, 2013

Traducción: Evi Smarlamaki, Javier Guitiérrez Lozano


junio 09, 2013

Irene Gruss: "Si no escribo la primera frase, la segunda se pudre por exceso..."



Sin fe




Esta es una confesión muy personal:

he perdido casi absolutamente
la curiosidad por el mundo.
Si no escribo la primera frase, la segunda
se pudre por exceso
de efecto.
Sé cómo el mundo se va moviendo,
los brazos de las personas
al costado del cuerpo, impotentes, impacientes,
desesperados, laxos, levantados, sabios,
ignorantes como yo.
Según se hagan las cosas, se sabe
más o menos
cómo quedará terminado;
o no: la incertidumbre
es natural, cosa sabida.
Los chicos sorprenden;
conmueve, pero
es terrible: no es ninguna novedad
en este mundo.
Las cosas, los hechos
son - qué importa que ese árbol sae un gomero o
una encina - , y aun así casi todo remite
a la memoria personal: si es un gomero,
recuerdo el jardín; si una encina,
aquella canción; si un árbol desconocido,
hoy inauguro la memoria, el mito, o
lo descarto.
Algo aparentemente curioso: un corrector de estilo
afirma que la palabra implementar no existe.
Significa instrumentar, poner en práctica,
pero en sí esa palabra no existe.
¿Elegí quedarme con el nombre
y no con la cosa?
Quién, por miserable cultura e historia,
estará pensando que en este momento
la ropa revolotea desde ayer
en la terraza, enredada
sobre sí misma, debería sacarla...Terrible,
salvar las ropa del viento
que bate en la terraza, aquí mismo, la borrasca
en el nombre, la rosa (si digo la ropa
es fácil, un recurso que podría
seducir y no me conmueve
en absoluto).
He perdido la curiosidad:
ha nacido un hijo deseado
(tiene nombre antes de nacer)
por obra de amor: conozco
la alegría, conozco la ansiedad
satisfecha,
escribo que el mundo
es incompleto, que no basta,
aunque aquí
esté todo lo que hay,
el contraste en la luz,
lo concreto, lo relativo y lo absurdo,
lo nuevo, lo acabado,
y lo cubierto,
la oscuridad.
algo debió pasarme
para que la haya perdido de esta forma.
No es suficiente una enumeración ostenida.
Crear no basta
- qué importa si se trata de un gomero
o de una araucaria, ropa en el viento, presiones
o alivios del cuerpo -. La Historia,
la intimidad, la implementación...
Es demasiado.



Irene GrussEnlaces: Irene Gruss, El mundo incompleto, Casta diva
De: "Solo de contralto", Galerna, 1997
Imagen: Facebook de IG

junio 07, 2013

César Bandin Ron







César Brandín Ron

El rectángulo que enciende…





El rectángulo que enciende mi vecina

sobre el entristecido contrafrente,

el perfil de sus plantas en la madrugada y,

de improviso, su propia medrosa silueta,

suspendida como la mía en el desvelo.

Sombras de nadie, sólo sombras,

desplazándose mansas hacia el olvido.







Mañana enrarecida de domingo…





Mañana enrarecida de domingo,

cortadito y dos de grasa tras el vidrio,

mientras miro el agua correr

por entre las gomas de los autos, por entre

las balizas que cercan ese pozo que dejaron

los del gas, por entre los bellísimos pies desnudos

de esa chica, que se detiene sonriente,

absurda, en medio de la calle,

la cara al cielo.

Lo más grato de la esperanza

es el esplendor de la lluvia.





César Bandin Ron (1948 / 2019, Buenos Aires, Argentina)

De: "¡Oh, Yo, mi efímero Dios!, Paradiso Ediciones, 2011

Imagen: cesarbandinron-enmascarado.blogspot.com