No somos más que las piedras de los molinos.
Dad la vuelta a nuestra tierra, piedra por piedra.
Encontraréis nuestra sangre llenándola.
¡Ay! De una nación que no vive sin guerra.
Colgué el abrigo de mi vida
Y fui a la guerra encogido como un huérfano sobre una camella,
¡Ah! ¡Qué será de una patria carcomida su espalda por las termitas!
Una patria hecha de pieles desgarradas y pegadas una encima de otra
para resonar los tambores en la plaza de la guerra.
Y a Dios escribo diez cartas de papel de lágrimas
las envío por correo certificado,
pero él no contesta a su siervo.
¡Oh, Dios! Pues, ¿a quién enviamos los dolores que sufrimos?
Y te fuiste solo a tu exilio
cantando, frustrado al viento como una extraña flauta.
Adiós patria mía a la que no veré.
Adnan Al-Sayegh (1955, Bufa, Irak)
Enlaces:
Imagen: Arab.World Books
El canto de Uruk
No somos más que las piedras de los molinos.
Dad la vuelta a nuestra tierra, piedra por piedra.
Encontraréis nuestra sangre llenándola.
¡Ay! De una nación que no vive sin guerra.
Colgué el abrigo de mi vida
Y fui a la guerra encogido como un huérfano sobre una camella,
¡Ah! ¡Qué será de una patria carcomida su espalda por las termitas!
Una patria hecha de pieles desgarradas y pegadas una encima de otra
para resonar los tambores en la plaza de la guerra.
Y a Dios escribo diez cartas de papel de lágrimas
las envío por correo certificado,
pero él no contesta a su siervo.
¡Oh, Dios! Pues, ¿a quién enviamos los dolores que sufrimos?
Y te fuiste solo a tu exilio
cantando, frustrado al viento como una extraña flauta.
Adiós patria mía a la que no veré.
Adnan Al-Sayegh (1955, Bufa, Irak)
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Imagen: Arab.World Books
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