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marzo 18, 2022

Viviana Abnur

Por tierra o por mar


6.     




Por tierra o por mar 
se llega al mismo punto 
al punto donde se encalla 
al punto donde se pierde 
por tierra o por mar 
también se silba 
se canta 
para espantar a los fantasmas 
de pie 
en la orilla todavía 
veo a mi padre fumar 
¿de qué se habla cuando se habla 
con el mar? 
 


SOLO quien nunca trepó a la cuerda 
quien nunca fue de veras 
trapecio mismo 
confunde 
la oscilación de un cuerpo semidesnudo 
sostenido por el aire 
con poesía 
un trapecista de cepa lo sabe
por eso
no se encomienda a los dioses
ni se persigna
antes de saltar
ocupa el breve tiempo que le queda
en secar bien su mano
con resina
entregará su humanidad
por un instante
al cruce meditado
de los cuerpos en la altura
el impulso es lo vital
lo sabe
respira hondo
y salta



Rash



Todo lo que sé de la muerte
lo aprendí de apuro
cuando te vi pasar en la camilla
a la terapia intensiva
yo era atea como vos
y solo vi
un cuerpo ajeno y liviano
pasar a la velocidad de la luz
y es que acaso vivimos confundidos
o solo somos luz y no otra cosa
porque supe de repente
en un instante
que vos en ese cuerpo
ya no estabas
te llevaban a Emergencias
como un trofeo de guerra
había prisa en los médicos por llegar
había prisa en la muerte
por huir del territorio
minutos antes pedías
que te trajeran un libro
minutos antes te abrazaba
y me decías
sos tan buena
después la luz que se cortó en el hospital
la puerta medio abierta
y yo que te espiaba pude ver
cómo te rodeaban de velas
vivo todavía
como en un cuento de Poe
alguien me abrazó y lloré
perdimos dijo el doctor
y supe de la muerte
que tiene apuro papá
y en el apuro es desprolija
porque algo se llevaba para siempre
lo supe
pero algo no
en ese cuerpo derrotado
vos no estabas



Otros poemas de VIVIANA ABNUR, aquí
De: "Rash", Macedonia Ediciones, 2022

marzo 16, 2022

Claudia Caisso


Paestum     




Soñé que preguntabas 
si habría que pagar entrada 
para viajar por la cuenca de los ríos  
que dan al mar.  
 
Vacío de góndolas y barcazas  
austero como mi ejemplar  
sobre los libros de Virgilio,  
llegaría el recuerdo de tus ojos  
con precisión ajenos  
a la tristeza de los míos. 
 
Para que te devolviera al mirar constante  
sobre la tracería de la espuma  
en pétalos variados  
de las piedras de Posidonia:  
sobre lápidas donde apenas se viera 
la escritura de la ausencia  
convertida en llanto para las islas…  
 
Escribo sobre esos corredores
de agua en libretas de hojas amarillas
renovadas por el canto 
de ámbar anillado: 
hablo sobre la quietud desconocida
de la costa amalfitana 
hasta olvidar los menesteres 
del sufrimiento mortecino.

Rodeo con la cita de otras voces
la búsqueda de escasos tesoros:
un costurero con hebillas 
hechas con fragmentos de ébano
y un peine tallado en hueso
por un preso que se consumía 
en tierras de la Araucanía.

Traen la dulzura de frases 
sujetas con hilos de colores 
en una caja pequeña
donde caben almohaditas 
con agujas ya enhebradas, 
botones de nácar y susurros…



Búhos de campanario



1.

Son raras las rutas  
de esas aves que avanzan hacia atrás 
con plumas gamuzadas
y ojos eléctricamente amarillos.
Por la noche le levantan
rejas al entendimiento:
chirridos en el minuto
en que nace la añoranza…
Vuelven al diálogo 
de quienes no están 
mientras permanecemos
confiados en la pureza del animal
confinados por la creencia 
en la inocencia
de la mañana, cada domingo: 
con el miedo de día
en medio de la nada
más allá del camino
de luz indivisible, 
abarrotada de presente
y tenacidad. En pleno verano,
expuestos al sol de la demencia
y la ausencia: aminorada 
la manía por demostrar
que sabemos cómo llorar 
bajo otra lluvia grave,
bajo el perfume 
que dieron tantas flores. Aquí y allá:
bignonias, margaritas, buganvillas,
con el aroma de las plantas sostenidas
por la posibilidad de rendir
sus frutos: los ajamientos del ideal, 
los sarmientos en los surcos, 
los pensamientos marchitos, 
los cuadernos que envolvías 
con papel azul araña
y prolijidad comparable
a la de las florcitas gualdas de tu piedad…



2.



¿Verán los búhos la belleza 
girando en lo incierto? Tardíos alumbran
los ecos de lo perdido, dividen 
algunos nombres, designan el amor
por el mar donde no se cosecha nada, 
solo jardines de distancia
entre la herida y la niebla
poblada por fantasmas. 

Ahora, al mediodía
sin oscuridad a la vista 
recuerdan otro grito suspendido 
entre ruidos: dejan ver 
a quien se pierde. Porque está sola
y con miedo a morir
sin saber que la miro 
detrás de un árbol con brevas,  
buscando gotas de ámbar
para el dulce almibarado 
que hará con higos de las quintas,
mientras escucho que pregunta
“¿qué era la brótola?”… 
“y, los alces… ¿los alces, qué eran?”.

Entonces giro sobre la deformidad 
de lo perdido 
sentada en el borde de un asiento gastado
como los recuerdos,
como el olvido del significado 
que hay detrás de cada palabra, 
los datos puntuales de la vida 
y el deseo de mayor longevidad.

Es ahora, al mediodía
cuando ronda este canto despojado
que vuela vulnerable, intuyendo 
el brote de la fragilidad 
todavía más allá: donde haya vacío
para alguna verdad que se levanta
de espaldas a la infancia
en nidales huecos, nuestro no-lugar… 



3.



Los mensajeros de otra vida
siembran el sonido 
que al repetirse varía
las versiones del búho 
en un cuerpo embalsamado en la feria 
de la “condenada miseria”,
en la pintura estridente sobre figuras 
de arcilla toba, en el atardecer griego
de Minerva y la diadema 
de la sabiduría esculpida
que se posa como penúltima envoltura
hasta ser el molde crujiente 
pero inútil, de madera,
de alguna muñeca rusa 
sobre el estante de alguna biblioteca
o de una alacena: taxidermia del arácnido, 
el coleóptero y la mariposa…

Hasta entre los ibis
de misteriosa estancia
entre dioses tutelares 
del antiguo Egipto
perduran esas visiones: 
jeroglíficos vistos 
en algún libro donde era posible leer 
la necesaria anterioridad del mundo inexplicable…

Entonces suena el badajo
aunque no haya naufragio que celebrar, 
y habla la lengua de una campana
orientada por restos de lo real:
rastrojos del trigo
entre los silos: molinos
en el momento de soltar 
en desbandada un más allá
de telas tejidas con hilos 
metálicos: redes de la nada
enredándose en el aire erizado
del silbido de un afinador  
cuando tensaba cada una 
de las cuerdas del piano…



Venecianas




Sé que ya no me piensas
cuando veo las lavandas
hacerse legendarias.
Entonces irrumpen los caminos
de la abeja moviéndose 
sobre una cinta de Moebius
para abrir el punto de fuga 
de la literalidad que a veces hay en las palabras
mientras el aire mece el recuerdo
de tus pasos circulando entre las puertas
esgrimiendo el tránsito en espiral 
de la luz de arriba hacia abajo…

Veo agitarse una hilera
de plantitas de nácar 
tus bostezos sin urgencia
la vitalidad con que juegan
en el jardín de la otra orilla
varios chicos cuando caen
se ríen y después se levantan.

Ya no me piensas, lo sé:
converso con la materialidad de tu ausencia
para que mi voz no enmudezca
y me abrigue de la intemperie
la imagen del pequeño espacio
entre “lo restante y lo restado”
donde escribía Lezama
cerca de la cocina 
en la casa de calle Trocadero
en la médula de las apetencias 
allá, en La Habana.
Con el dolor hago una lista
que ojalá fuera margen y bordado
para que el acto de mirar
tus cosas últimas
no generara tanto extravío:
un cordón tejido con lana rosa
un cepillito azul de cerdas suaves
el mantel de Zinacantán 
que todavía acaricia la mesa
con figuras dibujadas en lengua tzotzil
las dedicatorias que alcancé a leer
en fotos y tapas de disco de pasta 
grabados con boleros…


De: "Cuaderno del asombro", Barnacle 2022 



CLAUDIA CAISSO, Rosario, Santa Fe, Argentina. Doctora en Letras por la U.N.R. e Investigadora Independiente del Concejo de Investigaciones de dicha Universidad en cuya Facultad de Humanidades y Artes ha dictado seminarios de grado y postgrado sobre Literatura e Interculturalidad. Publicó, entre otros libros: De vértigo, asombro y ensueño: ensayos sobre literatura latinoamericana (2005); Fiel de lides, poemas (2006); El tímpano de la epifanía, poemas (2009); Estudios de cultura y literatura latinoamericana (2014), Culturas literarias del Caribe (2015) y Cuaderno del asombro (2022).
Imagen: La pelea entre Marte y Minerva de Jacques Louis David

marzo 14, 2022

Judith Filc: Las hamacas apenas oscilan

Fotografía de una casa de campo y en un primer plano, una hamaca para niños


Convalecencia     



 
Cuatro paredes rodean la cama. 
Las paredes están selladas. 
Un aire frío circula. 
El ambiente es agradable. 
  
El sol brilla en la ventana. 
El cielo está vacío de nubes. 
La mañana luminosa reconforta.  
 
Imagina un calor agradable 
calles transitadas 
mesas de café bajo el sol. 
 
 

Guerra    



Están sentados a la mesa. 
Esperan. 

Se miran. 
Miran al techo. 
Se vuelven a mirar. 

La comida descansa  
intacta 
en los platos.  


Primavera 




Un frío húmedo invade la terraza.
Un rayo turbio hostiga
las tablas de madera.

Un pájaro lanza su canto incesante. 

Las hamacas apenas oscilan.

La cortadora ataca el asomo de pasto.


Miedo 



Sobre la cama hay un cuerpo dormido. 
Un vacío blanco lo rodea. 

El cuerpo gira 
se retuerce 
grita. 

Hay huellas en el vacío. 



Progreso 




Pasan todo el día bajo la cama.
Disfrutan del tacto áspero del polvo
del roce suave de las telarañas.

Acarician la pintura desconchada.
Atentos, la observan esfumarse.

Mejor no ir hasta la puerta:
detrás, está lo imprevisible.



Otros poemas de JUDITH FILC, aquí
De: "Fotos", Barnacle, 2022
Imagen: Dave Reede

marzo 13, 2022

J.D. Salinger / William Saroyan por Ricardo Mariño


Hacia 1941 Salinger era novio de Oona O´Neill, hija del Premio Nobel Eugene O´Neill. Eran los primeros años de la Segunda Guerra y Salinger, alistado en el ejército, mandaba a la chica cartas de amor que Oona solía mostrarle a su mejor amiga, Carol Marcus. A su vez Carol era la prometida de William Saroyan, escritor admirado por Salinger. Cuando Saroyan fue llamado a filas Carol sintió terror de quedar expuesta ahora que la relación quedaría limitada al intercambio de cartas. Le pidió ayuda a Oona: “le dije que tenía miedo de que William descubriera lo idiota que soy y que decidiera no casarse conmigo. Por eso ella remarcó los mejores pasajes de las cartas de Salinger y me permitió copiarlos en mis cartas a William”. Sólo que cuando volvió a reunirse con Saroyan éste le dijo que no estaba seguro de querer casarse. Su opinión sobre Carol había cambiado después de leer las “locuaces tonterías” que abundaban en las cartas. Carol se apuró a admitir el engaño y a Saroyan lo tranquilizó saber que eran obra de Salinger. Se casaron en febrero de 1943. (contado por Kenneth Slawenski en “Salinger, una vida oculta”)   
                                                                    
Fuente: Facebook
Imagen en Art Class

marzo 12, 2022

Paola Escobar | Cuando hierve el agua para el té

Cuando hierve el agua para el té     


 

algunas  palabras que salen de la boca 
son monstruos marinos 
fagocitan bichos invisibles 
algas minúsculas 
botellas olvidadas con mensajes adentro 
degluten llaves y candados 
diarios y zapatos viejos caídos a las olas 
algunas palabras que salen de la boca 
pegotean el aire que nos permite respirar 
la distancia necesaria entre nosotros 
algunas palabras que salen de la boca 
se evaporan 
con el pitido de la pava 
cuando hierve el agua para el té  
 


Las cosas tal y como son     


 

en días nublados 
es posible ver las cosas 
tal y como son 

el árbol
es ramaje cruel
maraña de dedos muertos a sus pies
soles que dignifican
baldosas rotas
musgos alrededor
secan el verde
bajo los zapatos de los hombres
raíces como piedras
se anudan a los cordones

 



PAOLA ESCOBAR
(1971, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
De: "Las cosas tal y como son", Barnacle 2022
Imagen: Isabel Bouchon

marzo 07, 2022

Rita Kratsman: Las cifras del año

Pájaros, poesía



CONSTELACIÓN de pájaros 
el aire apoya sus vocales en el brazo de Orión  
mientras el mar destila hidrocarburos  
se rizan las orillas ante un cambio de marea  
y en el momento más claro de tu atención seguís sin entender 
el elemento real de un presente infinito: 
cadáveres plantados en un lecho de corales, lianas de algas 
plancton, la transparencia del agua robada 
a un cielo luminoso deja ver 
la mancha oscura de una materia serena 
y las playas rodeadas de silencio pese a un soplo
también cierran sus bordes
¿era eso lo que esperabas ver?
precio de la vida en Occidente
el lobo vio en su ojo lo que vendría
oh pedazo de Tierra leonado con agua
alargamos la mano para pedir conocimiento
a los oleajes que firman las sentencias
los pájaros
observan el burbujeo de las olas
y cada amanecer se preguntan
por las cifras del año

 

TEMBLOR sentido como una brisa
pero sabés bien
que cualquier desigualdad
es una piedra en la mano
y todo esto en el fondo de tu búsqueda
¿entonces?
impulso aniñado en la pregunta
dijo Tian dios celestial, yo pondría las cosas en orden
pero una luz de invierno pierde su resolución con el día
y se deslucen publicidades ilusorias
el veneno, ya nos mordió los talones
frío venoso como colas de faisán sobre la cresta de los pinos
cuando en el otro hemisferio
hasta el señor Bloom
estaría en desacuerdo con el sol
eso de andar con sombrero como si no hubiera un árbol
compartiste con amigos y pensaste con ellos
sin lo redondo de la calma
¿cambiaste acaso héroes por espectros?
la vida contiene en sí un tartamudeo
y hasta las cigarras
asisten a los bares con su estrofita latosa
fluye intenso
un zigzag de burbujas



EFUSIÓN de un oscuro lineal o algo
más espeso que un elemento compacto
pretendiste arrancar otro mundo del mundo
y cerraste los ojos para soñar con una chispa noble
aunque sujeta al poder del lenguaje
de aquellos tan meticulosos en su trabajo corriente
y que sin haberse enfrentado
a un tribunal presidido por un juez del Infierno
practican sin vacilar una eutanasia forzosa
pensar que el cosmos
inspiraba su oráculo en plazas colmadas
ciudades donde el arte no pactó con el miedo
y perdió, pero vayamos a fondo
¿o todo se dirige hacia una selección absoluta?
que cada lugar se levante con alas en los pies y
con un ritmo que se añada a ese vuelo
cambio, sin que nada se pierda
a lo perfecto del dolor se une la belleza
como en aquel cementerio romano
cerca de la Porta San Paolo junto
a la Pirámide Cayo Cestio donde
se reúnen los poetas que quisieron vivir con dignidad
trina un pájaro
sobre la tumba de Gramsci
¿se oye?
 


De: "Faro meriodinal", El jardín de las delicias, 2021
Otros poemas de RITA KRATSMAN, aquí

Anna Ajmátova



Estamos tan intoxicados uno del otro     




Estamos tan intoxicados uno del otro 
Que de improviso podríamos naufragar, 
Este paraíso incomparable 
Podría convertirse en terrible afección. 
Todo se ha aproximado al crimen 
Dios nos ha de perdonar 
A pesar de la paciencia infinita 
Los caminos prohibidos se han cruzado. 
Llevamos el paraíso como una cadena bendita 
Miramos en él, como en un aljibe insondable, 
Más profundo que los libros admirables 
Que surgen de pronto y lo contienen todo. 



ANNA AJMÁTOVA (1889, Bolshoi Fontan, Ucrania / 1966, Domodedova, Rusia)
Enlaces: Zenda Libros | Material de lectura UNAM | Hablar de poesía | Otra iglesia es imposible

marzo 05, 2022

Angelina Muñiz-Huberman

Era una ciudad, poesía mexicana


Era una ciudad     




No eran los sonidos de la ciudad los mismos. 
Ni la luz de atardecer, ni el tiempo en que se encendía el alumbrado. 
Saltaba de sorpresa en sorpresa como pequeño conejo acosado. 
Las palabras sonaban a tambor destemplado. 
 
Parecía idéntico el idioma y, sin embargo, era otro. 
Idénticas las caras y eran otras. 
Idénticas las danzas y las canciones, pero otras. 
 
Lo que sonaba no se oía y lo que guardaba silencio atronaba. 
 
Era una ciudad vuelta del revés. Sin principio ni fin: amontonada. 
Y luego, grandes huecos: no de parques ni de jardines. 
Grandes huecos entre casa y casa. Hoyos profundos mucho más que sepulturas en tiempo de guerra. Esqueletos de edificios, ventanas al vacío con jirones de cortinas, al aire, despeinadas. Los techos sobraban y los cables se enredaban a gusto y se desenredaban.

¿Por qué salía a pasear por la ciudad?
Salía porque ni un muro lo aprisionaba, ni una puerta lo encerraba. Al abrir los ojos ya estaba del otro lado y su cuerpo, torpemente, lo arrastraba.
Evitaba columnas derribadas o pasaba sobre ellas esforzando al mínimo los músculos de su cuerpo. Estaba tan cansado.

Estaba tan cansado como rata de alcantarilla que ha escapado al terremoto y su mirada se desorbita.

¿De qué huía?
No era posible saberlo. De una destrucción de tiempos antiguos. De todas las catástrofes que el hombre ha inventado.

Si encontrara una cueva donde refugiarse.
Si encontrara un resquicio en el muro desordenado.
Por lo menos, un árbol frondoso, aunque no supiera cómo llamarlo.

Entonces llegaba al término de la ciudad. Se daba vuelta y repetía sus pisadas con cuidado, caminando entre bloques de piedra, artefactos fuera de lugar, hilillos de agua que escurrían por aquí y por allá.

El hombre, con su cansancio de milenios, se detuvo sobre el polvo y escribió con la yema de los dedos: “Era una ciudad.”



Reconciliación



Y un día acepté el paisaje.

Las montañas,
siempre las montañas.
El lago del recuerdo,
que hubo,
que ya no hay.
Los volcanes al oriente,
los volcanes siempre.
Los volcanes al oriente,
la punta de nieve,
ya blanca, ya breve.
El sol que se pierde en ella.
Árboles lejanos,
de tan lejanos,
olvidados.
No hay agua que corra,
no hay agua que brote,
sólo el agua que cae,
que limpia,
que arrastra,
que reverdece.

Y acepté el paisaje,
el paisaje que no era mío,
que me encerraba en cuatro paredes,
que me daba alta prisión,
con sólo el escape del cielo
y tal cual nube para sentirme mejor.

¿Qué hacer si el paisaje no era mío?
¿Qué hacer si nací de cara al mar?
Si el mar desgastado
había arrastrado la arena
y con ella los recuerdos conjurados.
Si la memoria no guardó nada,
si el olvido era línea confín.

Y sin embargo
durante años
creer en el olvido,
en la tierra perdida,
en el mar que lloraba,
en la imagen sellada.

Hasta que ya no se puede más.
Porque un día ya no se puede más.
Y entonces
al abrir la ventana
ves el alto perfil,
la nieve en los volcanes,
los árboles lejanos.

Y ese día,
ese día,
aceptas el paisaje.



ANGELINA MUÑIZ-HUBERMAN (1936, Hyères, Francia). Reside en la ciudad de México
Fuente: Inti
Enlaces: Asociasión de Academias de la lengua española | Cervantes virtual | Isliada
Imagen en El Universal

marzo 04, 2022

La guerra de Crimea por Diego Bentivegna





Una de las imágenes que más me quedó de una Historia Universal que mi familia había comprado en casa es de la Guerra de Crimea, del siglo XIX, cuando Francia, Italia y el Reino de Piamonte intervinieron contra Rusia y a favor del Imperio Turco. No sé bien por qué: en la imagen se veían unos soldados piamonteses, que parecían un poco azorados en las playas de esa península rusa, o ucraniana, o turca, que sin embargo es bañada por el Mar Negro. allá donde Ovidio había sido desterrado.
Había sido colonizada en su momento por los griegos, que fundaron varias colonias en sus costas. Más tarde, llegaron los genoveses y, con ellos, los asentamientos más o menos estables de comerciantes italianos, que permanecieron, pese a todo, hasta el siglo XX. Stalin, el "padre de los pueblos", ordenó en su momento la deportación de esa población, por considerarla potencialmente peligrosa durante la invasión alemana, de la que participaron varios contingentes italianos. Pasolini de quien se recuerda mañana los cien años de nacimiento, tenía en su juventud un gran amigo, al que llamaban Ermes, que termina siendo enrolado en la división italiana en Rusia y del que se pierde todo rastro. Un primo de mi mamá, que vivía en Capri, la deliciosa isla del Tirreno napolitano, fue enviado también a Rusia como soldado y no regresó nunca. Eso se narraba mucho en mi familia. El primo disperso en las estepas. Una de las películas más lindas de Vittorio De Sica, "Los girasoles de Rusia", narra la historia de un napolitano que se hace pasar por loco para no ir a la guerra y es enviado a Rusia, donde pierde la memoria (¿Luria?) en una batalla con los rusos y termina reconstruyendo su vida en la posguerra, casándose con una mujer rusa. Perdiendo, tal vez con un poco voluntad, los recuerdos de su vida anterior en las playas italianas. De los italianos que fueron deportados no sobrevivieron muchos y, según leí, no sobrevivió ninguno de los niños. ¡Los niños de Vallejo! Al parecer, la Argentina compró remesas militares a los turcos, sobre todo los pantalones inflados, las "babuchas", que los habitantes de las pampas llamaron "bombachas" y todavía hoy forman parte de la indumentaria campestre de la zona.

Extraído de Facebook, 04/03/2022



marzo 01, 2022

Richard Murphy

Stone mania


Piedra manía     




Cuánto me duele poner orden cuando todos mis papeles están 
apilados en desorden sobre el escritorio desde hace tres meses, 
recuperar el control de esta deriva de dias perdidos en 
mi pasión por construir en granito,  
y hacer frente a las cuentas que tengo que pagar por dejar la 
casa que tanto me costó agrandar, 
en la que pasé el tiempo preparando demasiado rápido un lugar 
para trabajar en el futuro dentro de paredes a prueba de ruidos, 
por lo que nunca tuve un momento en el presente para escribir 
sobre los momentos que estaban pasando: 
cuánto duele ver la destrucción que todo buen 
edificio, incluso el mejor, tiene que causar, 
no sólo las cercas, que primero tienen que ser derribadas 
antes de que los cimientos se caven,
sino cortes más profundos en las venas de la mente que llevaron
la sangre de la memoria al cerebro:
cuánto me duele haber descuidado durante todo este verano
a los amigos a los que debería haber visto,
por mi loca obsesión de construir más cuartos
para hospedarlos en tiempos venideros:
porque esos tiempos tienen la aptitud de eludirnos, nos morimos,
o nuestros amigos caen muertos antes de que podamos decir
me encantarla verlos y disfruten de la casa cuya construcción
nos mantuvo completamente separados.



Stone mania




How much it hurts me to tidy up when all my papers are.
heaped on the desk in a three.month mess
To regain control of this drift of days, I’ve lost in' my passion for building in granite;
And face the bills I must pay by leaving the house
that has cost me too much to enlarge,
Where I passed the time too quickly preparing a place for
the future to work within soundproof walls
So I never had a moment in the present for writing about
the moments that were passing away
How much it hurts to see the destruction that all good
building, even the best, must cause
Not only the hedges that had to be first cut down
before the foundations were dug
But deeper cuts through veins in the mind that carried
the blood of memory through the brain: How much it hurts me to have neglected all this summer
the friends whom I might have seen
But for my mad obsessions of building more rooms
to entertain them in time to come:
Because these times are apt to elude us. we die, or our
friends drop dead before wc can say
I'd love you to and enjoy the house whose construction
has kept us entirely apart.





RICHARD MURPHY (1927, Milford House, Irlanda / 2018, Sri Lanka) Poeta anglo-irlandés
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Buenos Aires poetry
Imagen en The Irish Times

febrero 25, 2022

Poemas de Madeline Millán (New York/México)

Poeta Madeline Millan con fondo de rosas rojas


1

La ciudad azul 


“A mí, Hasan, hijo de Mohammad el alamín, a mí, Juan León de Médici, circuncidado por la mano de un barbero y bautizado por la mano de un papa, me llaman hoy El Africano, pero ni de África, ni de Europa, ni de Arabia soy. Me llaman también El Granadino, el Fesí, El Zayyati, pero no procedo de ningún país, de ninguna ciudad, de ninguna tribu. Caravana es mi patria y mi vida la más inesperada travesía […] y en Granada vive aún mi inocencia”.

Amin Maalouf, Leo Africanus

Ve a Ispahn y conoce la mitad del mundo
El camino se tornará tormentosamente bello
La ciudad azul pertenece a la ruta de la seda
Tan suave tu paso que al llegar los pétalos de la rosa
Sabrán a chocolate miel y naranja sobre el rojo
Cuando llegues darás a luz el poema del atardecer
Para entonces regresar parecerá imposible
Los viajeros no tienen casa ni una sola ruta
La otra mitad del mundo está en Xaouen, allí desnúdate
Ama como aman los valientes, ve a morir a otras tierras
La ciudad azul no te pertenecerá por un segundo
La inocencia llévala en ti más allá de Granada



2


Un hombre con faldas


درد کی دوا پائی دردِ بے دوا پایا
((ishq se :tabii((at ne ziist kaa mazaa paayaa 
    dard kii davaa paa))ii dard-e be-davaa paayaa
Por la pasión, el temperamento encuentra el sabor de la vida, una cura para el dolor, un dolor sin cura.    (Ghalib)


Debajo de una falda escocesa
Los soldados y gaiteros no llevan nada
Tampoco el chivo verde 
De origen incierto por su pelo rubio
Mi hombre alto y esbelto
Después de estar desnudo
Sale de la cama y se amarra a la vida
Con su lungi a cuadros
(No vayas a decir lingam, me advirtió)
Pero yo sigo confundiendo las palabras
Para esta escena final luce camiseta azul
Con palabras urdu grabadas en negro
Sus sandalias devoraron las calles
de Delhi ahora de regreso a las mías
En la suela sus días va contando 
Un hindú fingidor de identidades
Lleva escondido un animal erecto 
Y se viste durante el intermedio 
Teatral de quince minutos y yo 
En la pura desnudez me quedo
Somos actores intercambiando los sexos
De vuelta con nada más que su lungi 
La serpiente asoma la cabeza
Entre bastidores, vigilante se viene
Con todo y lengua bífida
Reconoce el espacio entre unas piernas 
Es ordinariamente fácil meter la mano y abrir
La tela por donde unos dedos hurgan
No hay siquiera un nudo en la cintura
Solo un embrollo de algodón
Tocaron las campanas tres veces 
Llaman para volver a escena
El intermedio termina pero el telón no sube
Solo baja, se desliza, y cae



3


Buscadores de oro/Gold Diggers



Yo sé lo que el oro hace en los corazones de los mortales
     Howard en El Tesoro de la Sierra Madre (John Huston)
                                                              

Ese tiempo que ya no queda nos da a escoger lágrima o risa.
Como el oro al final del celuloide vuela lejos del fardo conteniendo los sueños.

Al tocar tierra se rompe y del suelo pasa al aire o en la nada se dispersa.
Libre entre los cuatro caminos va volando El Tesoro de la Madre Sierra. 

Somos como esos actores finales y de segunda, sobrevivientes felices. 
Con los bolsillos bien rotos, el corazón remendado sostiene la última monedita del amor. 

4

Humphrey Bogard ha muerto 
Bien morido está con sus botas bien puestas
Todos somos él y sus dos cuates 
Manos vacías, risa loca a borbotones
Epifanía ante el río que lava la arena 
Dorada de la Sierra Madre

Como ellos, nos asimos al caballo del adiós 
Desde lejos venimos para volver a empezar
Qué más da si el reloj cabalga al minutero
Se agarra del estribo, y segundo a segundo va trotando

Nadie ha visto esta réplica del filme 
La cámara es lúcida y erótica en el sur 
Sus protagonistas pasan la edad de los cuentos
Había una vez dos amantes ochentosos
Y ciertamente lo son a los ochenta

El tiempo es oro, aquí en la sierra como el cielo
Lo sé yo de sobra, acentuó el viejo Howard



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Los tres hermanos




Los ojos de él son amarillos 
Mis ojos de mí son verde monte
Los ojos del segundo fueron azules 
Por llorón a los cinco se le pusieron grises
Miramos de ese modo 
En colores poco convencionales
Nunca claros del todo
Híbridos de algo, de una madre
A ciencia cierta, germen de trigo
Descendientes de islas canarias
Tres somos, común denominador 
Una santísima saudade 
y ese amor por el mar



Llegó en tiempos de La Guerra y la Paz


“Pierre estaba en lo correcto cuando dijo que debíamos creer en la posibilidad de la Felicidad si queríamos ser felices, y ahora lo creo. Dejad que los muertos entierren a los Muertos, pues mientras yo viva, debo vivir y ser feliz”

Leo Tolstoy 


Estoy hablando del amor, así sin avisar
A los puertos cuando el mundo del siglo XXI 
Era una pandemia y todo era de puertas adentro
Solo más solitarios que lobos esteparios 
Errantes por los montes de Washington Heights
Empezamos a imaginarnos uno al otro
Máscara sobre nariz, boca y corazón
Cada uno enmascarado de silencios y de un gran ojo
Por esas calles del Caribe en el alto Manhattan
Como no nos conocíamos, no todo parecía oscuridad 
Caminando por esas tierras, las bombas y los misiles 
Pasaban por mi lado y por el tuyo las palomas del parque
Durante los meses de abril y mayo música de las esferas 
Dominicanas y boricuas de merengue y salsa
El cuerpo del hombre negro e invisible de Waldo Emerson
Escultura de padres que no llegaron nunca
Entre los árboles atravesando su cuerpo también caminábamos
Desconocidos, pero conociéndonos desde antes
A ciencia cierta inventé la forma en que llegarías, 
dudé si a pie o en bici porque un taxi costaría ese gran ojo de la cara
¿Serías la insólita abeja frente a los claustros medievales de la 190?
¿O la luciérnaga japonesa en mis noches sin abrazo?
Sé que estabas con vida y yo con mis seis sentidos alerta
Busqué tu voz entre los sobrevivientes cuando las ambulancias
y los cacerolazos celebraban la vida a las 19 horas del norte
Yo mismo respiro como un Viktor Frankl
En busca de sentido pero, después de encontrarlo, vienes tú
La gran respuesta fuera de los campos de la muerte
Somos tal vez como judíos o árabes de cuna 
universales rojos por decisión, azules por Darío y por raros
He de creer que preguntarse en las noches, si mañana será mañana
O el ayer lo imaginamos en la distopía invertida de un sueño 
No importa si la solución final es dormir en paz o en guerra
Morir así como esas abuelas meciéndose en la silla
Vivir así como esas madres cantándole a su propia niño
Acunándose hasta que un día gatea, corre y vuela
Aquí es el lugar dentro del cielo azul orgásmico
Mojado porque los pájaros hacen el amor en el aire
Con las alas abiertas de par en par, estoy hablando del amor 
La felicidad anunciada que imaginamos está aquí
La pluma cayendo a tierra, El Ángel Levine, solo existe
Si lo imaginas primero y si en verdad crees en ángeles
Y el amor en los tiempos del virus, en tiempos de guerra
Imagínalo primero, hablo del amor que toca a la puerta




MADELINE MILLÁN (Coamo, Puerto Rico)

La sed del infinito mordido por Pablo Ananía

Acerca de “La fuga del infinito mordido” de Susana Cella (Barnacle, 2021)     

    

¿Es posible escribir en estos tiempos difíciles sobre azucenas marchitas y narcisos sin ceder a ninguna tentación lírica romántica? Sólo si existe la firme decisión de alcanzar un punto álgido en el que confluyan el raro privilegio de la reflexión nietzscheana y una poética expresionista, carne ausente, cráneos o mandíbulas falsas, jirones de nylon en osamentas secas. 

¿Qué se propone esta mujer con su decir reactivo, en instantes hostil, por momentos con humor, más de una vez con ira? ¿Qué loca presunción le permite concebir la realidad sólo como lo que aparenta ser, apenas restos, lo que queda de cosas o de seres, fragmentos de un arbor textualis intenso, profundo, matorrales que encierran, asfixian, y de golpe se iluminan con un pensamiento incendiario que hace estallar con fuerza la pasión ardiente del poema? 

Es evidente en Cella su inclinación por una estética que se va y vuelve del barroco al expresionismo, arte el primero que recrea con un saber del Cinquecento, pero que hoy es lengua de ruptura, estética que le permite diseminar figuras corrosivas entre endebles ramitas, tallos raquíticos con el puño apretado, sangrientas mordidas con fugas rantifusas, palabras reas corroyendo el infinito, dando dentelladas para tratar de encontrarle un sentido a la existencia.  

Pero no hacerse ilusiones: nada propone. ¿Describe? No, tampoco. No trata de persuadir ni entretener ni contar ni su musicalidad surge en razón de una especie de felicidad. No. Sustrae. Quita el aliento. Vacía. Y vaya si juzga: condena, deshabita. Juega en juerga verbal. Juega de manos como las niñas con fuego, con la piel erizada y su esqueleto de falsa hembra de tiburón. 

¿Todo eso la define? En absoluto. Hay más y más en cada fragmento, rajaduras mentales, goznes del cuerpo oxidados. ¿Y ella? ¿Es como de pronto se insinúa, fría y distante, o puro fuego viviente? Le apasiona la ambigüedad, es visible. Y el equívoco, la paradoja. Distrae, engaña, se aferra a sus imperfecciones, te hostiga, te cuestiona, te somete a un constante deslizamiento de los significados. ¿Con qué objeto? Acostillarte al piso, quemarte en pozos de cal viva. Es por eso el suyo un libro extraordinario. Complejo, barroco, sí. Pero sin ninguna referencia a lo divino, natural o artificioso. Sólo poemas que escudriñan el horror de una cuerda fina de arpa que es a la vez alambre de atar carne en un campo de exterminio. El desconsuelo y el sarcasmo de un Benn al que ciertamente supera y la inmensa sutileza de las cosas terrenas, la belleza desasida de toda humanidad. 
No es este en realidad un comentario al que se le deba adjudicar autoría: se lo ha construido sin comillas pero con fragmentos de los poemas de Susana Cella, porque sólo así se puede transmitir la conmovedora, bruta experiencia que suscita la lectura de este libro, que llevará sin duda a cualquier sujeto pensante a un solipsismo cartesiano de difícil salida. Porque como ella juzga y dictamina: del otro lado, al atravesar la puerta, nada te aguarda, solamente agua reptando mal parida.


Acerca de Pablo Ananía

Nació en Rosario, provincia de Santa Fe, Argentina.
Es ensayista, poeta y periodista. 
Residió en México, Costa Rica y España. Vive en Buenos Aires, Argentina, y trabaja, vía internet, para medios y profesionales de México, Costa Rica, España Venezuela y Colombia.
Publicó, entre otros: Diccionario inmoral de los argentinos (Ed. Vergara, Buenos Aires, 2005), Hemos construido este país desde el principio al fin equivocados (Editorial Ambigua Selva, Buenos Aires, 1999),  Más milagro que muerte (Editorial Ambigua Selva, Buenos Aires, 1994), Pensar sin pensar (Editorial Ambigua Selva, Buenos Aires, 1992), La comedia continua (Editorial Ambigua Selva, Buenos Aires, 1989), Ciudad Irreal (Editorial Ambigua Selva, Buenos Aires, 1987), Tipos, observaciones (Editorial Ambigua Selva, Buenos Aires, 1981) y Tontas preocupaciones (Editorial Vos, Buenos Aires, 1963).

Acerca de Susana Cella (Buenos Aires, 1954)
 

Autora de los libros de poemas Entrevero (Sigamos Enamoradas, 2008) ,Tirante (Paradiso, 2001), Río de la Plata (La Bohemia, 2001), Eclipse (Zorra Poesía, 2005), De Amor (dientes, paredes arrugadas) (Zorra Poesía, 2006) El fondo (Barnacle, 2017) y La fuga del infinito mordido (Barnacle, 2021); las novelas El Inglés (Paradiso, 2000) y Presagio (Santiago Arcos, 2007), el ensayo El saber poético (Fac. de Filosofía y Letras UBA/ Nueva Generación, 2003), entre otros.
 
Publicó poemas y ensayos en revistas, capítulos de libros, antologías o ediciones en Argentina, Chile, Cuba, España, Estados Unidos, Francia, México y Uruguay. Traduce literatura en lengua inglesa. Fue becaria de la Universidad de Buenos Aires (1990-1998), y obtuvo la beca de ILE (Ireland Literature Exchange), Dublín, 2007.

Colabora en revistas y periódicos. Es doctora en Letras por la Facultad de Filosofía y Letras de la UBA, donde trabaja como profesora e investigadora.
Coordina el Espacio Literatura y sociedad del Centro Cultural de la Cooperación.


febrero 23, 2022

Jorge C. Alegret: Un flamenco agónico escribe en el agua

Un flamenco agónico


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Aromas de parafina hirviente. 
Los hombres fracturados sostienen 
a la panamerican energy. Un flamenco 
agónico escribe en el agua 
sobre la monstruosidad de lo humano. 
En la escenografía del salitral 
lo que se espera carece de sombra. 
Y todo esto se dice para que regreses 
de todo heroísmo, 
de toda disciplina 
y de todas y cada una de las versiones 
del chevrolet 57 negro perdido en el desierto,
que es el material del sueño colectivo.



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Unos bichitos con la cara de ferlinghetti
reflejan la luz del sol de noche.
En la duermevela un tren atraviesa la salina.
Te veo al costado de las vías, desnuda
y de color ladrillo.
Un gato montés de cartapesta duerme a tu lado.
Imagino el sabor de tu piel mientras cae
el frío de la luz lunar sobre los lomos quitinosos.
Comprendo lo inestable de la situación,
intento volar, pero ya es tarde.




JORGE C. ALEGRET (1957, Mar del Plata, Buenos Aires / 2020, Bariloche, Río Negro, Argentina)
Fuente: Ediciones Desmesura
Enlace: Fuegos del Sur
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