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abril 15, 2018

Nicolás García Sáez

Poesía argentina

Termópilas 




Tengo el cuerpo de Leónidas en las Termópilas
lacónico entre los jardines menos temblorosos de Esparta
claros y luces estoicas de aquel verano un poco rabioso (la duda es barroca)
los soldados se mueven, llevan uvas, espadas 
los periceos asisten al fogón celebrado a orillas del Eurotas
ya habrán notado la movilidad que tienen las damas frente al David 
de mil ocho catorce

Se cuelan entre los céfiros las melodías de pantanos remotos
los siervos aplauden tibiamente
trueques o descuentos
(gritos de comercio) 
no le hacen jaque al agujero

Desde el cielo: La Maravilla
el cabo y el rabo de Italia
Grecia, Albania
del Jónico al Boreo

De curso, de cuenca
Cabo Karagol en Corfú
Cantabria, Epiro, el Peloponeso
y allí
abajo
si
otra vez las Termópilas



Evolución 




Aquello partió 
bajo la sombra del ombú
con un sapo
y su bella rana
reposando para siempre en el jardín

hubo un gato
con diminutivo célebre
que llegó un día
y al otro se fue
rompiendo pedazos de mi corazón

hubo un axolotl
que en pocos meses
regeneró sus piernas (amputadas)
y se deslizó bajo el barro
de una barca oscura mexicana

hubo un lémur negro
que mordió a un gusano
envenenado
equivocado
para alucinar con el cianuro en las alturas de un baobab

hubo un mono loco con cóctel
de alcohol frutado
con la espuma en la boca
de un puercoespín
hubo un reno buscando un hongo bajo la nieve

hubo, si, un delfín amarillo
que se adhirió 
también
a mi piel
para multiplicar sus voces

de puntos cardinales
para armar
en una sola pieza, a un animal fabuloso
aquel 
El Único, esencial 
cubierto por el recuerdo de todos los demás


Un perro 





Hay un viejo blues de Pink Floyd
en el que un perro ladra, canta
despierta amaneceres, el mar
y un sol uruguayo

aquel cachorro manso
parecido a un esqueleto
desterrado del campo seco
el hambre y el fracaso

gris, nublado, liberado
no es azul, es luminoso
las olas mueren y allí está
el perro de mi infancia encerrado en la ciudad

recuerdo a otro, ese valiente
un perro insoportable
que quiso ser el dueño de un barrio serrano
y lo pagó muy caro, con un escopetazo cobarde

recuerdo al montón de hijos hambrientos
que aquel tonto ingenuo 
tuvo con la perra, que a las cuatro de la mañana 
viene a pedir comida a mi casa

perros antes, nunca se pierden, o después 
ahora veo
a mi amigo más fiel 
siendo él, tan glotón
reencarnando, gordo y satisfecho, a todos los demás


Latina




Me conmuevo entre las piedras tan extrañas
con espinas que no pinchan
orgullo férreo y duro
que de tanto se hace etéreo
irrompible/tan sensible
con las sombras del perdón

Ante la mera mención de América Latina
la piedra se irrita
incomoda su letargo
que no tiene perspectiva
ni pasión

Y sin embargo (o tal vez por eso) la lloro
epifanía triste que sabe
que esa misma piedra
es tan América
y Latina
como yo



POEMA QUE PUDO HABER SOÑADO EL TITANIC EN EL FONDO HELADO DEL MAR, LA NOCHE DEL 31 DE DICIEMBRE, CUANDO TODO EL MUNDO FESTEJABA EL CAMBIO DE MILENIO




Ya han pasado más de ochenta años
en los que pasé de ser
el Monumento al Encanto
a esta ruina partida, perdida
tristísima, abandonada
oscura, siniestra
y llena de fantasmas

Desde aquí abajo, esta noche, yo juro
que dentro de ochenta años exactos
gracias a las bacterias
los submarinos cleptómanos
y toda la ayuda de mi deterioro
no seré entre el agua un fracaso
ni dentro de mi vergüenza un fantasma



POEMA QUE PUDIERON HABER SOÑADO LAS AGUAS DEL SUPER KAMIOKANDE EL 12 DE NOVIEMBRE DE 2001, LUEGO DE LA IMPLOSIÓN DE MILES DE TUBOS FOTOMULTIPLICADORES




Neutrino, hijo del Sol, veloz como la misma luz
elemento oscuro a lo largo y ancho del Universo
testigo del colapso moribundo de todas las estrellas
rebelde o ameno, extraño cómplice de la relatividad 
entre práctica y teoría comulgaste por fin como materia

Sumidero de tantas energías arrojando entre supernovas
tu aura, la del mínimo eterno, cambiando el sabor del vacío
tauónico, muónico, electrónico, alquimia de las antipartículas
compartimos tu humor esta noche entre los cristales que flotan
y las miles de astillas, hundiéndose muy lentamente hacia el fondo



Epifanía número 12




Los poemas de Paul Eluard sólo resonaban dentro de ella cuando se encontraba inmersa en el agua. Apenas respiraba y ponía un pie en la superficie todo se volvía impreciso, o, por el contrario, demasiado preciso y los versos más exquisitos del galo rebelde (primer esposo de la Gala daliniana) parecían perderse en algún lugar remoto de sus recuerdos, que allí, bajo el sol ardiente o alguna nube gris e incluso, a menudo, bajo la luz de la luna, se deshacían tal como lo hacen todas las olas que abrigan a los siete mares.



Epifanía número 22




Estábamos en el cielo, volando con esos trajes pomposos que utilizan los paracaidistas para esos menesteres. El detalle era que no teníamos paracaídas. Alguien nos desplazaba (y aquí el verbo ¨desplazar¨ como sinónimo de expulsar) luego de haber dormido, no en un avión, sino en alguna tapera inspirada en “Los Olvidados” de Buñuel. Podíamos sentir la inmensidad y el vértigo, la altura, decenas de miles de metros bajo nuestros pies. Todo era brillante, luminoso, celeste y borroso. Había algo muy bello y angustiante al mismo tiempo conviviendo entre nosotros. Adrenalina pura. Yo me olvidé de eso cuando, de la nada, apareció un fotógrafo volador, también con el traje de pájaro falso y ostentoso, sin paracaídas, que anunció:

 -Digan whisky, por favor.


NICOLÁS GARCÍA SÁEZ (1970, Buenos Aires, Argentina) 

marzo 31, 2018

Simone Cattaneo

Poetas italianos



Demasiado lindo para ser un boxeador,
demasiado feo para ser chulo
caminaba en el centro de Buccinasco
sin trabajo y repleto de plata
esperando la hora del aperitivo
cuando me sube la gana de hacerme leer las cartas por la vieja bruja del vecindario.
En realidad sus tarot no son más que
pedazos de bebidas arrancadas con los dientes pero al final uno se las arregla con lo que se puede.
Pasado un billete de veinte a la vieja le pregunto brutal
cuando moriré, elle me sonríe y contesta pronto a los veintisiete cumplidos.
Le informo de mis veintinueve y mi anciana bruja de Buccinasco me
conforta diciéndome, mira entonces eres un hombre afortunado.
El dinero mejor gastado en los últimos diez años.



Colgada por los tobillos a un árbol del bulevar

encontré por primera vez a la única mujer que he amado,
hubiera querido seguir pero me pidió una mirada
me pidió de mirar un rio inexistente entre las estrellas,
entonces trepé hasta el borde de su rostro pero
no se alteró, nada de mi cuerpo me escondió.
Sumergida en su olor me abrió el pecho así que
pudiese sentir el sonido del color,
lleno de miedo prometí que hubiera aprendido a esperar,
di una vuelta alrededor del árbol y
mi mujer se había desvanecido, raptada por la fruta confitada de
una isla caribeña. Me até a un farol por los tobillos
para entender su perspectiva y realinear la mirada,
amontonados alrededor mío babeaban unos perros, con las mandíbulas de cristal
en llamas pero la tierra se había secado y la fiesta terminó.
Ya no encontré más a una mujer tan bella, quizás sí,
es la carne que todas las noches me duerme al lado
persuasiva en los muslos, elegante en las manos, luz moral en la cadera
doblada e indistinta como un esqueleto de pez.
Estoy seguro, somos el uno la propuesta de la otra.



Troppo bello per essere un pugile,

troppo brutto per fare il magnaccia
camminavo nel centro di Buccinasco
senza lavoro e inzuppato di grano
aspettando l’ora dell’aperitivo
quando mi sale la voglia di farmi fare le carte dalla vecchia strega del quartiere.
In realtà i suoi tarocchi non sono altro che
pezzi di bibite strappati a dentate ma alla fine ci si arrangia con quel che si può.
Rifilato un carico da venti alla vecchia le chiedo brutale
quando morirò, lei mi sorride e risponde presto a ventisette compiuti.
La informo dei miei ventinove e la mia anziana strega di Buccinasco mi
conforta dicendomi, vedi allora sei un uomo fortunato.
I soldi migliori spesi negli ultimi dieci anni.



Appesa per le caviglie ad un albero del viale

ho incontrato per la prima volta l’unica donna che ho mai amato,
avrei voluto proseguire ma mi ha chiesto uno sguardo
mi ha domandato di guadare un fiume inesistente fra le stelle,
quindi mi sono arrampicato fino all’orlo del suo viso ma
non si è scomposto, nulla del mio corpo mi ha nascosto.
Immersa nel suo odore mi ha aperto il petto così che
potessi sentire il suono del colore,
colmo di paura ho promesso che avrei imparato ad aspettare,
ho fatto un giro intorno all’albero e
la mia donna era svanita, rapita dalla frutta candita di
un’isola caraibica. Mi sono legato per le caviglie ad un lampione
per capire la sua prospettiva e riallineare la mira,
ammassati intono a me sbavavano dei cani, con le mascelle di vetro
in fiamme ma la terra si è asciugata e la festa è finita.
Non ho più incontrato una donna così bella, forse sì,
è la carne che tutte le notti mi dorme accanto
persuasiva nelle cosce, elegante nelle mani, luce morale nei fianchi
ripiegata e indistinta come uno scheletro di pesce.
Sono certo, siamo l’uno la proposta dell’altra.


SIMONE CATTANEO (1974 / 2009, Saronno, Italia)
Traducción: Antonio Nazzaro
Fuente: http://www.laboratoripoesia.it/
Enlaces: Kriller71 Ediciones



marzo 25, 2018

Ted Berrigan


Poesía beatnik


LXXVI             



Me despierto con dolor de espalda por la cama blanda Pat
se fue al trabajo Ron a clases (yo
nunca escuché ningún sonido) es mi cumpleaños. Me pongo
los pantalones de cumpleaños la camisa de cumpleaños  voy a ADAM’S compro una
pepsi para el desayuno vuelvo a casa la tomo tomo una pastilla
Estoy colocado. Hago tres lecciones de griego
para compensar la clase que falté. Leo un libro de cumpleaños
(de Joe) sobre Juan Gris su nombre verdadero José Vittoriano
Gonzáles me detengo a la mitad leo todos
mis poemas me regodeo un poco en una nueva balada rápido evito los viejos
sonetos imitaciones de Shakespeare. Vuelvo a los libros. Leo
poemas de Auden Spenser Pound Stevens y Frank O’ Hara.
Odio los libros.
Me pregunto si Jan, Helen o Babe
alguna vez piensan en mí. Me pregunto si Dave Bearden todavía
me tiene rechazo. Me pregunto si la gente habla de mí
en secreto. Me pregunto si soy demasiado viejo. Me pregunto si me engaño
con las pastillas. Me pregunto qué hay en la heladera. Me pregunto
si Ron o Pat compraron esta mañana papel higiénico .



Despedida

para Costa


nunca son como en las películas
en las películas dicen antes algo importante
siempre
uno se queda y el otro se va
despacio
con un gesto triste
(mirar por encima del hombro, atarse los cordones
llamar a un taxi)
cuando la figura ya es diminuta y está fuera de foco
justo antes de doblar en alguna esquina
y desaparecer
nunca se putean antes
y cuando uno se va dando un portazo
el otro se queda mirando la puerta como si algo fuera a pasar
nunca nada interrumpe la imagen
en las películas
una chica nunca desaparece para siempre
al borde de la escalera del aeropuerto
entre dos hippies y una familia de gordos
segundos después de esquivar tu beso mientras te dice
no te olvides de lavar la ropa
por favor, Ted.


Ted Berrigan(1934, Providence / 1983, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Patricio Grinberg
Imagen: Poetry Foundation

marzo 23, 2018

Roberto Valdivia


Encontré el rostro de yisuscraist en una tostada 




las cosas que había querido decir no eran exactamente las cosas que estaba diciendo
de igual manera que la celebración de un gol no tiene ningún parecido al gol
o el significado con el significante
mi lengua se convirtió en un lugar de desvío
un aeropuerto sin carteles que indiquen las puertas de embarque
una bolsa de pan donde meter la cabeza y solo tener espacio y oscuridad suficiente para imaginar situaciones sin importancia del transcurso del día sin ir más allá
estoy en una silla de plástico cubierto de serpentinas en posición fetal avergonzado por las cosas que he dicho
tengo miedo a volver donde mis antiguos amigos y piensen que he adoptado un dialecto ruso
me había propuesto abrazar mi tostadora en mi bañera pero imaginé antes
una casa hecha de vidrio y hombres   mujeres   y niños felices habitándola
la desnudez resultó ser la vanguardia del siglo
así que subí al trono a disfrutar del aire en mi torso
ustedes escucharán mientras exijo tantas cosas
que el mundo se va quedando vacío por todo lo que pido y ustedes observan atentamente desde sus computadores todo lo que pasa
mi habitación será el gran hermano
yo instalé las cámaras


Roberto Valdivia
ROBERTO VALDIVIA (1995, Lima, Perú)
Fuente: Poesía Sub25
Enlaces: Poética Caníbal

marzo 17, 2018

Kenneth Koch: Entonces misteriosamente nos fuimos


Poemas de Kenneth Koch en español

Destino



En una habitación de la calle West Tenth en junio

De mil novecientos cincuenta y uno, Frank O’Hara y yo
Y Larry Rivers (de hecho no recuerdo
Si Larry estaba ahí, pero iba a estar ahí
Más tarde, una noche de invierno, en las escaleras
Sentado esperando, “una llamada histérica”
Como dijo Frank en un artículo sobre él pero entonces
En las escaleras, infeliz de un modo juvenil, tanto,
ocurrió después), Frank, John Ashbery,
Jane Freilicher y yo, y yo
Acababa de llegar de Europa por primera vez.
Tenía una botella de whisky irlandés que había
Comprado en Shannon, donde el avión paró
Y lo tomamos y les conté 
A mis amigos sobre Europa, ellos nunca 
Habían estado, cuánto me había gustado, 
Estaba tan feliz de estar ahí con ellos, y mi
Europa, también, la que había tenido, Grecia, Italia, Francia,
Escandinavia e Inglaterra -imaginate 
Tener todo eso por primera vez. Las paredes
Eran blancas en ese pequeño departamento, tan pequeño
Las habitaciones son tan pequeñas pero todos nos apretujamos 
Y hablamos, Frank tan seguro de su
Talento, pero no lo dijo de ese modo, yo no
Supe hasta que él estuvo
Muerto, lo seguro que se sentía, y John
Infeliz y brillante y bobo y de todos ellos mi
Primer amigo, nos conocimos en Harvard todos
Menos Frank ridiculizaban
Lo que yo decía sobre Europa e incluso
Frank estaba más interesado aunque siempre discreto
Cuando estaba sobrio no podría decirlo pero
Tendía ligeramente todos tendían a estar mucho más
Interesados en chismes como
Quién se había acostado con quién y qué 
Se vendía y qué estaba pasando con lo cual 
Me sentí un poco herido pero acostumbrado mis
Expectativas sobre mis amistades eran
Absurdas pero de ese modo me 
Libré de ellas de hecho no fue
Casual pero al mismo tiempo nunca
Fui tan feliz con nadie 
Como lo fui con esos amigos
En ese momento concreto de ese día con
Esa botella de whisky irlandés a las
Cuatro de la tarde o 
Tres de la tarde o dos o cinco
No sé por qué creo
Que mi felicidad sea tan urgente
E importante parece cierta
Evidencia de la verdad como si
Pudiera volver atrás y agrarrarla ¿o
Sólo quiero atrapar lo que
Queda de ella ahora? la razón dice agarrá
Algo ahora y por eso
Me gustara o no esa
Tarde quién se acostaba con
Quién fue mejor y
Mi felicidad tomando un
Vaso Frank Cómo era, Kenny
Ah, desde mi vulnerabilidad
Sólo a veces puedo ver lo vulnera-
ble en los otros siempre conocí
Sus defectos en vivo o por teléfono
Las aventuras sexuales eran diferentes
Cada uno trabajando autobiografía todo
El tiempo abriéndose paso si
No hay interrogantes sobre el movimiento como
No hay ninguna duda ¿no podría yo
podría este momento minuto
Extraordinario? No puedo hacer nada
Más que escribir sobre esos dos
Ciento cuarenta West
Tenth Street, el departamento de Jane,
Mil novecientos cuarenta y uno o cincuenta y dos nunca
Lo recuerdo si fue
Después o mucho antes
Que Larry se sentó en las escaleras
Y John dijo Um hum y hum y hum no
Recuerdo las palabras que dijo Frank Un hun
Dijo Jane An han y Larry si estaba
Allí dijo Boobledyboop como siempre
Decía Larry o casi y yo dije
Aix-en-Provence un nuevo sentido de
Estos este Londres Firenze Florencia
Ahora Grecia y un hun um hum an
Han boop Pronto estaba en casa d eLarry
Y está proponiendo que alquiláramos una
Casa en Eastham -¿qué? en
Verano dónde es esto y
Ya esa tarde se había desvanecido
Otra comenzaba mucho más
Pero esa fue una
Que recuerdo que estuve en
Una posición especial como si
Fuera mi cumpleaños pero
Ellos eran de hecho mi
Cumpleaños es decir A quién
Le importa si uno envejece si
Tiene amigos como
Esos quiero decir ¿a quién no
Le importa? la celebración es la causa
De la pena y no
Al revés. También fui
A Venecia y a Viena había
Cierta gente llevé hasta ahí
Con nueva luz del sol Frank dice
Salgamos Jane John Frank
Y yo (Larry no estaba ahí, ahora lo
Recuerdo) entonces misteriosamente
Nos fuimos


Otros poemas de KENNETH KOCH, aquí
De: "Un tren oculta otro tren", Zindo & Gafuri, 2017
Traducción: Silvia Galup y Aníbal Cristobo
Enlaces: Perros en la playa
Ilustración Tony Fitzpatrick

marzo 16, 2018

Diego Brando, inédito: Detrás de las ventanas las bestias se hunden en el barro...

Imagen de Diego Brando, hombre calvo sonriente.


Detrás de las ventanas
las bestias se hunden en el barro
y adornan el paisaje de un cielo
recortado por la cámara.


Como quien contempla 
la caída de un árbol
que había sido plantado para inaugurar una casa
filmo el movimiento y luego me detengo
durante minutos.
Los demás vecinos mientras tanto
traman un plan y piensan irse
con un dinero que no es nuestro;
dicen alejarse de esta granja
en donde reina la desgracia.
A su tiempo, también habré de escapar,
a otra velocidad, a otros bosques.
Después de todo, aquí tan solo quedarán
los animales pastando la nada, y un sol obstinado
sobre sus lomos.



Otros poemas de DIEGO BRANDO, aquí

marzo 14, 2018

Diane di Prima

Diane di Prima con pullover gris al lado de una ventana

Ella es el viento...



ella es el viento que nunca dejas atrás
el gato negro que mataste en un terreno baldío, es
olor a hierba de verano, la que se esconde
en abiertos armarios infantiles, tose
en la habitación de al lado, ulula, anida en tu pelo
es un íncubo
un rostro en la ventana
ella es
la arpía en tu escalera de incendios, una figura de mármol
tallada en la repisa de la chimenea.
Es una cornucopia
que se lamenta por la noche, el abrazo de la muerte
del que no puedes librarte, límpidos ojos negros
de niñas dementes que cantan villancicos detrás de una red, es
el silbido en tus adioses.
Grano negro en verde jade, sonido
de un koto* silencioso, es
un tapiz quemado
en tu cerebro, el ardiente velo
de plumas que te lleva desde las colinas
cuando bajas corriendo en llamas
hacia el negro mar



She is the wind...



she is the wind you never leave behind
black cat you killed in empty lot, she is
smell of the summer weeds, the one who lurks
in open childhood closets, she coughs
in the next room, hoots, nests in your hair
she is incubus
face at the window
she is 
harpy on your fire-escape, marble figurine
carved in the mantlepiece.
She is cornucopia 
that wails in the night, deathgrip
you cannot cut away, black limpid eyes
of mad girls singing carols behind mesh, she is
the hiss in your goodbyes.
Black grain in green jade, sound
from the silent koto, she is
tapestry burned
in your brain, the fiery cloak
of feathers carries you
off hills 
when you run flaming
down
to the black sea



DIANE DI PRIMA (1934 / 2020, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: Jonio González
 Enlaces: El placard| La pecera
(*) Koto: es un instrumento hecho de madera con 13 cuerdas de diferente tamaño, pertenece a la familia de la guitarra

marzo 11, 2018

Laura Ponce


Vivimos en el Borde de las Cosas




Vivimos en el borde de las cosas

buscando vanamente no tocar el dolor.

Creemos que los bordes son una suerte

de corredor / esa distancia que nos pone a salvo.

Lo cierto es que en los bordes reside la tiranía de las cosas;

ellas ejercen allí y sólo desde allí

su pequeño y mortífero poder:

obligarnos a seguir su forma.

Corro a la par de la sombra de un pájaro que vuela:

no soy pájaro, no soy sombra/ apenas

me sujeto a la plumosa decisión de un ala,

al vaivén azaroso de la luz.

¡Si yo pudiera entrar en el temido corazón de la cosas!






Laura Ponce (1964, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)























marzo 09, 2018

Mercedes Álvarez


POR mi manía de remendar siempre la ropa   
me abandonaron muchos hombres 
por coser los agujeros de las medias 
por pegar coderas en mis pulóvers 
y no desprenderme de mis atuendos
-a veces casi harapos-.
Querían comprarme blusas, faldas
un vestido nuevo pero yo desconfiaba
pensaba
que querían sorprenderme
a medio vestir
en el probador de una tienda
o calzarme el zapato como a Cenicienta
y yo quería ser Santa Clara
y aferrarme al orden natural de las cosas.
Tardé años en entender.
Pero nunca dejé que me vistieran.







NO sé si soportare la traición del tiempo
mi voz partiéndome la cara
¿me oís?
estás tan lejos que yo soy cuenco soy brasa soy ceniza
no aprendo nada
y al mismo tiempo aprendo todo.
Me sostengo sobre lo encendido
pero también sobre lo apagado.
Me hablaste de esperas
¿sabías realmente de eso
o simplemente te dabas una idea?
Lo que creemos ser mira desde el cosmos
reclamando en un suspiro
la precariedad de todo lo creado.




poesía argentina
MERCEDES ÁLVAREZ
 (1979, Tandil, Buenos Aires, Argentina)

Imagen en Facebbok

Claude Roy


Las preocupaciones del cielo



El cielo aprende de memoria los colores de la mañana
El techo gris el árbol verde el trigo rubio el gato negro
No tiene memoria cuenta con los dedos de las manos
El techo rubio el árbol gris el trigo negro el gato verde

El cielo azul se ocupa de decir a la noche negra

cómo el día acababa de lavarse la cara
Pero pierde en el camino sus preocupaciones la memoria
vuelve a la casa ha enmarañado todo

El techo verde el árbol negro el gato rubio el cielo gris

El cielo pliega sus paños azules intentando reencontrar
lo que él cubría el día con mirada sorprendida
el mundo muy preciso que creía haber soñado

El techo negro el árbol rubio el gato gris el trigo verde

El cielo no ha terminado de imaginar el día
busca en la noche pensando con los ojos abiertos
los colores que el negro evapora siempre.

CLAUDE ROY (1915 / 1997, Paris, Francia)
Traducción: adam Gai
Enlaces: http://www.letraslibres.com/mexico-espana/un-poeta-chino-llamado-claude-roy

febrero 24, 2018

Jim Carroll

Jim Carroll



Sin título



Somos una parte importante del aburrimiento
de principios de primavera planificando las compras
de montar por la Quinta Avenida en un autobús aterrado por Pascua.

pero aquí estamos de todos modos, sobreviviendo como una calle húmeda en Agosto
y vigilando a los otros mientras lo "hacemos", así
tú haces el Oeste por la Calle 8 y compras algo místico que ponerte
y yo simplemente meto las manos en mis bolsillos de pana
y silbo hasta Carter's a por el cartel que me prometió.

Me gusta la idea de dejarte por un rato
sabiendo que voy a verte de nuevo mientras los libros aburridos
W. H. Auden, y los horarios de las películas sostienen mi aislamiento
y al mismo tiempo mi mente se sustenta en la tuya así como a mi cuerpo
le gustaría apoyarse en tí en alguna estatua del Central Park
en la jaula del león en el Zoo del Bronx en una cama en Forest Hills en un autobús.
Llego a la Tercera Avenida, su tráfico azul, ya sabía que más tarde
o temprano y ahí estás tú en el viento de la Plaza Astor leyendo
un libro y respirando en el aire cada pocos segundos eres tan consistente.
¿no es este día así como de confeti? trozos de carne cálida cosquilleando
mi cara en Saint Mark's Place y mi corazón latía como un negro joven
mientras que la profundidad se aproxima por todas partes en el cielo y en tu tacto.



Untitled



We are very much a part of the boredom
of early Spring of planning the days shopping
of riding down Fifth on a bus terrified by easter.

but here we are anyway, surviving like a wet street in August
and keeping our eye on each other as we “do it,” well
you do west on 8th St. and buy something mystical to wear
and I’ll simply tuck my hands into my corduroy pockets
and whistle over to Carter’s for the poster he promised me.

I like the idea of leaving you for a while
knowing I’ll see you again while boring books
W.H. Auden, and movie schedules sustain my isolation
and all the while my mind’s leaning on you like my body
would like to lean on you below some statue in Central Park
in the lion house at the Bronx Zoo on a bed in Forest Hills on a bus.

I reach 3rd avenue, its blue traffic, I knew I would sooner
or later and there you are in the wind of Astor Place reading
a book and breathing in the air every few seconds
                                                you’re so consistent.

Isn’t the day so confetti-like? pieces of warm flesh tickling
my face on St. Mark’s Place and my heart pounding like a negro
youth
while depth is approaching everywhere in the sky and in your touch.  



JIM CARROLL (1949 / 2009, Nueva York, Estados Unidos de Norteamérica)
Traducción: JP. Salinero
Fuente: Flores del Fango
Imagen: La caída de la casa Usher

febrero 23, 2018

Juan José Rodinás

Poesía latinoamericana

Teorema de la bolsa de compras      




La vida es esa lotería donde todos pierden. 

Un hipódromo en tu cerebro- 
y le apuestas siempre al caballo incorrecto. 
La vida llama por teléfono y le contestas en un país remoto. 
No respiras sino en esta línea invisible que va de un eucalipto a otro. 
Y no entiendo qué significa eso. 
Los niños comen sin hablar, ni sentir. 
Hay una casa dentro de la casa. 

Hay una casa dentro de la mente. 
Un corazón dentro de la nevera está sangrando.

Y eso debería decirnos algo de los hombres que lloran 
mientras hacen ejercicio. 

Una figura transparente cuyos recuerdos son latas como sueños 
que, ni siquiera como broma cósmica, estaban por cumplirse. 
Esto deberías tatuartelo: 
“un niño que se corta los dedos por fabricar cometas 
aprende igual a volarlas sin los dedos”. 

La mente cuida al que cuida la mente: 
arrulla al loco que se encierra. 

Soy un niño feliz solo mientras el hombre adulto que seré 
me cubra los ojos con una venda roja. 

¿Te recuerda esto a una película italiana? 

Entonces quizás eres de mi época, 
y veías cine italiano pasado por el ojo de Hollywood, 
imaginando que las vendas tenían amaneceres dorados 
(o gafas de realidad virtual). 

Entonces quizás eres de mi época. 
O quizás no: ya me veo a la distancia. 

Hay trenes. Hay teléfonos, trenes. 

Una tijera sirve para cortarse el pelo pero también podría 
servir para que la persona correcta 
decapite una flor en el camino a casa. 

Una flor amarilla, pero negra y quizás un juguete imposible. 

La casa retrocede. 

Yo soy una persona que solo puede comunicarse con los demás 
alejándose de ellos. 

Hay colmenas de luz en el camino que lleva del camino 

al camino. Y no hay casa, pero hay colmenas de luz y un jardín 
donde ves bolsas de basura y un magnolio que parece 

el rostro de un niño que cae por la pendiente y sangra. 

¿No será que estoy muerto y que esto es un monólogo 
desde una urna cineraria sueño? 
Quizás en algún lado me espera mi silencio, se propaga, 
se presenta en flores, girasol, amarillísimas. 

He sido este cuerpo que, lejos de defenderse, 
me ataca. Enfermedad de tantas personalidades 
donde las células se comen todo proyecto y destino. 
Y canta un tango sideral, mi sueño, 

un tango infinitesimal en ángulos de luz chorreada 
que lentamente caen en una botella transparente. 

Pertenezco a varios universos, pero claramente no a éste. 
Señorita realidad, le pido incluirme en su historia de límites 
donde hay personas que me atacan a la hora precisa, 
donde los árboles me atacan o me sobreprotegen 
como a ese perro negro que cuenta las estrellas. 


Pequeña vida no disponible 




Tras una hilera de álamos, 
un hombre enciende el motor de un Volkswagen naranja. 
Allí se van personas, juguetes, varias bolsas de plástico.

Muchas cosas se alejan, llevándose gente en el núcleo de su materia oscura. 

Estoy en muchas partes: ligero, inofensivo. 
(Esa falta de peso en el centro de mi esqueleto). 

Lo que no fui: una vieja fortaleza en el desierto. 
Lo que fui: una hoja luminosa y frágil.

Un cráneo pensativo y una fortaleza de hojas 
resistiendo los círculos de un tornado invisible. 

Así, inmaterial, el mundo crece 

como las olas de un lago sobre la nieve de un sueño. 
Y tú eres aquel sueño.

Y tú estás llorando la sed que destruye los países que añoramos, 
esas cosas con nombre de lugar, 
esos lugares con nombre de persona y animales muertos (o vacíos). 

Entonces,
¿por qué te esconderías en un bunker, 
si la guerra está dentro del bunker?. 
Esa lucha donde el único enemigo eres tú mismo. 

Igual es la belleza de un mundo inexistente. 
Inexistente como la foto de mi barrio 
con varios setos en forma de persona 

como si las explicaciones de toda destrucción 
estuvieran en manos de una herida de perímetro escaso, 
pero marcada hondura:

y jamás del olvido. 

Todo se trataba de un río de peces muertos 
y algo hermoso que nos desmoronaba. 
Aquellos árboles con demasiada historia: 
¿qué saben de nosotros? 

Soy mis pies sobre la carretera. 

Soy los pasos a desnivel por los que suben 
motocicletas ante avisos de tráfico sobre una eminencia de terreno. 
Soy mi ciudad devastada y esa devastación llena de flores negras. 

Yo no sé del paisaje.

Aquí hay un avión y un árbol despedida. 
Lo único que sé: mi desaparición depende 

de que estas cosas huyan 

y de que no se me ocurra llorar mientras mi mundo muere. 
Saco una fotografía sobre la colina. 
Y todo es todo en el llanto. 

Desmoronado yo y el verano sobre la muerte

se trata de bromas ante mezcladoras de cemento 
y motocicletas que circulan ante

mezcladoras de cemento ante 

los edificios de gobierno. 

Edificios desiertos, mis tres vidas 
y un vaso de cerveza 
donde la noche ha sida abandonada 
por la última persona que quiso saber algo de mí, 
que se preguntó, lejana, dónde estaba,
o cómo era lo que me destruía. 


Rapsodia del pub Turk’s Head 




Yo solamente he narrado mi estrella. 

Mi casa es tu casa y también del viento. 
Amargo, nada es mío, excepto: 

1. Un campo de trigo en una estrella distante.

2. Bob Dylan acostado en ese campo.

3. Bob Dylan entonando la canción del final de los tiempos. 

El médico me dice:

Creo que vives en una escena imaginaria. 
Creo que vives en una célula degenerativa. 
Como esos productos congelados

que, de pronto, se ponen en el microondas: 
y resultan magníficos.

Pero no vienen de ninguna parte. 

Cambias de lugar:

¿De dónde vienen tus sueños, sino de esas latas 
que alguien abre dentro de tu mente?

Alguien proyecta la estrella: un holograma. 
Alguien proyecta la casa. 
Alguien proyecta este hombre que escribe 
dentro de la casa bajo la estrella: un holograma 
que escribe una serie de objetos destruidos. 

También tú: a menos que uses una tijera 
para explorar tus límites
y deduzcas que puedo estar equivocado. 

Llevas una montaña
entre el corazón y la cabeza. 

Cambias de lugar:

y la montaña es tu madre 
y la montaña termina. 

Lloras con la cabeza enterrada
y es irónico:
la realidad es borramiento
de cosas que se pliegan,
mientras el universo se destruye. 
Algo que simplemente está tardando. 

En la casa, en esta habitación sin casa, 
hay un niño que reclama 
su lenguaje roto:
lo busca en el lugar donde todo se ha ido. 


JUAN SOSÉ RODINÁS (Ambato, Ecuador, 1979) 
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Imagen: El Telégrafo