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El poeta ocasional (En desarrollo)

Un poeta galés, Richard Gwyn, sentado en una mesa con los ojos cerrados.



Los nombres 




Me los encuentro en tránsito, en bares sombríos o albergues, 
en pasarelas de canales, en cementerios abandonados. 
Hombres nerviosos, transpirados; mujeres que siguen un código de etiqueta 
propio de una cultura ficticia. Con rastas desteñidas, apelmazadas,
sin lavarse durante semanas; con camisetas del ejército, pantalones cargo, bolsillos repletos

de droga y cuerda, piedras, algas, chicles;
bocas preparadas para escaparse, jamás dispuestas a la menor  
promiscua sinceridad. Esperando la coartada de un perro muerto
esperando, siempre esperando la compra de drogas nunca tramada.
En la estación de Salónica los observo beber vino de a tragos 
de jarras de plástico; cuerpos amontonados sobre el brillante mármol del piso. 
Y luego, en el bar de la plataforma, hay un tipo 
al que le falta la oreja izquierda, con un perro escuálido atado de una cuerda. Habla
de chicas que lo confunden. Y sin advertencia alguna 
se desliza de su taburete como una bolsa de papas y llega al piso, 
las piernas separadas, la oreja buena pegada a la tierra, 
murmurando nombres: Ananke, Mnemosyna, Antígona.




The Names



I meet them in transit, in cheerless bars or dosshouses, 
on canal walkways, in overgrown cemeteries. 
Twitchy, sweating males; women following a dress code 
from a fictional culture. Sunstreaked, matted locks, 
weeks unwashed; army vests, cargo pants, pockets stuffed 
with dope and string, pebbles, seaweed, chewing gum;
mouths poised in circumvention, never prone to the least 
promiscuous truth-telling. Waiting for a dead dog alibi, 
waiting, always waiting for drug deals never actioned. 
At Saloniki station I watch them swigging wine from 
plastic flagons; bodies crowd the shiny marble floor. 
And later, at the platform bar, there’s one customer, 
left ear missing, scrawny mongrel on a string. Talks 
of chicks messing with his head. And without warning 
slides from his stool like a sack of pans and comes to earth, 
legs splayed, good ear glued to the ground, 
muttering names: Ananke, Mnemosyne, Antigone.




Ciudades y recuerdos 



Variaciones sobre un tema de Calvino 

Cuando un hombre conduce por un buen rato por regiones salvajes, su imaginación comienza a divagar. No, eso no es correcto. Inténtalo de nuevo. Cuando un hombre conduce a través del último continente por la noche, del sur al norte, tiene que pasar la meseta montañosa de Omalos. Oh, por favor, eso no. ¿De nuevo? Cuando un hombre conduce un buen rato a través de las secas planicies de Tracia, comienza a preguntarse por las migraciones que han marcado esa región desdichada. Turcos, búlgaros y griegos, con variedades de crueldad y pelo facial, blandiendo mutuamente espadas curvas contra las gargantas de los otros durante siglos. Expulsiones forzadas, exterminios y el terror subyacente de que el que eres, o el que dicen que eres, sea un error terrible, meramente circunstancial. ¿Y por qué, entonces, no eres otro? Si fuera otro –conjeturas– y perteneciera a una tribu diferente, tendría un bigote o una nariz con otra forma, el menor detalle de apariencia y el acento que importa más allá del valor de una vida. El legado del Levante, todavía sin resolver: griego, turco, árabe, judío. Quiero ser amigo de todos y, sin embargo, sé que también tengo que tener enemigos, aunque más no sea para mantener mis amistades. ¿Qué clase de locura es ésta? Salónica, Esmirna, Alejandría, Beirut. Nos adentramos en nuevos territorios, en los cuales los límites están concebidos de manera distinta y, sin embargo, siguen intactos. ¿Cómo avanzamos desde aquí al próximo punto, a la próxima y dudosa epifanía? Siento de inmediato como si hubiésemos presenciado un lento destripamiento, que tuvo lugar a lo largo de muchos siglos.



Cities and Memories 


Variations on a theme by Calvino

When a man drives a long time through wild regions, his imagination begins to wander. No, that’s not right. Try again. When a man drives across the last continent at night, from south to north, he must pass the mountain plateau of Omalos. Oh please, not that. Once more? When a man drives a long time across the dry plains of Thrace, he begins to wonder at the migrations that have marked this wretched zone. Turks, Bulgarians and Greeks, with varieties of cruelty and facial hair, wielding curved swords at one another’s throats for centuries. Forced expulsions, exterminations, and the underlying terror that who you are, or who they say you are, is all a terrible mistake, merely circumstantial. And why, for that matter, are you not someone else? If only – you conjecture – I were someone else, and belonged to a different tribe, had a different shaped moustache or nose, the smallest detail of appearance and accent that matters beyond the value of a life. The Levant’s legacy, never yet resolved: Greek, Turk, Arab, Jew. I want to be friends with everyone, and yet know I must have enemies too, if only in order to maintain my friendships. What kind of crazy thinking is that? Salonika, Smyrna, Alexandria, Beirut. We edge into new territories, in which boundaries are differently conceived and yet still intact. How do we progress from here, to the next point, the next dubious epiphany? I feel at once as though we have been witness to a slow disembowelling, over many centuries.


RICHARD GWIN (Pontypool, Gales, 1956). Poeta, narrador, ensayista y traductor, realizó estudios en antropología en la London School For Economics, al tiempo que participaba como poeta en conciertos de punk a fines de los años 70. Interrumpidos sus estudios, trabajó como aserrador, publicitario y, luego de sufrir un accidente laboral, como lechero. Posteriormente se mudó a Creta, donde realizó distintos trabajos antes de emprender una vida de vagabundaje alrededor del Mediterráneo, que duró 9 años. Vuelto a Gales, estudió lingüística y, luego de doctorarse, ganó la cátedra de Literatura Inglesa de la Universidad de Cardiff, donde  dirige la maestría en Escritura Creativa y enseña.
Su poesía incluye One night in Icarus Street y Stone dog, flower red/Gos de pedra flor vermella(ambos de 1995), Walking on Bones (2000), Being in Water (2001) y Sad Giraffe Café (2010), los cuales fueron parcialmente traducidos al castellano por Jorge Fondebrider, quien además tradujo The Vagabond’s Breakfast, una memoir que le valió a Gwyn el premio a la mejor obra de no ficción publidada en Gales en 2012. Su primera novela, The Colour of a Dog Running Away (2005), fue publicada en el Reino Unido y traducida a varios idiomas. 

Fuente:http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php/3845


Jorge Fondebrider (Buenos Aires, 1956) es un poeta, ensayista, traductor y periodista cultural argentino.
Ha colaborado con los principales diarios y revistas de su país, así como en un importante número de publicaciones del exterior.
Entre 1986 y 1992 fue secretario de redacción de la revista Diario de Poesía, cuyo consejo de dirección integró durante los primeros diez años de existencia de la publicación.
Desde el 2002 hasta 2006 se desempeñó como coordinador de eventos y publicaciones del Centro Cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires.
En 2003 recibió las Palmas Académicas del gobierno de Francia por servicios prestados a la cultura francesa en 2009, junto con Julia Benseñor, creó el Club de Traductores Literarios de Buenos Aires.
Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Jorge_Fondebrider

Poemas de Jorge Fondebrider, aquí



El próximo lunes 4, a las 19 hs. en la Biblioteca del Instituto Goethe de Buenos Aires, tendrá lugar la presentación de la monumental antología The Other Tiger. Recent Poetry From Latin America, del poeta y traductor galés Richard Gwyn.
En la ocasión, además de dialogar con Andrés Ehrenhaus, especialmente importado de Barcelona, Gwyn participará de una lectura bilingüe inglés-castellano con algunos de los poetas argentinos incluidos en su selección. Entre otros, Jorge Aulicino, Daniel Samoilovich, Diana Bellessi, Mirta Rosenberg, Jorge Fondebrider, Teresa Arijón, Laura Wittner, Marina Serrano, Miguel Ángel Petrecca y Alejandro Crotto.


Jorge Fondebrider



Este no es un mundo plano de ficciones
donde alguien dice y otro escucha. Hay mucho ruido,
alrededor hay mucho ruido y el viento que trabaja,
las ramas de los árboles se mueven contra el cielo
y el cielo se refleja sobre el agua del estanque
donde hay un plástico que flota. Y más allá,
al lago lo surcan unos patos. Sin ganas,
los patos se recortan sobre un telón de fondo con palmeras,
y faltan los aviones,
también faltan los coches, claro, que cruzan la avenida.
A todo esto, una mujer ventruda,
de buzo azul, empuja un árbol
para elongar las piernas. Un viejo en pantalones
cortos, con músculos brillantes. Nada,
nada propone nada al paso de la tarde.
¿Cómo se ven las cosas desde la orilla opuesta?
Las cañas desde el aire ¿se ven como las veo desde aquí?
Pasé los treinta y ocho.
Y hay rostros y hubo fechas por distracción borrados,
por ilusión mentidos, por omisión secretos y otras tardes
y habrá seguramente muchas otras
tardes de sol, de invierno. No se puede
evitar una marcada desconfianza
al ver que las palabras presentan lo que pasa en una sola dimensión.


JORGE FONDEBRIDER (1956, Buenos Aires, Argentina)

De: "Los últimos tres años", Libros de Tierra Firme, 2007)

Hace ya muchos años que me dedico a leer y traducir literatura irlandesa porque considero que es una de las mejores que se escriben en Occidente. Me importa su profunda referencialidad, algo que forma parte de la tradición de Irlanda, país que visité muchas veces y donde tuve la suerte de tratar personalmente con muchos de sus escritores y escritoras. Con ellos aprendí sobre mi propia tradición y mi propia escritura. Por eso, me pone muy contento saber que algunos de los autores que traduje o cuya publicación impulsé encontraron lectores en el ámbito de la lengua castellana. Algunos, como Claire Keegan, despertaron mucho entusiasmo. De vez en cuando, los lectores locales me preguntan por qué los irlandeses escriben tan bien. No creo tener una única respuesta. Con todo, aventuro una posible: gracias a la conciencia de la lengua que impone su tradición, no confunden literatura con expresión; vale decir, al contar una historia o escribir un poema, saben que hay reglas, principios estructurales y no confunden esos elementos con la mera emoción. No escriben por escribir, sino que saben que tienen una responsabilidad. Es lo que aprenden leyendo fundamentalmente gran literatura tanto en la escuela como en la universidad o en forma privada.
De hecho, en Irlanda no hay talleres literarios y mucho menos gente que aconseje públicamente qué leer. Así, para mi sorpresa, cuando le pregunté a Claire Keegan -- que hizo una maestría en escritura creativa en la Universidad de Cardiff, en Gales-- cómo había aprendido a escribir, me dijo que, en realidad no fue haciendo ese máster, sino leyendo por su cuenta, con atención y criterio, a Anton Chejov y a John McGahern. Me dijo que no se concentraba en la historia en sí, sino en cómo estaba contada. Nada más lejos de la costumbre que se instaló en Argentina de buscar que alguien haga ese trabajo por nosotros en un taller de los muchos que proliferan desde hace cuatro décadas, o, desde hace menos, atendiendo el consejo de un booktuber.

NOTA: Ezra Pound recomendaba no seguir consejos literarios de nadie a quien no admiremos mucho.

Jorge Fondebrider









Jorge Fondebrider / Otra iglesia es imposible*







I. Delta del Ebro








Raches decían los carteles

y eran ráfagas brutales, mucha arena,

y el coche se movía. Dijo Andy:

“Mirá qué decadente arquitectura”.

Como de Miramar, le dije. 

 Volvimos atrás treinta veranos y a otros vientos, 

a ráfagas que también eran brutales,

y justo pasamos delante de la casa.

de un tipo que paleaba

arena que sacaba de su casa,

exactamente igual que ahora nosotros 

perdemos la memoria.







III. Perpignan-Narbonne








Desde el tren,

el rastro del viento sobre el agua

y los flamencos color rosa que buscan en el barro.






Y desde el tren,

un bote azul en medio de la nada

a la que llaman Peyriac de Mer.







O sea, el cielo dado vuelta,

volcado sobre el barro

en que flamencos buscan en medio de la nada. 








V. Marsella









Así se ve desde la ventana del hotel:

el mar parece un bosque de palos de velero.

Después, de las ventanas cuelgan sogas de las que cuelga ropa,

y hay dos que hablan en árabe, 

y pasa un corso, y pasa un italiano,

tres chicos detrás de una pelota.

Alzo la vista al otro lado de la calle y veo

la inevitable vieja en el balcón. 

Saludo con la mano. No me responde y entra. Vuelvo al puerto

como quien ve dos veces un fantasma de otro tiempo

y empieza a sospechar. 



*Todos los poemas en el post vinculado de Otra iglesia es imposible


Monika Rinck

Charco



dice él: el sufrimiento es un charco.

digo yo: sí, el sufrimiento es un charco.
porque el sufrimiento yace en una cuenca
atravesado por peces y huele mal.
dice él: y la culpa es un charco.
digo yo: sí, la culpa también charco.
porque la culpa se derrama en una depresión
y alcanza la axila elongada
de mi brazo que se extiende hacia arriba.
dice él: la mentira es un charco.
digo yo: sí, la mentira del mismo modo charco.
porque en verano por las noches se puede
hacer un picnic en las orillas de la mentira
y allí siempre se queda algo olvidado.


Traducción: Cecilia Pavón

teenage winter again 



en invierno en new haven en un banco del big green,

horas cercadas de iglesias, cómo no nos helamos,
sí que nos helamos, este anhelo del sur,


y en cambio qué rotunda claridad la del acuerdo
en que eso no es posible. la temperatura, el frío
nos afectaba como habría de afectar a un animal —
no cabía pensar en ninguna otra cosa.


pero éramos personas, y pensamos: melancolía


y teníamos razón, habíamos vuelto a perder.

cejas

leo que así de grande fue una vez el área
conocida por ceja. cuelgo un cartel y espero.

he visto a la ceja volverse campo. su caza furtiva.
que no era nada comparado al insomnio batido
en que nuestras pestañas nunca se cerraban
y el ojo de escarabajo miraba y miraba y miraba.
sólo que era la piel bajo los ojos, que todo
lo mostraba, preocuparse por sí, por este rostro
que aún tenemos, en todas las mañanas por llegar.


Traducción: Ibon Zubiaur


Ganadora del premio Kleist, Monika Rinck es una voz indiscutible de la poesía alemana contemporánea. En septiembre, la poeta participará del Festival Internacional de Poesía de Rosario invitada por el Goethe-Institut. También traductora, antes conversará en Buenos Aires sobre poesía y traducción con Silvana Franzetti y Jorge Fondebrider.


Literatura
21, 23 y 24/09/2016
Biblioteca del Goethe-Institut Buenos Aires (Av. Corrientes 343) y Festival Internacional de Poesía de Rosario

Monika Rinck


“Imagínese que usted entendiera todo de inmediato…”, inquiere Monika Rinck en el tono apelativo que atraviesa su último libro de ensayos en torno a la relevancia de la poesía como género. A falta de resistencia propia o por parte del poema, el lector debería aceptar de antemano la pérdida de toda posibilidad de asombro y sorpresa. Risiko und Idiotie [Riesgo e idiotez] es en efecto un muy poético volumen de “escritos polémicos”, en el que la autora alemana se ve impelida a defender la existencia misma del poema (por más incomprensible que pudiera parecer, o justamente por eso). “Ocuparse de poemas no le va a quitar tiempo”, exhorta Rinck. Todo lo contrario, la lectura del poema más bien devuelve al lector al proceso de pensamiento.


Ganadora en 2015 del premio Heinrich von Kleist (el importante galardón literario en lengua alemana que también ganaron figuras como Bertolt Brecht, Heiner Müller, Ernst Jandl, Alexander Kluge, Ferdinand von Schirach o Katja Lange-Müller), Monika Rinck es hoy una de las voces indiscutibles de la poesía alemana contemporánea. Además de escribir, la poeta traduce del húngaro en dupla con Orsolya Kalàsz, lleva adelante proyectos de cooperación con músicos y compositores y, “de vez en cuando” –dice–, enseña en la Universidad de Artes Aplicadas de Viena. Rinck  nació en 1969 en Zweibrücken, estudió literatura comparada, filología alemana y estudios de la religión en Bochum, en Berlín y en la Universidad de Yale New Haven, y hoy vive en la capital alemana. Prolífica escritora, desde 1989 viene publicando en diferentes editoriales, últimamente en kookbooks, la diva entre las editoriales independientes de Alemania. Honigprotokolle [Protocolos de la miel] es su último libro de poesía, que fue publicado por kookbooks en 2012 y recibió el premio Huchel. En 2015, la misma editorial publicó Risiko und Idiotie. Varios de los poemas de Monika Rinck pueden leerse además en distintos idiomas en el sitio Lyrikline. Multipremiada, Rinck es miembro del PEN Club, de la Academia de las Artes de Berlín y de la Academia Alemana de Lengua y Poesía.


En su segunda visita a la Argentina de la mano del Goethe-Institut, Monika Rinck participará del Festival Internacional de Poesía de Rosario, donde presentará poemas traducidos por la poeta y traductora argentina Silvana Franzetti y por Carlos Capella, poeta y diseñador argentino que vive actualmente en Berlín. Antes, Rinck será parte en Buenos Aires de uno de los encuentros abiertos del Club de Traductores Literarios coordinado por Jorge Fondebrider en la biblioteca del Goethe-Institut. Hablarán sobre el poema, y sobre traducción.


Actividades de Monika Rinck en Buenos Aires y en Rosario


►Poetas que traducen poetas


Monika Rinck en diálogo con Silvana Franzetti y Jorge Fondebrider


Miércoles 21 de septiembre de 2016 a las 19 h. El Club de Traductores Literarios de Buenos Aires en la biblioteca del Goethe-Institut, Av. Corrientes 343. Entrada libre y gratuita.


►Monika Rinck en el Festival Internacional de Poesía de Rosario


Monika Rinck presentará poemas traducidos por Silvana Franzetti y Carlos Capella.


Viernes 23 y sábado 24 de septiembre de 2016. Más información próximamente en el sitio web del festival, http://www.fipr.com.ar/2
016/
Fuente: Goethe Institut
Imagen: rbb-online.de

Televisor   




Hay musgo sobre el tronco porque así pasan las cosas en el bosque  
donde no estoy ni estuve, pero vi.  
 
Los osos destrozan los salmones a mordiscos después de la rompiente. 
La luz del sol y su reflejo en las escamas. 
  
Faltan la zarpa que no escucho,  
el frío que no siento,  

Después está la grava, hay una pausa,
el hilo de la historia que se pierde.



Elegía por el casquete Polar Ártico


 

No sé nada de espiritualidad, 
palabra hueca, como es hueco el centro del bambú 
cuando lo sopla un tipo con túnica violeta 
y oye la música mientras vigila a China 
con todos sus tambores detrás de las montañas. 
Y tampoco tengo las respuestas 
precisamente porque no me hago las preguntas. Dios no existe. 
No hay forma de que crea. 
Yo ya dije: no sé nada. 
         Apenas escribo estas palabras 
sabiendo de antemano que el cielo y el infierno 
son la mejor opción para esta especie 
que a menudo se piensa superior, mientras el humo 
se eleva desde siempre 
y todavía hay gente que niega las cámaras de gas, 
las pieles derretidas con fóstoro y napalm. 

Después, hay que saberlo, están las focas, 
la foto de la sangre sobre el hielo, 
lo que queda del hielo, 
Y aquella otra con doscientos 
osos polares comiendo una ballena. 
Repito: dios no existe. Su alabanza 
cuando se acaba el mundo y suenan las trompetas, 
es mera estupidez.



Un mal poeta 




Me atraen los lobos y los cuervos por alguna razón que 
  desconozco. 
Emblemas de otra parte, patrimonio 
del norte de la suerte que nos toca 
Aquí, en el sur, abundan 
guanacos y pingllinos. 
La épica es esquiva. 
Yo no sé qué hacer con esos bichos.



 
para Eliane 

I. Para ir de Lyon Part Dieu hasta Roanne se pasa por Tarare 




Desde Lyon-Part-Dieu hasta Roanne hay 70 km en tren. 
El tren es regional y siempre para 
en Tarare, ciudad que fue priorato, a la que cruzan 
dos ríos: el Turdine y el Taret, 
Alrededor del siglo XVI, tejedores, curtidores, zapateros 
la convirtieron en la capital nacional de las cortinas 
La muselina, que es una tela fina originaria de Mosul, 
en el norte de Irak, la hizo famosa. 
Y luego llegaron los peluches, terciopelos. 
También llegó el rayón. 
Y en los años sesenta, la crisis. 
Por la ventana del tren yo sólo veo mueblerías. 
En la ventana del tren está el reflejo 
del día que avanza hasta su noche 
mientras el tren avanza hasta Roanne.



Al cabo de los años el cuerpo es una trampa 




Al cabo de los años el cuerpo es una trampa, 
una prisión que impide llegar donde queremos, 
hacer lo que deseamos, 
dormir sin sobresaltos. Duelen 
de forma irrevocable las articulaciones, 
las vértebras lumbares 
se Instalan en los músculos calambres. 
Es el momento de pensar que somos monos, 
los dientes que nos faltan, 
apenas organismos en la noche 
sin alrna, mera carne y falta poco.



Pensionista 




Me muestra la sala, el baño, la cocina, 
también mi dormitorio, donde dejó unas toallas bien dobladas, 
la cama ya tendida, 
y con orgullo señala la pecera donde nada 
detrás de algunas piedras 
su único habitante. 
Todo el amor, toda la fe que hay en la casa 
se concentra en ese pececito que vive entre burbujas, 
pendiente del reflejo de la luz 
de la vela 
que brilla indiferente al lado de su acuario, 
Para ella y para mi, 
y acaso para todos, 
la vida pende de un reflejo.



De: " La suerte que nos toca", Gog & Magog, 2022
Otros poemas de JORGE FONDEBRIDER, aquí
Imagen en X







CONOCÍ
al escritor holandés Cees Nooteboom hace muchos años en Buenos Aires, en una curiosa velada donde también estaba Rüdriger Safranski, un erudito alemán especializado en el Romanticismo. Yo no sabía quiénes eran, lo que me permitió manifestar mis propias opiniones sin cuidarme de decir lo que quería decir. En algún momento de la cena contradije a Nooteboom y, acostumbrado como estaba a que nadie lo objetara,
se desconcertó. Y eso le cayó bien. Algunos años después, fue invitado al FILBA y, enterado de que yo trabajaba en Ñ, me pidió para que lo entrevistara. Fue tapa. Y, por último, junto con Miguel Balaguer, le organizamos una lectura en la que estuvo con Jorge Aulicino y un escritor suizo. La noche terminó en una cena terrible, en la que Ángel Faretta lo increpó porque Nooteboom no era católico. Esa misma semana, hubo una recepción para él en la Embajada de Holanda. A medida que se fueron yendo los invitados, Cees le dijo al embajador: "Ahora traé las bebidas buenas". Nos quedamos hasta la madrugada tomando una ginebra añeja exquisita. Lo vi una vez más en la Feria de Frankfurt en 2013. Allí dio una conferencia rodeado de cientos de personas. Fue muy cariñoso. Durante años me mandó, las buenas reseñas que le hacían los diarios de la lengua castellana. Su gesto era entre cándido y egocéntrico. Murió hace dos días, a los 92 años.

Jorge Fondebrider en Instagram

Un poema de CEES NOOTEBOOM


La imagen muestra a un hombre mayor, de cabello blanco y corto, sentado frente a unas estanterías llenas de libros. Lleva una chaqueta negra de pana sobre una camisa azul clara y tiene los brazos cruzados apoyados delante de él.  Su expresión es seria y tranquila, mientras mira directamente hacia la cámara. El entorno parece ser una biblioteca o librería, con numerosos libros y algunos cuadros u objetos decorativos en las estanterías del fondo. La fotografía está tomada en un plano medio y con iluminación cálida, dando a la escena un ambiente intelectual y acogedor.
Viaje de noche    


En la cornisa que va por las Gargantas del Tarn 
cuando el coche derrapó en una curva 
y rodó hasta el abismo 
en una cuña de goma chirriante, 
incluso entonces, rotas las barreras del pánico 
no rompimos nuestro silencio de horas, 
nuestra profunda confianza en el camino elegido. 
  
Y si ahora digo que la profundidad del tiempo nos estremeció,
la visión de la gran concavidad a la que nos acercamos en un viraje,
es sólo para decir lo que aprendí de chico
-no hay lugar donde caerse
y la velocidad puede afianzar la voluntad-
cuando hay que ir a alguna parte simplemente se va.



Journey by night




On the high road through the Gorges du Tarn
When the car bucked at a flat turn
 And bowled at the edge
On a wedge of rubber screaming,
Even then, with the gates of panic breached
We did not break our silence of hours,
Our deep trust in the willed path.

And if I now say the depth of time touched us,
the sense of the great bowl we run down in a curve,
It is only to say what as a child I knew
-there is nowhere to fall
and speed can buttress will-
when you have somewhere to go you simply go.


THEO DORGAN (1953, Cork, Irlanda)
Traducción: Jorge Fondebrider
Imagen en Irishexaminer


PARA la Fiesta de Muertos 
Cori me hizo una 
Calaca-una mujer-esqueleto. 
 
Baudelaire ya lo dijo bien 
si me perdonan este atajo. 
 
Esta la mía-es de papel mâché 
y yo encima le puse un sombrerito sobre su cabeza tan redonda y lisa 
 
Oscilando sobre mi mesa de trabajo 
más o menos chueca por ser artesanal
"arte popular mexicano"

De hecho
a veces le hago cosquillas a Calaca bajo el mentón
le acaricio la cabeza
como a un animal

"arte popular mexicano"
así es como la presento
como se las presento

Dicho esto, a los europeos les parece horrible
y si no estuviéramos en Europa
no me tomaría el trabajo de exhibirla.



POUR la Fiesta de Muertos
Cori me fit une/ Calaca -une dame-squelette.

Baudelaire a déjà bien dit la chose
si vous me pardonnez ce raccourci.

Celle- ci-la mienne-est en papier mâché
et j'ai encore perché un bibi sur sa tête si ronde et lisse

Oscillant sur ma table de travail
plus ou moins bancale car artisanale
"art populaire mexicain"

De fait
il m'arrive de chatouiller Cala- ca sous le menton
de lui caresser la tête/ comme à une bête

"art populaire mexicain"
c'est ainsi que je la présente
que je vous la présente

Cela dit, les Européens la trouvent horrible
et si nous n'étions pas en Europe
je ne me donnerais pas la peine de l'exhiber.


ANNE TALVAZ
(1963, Bruselas, Bélgica. Reside en Paris, Francia)
Fuente: Diario de Poesía
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Eterna Cadencia | Periódico de poesía
Imagen en Marché de la poésie


Un gesto antiguo



Pensé, mientras secaba mis ojos en una punta del delantal:
Penélope también hizo esto.
Y más de una vez: no puedes seguir tejiendo todos los días
y deshacerlo todo por la noche;


los brazos se cansan, y la nuca se endurece;
y se acerca la mañana, cuando crees que nunca habrá luz,
y tu esposo se ha ido, desde hace años, y tú no sabes dónde.
De pronto estallas en lágrimas;
no hay otra cosa que hacer, sencillamente.

Y pensé, mientras secaba mis ojos en la punta del delantal:
este es un gesto viejo, auténtico, antiguo,
en la mejor tradición, clásica, griega;
Ulises también hizo esto.
Pero sólo como un gesto — un gesto que suponía,
para el gentío reunido, que estaba demasiado conmovido para hablar.
Lo aprendió de Penélope...
Penélope, que realmente lloraba.

Edna St Vincent Millay (1892, Rockland, Maine / 1950, Austerlisz, Nueva York, Estados Unidos de Norte América)
  • Enlaces: Zócalo Poets

Gerardo A. Gambolini (Buenos Aires, 1955) Poeta, autor de "Faro vacío" (Buenos Aires, 1983), "Atila y otros poemas" ( Buenos Aires, 2000),  "Arañas" (Buenos Aires, 2007) y "Declive de aspiraciones" (en soporte web, 2010).
Tradujo "La invención de Irlanda" de Declan Kiberd (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009) y de los "Cuentos completos" de John Mcgahern (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009). Con Jorge Fondebrider tradujo la "Antología de Poesía Irlandesa Contemporánea" (Libros de Tierra Firme, Buenos Aires, 1999) y ambos seleccionaron y tradujeron el "Ciclo del Ulster" (Buenos Aires, Vergara, 2000), una "Antología de baladas angloescocesas" (Buenos Aires, Vergara, 2000), otra de Cuentos folklóricos irlandeses (Buenos Aires, Vergara, 2000) y "Peter Street y otros poemas" del poeta irlandés Peter Sirr (Buenos Aires, Bajo la luna, 2008).
Es el traductor del ensayo "La invención de Irlanda" de Declan Kiberd (Adriana Hidalgo, Buenos Aires) y de los "Cuentos completos" de John Mcgahern (Adriana Hidalgo, Buenos Aires, 2009).
También ha realizado versiones de Edgar Allan Poe, Ezra Pound, T.S. Eliot, Dylan Thomas, Edgar Lee Masters, Rudyard Kipling, Virginia Woolf y Francis Scott Fitzgerald, entre otros. Fue traductor, junto a Silvia Camerotto, de la Edición Especial de la revista Ñ para la Feria de Frankfurt de 2010.
Administró el excelente blog de poesía Faro Vacío.




...En su último libro de poemas, América, Horacio Zabaljáuregui consigue el hechizo del poema explorando recuerdos que giran en torno a un lugar: el del nombre del título, una América que es también un pueblo de la provincia de Buenos Aires. "Había atravesado la noche, alguna vez en pullman;/ las ventanillas herméticas no dejaban entrar la tierra ni los panaderos como en/ primera: se podía ir al vagón comedor." Son versos, podría decirse, muy narrativos. Algo similar ocurre con varios poemas de Sandro Barrella. O con los del ya nombrado Jorge Fondebrider. Es que a veces, como dijo el editor y poeta José Luis Mangieri, "la belleza del poema no está sólo en su perfección literaria sino también en lo que cuenta".

Irene Gruss

Stone mania


Piedra manía     




Cuánto me duele poner orden cuando todos mis papeles están 
apilados en desorden sobre el escritorio desde hace tres meses, 
recuperar el control de esta deriva de dias perdidos en 
mi pasión por construir en granito,  
y hacer frente a las cuentas que tengo que pagar por dejar la 
casa que tanto me costó agrandar, 
en la que pasé el tiempo preparando demasiado rápido un lugar 
para trabajar en el futuro dentro de paredes a prueba de ruidos, 
por lo que nunca tuve un momento en el presente para escribir 
sobre los momentos que estaban pasando: 
cuánto duele ver la destrucción que todo buen 
edificio, incluso el mejor, tiene que causar, 
no sólo las cercas, que primero tienen que ser derribadas 
antes de que los cimientos se caven,
sino cortes más profundos en las venas de la mente que llevaron
la sangre de la memoria al cerebro:
cuánto me duele haber descuidado durante todo este verano
a los amigos a los que debería haber visto,
por mi loca obsesión de construir más cuartos
para hospedarlos en tiempos venideros:
porque esos tiempos tienen la aptitud de eludirnos, nos morimos,
o nuestros amigos caen muertos antes de que podamos decir
me encantarla verlos y disfruten de la casa cuya construcción
nos mantuvo completamente separados.



Stone mania




How much it hurts me to tidy up when all my papers are.
heaped on the desk in a three.month mess
To regain control of this drift of days, I’ve lost in' my passion for building in granite;
And face the bills I must pay by leaving the house
that has cost me too much to enlarge,
Where I passed the time too quickly preparing a place for
the future to work within soundproof walls
So I never had a moment in the present for writing about
the moments that were passing away
How much it hurts to see the destruction that all good
building, even the best, must cause
Not only the hedges that had to be first cut down
before the foundations were dug
But deeper cuts through veins in the mind that carried
the blood of memory through the brain: How much it hurts me to have neglected all this summer
the friends whom I might have seen
But for my mad obsessions of building more rooms
to entertain them in time to come:
Because these times are apt to elude us. we die, or our
friends drop dead before wc can say
I'd love you to and enjoy the house whose construction
has kept us entirely apart.





RICHARD MURPHY (1927, Milford House, Irlanda / 2018, Sri Lanka) Poeta anglo-irlandés
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Buenos Aires poetry
Imagen en The Irish Times

El poeta Jacques Reda se muestra con un pullover azul. Su mirada irradia sosiego. En la pared del fondo hay estantes con libros y cuadros

Personajes en el suburbio    



Ustedes nunca terminan de agregar más cosas, 
cajas, casas, palabras. 
Sin ruido el amontonamiento aumenta en el centro de la vida 
y los empuja a la periferia, 
a los basureros, las autopistas, las ortigas; 
ustedes sólo existen como restos o humo. 
Sin embargo, caminan, 
dando la mano a sus hijos alucinados 
bajo el cielo vasto, y no avanzan;
se estancan para siempre frente al muro de la extensión
donde las cajas, las palabras rotas, las casas se les reúnen,
los empujan un poco más lejos en esa luz
a la que cada vez le cuesta más soñarlos.
Antes de desaparecer,
ustedes se dan vuelta para sonreirle a su mujer rezagada
pero ella también está atrapada en un remolino de soledad,
y sus rasgos borrosos son los de una vieja foto.
Ella no responde, pesada y desconsolada con el peso del día sobre sus párpados,
con ese peso vivo que se mueve en su carne y que la incomoda,
y el último billete del mes plegado en su blusa.



Personnages dans la banlieue




Vous n'en finissez pas d'ajouter encore des choses,
des boîtes, des maisons, des mots
Sans bruit l'encombrement s'accroît au centre de la vie
et vous êtes poussés vers la périphérie
vers les dépotoirs, les autoroutes, les orties:
vous n'existez plus qu'à l'état de débris ou de fumée
Cependant vous marchez
donnant la main à vos enfants hallucinés
sous le ciel vaste, et vous n'avancez pas vous piétinez sans fin devant le mur de l'étendue
où les boîtes, les mots cassés, les maisons vous rejoignent
vous repoussent un peu plus loin dans cette lumière
qui a de plus en plus de peine à vous rêver
Avant de disparaître
 vous vous retournez pour sourire à votre femme attardée
mais elle est prise aussi dans un remous de solitude,
et ses traits flous sont ceux d'une vieille photographie.
Elle ne répond pas, lourde et navrante avec le poids du jour sur ses paupières,
avec ce poids vivant qui bouge dans sa chair et qui l'encombre
et le dernier billet du mois plié dans son corsage.



JACQUES REDA (1929, Lunéville / 2024, Paris, Francia)
Traducción: Jorge Fondebrider
Enlaces: Asamblea de palabras | Otra iglesia es imposible
Imagen en metahodos.fr

Olvidar los tulipanes     



Hoy, en la terraza, señala con su bastón y pregunta: 
«¿Cómo llamas a esas flores?». 
De vacaciones, en Dublín, en los años sesenta 
compró los cinco bulbos originales por una libra. 
Los plantó y los fertilizó durante treinta y cinco años. 
Los hizo crecer, los dividió, 
los almacenó en el galpón sobre alambres tejidos 
listos para plantar en hilera, 
corolas rojo y amarillo intenso: 

tesoro transportado en galeones
desde Turquía a Amsterdam, tres siglos antes.
Ahora en abril se balancean con un viento de Donegal,
encima de las delgadas hojas de los adormecidos crisantemos.

Un hombre que cavó surcos derechos y que recogió negras plantas 
[de grosellas,
que enseñó a hileras de niños las partes de la oración,
tiempos y declinaciones
debajo de un mapamundi de tela cuarteada;
al que le encantaba enseñar la historia
de Marco Polo y de sus tíos que, desalineados,
volvían a casa al cabo de diez años de viaje,
tajeando entonces el forro de sus abrigos
para dejar caer los rubíes traídos de Catay;

ahora, perdiendo primero los sustantivos,
está de pie junto a su cantero de flores y pregunta:
«¿Cómo llamas a esas flores?».


Otros poemas de Moya Cannon, aquí
Versión: Jorge Fondebrider
Fuente: www.luvina.com.mx




Forgetting Tulips



Today, on the terrace, he points with his walking-stick and asks / «What do you call those flowers?» / On holiday in Dublin in the sixties / he bought the original five bulbs for one pound. / He planted and manured them for thirty-five years. / He lifted them, divided them, / stored them on chicken wire in the shed, / ready for planting in a straight row, / high red and yellow cups– // treasure transported in galleons / from Turkey to Amsterdam, three centuries earlier. / In April they sway now, in a Donegal wind, / above the slim leaves of sleeping carnations. // A man who dug straight drills and picked blackcurrants, / who taught rows of children parts of speech, / tenses and declensions / under a cracked canvas map of the world– / who loved to teach the story / of Marco Polo and his uncles arriving home, / bedraggled after ten years journeying, / then slashing the linings of their coats / to spill out rubies from Cathay– // today, losing the nouns first, / he stands by his flower bed and asks / «What do you call those flowers?».



Los poemas serán buenos o malos, comparativamente mejores o peores que los que escribí antes o que los que escribieron otros. No me importa: nadie me quita la satisfacción de haberlos escrito y nadie comprende esa satisfacción en los mismos términos en que yo la experimenté. Esa es una de las dos formas de felicidad que me permite la poesía. La otra tiene que ver con la lectura de los versos de otros. Reconocer lo que haya en ellos de poesía –algo que no siempre se logra– es la otra forma de la felicidad. Y cuando consigo llegar a ese punto, me siento de veras orgulloso.

Jorge Fondebrider

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