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noviembre 24, 2014

Manuel Sánchez


Las partes más vestidas de la casa 



No es un lugar seguro
el del sofá con vistas a la infancia.

Un martes, como otros,
podemos recibir una llamada
desde un tiempo perdido en las edades,
y no quiere decir que estemos lejos
por mucho que el aspecto de la piel
muestre historias de vida inevitable
o ya no existan  piezas de repuesto
para juguetes rotos.

Hoy aprenden los años  a
peinarse  en  mi casa.


Y el resplandor del sol
es una forma de mirar por la ventana,
sin que nadie conteste a nuestro lado.

Tibiamente al contacto
con estrellas que temen la memoria,
veo sillas vacías
que se acomodan solas
en un desorden de ausencias primitivas.
Y si suena la música
es porque se derriten los mensajes lejanos
que duermen como hielos en la boca.



Supongo que hablaremos




Enero es esa historia
de la nieve cayendo sobre un cristal de tren.
                                          Alguien
contó relatos
de jóvenes cautivas, de delincuentes huérfanos,
de una ciudad que apenas yo distingo
donde quedan dormidas las huellas de los cuerpos,
y se enfrentan los años
a una edad perfilada con exceso de sombras.

Hace ya algunos meses
que ir a cortarme el pelo no tiene mucha gracia.
No hay cabellera firme que no me haga pensar
en un rincón dorado del planeta
cuando va a amanecer.

Algo tan cotidiano como un sabor a niebla
crece si se le mezcla con champagne,
y todo se reduce a estar vivo una vida.

                                         Yo
me asomaba para ver las calles
tendidascomo espinas de pescado,
para observar flotando los paraguas
entre luces acuosas;
lo vertical, el ángulo.
Y eso que desde entonces
ya llevaba  la noche manchada con carmín,
fruto de algún secreto persistente.
                                              Decía
que 
un argumento débil me lamia las manos.

Puede que la verdad se la cuente a un amigo.


MANUEL SÁNCHEZ (1945, Madrid, España)
Imagen: Propiedad del autor

Mauro Viñuela: Moras pintadas en el asfalto



Moras



moras pintadas en asfalto
una rama de paraíso australiano eleva alcantarillas
las gotas enumeradas y tu esplendor 
retomado antes de la esquina

estamos ungidos de Castrol

y marchamos hacia el pórtico Mercedes Benz
puro el gorrión picotea de tu panecillo Bake Corporatión
transgénica la mañana
nos estudian hasta los brontosaurios en vidriera
y estamos salvos
averiguando el origen de nuestro mito
entre las hojas que corren con el agua
Te pareces a Sony conservando el murmullo de tus días
retienes el Hamlet de los olores
diríase  existes



Pavesa



Ilumina
instantes

orbitando en llamas
el cuerpo de los siglos

todo desaparece


Mauro ViñuelaOtros poemas de MAURO VIÑUELA, aquí







noviembre 21, 2014

Opium: la Argentina beatnik








noviembre 20, 2014

Manoel de Barros

Manoel de Barros


Autorretrato hablado



Vengo de un Cuiabá garimpo y de callecitas tortuosas.
Mi padre tuvo un puesto de bananas en el Beco da
           Marinha, donde nací.
Me crié en el Pantanal de Corumbá, entre animales del
           suelo, personas humildes, aves, árboles y ríos.
Aprecio vivir en lugares decadentes por puro gusto
           de estar entre piedras y lagartos.
Hacer apreciar lo despreciado es algo que me place.
Ya publiqué 10 libros de poesía; al publicarlos me
           siento como deshonrado y huyo al Pantanal
           donde soy bendecido a garzas.
Me busqué la vida entera y no me encontré — por eso
           fui salvado.
Descubrí que todos los caminos llevan a la ignorancia.
           No fui a parar a la alcantarilla porque heredé
           una chacra de ganado. Los bueyes me recrean.
¡Ahora soy tan ocaso!
Estoy en la categoría de sufrir de moral, porque sólo
           hago cosas inútiles.
En mi morir hay un dolor de árbol.



EN las Metamorfosis, en doscientas cuarenta fábulas,
           Ovidio muestra seres humanos transformados en
           piedras, vegetales, animales, cosas.
Un nuevo ejercicio sería que los entes ya transformados
           hablaran un dialecto cosal, larval, piedral etc.
Nacería un lenguaje madrugante, adánico, edénico,
           inaugural –
que los poetas aprenderían – siempre y cuando volvieran
           a los niños que fueron
           a las ranas que fueron
           a las piedras que fueron.
Para volver a la infancia, los poetas también tendrían
           que reaprender a errar la lengua.
¿Pero esto es una invitación a la ignorancia?
¿A inocular el idioma en los mosquitos?
Sería una demencia peregrina.


EL río que daba la vuelta detrás de nuestra casa era
           la imagen de un vidrio blando que daba la vuelta
           detrás de la casa.
Después pasó un hombre y dijo: esa vuelta que da
           el río detrás de tu casa se llama ensenada.
Ya no era la imagen de una culebra de vidrio que
           daba la vuelta detrás de casa.
Era una ensenada.
Creo que el nombre empobreció la imagen.


MANOEL DE BARROS (1916, Cuiabá, Mato Grosso / 2014, Campo Grande Mato Grosso del Sur, Brasil)
Traducción: Teresa Arijón
Fuente: http://www.con-versiones.com/nota1040.htm
Enlaces:  http://www.elfikurten.com.br/2011/02/manoel-de-barros-natureza-e-sua-fonte.html

noviembre 18, 2014

Diana Laurencich



Día de la madre



Hubo un día
en que el padre le golpeó a la madre
entre la heladera y el horno
el pollo y el fuego
el hombro y el corazón

hubo un día
mucho después
en que el hijo del padre
empujó a la madre
contra la heladera
cerca del horno
le golpeó en el hombro
y el corazón
mientras el pollo se asaba al fuego.



Al este de la cordura



La belleza se encuentra en cualquier parte
en un pino coronado por un pajarraco amarillo
en la voz desesperada de los que no pueden cantar
en un penal atajado con halopidol en las venas
en la hormiga que levanta diez veces su peso en la tarde de invierno
ajena a patrullas y ratis
ajena a los gritos
que ya no escucha la tía Darinka con su eterno rodete de trenzas
ni el viejo que no estira la pata en la clínica privada
al lado de Juan de noventa y seis años
todo mi malestar doctora-dice-
todo mi mal yo sé lo saco por el ano
traiganme por favor el alcohol que tengo a la derecha en mi cómoda
me froto el vientre doctora
y me siento al sol a esperar
nada más

la hormiga está al sol
que pidieron varios esta semana
die sonne -femenino en alemán-
alivio al corazón
destierro de melancolía
aún
la belleza se nos aparece igual
inaudita y fugaz
en un desequilibrio del tiempo
tregua de dios en su ahorque
el viento
los ojos
el viento
el llanto
el viento
y la reja que se cierra dejándonos de este lado
al este del paraíso
-cerrá- ordena alguien
y me voy
¿ Estoy afuera? 



DIANA LAURENCICH (1963, Buenos Aires, Argentina)
Imagen: Propiedad de la autora



noviembre 17, 2014

Marcelo Cohen


Ademanes durante los adioses




Esta imprecisa ciudad donde las gaviotas
conviven con las cotorritas
no es el escenario menos apto.
Confiémonos pues a la luz de invierno
recamada de hollín y obligaciones;
admiremos si hay sol las lentejuelas
del frío -tanta película para ver,
exposiciones fascinantes, volutas
modernistas en la piedra, consoladoras cenas-
y tengamos presente incluso que del otro
lado es verano, con caballos de vapor
sobre el río irisado y explosivos
chubascos en la madrugada. Porque
confirmar la oposición nos duele menos
que atender a la mampara donde
cada botón de la espontaneidad
proyecta una figura compuesta, que
fue creada en su momento entre dos,
o más, y ya pasó. Revolotean en esa superficie
tantos juegos de baraja junto al mar
como ciertos sabores, u olor de hospitales,
o incursiones jubilosas en la librería.
Con tanta reminiscencia no se puede;
sobre todo, no se puede con lo mucho que fue dicho
y no bastó. Ahora es de la pausa; un estanque
seco entre atisbos de lluvia. Así pues,
retendremos de la despedida, no el silencio
que estalla de sensaciones, que inflexiblemente
rechaza los añadidos, sino la claudicación
un poco aparatosa que al cabo nos acerca
todavía más. Tengamos a mano el aceite
del porvenir, su homogénea danza sobre las aguas
agrietadas -el destino. Y veamos entonces el momento:
cada uno alza el brazo como puede, es decir;
lo alza con un chirrido deshonroso, toca un hombro
o ni siquiera -porque está en penumbra-
y permanece atornillado a la fungible vida
que eligió, como entusiasmo y paliativo,
aunque no sin un fulgor particular, irreemplazable,
que los ojos del otro, con todo y velados,
no dejarán de advertir como si fuera suyo.
En el gran viaje, ese fulgor será el recuerdo.


Narradores poetas, poesía argentinaMARCELO COHEN (1951/ 2022, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)

Imagen: www.revistaenie.clarin.com

noviembre 15, 2014

Leyendo "Las nieves del Kilimanjaro" de Hemingway



junto a los latidos del reloj
recuerdo la imagen en partes de un ciego a
espaldas del mar brilloso.
Y no consigo aproximar los bordes.
 “El talento
consiste en cómo vive uno la vida”
Y la otra de Hemingway que subrayo para describirme:
“Cuando
despertó, anochecía”


© PEDRO DONANGELO                                                                           








Shane Koyczan

Poeta canadiense con la mano levantada hacia un primer plano. Calza una gorra y su vestimenta es negra


Me han dicho
que la gente en el ejército
hace más cosas a las 7:00 am
que las que yo hago
en todo un día.

Pero si me despierto
a las 6:59 am
y me giro hacia tí
para trazar el contorno de tus labios
con los míos
habré hecho bastante
sin haber matado a nadie
en el proceso.

SHANE KOYCZAN (1976, Yelloknife, Canadá)
Fuente: www.cajondesastroso.blogspot.com

Imagen: www.youtube.com

noviembre 13, 2014

Nora Perusin

III



yo sólo era una aproximación
sombra de una sombra
agua confundida en el desastre,
en esas ocasiones la arena blanda
traía la visión del lento agitarse de la tierra
un gesto cínico 

casi un espasmo



IV



Entonces, yo sólo era el agua confundida en el desastre
una porción casi invisible del aliento que dejaba mi boca,
bruma desteñida en el final de invierno
o simplemente en el final

Los objetos   a
veces  se ven como una línea de
circunvalación
que provoca la luz en contralto
observo la inercia del fino polvo que los cubre
y no encuentro otra mirada más que la mía


Otros poemas de NORA PERUSIN, aquí
De: "Donde la luz detiene su sombra", El suri porfiado Ediciones, 2014

noviembre 09, 2014

Gerald Stern







Gerald Stern







El mordisco 





No empecé a tomarme en serio como poeta
hasta que el pelo blanco empezó a asomar en la barbilla.
Antes todo era diversión y afecto;
ahora, como una liebre, una liebre, una liebre
veo a la tortuga alzar su horrenda pata
sobre el último escalón por subir antes de 
volver a casa, henchida de ventaja. 
    De pronto, todo parece venir de arriba, de la mente, 
    la belleza de la carrera ha desaparecido. 
    y mi vida es apenas una alegoría. 






Gerald Stern (1925, Pittsburgh, Pennsylvania, Estados Unidos de Norteamérica)

Fuente: http://www.nadiacontreras.com/2014/11/la-poesia-de-gerald-stern.html#more

Imagen: www.cwp.fas.nyu.edu


noviembre 06, 2014

Pilar Martín Gila






Todo va a continuar, sea como
sea, si finalmente se desvanece. Así que pienso en lo que cuesta dejar un vino
embotellado y vivir en ese tiempo. ¿Dónde dijeron que terminaba la infancia?




Desde entonces.




Del camino ha vuelto el camino,
la mañana desde la mañana,
pasan las noticias
al pie de las noticias
y sigue el rumor
que trata de abrir el día
tan oscuro aún
como nunca se ha visto.
En la acera, junto a la pared,
con el fin de vencer un momento
la condescendencia del mundo,
posa como una cáscara triste
un hombre que lleva mil años en fuga
y nadie, hasta ahora,
se había fijado en el barro
ni lamentado tanto abandono.










Pilar Martin GilaPilar Martín Gila (1962, Segovia, España)

De: "Otro año del mundo", Colección Eme de Ediciones La Palma, 2014

Imagen: Facebook







Homenaje a Leonor García Hernando



Envio de Ramón Fanelli

noviembre 01, 2014

Juan Rodolfo Wilcock

Juan Rodolfo Wllcock


No estés mucho tiempo lejos de mí




No estés mucho tiempo lejos de mí
si no querés que el recuerdo lo invada todo
y no deje más lugar a la presencia,
a menudo te veo bajo los árboles,
te repiten las calles, la bañera,
los cuartos, los discos, y el mar es igual a ti,
te tengo aquí en los ojos como un aparato
oftalmológico de precisión,
y también si subo al techo te veo,
no estés mucho tiempo lejos de mí,
no querrás diluirte en el espacio infinito
de mi vista que se extiende en los años,
cuando estudiabas conmigo en el '39
o cuando te aburrías en la Torre de Londres
llena de hierros negros en el '51,
y ayer en el valle Caffarella
que ni siquiera te pareció lindo,
no querrás diluirte en el tiempo infinito:
no estés mucho tiempo lejos de mí.


JUAN RODOLFO WILCOCK (1919, Buenos Aires, Argentina / 1978, Lubriano, Italia)
De:"Italienisches Liederbuch"
Traducción del italiano: Guillermo Piro
Imagen: www.lanacion.com.ar