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julio 27, 2013

Tomasz Różycki: Uniendo geografía e imaginarios, por Xavier Farré


poesía polaca



Hay poetas que construyen los poemas de una pieza. Es una imagen, una metáfora o un pensamiento los elementos que constituyen la columna vertebral del poema. En los versos hay un desarrollo de la idea, o a veces una serie de variaciones alrededor de un eje común. Un ejemplo de este tipo de construcción poética lo encontraríamos en Wallace Stevens. Hay otros poetas que basan sus creaciones en la asociación de las ideas, no en la idea final. Sus poemas no intentan transmitir un solo concepto o pensamiento, sino que desembocan en una concatenación, una imagen lleva a otra. De esta manera, la imagen resultante no tiene que ser más importante que algunas de las que han aparecido a lo largo de la construcción. Nos puede sorprender más una imagen en un verso determinado. Puede servirnos como ejemplo la poesía del escocés John Burnside. Evidentemente, estas fronteras no son claras, sino tan sólo representan un elemento que nos dice más de la construcción que de la calidad de la poesía. Y todos los poetas, incluyendo a los mencionados, claro está, pueden servirse de una u otra estrategia.

Un autor que recurre con frecuencia a la combinación de ambas puede ser Wislawa Szymborska. Sin intentar llevar a cabo ninguna taxonomía, podríamos decir que hay otras construcciones del poema. Hay poetas que presentan una concatenación de imágenes, pero éstas no tienen aparentemente un sentido coherente entre sí, y se hace difícil averiguar cuál es el procedimiento en la mente del poeta que ha hecho que aparezcan una al lado de otra, o cuál es el objetivo al llegar al final del poema. Sería el caso de algunos poemas de John Ashbery, quizás del John Ashbery más imitado (mal) y más seguido por jóvenes poetas en algunas tradiciones. Hay poetas cuya obra adquiere una fuerza inaudita a través de la sentencia. Ya no es una imagen determinada, sino una afirmación, una sentencia que directamente deja de piedra al lector y le obliga a reflexionar hondamente sobre aquel hallazgo lingüístico. En este sentido, la obra de Joseph Brodsky alcanza cotas de una gran perfección. En este poeta ruso, la sentencia juega un papel fundamental. No podemos separar esta estrategia del efecto que quiere conseguir, la sorpresa (y en muchos casos, la admiración por una asociación de sentidos). Si seguimos en el último aspecto mencionado, el de la sorpresa, llegamos a otro tipo de construcción. El de los poetas que presentan todo un mundo ya en el primer verso, en la primera afirmación, en el primer verso. El primer verso-sentencia, provocador de sorpresa, que después se hilvana en una seria de imágenes para acabar en el ovillo de la imagen final. W. H. Auden sería el gran artífice de esta última clasificación. Aunque, como ya explicó Stephen Spender, muchos de los primeros versos de Auden (de la primera etapa, especialmente) se deben a un procedimiento bastante curioso, el de ir eliminando los versos que no les gustaban a sus dos primeros lectores a quienes confiaba la lectura (evidentemente, Stephen Spender era uno de ellos). Si tuviéramos que aplicar esta somera lista de estrategias poéticas a la obra de Tomasz Różycki, sin duda el autor polaco formaría parte de esta última clase. Różycki siempre parte del primer verso, que después va desarrollándose en una concatenación de imágenes, y con una coda final que no tiene por qué ser el resultado lógico de la suma de aquéllas. A la vez, presenta también los versos-sentencia que actúan como puntos de inflexión en el poema. Podemos observarlo en una reducida selección de primeros versos:

“Sigo esperando a una carta de allí, pero recibo otras. De los sobres…” (Post scriptum)
“Nunca he sabido morir. La inmortalidad…” (Después, en otra vida)
“Hoy me preparo para una búsqueda en el sur.” (Misión)
“Y después en el sótano cada noche hago esto de nuevo.” (Espectro)
“Poder en la repetición, estabilidad en la repetición.” (Repeticiones)
“Ni guache, ni aceite graso ni temples de vigilia,” (Astronomía)
“Ciertos tipos de vida en bellos decorados…” (Torre)
“Todo lo que nos dijeron no fue sino una mentira” (Antípodas)
“Aquí no estaremos mucho tiempo. Es un lugar de paso,…” (Novena canción)
“En los bellos días del fin del mundo, en algún lugar de Centroeuropa,” (Canción vigesimoprimera).
“De repente en medio de la ciudad aparece un volcán.” (Divinidad)
O también todo el ciclo de “Cuando empecé a escribir,…” y una serie de variantes “… aún no sabía”, “…en absoluto sabía”, “… nadie me dijo”, que representa un auténtico desafío a cualquier tipo de construcción metapoética.

En una entrevista concedida al periódico más popular de Polonia, Gazeta Wyborcza, Tomasz Różycki explicó la génesis de muchos de sus poemas. A la pregunta de: “La mayoría de tus poemas son sonetos. ¿No tienes ganas de salir alguna vez de este modelo?” que le formuló la periodista y también poeta Agnieszka Wolny-Hamkalo, Różycki responde: “Esto es porque la mayoría de los poemas los he pensado cuando iba de camino al trabajo, en invierno. Por el camino iba componiendo el poema, pero no tengo mucha memoria, así pues, a fin de poderlo recordar, el poema tenía que ser convenientemente breve y con ritmo, y algunas veces con rima. Cuando llegaba al trabajo, podía sentarme y escribirlo. No tengo las comodidades para sentarme y pensar poemas en mi escritorio, no tengo tiempo ni, en realidad, tampoco tengo escritorio. De esta manera ha surgido la mayoría de mis sonetos, sobre los que se ha discutido por si siguen el modelo francés, o más bien el inglés. Yo sigo pensando que es un soneto típicamente silesiano: más ancho por arriba, y más delgado por abajo”.

Una declaración que nos abre en realidad todo el mundo poético de Tomasz Różycki. Por una parte, la tradición poética, el formalismo que hay en su obra. A pesar de que los sonetos no siguen un esquema rígido, como ya dijimos en el anterior ensayo, hay una apertura de la tradición. Combina la rima asonante con la consonante, el ritmo es más bien silábico que silábico-tónico. En segundo lugar, el movimiento, el viaje constante que translucen sus poemas, el movimiento del mismo lenguaje, la concatenación de las imágenes, una seriación que se efectúa a través de los saltos de la conciencia (o del subconsciente). También, la estación, el tiempo. Różycki escribe principalmente, como aquí indica, en invierno – la verdadera estación, como dejó dicho Joseph Brodsky – y también el paisaje que predomina en los poemas es la variación del invierno. Éste, a diferencia del verano, y aunque pueda parecer paradójico, siempre nos aporta algún elemento nuevo, sobre todo en países como Polonia, donde el invierno no es una palabra desprovista de significado. Los constantes cambios, la nieve, la niebla, la lluvia (con un sinfín de variaciones, la lluvia helada, la lluvia de sirimiri, las lluvias torrenciales), el hielo y el deshielo. Una constante metamorfosis de todo los que nos rodea, de los árboles, de las calles. Cada día es diferente. Y son estas variaciones las que se pasean por los versos del autor polaco. Nos indica también en su respuesta la voluntad de poner en entredicho las clasificaciones, sobre todo cuando hablamos de los aspectos formales, como se ve claramente al hablar del tipo de soneto que cultiva. Y, finalmente, la ironía. Al utilizar el término de soneto silesiano no tan sólo hace uso de ésta, y no tan sólo expresa un afán de escaparse a ser encorsetado por los críticos, también es la ironía un vehículo para expresar su pertenencia, sus raíces que, en definitiva, no son tales, puesto que Różycki siente una cierta extrañeza dentro del mundo de la Silesia polaca. Así, el viaje y las raíces, la geografía externa y la geografía interna basculan para encontrar un equilibrio a través de la formulación de esta alteridad en el lenguaje.

Tal vez, en la época contemporánea, de realidades líquidas y de cuestionamientos de cualquier estabilidad, de parodias y de intentos de comprender el mundo que nos rodea, aunque sea mínimamente, la poesía de Różycki establece unos puentes que permiten ir mirando los diferentes puntos de orientación. Un puente de tablas, un puente que se va moviendo, y por lo tanto, nos movemos en él. Un puente donde mirar una y otra orilla, lo familiar y lo ajeno, la tradición y la innovación. Y cuando estamos en medio del puente, vislumbrar el abismo que se abre ante nuestros pies. Porque así es la poesía de Różycki, una poesía que nos enfrenta al vértigo de mirar la realidad que nos construye y la realidad que construimos.


La flota de su Majestad



Jugaba solo contra el ordenador, era
soberano en un pobre país de Centroeuropa,
convertido en potencia gracias a mi honrosa
política, el comercio, y también a la fuerza

de mis tropas, de la economía. Si libraba
guerras era por mor de evitar agresiones
enemigas, o en contra de países más torpes
y débiles, aquellos que había que mandar.

Tenía la administración, buenos tribunales,
(se cumplía la ley), una flota y colonias,
gozaba del respeto del mundo diplomático,
y también de mis súbditos. Nunca condené a nadie

sin causa, fuera de los enemigos públicos:
desertores, poetas, traidores, especuladores impúdicos.



Animales salvajes



Dejamos en torno a la casa tres escudillas
de leche. Esta noche vendrán a beber gatos
o algo más ligero, algo que reconocerás
porque no deja huellas. No haremos las maletas

eternamente, no huiremos, pues no hay huida.
Desplázate en tren, en coche, en avión,
a siete mil metros sobre el grasiento barro
de nuestras grises regiones natales, seguros
en la cabina insonorizada, con una limpia azafata
de cuidadas uñas, con una taza de Henessy,
con asientos regulables, auriculares, un murmullo
de negro jazz en el interior, e incluso así tendrás
una total descompresión. De golpe, el corazón lleno
de fuego saltará de las venas y estallará. Y estallará.



Ferrocarril



Toda la vida en el tren, o dos tal vez,
pues el cuerpo, llevado por el diablo, el hierro
y la rapidez, pierde mucho más que el tiempo,
claro está. Y la vista en nada, ya que en el paisaje

no hay punto de soporte, algo que nos permita
meterlo en un patrón, en un sistema
y librarlo a la física, pensar así que el mundo
tiene algún proceder y en este caso es justo

una máquina, completo. Así sería mejor.
Pero no, hay apéndices, algo que me liga
a la ciudad, al niño, a la mujer, otro sistema,
una matemática donde me multiplico

en diez clones, donde hay un error, algún defecto –
el corazón no late regular con el andén vacío.



El holandés errante



Y de nuevo París, rue Monge, la charlatanería
de los intelectuales, del todo impotente
ante la cantidad de quesos, cafés, ejércitos
de botellas polvorientas, ante la luz, la cama,

cien tipos de amor y doscientos de lujuria,
después postres y coñac. Los labios mordidos
de una chica en primera fila. Claramente, la lengua
nota el sabor, pero a su disposición tiene el vacío

de la metáfora, nada más. ¿Y quién crea del vacío?
De la nada, ¿una nada aún mayor? además, ¿la noche
lo multiplica por sí misma y de todo esto construye
ciudades llenas de nada, pisos, y en estos pisos

gente recortada del vacío, animales henchidos?
Y ellos, ¿a quién transportan? ¿A quién arrollan?

De: http://lanausea2000.blogspot.com.ar/2010/05/tomasz-rozycki-uniendo-geografia-e.html

Gerhard Falkner




Verano, eso dicen todos





sólo un verano, o algo así

dicen las voces,

sólo un verano

uno inmenso, o algo así,

que, sea como sea sin llamar

irrumpe, que, sea como sea acontece,

envuelto en polvo u ornado

de flexible temblor

supera en silencio un lento comienzo,

que surge como un cine

en cada región,

y, entonces, alguien como tú, que

por error

con los labios cruzados

y, en silencio, la frente contra

el tallo inclinada,

una nuez tostada

cuenta en el regazo

(pero siempre sólo la misma)



arriba, sin embargo, nadan

fustigadas por los ojos

las islas, para sí, cada una

manos desmezcladas,

que oscilan y se estiran como cañas,

altímetro en lo alto,

sobre la vela de la mano

                     allí nadan

por el frío espiritual

en blanca y negra luz desmembradas

las mitades del verano,

tal madera de proa,

                     entre sí van chocando,

y cuánta desolación,

                     en renovada desolación








Gerhard Falkner (1951, Schwabach, Alemania)

De: ‘Oh, la mesa  y otros poemas’, Pen Press, New York, 2007.

Traducción: Clara Janés


julio 25, 2013

Fabián Casas


Hegel




Me pregunto si la desesperación
es igual para todos.
Si Hegel, cuando se sintió morir
se sintió realmente morir
o intuyó una síntesis implacable
más allá de su cuerpo.
De todas formas, se hace difícil
no vivir en el miedo:
conozco gente que desea ser amada
y gasta su tiempo en los flippers.



De: "El salmón", Libros de Tierra Firme, 1996
Enlaces: Fabián Casas, Poetas y padres
Imagen: anamariasierra.blogspot.com

julio 21, 2013

Dos poetas italianos: Dimitri Fulignati / Paola Loreto





Poesía italiana







El seno izquierdo de Charlotte Rampling








Arcos góticos en el encanto arbóreo,

más allá del objeto nace un ternero gustosamente

macerado, el reto al que tiende y es el fin

de una acción activa o pasiva, cognoscitiva

o lingüística.





Las casas colgantes sobre el río Onya,

incorpóreas pero visibles, hospedan a la

mujer vitruviana que se dedica a superar

la intimidad y el personalismo.

El gusto salado del jugo lacrimal es una inspiración

contagiosa y multiforme.

El sentido de lo esencial.

Sin trazos de reverberación,

beatíficos y gesticulantes se conducen

hasta la conexión sináptica de la comida.

La torre Eiffel de Messina hace que

los pájaros que migran hacia Borgoratto Alessandrino

pierdan la ruta.

Atentos a los cables eléctricos, 3.000 voltios,

si activan las parabrisas que protegen los cristales.

falta gramatical, verbosità ialina

granos de selenio y venas barrochas.

La prosa rapsoda diserta sobre el vacío,

condensa el significado.

La mejor cura para la melancolía es la fatiga,

manutención de la memoria.






Dimitri Fulignati (1972, Viareggio)






Il seno sinistro di Charlotte Rampling








Arcate gotiche nell’incanto arboreo,

oltre l’oggetto nasce un agnello guttusamente

macellato, lo scopo a cui tende è il termine

di un’azione attiva o passiva, conoscitiva o

linguistica.

Le case pendenti sul fiume Onya,

incorporee ma visibili, ospitano la

donna vitruviana dedita al

superamento dell’intimismo e del personalismo.

La salinità del muco lacrimale è ispirazione contagiosa

e multiforme.

Il gusto dell’essenzialità.

Nessuna traccia di riverbero,

beatifici gesticolatori conducono

al collegamento sinaptico prandiale.

La tour Eiffel di Messina fa perdere

la rotta agli uccelli migratori diretti a

Borgoratto Alessandrino.

Attenti ai cavi di attrazione (3000 volta),

si attiveranno le lame d’acqua a

protezione delle vetrate.

Sgrammaticatura e verbosità ialina,

granuli di selenio e venature barocche.

La prosa rapsodiante disserta del vuoto,

condensa il significato.

La miglior cura per la malinconia è la fatica.

Manutenzione della memoria. 






Traducciones: Rebeca Yanke

Textos e imágenes de www.omn-bus.com   


                                           




Apego








Tengo nostalgia de lugares húmedos

e insalubres. No porque sean

hermosos, claro (esto lo sabéis

todos) sino porque forman parte

de la vida, de lo que he pasado

y se me ha quedado en las manos.

Un jardín en Martinengo, por ejemplo,

de una casa de labranza enmohecida

y apuntalada con palos. El puente

sobre el Brembo en Ponte San Pietro

para ir a las escuelas de primaria.

La primera vez que crucé

el Neckar había algo mojado

y escondido: me envolvía, pero no era

niebla. Uno se apega también a las cosas

desagradables y desaliñadas

si presagian el sentido que buscamos,

una luz seca y polvorienta..






Paola Loreto (1964, Bergamo)






 Affezione






Ho nostalgia di posti umidi

e malsani. Non perché siano

belli, certo (questo lo sapete

tutti), ma perché fanno parte

della vita, di quello che ho passato

e mi è rimasto tra le mani.

Un giardino a Martinengo, per esempio,

di una casa colonica ammuffita

e puntellata di pali. Il ponte

sul Brembo a Ponte San Pietro

per andare alle scuole elementari.

La prima volta che ho attraversato

il Neckar c’era qualcosa di bagnato

e occulto: mi avvolgeva, ma non era

nebbia. Ci si affeziona anche alle cose

sgradevoli e sgraziate se sono

foriere del senso che cerchiamo,

di una luce asciutta e polverosa.




julio 20, 2013

Vassilis Zambaras



Guerra de desgaste



Al volverse
vieron que

lo que los des-
gastaba no era

su in-
constancia,

sus constantes
fricciones,

sino cómo amar,
honrar y acatar

una vida compuesta
de ficciones.


Vassilis ZambarasVASSILIS ZAMBARAS (1944, Meligalás, Grecia). Residió en EUA.
Traducción del inglés: Mario Domínguez Parra
De: www.jwmulligan.wordpress

































War of attrition







Looking back

they saw 



what wore them

down was not



their in-

constancy, 



their constant

frictions, 



but how to love,

honor and obey



a life made up

of fictions.


julio 18, 2013

Juan Cristóbal Miranda


poesía argentina, En obra
Fuente: Facebook

En obra




Yo no sé
si lo que me desvela
es el sonido de la mezcladora de cemento
el murmullo de los obreros
o esta fina capa de cal
recubriéndolo todo.
Desde adentro
no puedo más que observar
cómo avanza la obra
la gran masa de concreto
trepando hacia el sol
una enorme autopista
recostada sobre el jardín de mi casa
cómo un animal dormido
que me espera pacientemente
por si uno de estos días
quiero alejarme.        



Decolaje




Un avión
que se cae de mañana
sobre el pavimento
busca lo mismo
que ni vos ni yo
pudimos encontrar
remontados en el aire
luchando contra la corriente
de un día soleado
sábado limpio y pasajero
el futuro radiante
frente a nosotros
como la nostalgia
de los aeropuertos.
                                                  


Devotos




Trajimos a la virgen
la sentamos en un banquito
y la peinamos delicadamente
desenrollando cada rizo de porcelana
para que pueda sentir una vez más
su cabellera al viento
una gota de adrenalina sobre la nuca
la exuberancia femenina.

Santa
resucitada del mármol
niña convertida en sierva
ahora un animal oscuro
al calor de nuestras manos
el milagro sofocado
dos ojos secos y hundidos
diminutos espejos de nuestro pecado.
                                 

JUAN CRISTÓBAL MIRANDA (1976, Buenos Aires, Argentina)

julio 16, 2013

Margaret Atwood

Margaret Atwood

Poema nocturno




No hay nada de lo que asustarse,
es sólo el viento
cambiando hacia el este, es solamente
tu padre el trueno
tu madre la lluvia.
En este país de agua
con su luna ocre mojada  como un hongo,
sus tocones ahogados y sus pájaros de muchos años
que nadan, donde el musgo crece
por todas las partes de los árboles
y tu sombra no es tu sombra
sino tu reflejo,
tus padres verdaderos desaparecen
cuando la cortina cubre tu puerta.
Nosotros somos los otros,
los sumergidos bajo el lago
quienes permanecemos silenciosamente al lado de tu cama
con nuestras cabezas de oscuridad.
Hemos venido a cubrirte
con lana roja,
con nuestras lágrimas y susurros distantes.
Te meces en los brazos de la lluvia,
el arca glacial de tu sueño,
mientras aguardamos, tu padre
y tu madre de la noche,
con nuestras manos heladas y nuestra luz mortecina,
sabiendo que somos solamente
las sombras vacilantes que proyecta
una vela, en este eco
que oirás veinte años más tarde.


MARGARET ATWOOD (1939, Ottawa, Canadá)
Fuente: Academia Paraninfo
Imagen: www.cnn.com



Night poem




There is nothing to be afraid of,

it is only the wind
changing to the east, it is only
your father the thunder
your mother the rain
In this country of water
with its beige moon damp as a mushroom,
its drowned stumps and long birds
that swim, where the moss grows
on all sides of the trees
and your shadow is not your shadow
but your reflection,
your true parents disappear
when the curtain covers your door.
We are the others,
the ones from under the lake
who stand silently beside your bed
with our heads of darkness.
We have come to cover you
with red wool,
with our tears and distant whipers.
You rock in the rain’s arms
the chilly ark of your sleep,
while we wait, your night
father and mother
with our cold hands and dead flashlight,
knowing we are only
the wavering shadows thrown
by one candle, in this echo
you will hear twenty years later.

julio 14, 2013

Gustavo Weisberger













Los hechos





Te doy mi corazón como un papel de calcomanías.

Te doy luz eléctrica una vez que pase la tormenta

por ambos cuerpos perros.

Porque lo cortante se halla al ras de la tierra y tu amor es mi cabeza apoyada en pasto reo.

Te doy una canción de Luis mientras escasea el agua en este mundo.

Te doy un vaso de vino tinto a las siete de la tarde.







Por la calle Alem





Bolsas de basura abiertas durante la noche

que pasó con su largo cabello frío, van apenas tres días

de empezado el invierno

y se nota, así nomás, la fe drogada en lo profundo del iris

de los que me cruzo camino al trabajo

a los cuales saludo con un leve movimiento de cabeza encapuchada

como quién no tiene raíz y no quiere saber mucho de nada

excepto de la irrealidad de lo ya caminado o dejado atrás.







El cuitado





Fue para el cuitado la grosura de trigo subiéndole desde el talón,

el rosal a la izquierda, unas cuantas uñas de Yahvé incrustadas en el pecho

metros de cuero agrio para cubrir la pateada bandera argentina

y en ese mismo lustro de vida, cruzarse de piernas de modo ordinario

a quién no se le da un mínimo de bola

y se le palmea la espalda y se le marca la ruta, allá, le dicen

aquél camino de parásito y chatarra.





Gustavo Weisberger (1966, Buenos Aires, Argentina)

De: "Coz"


julio 13, 2013

Marilyn Contardi



Poema sin nombre



Teníamos
un cuerpo flaco
de músculos escuetos
como una lagartija
o un gato

La piel,
con los olores
del aire,

todos los olores.

Había olores...

de lluvias,
de paraísos,
de alientos de vacas,

de cortezas,-con rasguños y todo-
perfumes
de brevas,
de ciruelas,
mandarinas
y naranjas
duraznos
y pisingallos

efluvios de
biznagas,
de biznagas secas
en los galpones,
de carbón y leña,
de tablones de madera,
de aserrín,
de suciedad de ratas
de gatos
y gallinas

había olor
a  estiércol
a caballos
a bolsas
de maíz
de trigo

a campos
de girasol

a cuero seco,
a nafta,

a jazmín
agua de aljibe
a pared húmeda
con su teatro
de sombras

a parras
parvas
panales
cera
miel,

a chiquero
latón
pis de caballo
a hierro

laurel, salvia
limón y menta
a azucenas

a calle mojada
y mariposas
estrujadas
bajo los golpes
de ramas
de paraíso

a rieles
y durmientes,
a trenes
cargados
de distancias,
la inmensidad
sin límites
del mundo,
donde relumbran
soles, dagas,
marfil, palmeras
cuerpos lustrosos
y oscuros,
sedas,
de las playas
de Malasia,
de Singapur,
verde rumor
de té de las
colinas de Ceylán
calles ruidosas
de Detroit
suburbios
de Marsella,
muelles
de Génova,
y de Londres

Sin embargo...

adentro
llevábamos
algo confuso,
inexplicable

que no era todavía, sospecha. No.
Ni siquiera
estupor.
No.
Pero…

algo minúsculo,
inhallable
que a veces hasta
inquietaba un sueño…

un punto
una falla
un quiebre

por donde se filtraba,
como el polvo fino
en la casa abandonada,
inexorable, ciego,

el oscuro reverso de los años.


MARILYN CONTARDI (1936, Zenón Pereyra, Provincia de Santa Fe, Argentina)
Enlace: Festival Internacional de Poesía de Rosario

julio 09, 2013

Tomasz Różycki

Tomasz Różycki


Segundo hipnótico




Si es por amor, nos será perdonado,
quedarán atrás camas deshechas y empezadas
ciudades, cortinas no corridas y apenas tocadas,
cosas, unos cacharros sucios. Sí es por amor,
no quedará tras nosotros el vacío, existe cierta nativa
incoherencia gramatical, el vacío no puede instalarse
en lugares trazados por nuestros cuerpos, saldrán
sin embargo de ellos niños, países y todo tipo de colores.
Si es por amor, nos apoyaran animales,
perros abandonados. Nos perdonarán esa inercia
y esa mirada perdida en sí misma. Permaneceremos estirados
y nos pisarán días y corrientes del aire. Construirán sobre nosotros
una ciudad y electrones libres se enjambrarán encima de ella gruñendo
sueños, sueños serán nuestros, para siempre.


Tomasz Różycki (1970, Opole, Polonia)
Enlace: libro_génica

julio 06, 2013

Eduardo J. Espósito


Plumajes

                                  El poeta es el hombre que se
                                       niega a utilizar el lenguaje
                                                              J. P. Sartre


La vida no debería ser más
que esta cosa que respira y sangra
Los dedos bien abiertos
ante las notas de un teclado inexplorado
No es porque te negás a regresar del cementerio
que se me ocurre este dislate
ni porque tu fantasma de algodón de azúcar
acusa los calores del desván
La tarde como un daguerrotipo victoriano
pesando en mi cabeza
La vida tampoco debería ser mas que esto
Sin embargo un poeta desangelado
se asemeja mucho a un hombre
Hay un otoño de alas mustias
parece que pelaran pollos en el cielo
Y esta cosa que respira y sangra
aunque bien mal en escribir insiste



EDUARDO ESPÓSITO (1956, Provincia de Buenos Aires, Argentina)

julio 04, 2013

Robert Bringhurst



Parábola de los tejos



Amor, en esta cama llena de caballos
y peces, pájaros carnívoros
nos llevan hacia océanos y
montañas. Mi amor,
en esta cama llena de caballos y peces,
pájaros carnívoros gritan
sus nombres y repiten sus historias
aunque nadie pueda oírlos.

Y dicen que estamos cayendo como águilas
pescadoras, que estamos trepando
como salmones contra la corriente, lejos del mar,
que estamos trepando como caballos
hacia lo alto de las montañas llenas de sonidos
de pájaros carnívoros. Dicen
que somos pájaros carnívoros, trepando
más allá de las montañas, trepando en el aire.

Dicen que cuando lleguemos allí
en los espejos salinos de tus ojos
sólo veré pájaros, y tú
en los muros de mis ojos, sólo peces.
Dicen que en esta cama llena de peces
y pájaros, todos los hombres a los que has conocido
cabalgarán hacia tus ojos y caerán
de sus caballos, ahogándose en cenizas y en la luz del sol,

que las águilas se zambullirán y el salmón trepará
desde el mar y los tejos nos prestarán sus voces,
aunque nada de lo que diremos entonces
podrá atravesar tales distancias.


ROBERT BRINGHURST
(1946, Los Ángeles, Estados Unidos de Norteamérica)
De: "La belleza de las armas", Kriller71 Ediciones (En preparación)

julio 02, 2013

Ted Hughes


Ted Hughes



Rojo    



El rojo era tu color.
Y si no había rojo, entonces blanco. Pero
Tú siempre te rodeabas de rojo.
Rojo sangre. ¿Era eso: sangre?
¿Rojo ocre, para acalorar a los muertos?
Hematites para inmortalizar
Las preciosas reliquias, los preciados huesos de la familia.

Cuando por fin te saliste con la tuya,
Nuestro cuarto fue rojo. Una sala de juicio.
Un joyero cerrado. La alfombra de sangre
Decorada con manchas solares, coágulos.
Las cortinas de pana –sangre rubí,
Cataratas de pura sangre resplandeciente, cayendo a plomo desde el techo.
También los cojines. Y también
El asiento pegado a la ventana, de un carmín crudo.
Una celda palpitante. Un altar azteca –un templo.

Tan sólo las estanterías se libraron, acogiéndose al blanco.

Y afuera, tras la ventana,
Amapolas finas, frágiles y arrugadas
Como la piel en carne viva,
Salvias, de las que tu padre sacó tu nombre,
Como la sangre manando de un tajo,
Y rosas, las últimas gotas del corazón,
Catastróficas, arteriales, condenadas.

Tu amplia, larga falda de terciopelo, una venda de sangre,
Un profuso río de borgoña.
Tus labios bañados de oscuro carmesí.
Tú te regocijabas en el rojo,
Pero a mí me resultaba crudo –como los bordes crepitantes
De una herida cicatrizando bajo una gasa. Yo podía tocar
La vena abierta en ella, su brillo encostrado.

Todo cuanto pintabas, pintabas de blanco
Lo salpicabas luego de rosas, lo derrotabas,
Reclinada sobre ello, pingando rosas,
Llorando rosas y más rosas,
Y a veces, entre ellas, un pequeño pájaro azul.

El azul te sentaba mejor. El azul te daba alas.
Las sedas azules del martín pescador de San Francisco
Envolvieron tu preñez
Con caricias de crisol.
El azul era tu espíritu benéfico –no un demonio
Electrificado, sino un guardián solícito.

En el pozo del rojo
Te escondiste de la blancura ósea de la clínica.
Pero la joya que perdiste era azul.


TED HUGHES (Edward James Hughes, 1930, Mitholmroyd, 1998, Devon, Inglaterra)
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