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diciembre 02, 2020

Héctor Carreto: La conquista del espacio

Tentaciones en el cine (Mirando Seven Year Ich)       


Señor:   
devuélveme la luz  
    a cualquier precio. 
 
Mira:  
una noche 
                               descendí
a la noche de un cine.
La imagen que allí se apareció
era más bella
que la virgen:
irradiaba tanta luz
que causó la envidia de la copa
                                                –su vestido.
Dos gardenias (sentadas junto a mí) se marchitaron.
¿Por qué los pies brillaban más
que el charol de los zapatos?

Los subtítulos decían:
Si roca de cristal no es de Neptuno,
Pavón de Venus es, cisne de Juno.

Pero aunque el ángel era custodiado
por arcángel de saco y sombrero,
el Diablo –disfrazado de viento–
metió sus dedos
                        debajo de la falda,
que luego levantó
para mostrarnos
el incendio
del templo.

Tanto ardían las desnudas columnas
que el pequeño cardenal
que siempre me acompaña
se puso aún más rojo

...a noticia de todos llegó que era el día del Juicio, fue de ver cómo los lujuriosos no querían que los hallasen sus ojos, por no llevar al tribunal testigos contra sí...

            y yo a gatas buscaba, entre carcajadas y aplausos,
la salida del infierno.



La conquista del espacio


 

Aun distantes, las estrellas se parecen a tus ojos.

“Otra expedición al cielo,”
anuncian sin emoción los medios.

No son aventureros los tripulantes.
Los remos son teclas
que oprimen los astronautas, los ingenieros electrónicos,
los políticos del Espacio.
(No buscan tesoros sagrados
sino una verdad menos candente.)
Para ellos Júpiter, Saturno, Venus y Mercurio
            no son deidades
–no influyen en nuestras emociones–;
tan sólo son puntos donde puedan clavar un estandarte.

¿Cuándo volará un poeta
en una nave de la NASA,
que cante la guerra desatada por dos opuestos
y a la belleza inédita de tan distantes paisajes?

No importa:
            Homero fundó el mito de Occidente
sin haber visto jamás las murallas de Troya.
(Con ojos sellados presenció el descenso de los dioses.)

Yo canto a las constelaciones
sin saber leer los mapas
y sin haberme envuelto
                        en el manto
                                    de ninguna galaxia.

He viajado más lejos, más allá de las ciencias exactas:
ayer me acerqué al enigma de tus ojos abiertos.

 
HÉCTOR CARRETO
nació en la Ciudad de México en 1953. Licenciado en Lengua y Literaturas Hispánicas (UNAM). Ha publicado los siguientes libros de poesía: ¿Volver a Ítaca? (1979), Naturaleza muerta (1980), La espada de san Jorge (1982), Habitante de los parques públicos (1992), Incubus (1993), Antología desordenada (1996), Coliseo (2002), El poeta regañado por la musa, antología personal (2006), Poesía portátil 1979-2006 (2009), Clase turista (2012), Testamento de Clark Kent (2015), Picnic (2017) y Todo tiempo pasado fue mejor (2019).

Ha obtenido los premios nacionales “Efraín Huerta”, “Raúl Garduño”, “Carlos Pellicer para obra publicada” y el “Premio Nacional de Poesía Aguascalientes 2002”. También mereció el “X Premio de Poesía Luis Cernuda 1990”, en Sevilla, España. Sus poemas se han traducido al inglés, francés, italiano, portugués y húngaro. Además ha traducido y divulgado la obra de autores de lengua portuguesa, así como es autores de diversas antologías de escritores mexicanos y extranjeros.

Miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte (periodos 2001-2003, 2004-2007, 2012-2015, 2016-2019), es profesor-investigador de la Academia de Creación Literaria de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. También escribe microrrelato y ha sido incluido en antologías de México y España.

Ha recibido varios homenajes tanto en México como en Estados Unidos.Fuente:

Nueva York Poetry Review
Enlaces: Letralia | Omni-bus | Nocturnario

noviembre 29, 2020

Mircea Cărtărescu

juguete mecánico     



este verano los árboles se habían vestido con hojas de oro
que caían crujiendo sobre el asfalto hinchado
este otoño las mujeres habían llevado pequineses de oro
accionados por un mecanismo complicado
el propio viento parpadeaba como ruedas dentadas transparentes
las mujeres tenían todas sentimientos
las casas eran de látex y tenían un balcón cuadrangular
todo era gangoso y hacía muecas estirando los pechos de chicle
todo dependía de las pequinesas desobedientes
accionadas por un mecanismo complicado.
–¡quiéreme, quiéreme!
–¡abrázame, abrázame!
este otoño tengo el miocardio de oro y todos los doctores llevan bata blanca
y el quirófano está hecho de un celofán que se arranca
–¡cuídame!
–¡estoy en el suelo!
mi vida fue dura, movida por una rueda dentada y una vara
paso a paso caminé por el asfalto curvado
–¡quiéreme, mujer!, y ella había gritado
accionada por un mecanismo complicado.
el propio viento limpió el cristal y la joya y la montura del reloj
escuchaba cómo las hojas de oro se golpeaban crujiendo de modo extraño
contra el asfalto
y cómo los pequineses con su poca vergüenza arañaban con uñas de circonio
en el asfalto
y hasta los trolebuses se espantaron…
–¿por qué ya no quieres? ¿por qué nunca quisiste? ¿a qué viene tanta tozudez?
¿por qué esta obstinación de decidir tú sola lo que deberíamos decidir los dos?
¿por qué no me escribes? ¿por qué no me mandas una cinta grabada con tu
voz? ¿en qué
te has convertido? ¿qué les pasó a nuestros recuerdos comunes? ¿por
dónde andan nuestros amigos?
¿sobre qué colcha
deshaces tu cuerpo verdadero?
–¡quiéreme!
¡abrázame!
aguanta a mi lado
tira del otoño como de un chicle
mira cómo se deshilachan los vestidos en los escaparates
mira cómo las láminas de oro se cuartean en tus mejillas, en ti
mira: pasa un rayo por los bloques de ladrillos de rubíes
y pasa también el viento dentado
y caen también las hojas crujiendo sobre el asfalto hinchado
accionadas por una llavecita de oro, por resortes de oro
por volantes de oro, por palancas de oro
dando vueltas, retorciéndose, haciendo ruido
complicado,
complicado,
complicado…


se fue el amor…




del 80 al 81, miserable invierno
un vertedero de cafés, mecheros, “dire straits”, cenáculos, vasos
y por la noche un pantano de gominola dolorosa: caras, muslos y palabrería
y a veces una mirada lanzada por la ventana, hacia el tráfico que avanza
con
dificultad
por la
nieve.
pero ¡he aquí el sol! ¿nos ha comprendido por fin la primavera?
brillan las ventanas de la plaza de bucur obor y el bulevar colentina está amarillo
el asfalto apesta más seductor que nunca a renacuajos, hay arcoíris en la gasolina,
hay sardinas en aceite albanesas, y mujeres y alumnas
miran con desprecio el escaparate de menaje del hogar.
más arriba los árboles han tenido brotes en los patios
las señales de tráfico parecen ahora periódicos enrollados
como palomas de óxido. y el poderoso sol que ilumina
tanto las fábricas, como los castillos de agua, las escuelas, el cementerio…
–¿y yo? participo también de la alegría general.
y mira tú cómo: me bajé de la línea 109 una estación antes
y me fui andando sin rumbo sobre la hierba del borde de la calzada.
los autobasculantes, los vehículos TIR, los camiones zumbaban con sus planchas
arriba y abajo, cargando tubos, sacos y hormigón
los tranvías se deslizaban como en sueños…
así que me senté en el bordillo y miré la hierba reluciente.
y mira tú, una abeja tirada en el polvo
el envoltorio de un caramelo de leche
un escarabajo con el caparazón reventado, que huye por un lado, cuánto sucede
en la raíz de una brizna de hierba, trémulo
en la brisa de aire caliente que sopla por entre las ventanas de la fábrica de alambre.
un cielo azul, sol, sombras enredadas, ruidos de tubo de escape
raíles dorados de tranvía, hierba verde, lombrices, escarabajos…
¿habría deseado algo más Tao o Boddhisattva?
La colina sube bien con sus andamios, casa, limusinas, su bulevar, ya no quería a
nadie…
me levanté al final, porque unos querían aparcar su camión
me puse de pie y los miré
–¡métele fuerte!
dale, dale, dale, dale
un poco más... más, más, más, más, más, más…
¡así está bien! un poco más a la izquierda… ¡ya!
dale que va… más, más, un poco más…
¡ya estááá!
¡para!
ya está bien.
y el sol flotaba en lo alto del cielo.



poesía rumana
MIRCEA CARTARESCU
(1956, Bucarest, Rumania)
Fuente: Ángulo recto
Traducción: Diego Muñoz Carrobles
Enlaces: Jotdown | Eterna cadencia | FILBA 
Fotografía Jorge Quiñoa

noviembre 25, 2020

Maria Borio

Maria Borio


Sé que αρμονία significa también enlace,
onexión, unión. «Mientras los maderos estén
sujetos por las clavijas, seguiré aquí,
y sufriré los males que haya de padecer»
(Odissea, V, 361-362)

Las nueces abiertas sobre la mesa
son todavía sonido
—el movimiento brillante de los ojos
de la puerta a la mesa:
el trabajo, el peso que no existe,
las ligeras ansias para las personas—
como si la belleza no tuviera un origen.
Estas nueces han hecho ruido,
me quitan los pensamientos
(nacen y son ya de todos,
todos los pensamientos…),
me reclaman al cuerpo,
a lo que nombro sabor
(las ideas nunca tienen cuerpo,
¿son parte de todos?),
me retienen contando los restos,
reuniéndolos sobre la mesa
(y mis pensamientos ¿a quién
han hecho feliz?).
Las cáscaras rotas pertenecen a estas manos
en la cavidad, en las líneas de las palmas,
puntas de semillas —nace una vida
al instante dentro de estas manos.
No tener pensamientos.



Apenas por encima de las noticias yo conozco nombres y personas
como era el laberinto de los cristales, en el parque, de los espejos
hasta que batiendo encontrabas la salida.
Porque no tengo la salida ahora—
se llama red,
corta un cuadrado exacto
y un lugar que está en todas partes.

O soy el blanco de fondo
en el pasillo de espejos
corte de diagonales y metal
en el suelo, ajustado en torno al cuerpo
con los neones que hacían indistinguibles
la piel y el aire como una sombra transparente
que nos sigue a cada uno, pero al girarse no está.
Y allí el trozo de vieja moneda,
el círculo de bronce con el delfín
había caído al suelo
cuando estábamos cerca de la salida,
y por no perderla la hemos dejado.
Allí, exactamente he creído
en una lengua para todos
idéntica al aire a los espejos,
del inventor del laberinto a nuestras manos sudadas
que protegían la frente:
error o desvío,
pero era solidez
batir la frente de vez en cuando
antes de llegar.
Y en la salida del parque el experto de los crepes,
la brecha en círculo como la plataforma oscura
donde lanzas y capturas
y pierdes, y después las zapatillas de gimnasia
sobre la brecha y el mes cierto
noviembre —siempre un rito

mientras el tiempo ahora es filiforme
y los sentimientos veraces que todos pueden entender
y ver en la sola infinita
red —o, a veces, en equilibrio,
alguno que devuelve la moneda.



 So che αρμονία significa anche collegamento,
connessione, unione. «Finchè restano uniti i
tronchi della zattera, / starò qui, resisterò…»
(Odissea, V, 361-362)


Le noci aperte sul tavolo
sono ancora suono
– il movimento brillante degli occhi
dalla porta al tavolo:
il lavoro, il peso che non esiste,
le ansie leggere per le persone –
come se la bellezza non avesse un’origine.
Queste noci hanno fatto rumore,
mi tolgono i pensieri
(nascono e sono già di tutti,
tutti i pensieri…),
mi richiamano al corpo,
a quello che dico sapore
(le idee sono sempre senza corpo,
sono parte di tutti?),
mi trattengono a contare i resti,
a radunarli sul tavolo (e i miei
pensieri chi hanno reso felice?).
I gusci spaccati appartengono a queste mani,
nell’incavo, nelle linee dei palmi,
punte di semi – nasce una vita
all’istante dentro queste mani.
Non avere pensieri.



Appena sopra le notizie io so nomi e persone
come era il labirinto dei vetri, al parco, degli specchi
finché sbattendo trovavi l’uscita.
Perché non ho l’uscita adesso –
si chiama rete,
taglia un quadrato esatto
e un luogo che è ovunque.

O sono il bianco in fondo
al corridoio degli specchi,
inciso di diagonali e metallico
a terra, stretto intorno al corpo
con i neon che facevano indistinti
la pelle e l’aria come un’ombra trasparente
che segue ognuno, ma a voltarsi non c’è.
E lì il pezzo di vecchia moneta,
il cerchio di bronzo con il delfino
era caduto a terra
quando siamo stati vicini all’uscita,
e per non perderla l’abbiamo lasciato.
Lì, esattamente ho creduto
a una lingua per tutti
identica dall’aria agli specchi,
dall’inventore del labirinto alle nostre mani sudate
che proteggevano la fronte:
errore o deviazione,
ma era solidità
sbattere la fronte a volte
prima di arrivare.
E all’uscita del parco il maestro delle crepes,
la breccia in cerchio come la piattaforma scura
dove tiri e peschi
e perdi, e poi le scarpe da ginnastica
sulla breccia e il mese certo
novembre – sempre un rito

mentre il tempo adesso è filiforme
e i sentimenti certi che tutti possono capire
e vedere nella sola infinita
rete – o, a volte, in equilibrio,
qualcuno che riporta la moneta.






MARIA BORIO (1985, Perugia, Italia)
Traducción: Pablo López Carballo
Fuente: FIPR

noviembre 23, 2020

Cecilia E. Collazo: Tanto cuerpo sin alma que lo abrace


Entre 
escombros busco  
las razones, 

y encuentro 
ese espacio donde 
mora lo inaudito. 



Las manos guardan
el anhelo incierto,
de la infancia viva
que quiere vivir.



Promesa de la sombra
de este cuerpo,
que busca encarnadura
para morar.



Metáfora de opaca transparencia
el cuerpo se presenta en su morada

no ves, que el cielo se lastima
de tanto orar en su desvelo

por el amor de alma sin un cuerpo
y tanto cuerpo sin alma que lo abrace.





De: "Urgencias de encierro", Ediciones La yunta, 2020
Otros poemas de CECILIA E. COLLAZO, aquí

noviembre 18, 2020

George Szirtes

George Szirtes

Mi padre me lleva a través de un campo     




Mi padre me lleva a través de un campo. 
Es de noche y hay trincheras llenas de nieve. 
Barro espeso. Tratamos de seguir a escondidas 

de algo espantoso que aún no sé qué es 
y entonces voy andando y hay allí un espacio entre 
nosotros cuatro. Vamos donde tenemos que ir.

¿Soñé todo esto, esta escena fantasmal?
¿el bosque de cien acres donde el búho parpadeaba
y hablaba el asno? ¿Donde estoy protegido y limpio

en la cama, pero flotamos, nuestros brazos enlazados
por encima de la tierra vista? Mi padre marcha delante
de mí, como un extraño, una especie
 
casi extinta, yo lo sigo temeroso
a través del campo, hacia mi propia extinción.
Espíritus por todas partes vagan por terrenos

bombardeados. El invierno frío no distingue
entre ellos y nosotros. Mi padre mira alrededor
y sonríe, luego se aleja. Nosotros no tenemos ninguna función

aquí, fuera el de seguir andando, sin comprender,
figuras perdidas que solo dejan detrás
una página en blanco y el suelo oscuro y helado.

Pasan a través, como si pudieran atravesar un escenario.



 My father carries me across a field




My father carries me across a field.
It’s night and there are trenches filled with snow.
Thick mud. We’re careful to remain concealed

From something frightening I don’t yet know.
And then I walk and there is space between
The four of us. We go where we have to go.

Did I dream it all, this ghostly scene,
The hundred-acre wood where the owl blinked
And the ass spoke? Where I am cosy and clean

In bed, but we are floating, our arms linked
Over the landscape? My father moves ahead
Of me, like some strange, almost extinct

Species, and I follow him in dread
Across the field towards my own extinction.
Spirits everywhere are drifting over blasted

Terrain. The winter cold makes no distinction
Between them and us. My father looks round
And smiles then turns away. We have no function

In this place but keep moving, without sound,
Lost figures who leave only a blank page
Behind them, and the dark and frozen ground

They pass across as they might cross a stage.





GEORGE SZIRTES (1948, Budapest, Hungría. Llegó a Inglaterra como refugiado en 1956)
Traducción: Adam Gai
Imagen: EDP 24

noviembre 15, 2020

Marcelo Fagiano



Del big bang al big crush    



Es mentira que el universo 
expande sus costillas hacia Orión 
todo se reduce en los rincones del olvido 
añora la inmensidad de aquellos paisajes: 
me he quedado solo 
como aquella vez 
cuando te buscaba en el mundo. 



Nudos ciegos    




Ahora que me voy por un rato 
o tal vez para siempre 
pasan pensamientos como dardos maduros
a clavarse en mi cuerpo
tiro al blanco sobre el corcho del recuerdo
golpes secos en las costillas de otro cielo.
Ahora que no estaré en las ceremonias nocturnas
desenredando esta madeja de pelo negro
detenida en la ráfaga de tu pecho.
Ahora que el paraíso es corroído
por las astillas del desamparo
las costumbres
de los nudos ciegos y las palabras
que callaron o gritaron el amor.
Ahora que la resaca de la pasión
devora cada noche
los abrazos y los pétalos
de un ramillete de eternos besos
ahora
es una palabra que duele en esta boca
por un rato o tal vez para siempre.



Forastero




Sintió curiosidad por los estruendos
pánico por las cañitas voladoras
que perforaban la noche.
Le fue difícil comprender
la alegría el festejo
quién sabe de qué
con tanta pólvora
olor a guerra hueca -se dijo-.
Tripas rellenas de comida y alcohol
en envases descartables
creados por un dios
que cultivaba seguramente
un exagerado gusto por lo inútil.



Geometría




Los amantes pasan
como barcas
sobre sus sueños.
Los acuna el suspiro
de sus miradas.
Detienen el eje terrestre
con ramilletes de besos
cifran con un gesto
el alfabeto del amor
solfean de memoria
garabatos de caricias
caminan
tomados de la mano
y el universo entero
se reduce a un átomo
enamorado de su propio peso
a un espacio cautivo
de la geometría del deseo.
Deseo que los dioses envidian
cuando al fin
te tengo en mis brazos.



Teología de la silla



a Joaquín Giannuzzi
a Leo Fagiano

Tan cotidiana como ausente
geométrica y elemental
sentada sobre sí misma
observa y espera.
Desafía la verticalidad humana
se usa para detener la marcha
pensar
descansar
ejercitar el silencio o la palabra.
Si un día retiran su presencia
en rebelión silenciosa
nacerá
un símbolo que crucifique su memoria
para instalar la teología
de los dioses de cuatro patas.
El evangelio del reposo
cautivará a cuerpos en movimiento
los hombres
erguidos sobre si mismos
no se sentarán en espacio alguno
por respeto e idolatría a las divinidades
dejando de pensar
descansar
ejercitar el silencio o la palabra.
Convertidos al fin
en peatones sonámbulos
a la espera de sus dioses
para poder sentarse.
Tan cotidiana como ausente
geométrica y elemental
sentada sobre si misma
observa y espera.
¿Cuántas veces te habrás sentado
en el lugar equivocado
en el lugar perfecto?





MARCELO FAGIANO (Río Cuarto, Córdoba, Argentina, 1959). Poeta, narrador y
dramaturgo. Trabajador docente en la UNRC y Doctor en Ciencias Geológicas.
Integrante y fundador del grupo de poesía callejera "Poetas del Aire" (1991-
2002). Publicó "Las manzanas de la libertad". 1º Premio Publicación (Teatro,
1993); “Jeroglíficos en la arena” (Poesía, 1997); “Las florecillas del diablo”
(Poesía, 2009); “La sed de Heráclito” (Poesía, 2017) y participado en las
siguientes antologías: "50 Poemas rotos tirados en la calle" (1992); "15
Cuentos de autores Cordobeses" (1993); “Antología de Cuentos II" -
Página 12 (1993); “De lo fantástico a la ficción científica" (Narrativa, 1994);
“Premio Publicación de Poesía-Córdoba” (1997); “Poemas de Humo”
(Poesía, 2001); “Microficciones Teatrales” (2015); “La ciudad ficcional”
(Narrativa, 2015); Trapalanda II (Narrativa, 2015), “Ciclo Literario 10 x 10”
(2015) y Antología Federal de Poesía-Región Centro (2018). En teatro: las
obras La última mujer de la creación y El diario de A.F. fueron
representadas y seleccionadas en el 1º y 2º Encuentro Nacional de Teatro
Semimontado en el Teatro Nacional Cervantes (Buenos Aires, 2000 y 2001). El
diario de A.F. también se representó en el ciclo TEATROXLAIDENTIDAD 2002
(Córdoba). Ha obtenido premios y menciones en concursos nacionales y
provinciales en poesía, dramaturgia y narrativa. En este último género ha
obtenido un 1º Premio Internacional (México).

De: "La sed de Heráclito", Ediciones del Dock, 2017