La única performance de mi vida
La única performance de mi vida
ha sido poner cera con tierra de color roja
en el piso de un cuarto que convertí
en estudio monacal.
El contraste del blanco
de la cal de las paredes
y el rojo del piso
fueron mi obra maestra.
Aplico cera en cuatro patas
y me siento como una esclava
El piso lucirá impecable
como para la visita de la Virgen.
Es como si hubiese asesinado a alguien
y esparciera la evidencia de la sangre
o me regocijara en su plasticidad
¿A quién habré asesinado hoy?
Quizás maté a alguien y no me di cuenta
como cuando uno abre el periódico
y tiene que leer alguna barbaridad
o escuchar algo horrendo. He aprendido
a evitar estridencias y accidentes
y a no provocarlos ¿Es sangre lo del piso?
Esas sordideces gustan mucho
a nuestras católicas y retorcidas cabezas
Uno siempre mata aalguien
y todos los días lo matan a uno
y se pierde mucho tiempo al pedo
en resucitar
Épica
no pienses en el Che,
piensa en el Chino y el Willy:
esos dos que lo acompañaron hasta el final
(los fotógrafos pasaban por sobre sus cuerpos
—alfombras, bultos—
para fotografía al cristo
de Caravaggio o Zurbarán); piensa
en los recogedores de pelotas en el tenis;
en la lozana noviciatura
de todo primer poema,
en quienes no tienen militancia,
en quienes pasan el año nuevo
en un cyber café peruano.
El tsunami
para Javi Dey
Entonces andaba dios con déficit atencional
o rabia. Una de tres. El asunto es que el pato
lo pagan los de siempre. Ahí tienes
tu arte moderno: una cascada de muñequitas
sin brazos, fotos de décadas pasadas
y tubos anticuados para rizar el pelo.
A unos turistas les dio risa el aviso de tsunami:
un hombrecito que huye despavorido
de la ola esquemática. Ríete nomás bolú,
a ver si así te toca a ti una cumbia terrestre
o un tsunami que tapice la ciudad de algas marinas
como cintas de cassettes antiguos o vhs de traci lords
sobre los postes, las aceras y edificios
en una mega performance.
Otro argentino me dijo que cuando niño
le contaban que el mar iba a subir
hasta la cima de las montañas
y que los chilenos huirían en éxodo
hacia el lado argentino. Entonces
saltarían como langostas
invadiendo Buenos Aires, algo así
como esos ladrones de joyas tipo ninjas
de las películas de acción
o los lavadores de ventanas de los rascacielos.
Sonaba bien el cuento, mezcla perfecta
de Aira con Zurita, o sea: de agua con aceite.
Empiezo a hablar de montañas
y termino hablando de mujeres
que, claro está, son montañas esculpidas.
Empiezo hablando de montañas
y termino hablando de rodillas exangües:
nos levantamos del zafu como ancianos
y como ancianos caminamos luego
de bajar los senderos infinitos. En el fondo
buscamos sentirnos como ancianos
porque la juventud nos repugna.
Las rodillas son los talones
de Aquiles:
yo por ejemplo, quiero unas nuevas.
y quiero hablar de montañas,
no de rodillas maltrechas
que ni para rezar sirven.
GERMÁN CARRASCO (1971 / 2026, Santiago de Chile, Chile)
Fuente: Fundación Pablo Neruda | The Clinic
Imagen en Antonio Miranda

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