Marcelo Díaz | Con todo el resplandor de las sombras

Viajado   


“Una barca es y no es 
cuando se hunde 
ambas desaparecen” 
Issa Kobayashi 

 
De repente pienso en la representación  
de una pluma, no sé  
la memoria casi mnemotécnica repiqueteando 
en los versos de Emily Dickinson, 
tampoco me aprendí los vocablos de los pájaros 
y sin embargo me acuerdo de esa vez 
en casa. ¿Qué sería un viaje 
sino tan sólo otra representación? Ya no la pluma 
si no quizá un trineo y la polvareda de la nieve 
desvaneciéndose en el paisaje mental 
con un efecto para nada lírico. 
¿Dónde guardaste tu voz? 
Sos joven, no sos feliz, ahora vas a contar: 
Uno, dos y tres hasta desaparecer 
como un zorrito dorado en la visión de un arquero 
maravillado por tus ojos 
y el mapa de tus huellas que conduce a tu hogar 
para más adelante encender una fogata y dormirnos 
uno al lado de otro. 
¿No era eso el amor? 
Aquello que me dijiste: “gracias por estar, 
es navidad, mi vida sigue electrizada por la tristeza 
¿me vas a querer igual?” 
En la noche más oscura cubierta de nieve 
con todo el resplandor de las sombras. 
Vuelvo: ¿Encontraste tu voz? 
¿Y dónde la perdiste? ¿Fue en esa noche? 
¿Fue mientras nos imaginábamos 
cayendo 
como esa pluma del poema 
que yo me repito de memoria? 
pero vos ni siquiera lo encontrarías en una canción 
y contra todo pronóstico igual 
¿sabrías que hablo de vos? ¿O acaso la perdiste en el trineo 
yendo hacia quién sabe dónde? 
Esa única noche, digo: 
en la formación de la lírica el proceso 
es parecido al de la descomposición de una helada 
sólo que la claridad del frío 
se desvanece a la inversa de la luz 
hasta convertirse en una emoción nublada 
como un archipiélago 
alrededor del círculo polar. 
¿Qué me ibas a decir? ¿El trineo? ¿Tu voz? 
El poema que no leíste pero y sin embargo es como si. 
¿Qué escuchaste? 
El ángel de la tristeza acariciándote, 
susurrándote por lo bajo: “Una chica y un hombre van perdidos, 
háblale dice el ángel, ahora háblale 
pueden construir una casa: primero la tierra y después 
una cabaña de madera rodeada de pinos 
y al último un sueño compartido 
donde un ángel te habla y te acaricia y así?” 
Cada tanto quisiera ser un auricular 
a veces de oro 
a veces de plata 
sostenido en la imagen acústica de tu corazón, 
un poema que refiere a otro poema que no leímos 
una fábula dentro de una fábula, 
la narración de un cuento de hadas 
que al final termina su recorrido en el mismo punto 
donde nos subimos en un trineo imaginario 
para no regresar nunca 
y por más que lo intentamos 
una y otra vez 
terminamos en el mismo lugar 
donde esta historia recién comenzaba. 


De: "Los gamos", Ediciones Trafinku, 2024. 
Otros poemas de MARCELO DÍAZ, aquí
Imagen: Paola González

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