Alberto Cisnero
2
En cada turno oscuro un gemido coral,
en cada indicación imprecisa
las madres asfixian al futuro dios
entre sus ropas, el zorzal se aturde
cuando su canto grazna y, entonces,
prefiere hundir también sus patas
en los desagües fríos y resignarse
a una tonada más simple, más antigua.
Los ciclistas que recorren la noche
relatan ese repliegue de la vida, cuya
penumbra vibra para bien y para mal,
y turba a los ancianos despiertos:
nunca tardaron tanto las señales del cielo.
Sombras sobrecogidas en vano, regatean
sus horas en nombre de un antiguo velar.
Un pregón entra en el palier, recorre el pasillo
de la morada, padres supernumerarios frotan
el moho de los pesebres. Resuellan edictos,
despachos de un nuevo orden jadeante.
5
De vez en cuando, en medio de los gritos,
un destello. Una emergencia luminosa,
imposible de seguir. Con la apariencia
de relax que nos produce esa epifanía,
nos miramos: no alude a un mundo sumergido.
Es ella misma. Un cambio de aire para seguir
la agitación sin rumbo. Hablamos mucho
sin obtener nada. Extraviamos la taza de té
y el sentido del brío. Sin numen ni penurias,
en el cuarto inmenso, tres clavos en la pared.
Abrazados, discutimos la imagen que sostenían.
15
¿Una pelota de cuero, entonces,
no debiera ser objeto de devoción,
sin que decidamos, luego, jugar
y disolvernos? Ay, aquellos bienes:
durante generaciones aumentaron
la alegría, incluso en la derrota,
incluso en ese almuerzo ambiguo
donde la silla destinada al mensajero
por primera vez quedó desocupada,
y resolvimos desoír teorías al respecto,
pues los misterios descarrían la teoría
hacia el misticismo, y porque la ausencia
no tiene explicación, aunque con ella
desprendamos en paz el nombre
de cada cosa: hasta las copitas chinas
de licor quedan deshechizadas.
Respirás con incomodidad,
este último paseo es innecesario.
Imágenes anárquicas reinando
sobre nada, puro éxtasis negativo.
La materia acumulada por tu clan
descansa del deseo y de la historia:
alguien reclinado te reconoce y pregunta
si te molesta cerrar todas las ventanas.
PABLO CARAMELO (Junín, Provincia de Buenos Aires, Argentina)De: "Un zumbido bajo y constante", Barnacle, 2026
Imagen en Barnacle Ediciones
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