Carlos Alberto Débole

Invocación    




La terca soledad sostiene el cielo 
donde la luna es un temblor en vilo. 
Inútilmente el ojo busca ahondarse. 
La noche es su recinto y su muralla. 
Nada y todo es lo lejos. Acosado 
otra penumbra soy en la penumbra. 
Defiéndeme, Señor,
de mí mismo, quizás, Señor, defiéndeme.
Aquí, en la pampa, mi pavor inquiere:
¿Ese animal, por qué, ese caballo
que todo el universo carga encima
está en lo suyo y nada lo conturba?
¿Por qué, Señor, la inmensidad me oprime
hasta volverme cero, o menos, nada?



El ojo en el espejo




No quiere verme viejo
el ojo compasivo
del espejo.
Y me mira de tal suerte,
que le miro,
y me veo la muerte.
Pero el amor me espera,
y de amor me revisto
hasta que muera.
La muerte será la despedida,
lo se, a tanto amor,
a tanta vida.
Mientras me ampare
el ojo del espejo,
y no repare
en lo que mi ojo mira,
gozaré con ese ojo
mi mentira.


CARLOS ALBERTO DÉBOLE
(1915 / 1990, Ciudad de Buenos Aires, Argentina)
Imagen: Jan Ekels


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