Fabio Cardarelli | Poemas vencidos

La imagen muestra a una persona sentada en un bar o café de ambiente cálido y tenue. Está ubicada en primer plano, mirando hacia la cámara con una expresión serena y una leve sonrisa. Lleva la cabeza completamente rapada y viste un abrigo oscuro sobre un suéter o polera de color bordó, acompañado por una bufanda del mismo tono, lo que sugiere una época de clima fresco.  El lugar presenta una decoración de estilo industrial: paredes de ladrillo visto, estructuras metálicas en el techo y una iluminación compuesta por focos cálidos que crean una atmósfera íntima y acogedora. Al fondo se distingue una barra iluminada, varias sillas altas y algunas personas conversando o trabajando, lo que aporta sensación de actividad sin restar protagonismo a la figura principal.  La fotografía fue tomada con poca luz, por lo que predominan los tonos ocres, marrones y dorados. Esto genera un ambiente tranquilo y reflexivo. La composición centra la atención en la persona retratada, mientras el fondo desenfocado añade profundidad y contexto sin distraer la mirada.  En conjunto, la imagen transmite una sensación de calma, cercanía y contemplación, como si captara un momento de descanso o una conversación en un espacio urbano y acogedor.

¿Cómo se genera un recuerdo? Fabio Cardarelli ha escrito sobre ese territorio que encuentra correspondencia con lo frágil y su significado, o dicho en otros términos: acerca del orden autónomo de un mundo que guarda entre sus pliegues la cualidad de lo que se puede romper (“La tragedia antes que el arte. / Primero el devenir, luego la historia. / La palabra, luego el hombre”).

“Poemas vencidos” indaga esa zona fértil, la mayor fabricación de letanías del cosmos, en la secreta convicción de que el corazón es un perro obediente y sanguinario donde se cifra un propósito; un día, un nombre, una sola frase (“La oscuridad en que se disipan. / La ciénaga que devora su dulzura”). Así reorganiza, en el testimonio de las evocaciones, la fuerza de un argumento: una lengua recobrada que exalta y divide en sus operaciones la magia y la sagacidad. Todo aquello que seguirá acechando a continuación de la última palabra escrita (“dni 20288130, / estaré vestido / para la ofrenda”).

                                                                                                                                       Alberto Cisnero



Cuando se desmorona la noche,
y no encuentro
una palabra hermosa para levantarla
un sostén que valga el corazón de un muerto
una resurrección que corte la soledad y sus raíces
se me hace indispensable
comer
con fatal ansiedad
con la torpeza del recién nacido
fibras grasas huesos semillas
el cuerpo crudo de un animal abandonado
huevos de pájaros estériles 
     harinas  ángeles frituras
que martillen firme y duelan 
     saturen el camino donde retornan las palabras hermosas
hasta desconocerlas
hasta olvidarlas
 
así descanse 
en su finita paz de plomo
colmado breve de su tarea primitiva
de su intención elemental
mi pequeño
e insaciable
corazón.



Si ves,
no tengo herramienta precisa,
apenas una cúpula de aves
comiendo granos en el piso
que ante una leve brisa espantan.

Si ves,
lo que sujetan mis manos
se cuela en la inasible posesión de una palabra,
pero como las palabras
son de esas cosas que se gastan u olvidan
perderé esa fortuna.

Me quedará
el nombre de una mujer 
que se asiló en mi fe,
              el planteo sistemático e intrascendente
de volver a nacer,
 
y la duda perpetua
de si aquel mendigo
que veía 
en mi infancia
escarbando indiferente y manso  
                era Dios.



Cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130, recordaré a Pedro, dni 19538759,
hablaremos de aquellas flores
que se abrían bajo el rocío cuando habitamos
la casa del molino, soplaré su nombre, recuérdalo  
Ana, dni 21764932, que vivimos juntos el fragor de la infancia,
intentaras creer que no todo es
camino pedregoso moho ortigas
gas de estrellas fugaces
destellos de amor entre senderos, por entonces
habrá nacido Julia, dni 19733078, luego
Marcos, dni 20338170, y unos años después
Bernardo, dni 24256449,

serán, fueron, son
como abejas blancas posadas en
nuestros huesos vigorosos

burbujas
de luz
sobre tus blandos pechos

como vemos, todos merecemos filiación
orden
reglas
un número que nos ancle en el misterio
aprobar certezas
legitimar un alma
creer que estuvimos sobre esta tierra, pero

hay muertos que ya no crecen Carlos, dni 22764932,
cada mano aprieta el ramo pesado de la desolación
como un 
oropel de promesas inválidas te fuiste te fuiste
tan diminuto

del pregón obtuso del párroco Juan, dni 6442991, nacía
como un glaciar la tibia duda, ¿oraba por nuestra fe? 
     ¿por la fe de Pedro?, dni 19538759, ¿por la miel 
     de tu arcón? ¿por el pan de todos? 
¿por la memoria que como un sudario
quedaron translúcidos los rostros? ¿por el cansancio
de las almas? ¿por los náufragos que habitaban en
los cuerpos movedizos? ¿por
quién oraba? pero

hay muertos que no vuelven a nacer mi querido José, 
     dni 21764442,
y es inteligente el dolor

sabe de quién alimentarse

todos merecemos ser reales
gozar entidad
tener destino
una letra un silbido a la distancia
un canto que nos llame desde cielos lejanos,

no el eco turbio de ese pueblo
cuando la casa del molino
nos mastica y traga, por eso
cuando los brazos de la tierra suban a buscarme,
dni 20288130,
estaré vestido
para la ofrenda.



FABIO CARDARELLI (1969, Villa Nueva, Córdoba, Argentina)
De: "Poemas vencidos", Ediciones Barnacle, 2026

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